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Capítulo 13: Píldora de la Serpiente Dormida

  Ese era el final de la historia. El rostro de Joseph reflejaba una mezcla de arrepentimiento e incomodidad. Había cruzado un límite que no quería enfrentar, y la curiosidad que lo había empujado solo terminó por herirlo. Aun así, Cáliban se mostraba tranquilo, como si el peso del pasado ya no le afectará del mismo modo. El ambiente, antes tenso, se sentía ahora más liviano.

  —Esa es la historia. Aunque tuve el libro en mis manos, no llegué a comprenderlo del todo —dijo Cáliban con serenidad —No dominaba la ley en aquel entonces. Sin embargo, recuerdo algunas medicinas útiles, como…

  —Lo siento… Cáliban… no era mi intención —interrumpió Joseph, con la voz cargada de culpa.

  Cáliban intentó continuar, pero Joseph estaba demasiado absorto en sus disculpas. Lo dominaba una verdad que no podía ignorar… El pasado no puede cambiarse, y mucho menos el destino de los seres celestiales.

  —Tranquilo. No me afecta hablar de ellos… no ahora, al menos.

  —?Por qué? —preguntó Joseph con un poco de incredulidad —La historia que me contaste debió ser muy dolorosa. Yo…

  —No lo sé —respondió Cáliban, con la mirada perdida —Desde que recuperé este corazón humano, las noches me traen pesadillas del pasado, algo que antes no sucedía. Supongo que es por las emociones… pero hablar de ellos me ayuda. Quizá porque, en el fondo, todavía los extra?o… o quizá porque me aferro a la idea de que mi historia y la de ellos no desaparecerán conmigo.

  —?A qué te refieres? —preguntó Joseph, intrigado.

  —En el camino que nos queda, enfrentaremos enemigos que desafían cualquier comprensión humana. Si llego a morir… ?Quién recordará a mis hermanos? Su fuerza, su sacrificio, todo lo que fueron… no puedo permitir que sean olvidados. Contarlo, aunque sea a ti, me da algo de paz.

  Las palabras de Cáliban resonaban como un eco en su mente.

  —Desde que tengo emociones humanas completas, me atormenta la idea de que, si muero, ellos desaparecerán para siempre. Todo su dolor, su lucha, no servirán de nada si no logro vengarlos. Pero si alguien más los recuerda… entonces no estarán perdidos.

  Joseph, en silencio, asintió.

  —No reprimas tu curiosidad, Joseph. Mi maestro siempre decía que el conocimiento debe compartirse, sin importar la raza, el sexo o el origen de quien lo reciba.

  —Tu maestro debió ser un hombre increíble.

  —Lo era. Fue un maestro sabio y, para mí, un gran padre.

  La pesadez que los había acompa?ado durante toda la conversación parecía disiparse poco a poco. Joseph, ahora más sereno, respiró hondo antes de hablar:

  —Entonces… ?Qué haremos ahora?

  —La píldora de la serpiente dormida, como te expliqué antes, es un antídoto sumamente potente. Si la refinas dentro de tu cuerpo, puedes volverte inmune a cualquier veneno por debajo del catalizador. El proceso es sencillo para alguien de bajo nivel. Sígueme.

  Joseph, siguiendo las indicaciones, terminó de moler las piedras de fuego y las dejó en un caldero junto con los utensilios de cobre y plata que empezaron a fundirse lentamente. Cáliban se acercó a una formación en el suelo, trazada con precisión, y comenzó a explicar:

  —La Llave Menor de Salomón es una de las formaciones más poderosas que existen. Es capaz de refinar la energía natural y remodelar la creación misma según la voluntad del alquimista. A diferencia de otras formaciones, esta permite transformar la energía de manera perfecta, siempre que se disponga de los materiales adecuados. Pero requiere cuatro elementos esenciales para funcionar.

  Joseph, que había tomado asiento de rodillas para no perder ni un detalle, preguntó con curiosidad:

  —?Puede esta formación crear algo de la nada?

  —No —respondió Cáliban con calma, pero firmeza —No puedes crear algo de la nada. La ley de la transmutación dicta que cualquier elemento puede convertirse en otro, pero siempre bajo la regla de igualdad.

  —?Y qué es exactamente esa regla?

  —Es simple… todo lo creado debe equivaler al valor de los materiales usados. No creas que puedes transformar una simple hoja en un diamante, al menos no hasta alcanzar un nivel de dominio avanzado. Por ahora, el catalizador tiene que tener un valor igual o mayor al objeto que deseas crear. Por eso usamos el aguijón y las piedras, son un precio justo por la píldora.

  Los ojos de Joseph brillaron de asombro. Aprender secretos tan profundos era un sue?o que pocos alquimistas o hechiceros llegaban a alcanzar.

  Entonces, Cáliban continuó, se?alando la formación:

  —El segundo elemento necesario es la energía. Por eso este lugar es perfecto para nuestra tarea. Aquí podemos extraer la energía directamente de la naturaleza. Mira los círculos en las puntas de la estrella.

  —Sí, los veo —respondió Joseph, inclinándose hacia adelante.

  —Cada círculo representa un elemento esencial… agua, tierra, fuego, aire, energía y vida. Estos son el combustible para activar la formación. Elegí este lugar porque tenemos acceso directo a todos ellos… la cascada nos da el agua, el viento aporta el aire, el sol proporciona fuego como energía, la tierra nos da su estabilidad y la energía exterior fluye libremente aquí.

  —?Y la vida? —preguntó Joseph con cierta inquietud.

  —La vida somos nosotros. El último círculo es donde debe situarse el alquimista que lleva a cabo el ritual.

  —Ya veo… —murmuró Joseph, procesando cada palabra mientras su mente se llenaba de preguntas y posibilidades.

  —La tercera cosa que necesitamos son antenas —continuó Cáliban, se?alando la formación —Los círculos canalizan la energía hacia los símbolos, pero no pueden recolectarla por sí mismos. Para eso usamos varillas de cobre y plata. Las de cobre irán en los círculos, para absorber la energía, mientras que las de plata irán en el círculo exterior, encargadas de dirigir el flujo energético. Tu tarea será moldear las varillas en el suelo. No te preocupes si no quedan perfectas, en este caso no importa.

  —Entendido. —respondió Joseph con determinación.

  —Y, por último, pero no menos importante, necesitamos los materiales clave para crear la píldora o cualquier cosa que desees. En este caso, solo requerimos las piedras mágicas y el aguijón del Wyvern. Eso es todo. Vamos a trabajar.

  Sin perder tiempo, ambos comenzaron su labor. Joseph, con sudor en la frente, terminó moldeando 15 varillas: 6 de cobre y 9 de plata. Cáliban, con paciencia y precisión, le indicó cómo debía colocarlas. La curiosidad del aprendiz crecía con cada paso; cada peque?o avance desataba nuevas preguntas en su mente.

  Cuando terminaron, la formación brillaba con un aura especial, completamente preparada. Cáliban inspeccionó cada rincón, caminando alrededor varias veces para asegurarse de que todo estaba en orden.

  —Muy bien. Ven aquí… —dijo finalmente, con una sonrisa leve.

  —?Qué sucede? —preguntó Joseph, limpiándose las manos en su túnica.

  —Siéntate en el círculo.

  Joseph lo miró con los ojos entrecerrados, notando un matiz de desafío en las palabras de su mentor.

  —No querrás decir que…

  —Sí. Vas a usar la formación de transmutación.

  —?Qué? ?No! No puedo hacer eso.

  —Claro que puedes. No es tan difícil como parece. Anda, ven.

  —B-bueno…

  Los nervios se apoderaron de Joseph. La teoría le parecía maravillosa, pero llevarla a la práctica era un terreno completamente diferente. Sin embargo, en su interior, una emoción indescriptible latía con fuerza. Era consciente de los riesgos, y sobre todo, del sacrificio que ambos habían hecho para reunir los materiales. No podía fallar.

  —No estés nervioso —dijo Cáliban con tranquilidad —Tampoco te dejaré hacerlo todo solo. Al menos esta vez.

  —?Tendré que hacerlo solo después? —preguntó Joseph, con una mezcla de ansiedad y curiosidad.

  —Tal vez sí, tal vez no. Pero es importante que aprendas, nunca sabes cuándo podrías necesitar este conocimiento en una emergencia.

  Joseph tomó aire profundamente y se sentó en el círculo, sintiendo el frío de los símbolos bajo sus piernas. Cáliban se colocó detrás de él y puso ambas manos sobre su espalda. De inmediato, una oleada cálida recorrió el cuerpo de Joseph, como si su energía estuviera siendo refinada desde adentro.

  El joven cerró los ojos, intentando calmar sus pensamientos. Podía sentir el poder de la formación resonando a su alrededor, vibrando con fuerza.

  —Confía en el proceso. —susurró Cáliban —La transmutación comienza contigo.

  —Voy a refinar la energía exterior del aguijón y transferirla a tu cuerpo —dijo Cáliban, su voz era solemne mientras se colocaba detrás de Joseph —Guiaré la energía a través de los puntos de conexión enérgica de tu cuerpo. Memoriza la ruta; necesitarás hacerlo por tu cuenta más adelante. Esta vez te ayudaré.

  En el centro de la formación, el aguijón venenoso y las piedras mágicas trituradas reposaban en un cuenco, listos para ser transformados. Cáliban recitó un encantamiento con voz firme, y al instante la formación cobró vida. Rayos espirituales emergieron de los materiales, recorriendo las varillas que empezaron a brillar con intensidad, atrapando la energía en su flujo circular.

  Los materiales dentro del cuenco comenzaron a levitar, suspendidos en el aire como si estuvieran atrapados en un remolino invisible. Los cristales triturados se arremolinaban alrededor del aguijón, formando un anillo de luz resplandeciente. Sin embargo, la energía exterior, caótica y volátil, era difícil de controlar, especialmente sin un núcleo central que la estabilizara. Cáliban, con su vasta experiencia, decidió asumir el riesgo, sus ojos se fijaron en los materiales mientras manipulaba las corrientes energéticas.

  El cielo sobre la formación comenzó a oscurecerse, y gruesas nubes negras se congregaron en un instante, cargadas con la promesa de tormentas. La presión en el aire aumentó de forma palpable.

  —?Cáliban…! ??Eso es normal?! —gritó Joseph, con los nervios crispados al ver los destellos eléctricos que empezaban a formarse sobre la formación.

  —?Concéntrate! —respondió Cáliban, alzando la voz para imponerse al rugido creciente de los truenos —?Si te distraes, la formación colapsará!

  Durante un minuto eterno, la energía pareció retumbar a través del suelo y el aire, mientras Cáliban mantenía el control con precisión absoluta. Finalmente, habló con rapidez y decisión:

  —?Es hora, Joseph! Dejaré de ayudarte. Ahora es tu turno de mantener el flujo que te ense?é.

  —Lo intentaré… —respondió Joseph con un hilo de voz, el sudor resbalaba por su frente. Sus manos temblaban mientras intentaba estabilizar la energía en el círculo, siguiendo el patrón que Cáliban había marcado en su cuerpo.

  Mientras tanto, Cáliban comenzó a recitar encantamientos arcaicos, su voz resonó con un poder extra?o y antiguo. Su objetivo era contrarrestar las interferencias de las ondas energéticas, cuya calidad era mucho más baja en el plano mortal en comparación con los planos superiores, donde la energía era pura y estable.

  —?Juicio del Cielo! —exclamó finalmente, alzando las manos hacia el cielo.

  Un rayo negro surcó las nubes, impactando directamente en los materiales suspendidos en el aire. La energía del rayo se dispersó, moldeando las partículas flotantes en diminutas esferas verdes que giraban en el aire. Era la píldora de la serpiente dormida, formada por el poder del rayo y la transmutación.

  El cielo se aclaró lentamente. Las nubes se disiparon como si nunca hubieran estado allí, y el aire volvió a sentirse ligero. Cáliban bajó las manos, observando las píldoras que flotaban frente a ellos antes de descender suavemente al cuenco.

  Ambos cayeron de espaldas sobre el suave césped del bosque, exhalando profundamente mientras intentaban recuperar el aliento. El agotamiento tras el intenso flujo de energía era evidente.

  —?Funcionó? —preguntó Joseph, con su voz entrecortada.

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  —No explotamos… así que sí —respondió Cáliban con una media sonrisa, aún mirando al cielo.

  —??Podíamos explotar?! —Joseph se incorporó de golpe, con sus ojos llenos de incredulidad.

  —Sí.

  —??Por qué no me lo dijiste antes?!

  —Porque de todas formas había que hacerlo. Además, yo estaba aquí, así que confiaba en que no fallaríamos. Claro, sabía que terminaríamos agotados, pero por suerte, no me equivoqué.

  Joseph dejó caer su cabeza hacia atrás, frustrado pero aliviado.

  —Ahora… —continuó Cáliban, con un tono más relajado —Hay que esperar unos cinco minutos para que las píldoras se enfríen. Deben estar calientes aún, después de todo, ese rayo…

  —?Ese rayo era energía exterior?

  —Así es. Para fusionar los materiales se necesita una chispa de gran intensidad, algo que inicie el proceso de transmutación. Por eso usamos la energía del aguijón. Sin ese catalizador, nunca hubiéramos logrado crear las píldoras.

  Joseph asintió, aún algo impresionado por lo que habían logrado.

  Tras unos minutos, ambos se levantaron lentamente y se acercaron al centro de la formación. El cuenco había quedado reducido a pedazos por el impacto del rayo, pero en su lugar brillaban las píldoras, perfectas e intactas.

  Eran peque?as, como perlas, y despedían un brillo intenso de color jade que iluminaba el ambiente con un resplandor hipnótico. Había cuatro de ellas, perfectamente formadas.

  —Ahí están —dijo Cáliban, observándolas con satisfacción —La píldora de la serpiente dormida.

  Joseph tomó una entre sus dedos, sintiendo la suave calidez que aún desprendía. Su rostro reflejaba una mezcla de cansancio, orgullo y asombro.

  —?Woah! Realmente funcionó —exclamó Joseph, mirando las brillantes píldoras jade en su mano.

  —Siéntete orgulloso —respondió Cáliban con tono despreocupado —La primera vez de la mayoría de los alquimistas termina en una explosión... o con algún miembro menos.

  —?Eso debería hacerme sentir mejor? —preguntó Joseph, alzando una ceja.

  —No... pero al menos estás vivo.

  —Supongo…

  Joseph tomó una de las píldoras con cuidado, examinándola bajo la luz. Finalmente, la acercó a su boca, pero se detuvo, invadido por la duda.

  —?Solo debo tomarla? —preguntó, mirando a Cáliban con cautela.

  —Si quieres un efecto inmediato, sí.

  —?Y cuál es la diferencia?

  —Existen tres tipos principales de píldoras. Las de tipo “Longevo”, como esta, que si las consumes correctamente, sus efectos permanecerán en tu cuerpo indefinidamente. Luego están las de tipo “Crecimiento”, que ayudan a consolidar tu poder o aumentarlo, aunque de manera temporal. Y finalmente, las “Divinas”, que otorgan efectos ancestrales, pero son extremadamente raras y peligrosas de usar.

  —Entonces… ?Solo me la como?

  —Sí, pero hay un detalle importante —a?adió Cáliban, mirándolo con seriedad —Al consumirla, tienes que meditar. Cierra los ojos y guía tu energía como te ense?é antes. Concéntrate. Cuando la píldora se deshaga por completo en tu interior, habrás terminado.

  Joseph tragó saliva, nervioso pero decidido, y colocó la píldora en su boca. El intenso sabor amargo lo tomó por sorpresa, pero se sentó de inmediato en posición de meditación y cerró los ojos, haciendo su mejor esfuerzo para calmar su mente y seguir las indicaciones.

  Desde un costado, Cáliban lo observaba con atención, con sus brazos cruzados y una leve expresión de preocupación.

  —Solo concéntrate… —murmuró para sí mismo —Es su primera vez, pero debería estar bien. Aunque, claro, aún podría explotar.

  Los minutos pasaron lentamente. Joseph estaba inmóvil, concentrado en canalizar su energía como le habían ense?ado, mientras sentía cómo la píldora se deshacía gradualmente en su interior. Una calidez agradable comenzó a extenderse por su cuerpo, y su respiración se volvió más profunda y regular.

  Cáliban no apartó la mirada, asegurándose de que todo marchara bien. Era consciente de los riesgos; incluso un peque?o error podría convertir la situación en un desastre. Sin embargo, tras unos instantes, una leve aura jade comenzó a rodear el cuerpo de Joseph, indicándole a Cáliban que el proceso avanzaba correctamente.

  —Bien… lo está logrando —susurró, dejando escapar un suspiro de alivio.

  Una oleada de energía recorrió el cuerpo de Joseph al terminar el proceso. Su respiración se estabilizó, y un brillo de vitalidad iluminó su rostro.

  —?Realmente me siento sano! —exclamó, mirando sus manos con asombro —La píldora es verdaderamente milagrosa. ?Qué otros efectos tiene?

  Cáliban, con los brazos cruzados y una expresión tranquila, comenzó a enumerar:

  —Tu sangre ahora tiene propiedades medicinales. Ahora, eres inmune a cualquier veneno por debajo del nivel del Wyvern. Según los libros, en este mundo solo existen unos cinco tipos de venenos que están por encima de ese nivel, así que esto nos será extremadamente útil. También limpia tus venas, y tu sistema inmunológico ahora está acelerado, lo que significa que tus heridas sanarán más rápido. No llega a compararse con una regeneración completa, pero es un buen comienzo.

  Los ojos de Joseph brillaban con una mezcla de fascinación y alegría.

  —Es… increíble. —Su rostro reflejaba total admiración mientras pasaba una mano por su pecho, como si pudiera sentir los cambios en su interior.

  Cáliban asintió con una leve sonrisa antes de hablar de nuevo:

  —Ahora es mi turno. Mientras medito, ve borrando el círculo y entierra las antenas. No podemos dejar evidencia de lo que hicimos aquí.

  —Entendido.

  Mientras Cáliban se sentaba a meditar, Joseph se puso a trabajar, limpiando cuidadosamente los restos de la formación. Raspó los símbolos en el suelo con ramas y piedras, asegurándose de no dejar rastros, y enterró las antenas de cobre y plata entre las raíces de un árbol cercano.

  Cáliban, por su parte, cerró los ojos y consumió la píldora. Una calma profunda envolvió el bosque mientras él canalizaba la energía. Pasaron varios minutos hasta que finalmente abrió los ojos, con una expresión serena y una postura firme.

  —?Todo listo? —preguntó, levantándose lentamente.

  —Sí, no quedó ni un rastro —respondió Joseph, limpiándose las manos en su túnica.

  Ambos se lanzaron una última mirada al lugar donde habían trabajado tanto. Después, se giraron y comenzaron a caminar hacia el sendero que los llevaría fuera del bosque, dejando atrás los secretos de la formación y el rayo que había marcado ese día como inolvidable.

  —?Qué harás con las otras dos píldoras restantes? —preguntó Joseph con seriedad, mientras caminaban por el sendero del bosque.

  —?Quieres que se las dé a ellas dos? —respondió Cáliban, girando levemente la cabeza hacia su compa?ero.

  —No lo sé… solo que… ellas han sido buenas con nosotros. No creo que sea malo darles una.

  Cáliban se detuvo, mirándolo directamente.

  —Y cuando no puedas explicar de dónde salió la píldora, ni los efectos potenciados que tiene, ?Qué harás cuando otros se enteren y vengan a buscarte? ?Qué les dirás?

  Joseph guardó silencio, su rostro reflejaba una mezcla de confusión y tristeza.

  —No les debemos nada —continuó Cáliban, su tono era firme pero calmado —Sí, nos ayudaron un poco al encontrar un Wyvern con energía exterior, pero arriesgamos nuestra vida en el proceso. Ya las salvamos, yo dos veces y tú una. Eso es suficiente.

  —Entiendo… —murmuró Joseph, bajando la mirada.

  Cáliban lo observó de reojo. El rostro de Joseph reflejaba una tristeza inusual, una melancolía que no encajaba con su personalidad.

  —?Acaso te gusta Cecilia? —preguntó Cáliban, con un tono que mezclaba burla y curiosidad.

  —?No, por supuesto que no! ?Yo jamás iría por ella! —respondió Joseph, nervioso y acalorado.

  —?Por qué no? Es bonita…

  —?En serio me estás diciendo esto? ?No te molesta?

  —?Molestarme? —Cáliban sonrió levemente, encogiéndose de hombros —Tranquilo, no me meto en tu vida personal. Si quieres tener novia o descendencia, está bien por mí. Pero recuerda que tarde o temprano tendrás que dejarlos atrás. Si tienes eso claro, por mí no hay problema.

  —Eso lo entiendo. —admitió Joseph —Pero no me refería a eso.

  —?Entonces…? —Cáliban arqueó una ceja, intrigado.

  Joseph lo miró directamente, con un brillo de determinación en los ojos.

  —?Eres consciente de que Cecilia te ama?

  —?Me ama? —repitió Cáliban, frunciendo ligeramente el ce?o.

  —?No lo sabes? Siempre habla de ti y te observa constantemente.

  —?Y eso lo clasifica como amor? —preguntó Cáliban, cruzando los brazos.

  —Se supone que sí, ?No?

  Cáliban soltó un suspiro y negó con la cabeza.

  —No olvides la edad que tengo, Joseph.

  —?Ah! —Joseph abrió los ojos de par en par, recordando de golpe que Cáliban era un ser con siglos de experiencia a sus espaldas.

  —Exacto. —Cáliban sonrió de lado, divertido —Ella es cientos de a?os menor que yo.

  —?Eso estaría muy mal! —exclamó Joseph, con una sonrisa burlona.

  —Lo que siente Cecilia no es amor. Es atracción, tal vez admiración, pero no amor verdadero. Es parecido, pero no es lo mismo.

  —?Estás seguro?

  —Piénsalo, Joseph. Soy el héroe que la salvó dos veces. En este lugar, donde los guerreros tienen alto estatus, soy el joven que no la entregó a los bandidos y que luchó incluso contra un Wyvern para protegerla. Hablo con ella amablemente y charlamos juntos. Es natural que desarrolle sentimientos por mí.

  —Supongo que… tiene sentido.

  —Mantengo mi guardia alta todo el tiempo, en caso de un ataque enemigo o del mago oscuro. ?Crees que no he notado que me observa constantemente?

  Joseph volvió a quedarse sin palabras, dándose cuenta de que Cáliban tenía razón.

  —Lo que siente no es amor. Ella no me conoce realmente, solo conoce lo que he hecho por ella y el hecho de que soy su amigo. Confunde esos sentimientos con amor. Pero créeme, no es algo real.

  —?Cómo puedes estar tan seguro? —insistió Joseph —Sé que tienes mucha experiencia, pero ella es joven, y cree en el amor verdadero. Sería cruel romper esa ilusión.

  Cáliban suspiró y lo miró con calma.

  —?Eso significa que debería estar con ella para no herirla, aunque yo no sienta lo mismo?

  —No, claro que no… —admitió Joseph, algo avergonzado.

  —Es difícil, lo sé. Pero no haré nada. Tarde o temprano, Cecilia entenderá que esos sentimientos no son lo que cree. Cuando crezca, probablemente dejará atrás esa confusión.

  —Supongo que tienes razón…

  —Sabes que no tengo tiempo para eso, Joseph. Hay cosas más importantes en marcha.

  —Sí… lo recuerdo.

  —Dejemos el tema. Volvamos a la academia. Ya terminamos aquí.

  La conversación dejó un sabor amargo en ambos. Joseph no podía evitar sentir pena por Cecilia, pero sabía que Cáliban tenía razón. Ese “amor” no era más que una ilusión, una mezcla de admiración y agradecimiento que ella confundía con algo más profundo.

  Mientras tanto…

  El azul te?ía el cielo con tonos claros mientras Cecilia y Nhun se sentaban junto al lago en alguna parte del bosque, el reflejo del agua iluminaba sus rostros. Cecilia había estado inquieta todo el día, su mirada se perdía en el horizonte, mientras jugaba con un mechón de su cabello negro. Nhun observaba en silencio, percibiendo cada matiz en el comportamiento de la joven humana.

  —No vas a hablar si no pregunto, ?Verdad? —dijo Nhun finalmente, con un tono entre divertido y exasperado.

  —?Hablar de qué? —Cecilia evitó la mirada de su amiga, lanzando una peque?a piedra al agua.

  —De lo que sea que te tiene suspirando como una poeta trágica —respondió Nhun, apoyando un codo sobre su rodilla y ladeando la cabeza —No soy adivina, pero algo me dice que tiene que ver con Cáliban.

  Cecilia se ruborizó al instante, bajando la mirada hacia sus manos.

  —No sé de qué hablas…

  —Oh, por favor. No me hagas perder tiempo con rodeos. Eres demasiado transparente. Así que, ?Te gusta Cáliban? —preguntó Nhun con una sonrisa traviesa, pero no carente de curiosidad.

  Cecilia se quedó en silencio unos instantes, mordiendo su labio inferior antes de responder en un susurro:

  —Creo que sí…

  Nhun arqueó una ceja.

  —?Crees? Eso no suena muy convincente.

  —Es complicado. —Cecilia levantó la vista —él es tan… valiente, tan fuerte. Siempre parece saber qué hacer, cómo protegernos.

  —Admiración, lo entiendo. Pero eso no es necesariamente amor, Cecilia.

  —?No es solo eso! —respondió Cecilia rápidamente, su voz subió un poco antes de calmarse —No sé cómo explicarlo, pero cuando estoy cerca de él… siento algo diferente. Como si estuviera a salvo, como si todo tuviera sentido.

  Nhun ladeó la cabeza, observando a Cecilia con detenimiento.

  —?Y él? ?Cómo se comporta contigo?

  Cecilia hizo una pausa, recordando cada interacción con Cáliban.

  —Es amable… y considerado. Pero… también mantiene cierta distancia. Como si no quisiera acercarse demasiado.

  Nhun suspiró, apoyándose contra el tronco de un árbol cercano.

  —?Y nunca te has preguntado por qué?

  —Supongo que no soy lo suficientemente importante para él.

  —No digas tonterías. —Nhun negó con la cabeza, sus labios se curvaron en una sonrisa irónica —creo que te evita por que le gustas, ya sabes como son los hombres.

  —Puede ser... pero eso no cambia lo que siento.

  Nhun suspiró con molestia, tratando de entender a su amiga.

  —No te estoy diciendo que ignores lo que sientes, pero sí que tengas cuidado. A veces, lo que creemos que es amor no es más que una ilusión creada por la admiración o la necesidad de sentirnos protegidas.

  —?Y qué harías tú en mi lugar? —preguntó Cecilia, con los ojos humedecidos.

  Nhun sonrió con un toque de amargura.

  —Si fuera yo… lo observaría, lo aprendería, pero no dejaría que mi corazón se consumiera por alguien que, tal vez, nunca podrá corresponderme.

  Cecilia guardó silencio. Miró al horizonte mientras la brisa acariciaba su rostro, trayendo consigo el aroma de la hierba fresca y las flores del bosque.

  Cecilia asintió lentamente, permitiendo que las palabras de Nhun calaran en su mente. Ambas se quedaron en silencio, dejando que el día cubriera el bosque con su manto azul.

  Horas después…

  En los dormitorios, un joven Dimerian se encontraba ordenando su equipaje mientras suspiraba aliviado.

  —No tener que entrar a la mazmorra… realmente es un alivio que cambiarán el examen…

  Dimerian estaba totalmente complacido de no tener que enfrentarse a una criatura como aquel Wyvern. Sin embargo, la escena de batalla no abandonaba su mente.

  —Realmente hay un vasto mundo…

  Observó por la ventana. Ver el sol cayendo sobre la monta?a lo llenaba de serenidad.

  —Ojalá pudieras verlo, madre…

  Dimerian acarició un peque?o dije que colgaba de su cuello. La melancolía y la tristeza querían entrar en su alma, pero rápidamente olvido esos pensamientos y saco un libro.

  —?No! ?No tenemos tiempo para eso! mejor me pongo a estudiar para el examen… —se dijo a sí mismo, volviendo su mirada hacia un enorme libro para estudiar.

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