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Capítulo 43 - La ayuda

  –Esto es tu culpa –le dijo Silas en cuanto lograron encontrarse solos en una de las habitaciones de la posada.

  –?Mi culpa? –protestó Olivia aunque en el fondo entendía a qué se refería.

  –Tuya y de tu amiga.

  –?No es mi amiga!

  –Pues parecían muy cómodas hablando entres ustedes mientras me dejaban fueran de la conversación.

  –?No tengo ningún control sobre lo que me está pasando, Silas! Piensas que no te entiendo pero en realidad sí. Desde que dejamos el lago entiendo muy bien lo que es perder control de mi cuerpo. Eres tú quien no me entiende a mí.

  Silas se sentó al filo de una cama y se quedó pensativo con el ce?o aun más fruncido. Parecía como si la idea de que tuvieran algo en común también le molestara. No había manera de conformarlo, pensaba Olivia.

  –Así que... tú y yo... –al decir esto se sintió incómoda pero necesitaba preguntárselo –. ?Estamos bien?

  Silas evadió su mirada pero esta vez le respondió.

  –Sí, estamos bien –gru?ó.

  Olivia suspiró aliviada de que al menos hubieran hecho las paces.

  –No pierdas las esperanzas, Silas, estamos tan cerca.

  –?Y si el mago tiene razón? –preguntó él de golpe.

  Olivia tardó un poco en comprender que se refería a la ausencia de poder mágico en su cuerpo.

  –Claro que no, debió ser por el talismán –ella estaba convencida de eso.

  –?Y qué tal si no fue el talismán? ?Qué tal si los sirenios me jugaron una mala pasada y todo fue un truco para quitarme mi poder?

  –No digas boberías. Los sirenios no son tan poderosos –o al menos eso creía ella –y no creo que tuvieran malas intenciones.

  Silas no mostraba convencido.

  –Yo sólo sé que ellos no se mostraron muy contentos de ayudarme...

  –Pero al final lo hicieron, podrían haberse negado.

  –Thalassa me dijo algo pero ya no sé qué creer.

  –?Qué fue lo que te dijo?

  Silas entonces pasó a explicarle acerca del nudo que la sirenia le había mencionado y que al parecer era lo que lo que le estaba impidiendo controlar sus transformaciones.

  –Un nudo... Quizás es eso –lo único que Olivia sabía acerca de los nudos era que estos consistían en una obstrucción en los canales a través de los cuales fluía la energía mágica. La existencia de un nudo podía significar que el portador sufriera debilitamiento, dolores o un desequilibrio como parecía ser el caso de Silas.

  –?Entonce eso existe? –le preguntó Silas cuando ella le contó lo que sabía.

  –Sí. Incluso los magos pueden verse afectados por uno.

  –?Tiene cura?

  –Sí... pero...

  –?Es algo así como un sello? –insistió Silas en cuya voz parecían mezclarse el alivio y la ansiedad.

  –No, los sellos puede ser removidos por el portador mismo si tuviera poder suficiente o por otro mago o ser mágico que descifrara el mecanismo. Un nudo... es un poco más complejo... No es algo que pueda quitarse...

  Silas la miró desconfiado.

  –Pero dijiste...

  –Un sello es como un objeto extra?o dentro del portador... pero un nudo es parte del Código. Es tu propio poder que se ha atado a sí mismo. No lo puedes quitar... sino desatar... y por tus propios medios.

  Olivia se mordió los labios al ver cómo el brillo en los ojos de Silas parecía apagarse.

  –Sólo yo puedo desatar el nudo... como dijo Thalassa.

  –Exacto.

  –?Qué debo hacer? –esta vez él clavó los ojos en los suyos.

  Olivia tragó saliva.

  –Ah... pues... no sé... Nunca llegué a estudiar las técnicas... no era algo que me interesara en ese momento. Además, Eldrin...

  él bajó la cabeza y la sacudió.

  –Ya me imaginaba pero tenía que preguntar.

  Al verlo así Olivia se vio inundada por una renovada determinación. Apoyó sus manos en los hombros de él de manera que sus rostros estaba muy cerca cuando ella le habló.

  –No puedo ayudarte a desatar el nudo pero no dejaré que bajes los brazos. ?Me oyes? Llegaremos a la isla como sea. Te lo prometo.

  él se removió incómodo al sentir sus manos sobre él y, Olivia, al tomar conciencia de la cercanía entre ambos, lo soltó de repente. En algún momento de aquella conversación había querido preguntarle por qué había reaccionado frente al mago de esa manera cuando le puso su brazo sobre los hombros de una manera tan posesiva, pero luego lo desestimó pensando que sólo había querido hacerlo enojar. Lo mismo había pasado cuando bailaron juntos. Sólo estaban simulando porque ella lo había puesto en esa situación al decirle a todo el mundo que se habían fugado juntos.

  Terminada la discusión, los dos acordaron actuar con más cautela, por lo que desde ese día Olivia se negó a participar en las obras poniendo como excusa la incomodidad que le causaba la idea de verse observada desde el público por aquel mago que se había comportado de manera tan asquerosa con ella.

  Elyssa y Celestia no ocultaron su descontento. Aquello era parte de su oficio, no podían evitar los pensamientos que los hombres tendrían sobre ellas y si alguno llegaba a molestarlas, como había ocurrido ya miles de veces, podían golpearlos y pedir la ayuda de sus compa?eros.

  Pero ella se mantuvo firme y de nada sirvieron sus protestas. Finalmente, Deema intercedió para que la dejaran en paz. Si Olivia no sentía deseos de actuar, ellos no podían obligarla así que de ahí en más se dedicó a ayudar en otras actividades como el remiendo de los disfraces, algo que de a poco había ido aprendiendo ya que nunca había cosido siquiera un botón en su vida, aunque no sin sufrir unos cuantos pinchazos y pasarse un tiempo con algunos dedos vendados.

  Tampoco volvió a separarse del grupo, siempre se encontraba acompa?ada de alguien y se mantenía lo más lejos posible de la Casa de Gobierno. No es que le asustara aquel hombre pero si se interesaba demasiado por ella era capaz de ponerse a investigar sobre su identidad y podía terminar descubriendo cómo habían llegado a formar parte de Los Caminantes So?adores.

  La única vez que se animó a salir sola fue cuando se decidió a conseguir el mapa que tanto necesitaba. Las monedas que le había entregado Gorwan fueron suficientes no sólo para eso sino para comprar una nueva alforja y una cantimplora. Hubiera querido comprarse ropa de hombre pero eso llamaría demasiado la atención, así que decidió prepararse ella misma un atuendo a partir de unos disfraz viejo que Alder ya no utilizaba y que le sentaría de maravillas debido a que su contextura no era muy grande. Estaba harta de los vestidos. No eran nada prácticos para viajar y le recordaban su vida en el castillo. Su pelo estaba volviendo a crecer, quizás más deprisa de lo que debería debido a la magia de Daephennya, y no veía la hora de cortárselo.

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  Silas, en tanto, continuó trabajando con Meldo, para no levantar más sospechas. Debían simular que para ellos todo iba normal y que el rumor de aquella extra?a energía que los magos habían percibido no los afectaba en lo más mínimo.

  A no ser el cambio en el comportamiento de Olivia, la rutina del grupo continuó en un ritmo normal siendo muy similar a cuando se encontraban en el pueblo anterior. Se levantaban temprano, desayunaban, daban sus caminatas por el mercado, almorzaban, preparaban todo para las funciones hasta que llegaba la hora de salir al escenario. Por varios días esto se mantuvo así sin ningún otro sobresalto. Elyssa y Celestia terminaron aceptando la decisión de Olivia pero le hicieron prometer que volvería a actuar cuando se instalaran en el próximo pueblo, que sería la última parada antes de que Olivia y Silas continuaran su viaje solos hacia Abrazo de Tormenta.

  En realidad, ambas muchachas, así como también Alder, no perdieron la ocasión de volver a hablar con Olivia para convencerla de seguir viaje con ellos.

  –?Para qué quieres ir con esa tía tuya? –preguntó Celestia.

  –?Cómo estás segura de que te aceptará en su hogar? –agregaba Elyssa.

  A ninguna de las dos las convencía los supuestos planes de Olivia de irse a vivir a Abrazo de Tormenta con sus parientes. Les parecía un destino deprimente. El puerto tenía fama de ser azotado por feroces tempestades y vientos inclementes, de ahí, por supuesto, su nombre. Era, por tanto, un lugar sombrío, de edificaciones oscuras y muelles a punto de derrumbarse, atestado de marineros decrépitos, piradas y forajidos. Le advirtieron a Olivia que allí no encontraría más que miseria y que si ella y Silas decidían instalarse ahí se la verían en condiciones atroces y quizás su relación no podría sobrevivir. En cambio, si se unían a Los Caminantes So?adores, tenían aseguradas la diversión y la calidez de todos sus integrantes.

  Y si Silas no estaba de acuerdo que se fuera él solo hasta Abrazo de Tormenta y que dejara libre a Olivia. Cuando ellas decían eso, Alder, que también se les unía a veces, abría sus ojos como un perro que está esperando que le den un hueso. él no le había hablado desde que todo el mundo pensaba que ella y Silas se habían reconciliado, lo cual en cierta medida no era algo muy alejado de la verdad, aunque no de la manera en que ellos creían.

  Mientras continuaban describiendo el puerto de la peor manera posible para que cambiara de opinión, Olivia se iba sintiendo cada vez más conmovida por los deseos de aquellos afectuosos jóvenes que debería abandonar en algún momento. Hubiera deseado decirles que podían escribirse pero eso constituía una vil mentira. Una vez que se separaran, era muy probable que nunca más sus caminos volvieran a cruzarse. Era lo mejor. Hasta que ella no aprendiera a dominar su poder, sería un peligro para cualquier humano. Ya lo era para Silas y se sentía culpable por ello pero sus destinos ahora estaban entrelazados de una manera que no había vuelta atrás

  Además, concluyó, la triste realidad era que tampoco podía considerarlos amigos. No sabían nada acerca de ella, sólo detalles que había podido mezclar entre tanta mentira. Todo lo que la hacía quien era, estaba oculto, en parte para protegerlos pero también para protegerse de ellos.

  El único que quizás la conocía de verdad, concluyó, no sin sentir sorpresa, era Silas.

  Silas era su amigo, aunque no podía asegurar que el sentimiento fuera mutuo y prefería que la partiera un rayo antes que preguntárselo directamente para salir de la duda. Incluso cada tanto la invadía una cierta nostalgia por aquellos primeros días caminando por el bosque cuando no eran más que ellos dos solos ante la promesa de un destino venturoso. Ahora no veía la hora de retomar el camino tan como lo habían comenzado.

  Mientras tanto, en aquel pueblo los días pasaban en la misma rutina a la que ya tanto se había acostumbrado. Se encontraban a mitad de su estadía aunque Olivia prefería no contar los días para no ponerse aun más ansiosa. Todo parecía ir tranquilo. No habían vuelto a cruzarse con el molesto mago y tampoco escucharon más rumores acerca de la extra?a energía de los últimos días. El resto del grupo parecía haberse olvidado del asunto y se encontraban inmersos como siempre en su propias tareas.

  Una tarde, Deema le pidió que la acompa?ara a una tienda donde vendían unas especias especiales que utilizaría más tarde para darle más sabor a las comidas del campamento. Le pareció que Olivia querría descansar un poco luego de pasar tanto trabajo con el vestuario que sufría de manera constante todo tipo de accidentes y roturas. La muchacha aceptó y las dos se perdieron un rato entre las calles hasta llegar a un lugar en donde fueron recibidas por una anciana que las condujo hasta una bódega.

  Mientras Deema conversaba con la mujer, Olivia se adelantó para curiosear entre los barriles que había allí. No sabía nada sobre cocina así que todo lo que decían tenía poco interés para ella.

  Sus voces todavía se escuchaban a sus espaldas cuando de repente sintió como si algo se le cayera encima y la aplastara contra el suelo. Intentó levantarse pero descubrió que no podía moverse. Gritó por ayuda. Alguien detrás de ella la tomó por los brazos y los posicionó detrás la espalda para colocarle unas cadenas alrededor de las mu?ecas. Su respiración se aceleró. Podía sentir los fuertes latidos de su corazón tamborilear el piso de piedra.

  Alguien la dio vuelta y para su horror se encontró con la cara del mago que le había hecho aquella indignante proposición. Para su asco creciente, él la miraba apretando los labios como alguien que está a punto de degustar un festín. La desazón de Olivia empeoró cuando vio que Deema se encontraba parada detrás de él con expresión angustiada y agarrando con fuerza el bolso que había llevado para sus compras.

  –?Deema! –gimió Olivia la darse cuenta que le habían tendido una trampa.

  Ella cerró los ojos.

  –No puedo decir que lo siento. No quería hacer esto pero...

  –?Por qué? –aquella pregunta se escuchó casi como un sollozo, no por la situación en la que se encontraba sino por la traición de aquella mujer que la había tratado como otro más de sus hijos.

  –Mis hijos –replicó Deema con algo de dureza –. Tú... les hiciste algo esa noche... Las madres sabemos cuando algo no anda bien... Quizás no les hiciste da?o pero algo raro ocurrió... Su estado no era normal... Después me enteré acerca de esa extra?a energía... Calculé los días y supuse que podría haber sido aquella misma noche que los dejaste inconscientes... Además... tu historia... todo cuadra...

  –No, Deema, no...

  –No puede ser casualidad... Además, este hombre... dijo que...

  –Han llegado otros reportes –la interrumpió el mago –. No sólo de esta zona, sino también del golfo, bastante cerca de Sue?o de Bruma, justo donde esta mujer me contó que los encontró a ti y a ese patético muchacho sin magia tirados en la playa como si hubieran sufrido un naufragio.

  –?Qué está diciendo? –Olivia alzó la voz tratando de disimular el pánico.

  –Y qué casualidad que unos pocos días antes de eso, ocurrió el ataque del lago –continuó el mago –. Me contaron también que no pareces una plebeya cualquiera, además de que tu poder mágico es algo superior de lo normal.

  –Olivia... tú... ?estás escapando del Consejo? ?Tuviste algo que ver con lo que pasó en el lago? –con cada palabra Deema se escuchaba aún más desesperada hasta que la última pregunta se escuchó como una afirmación –. ?Tú también atacaste a toda aquella gente!

  –?No, no lo hice! –los ojos de Olivia se vieron inundados de lágrimas debido a la culpa –. Yo no lo hice. Yo no lo hice. Yo no lo hice.

  Más que decírselo a Deema, parecía que se lo decía a sí misma.

  –Te rescatamos, te alimentamos, viajaste con nosotros, te dimos nuestra comida, te dejamos participar en nuestras obras, te hiciste amiga de mis hijos... y todo este tiempo... tú y ese... lo que sea... nos estuvieron enga?ando... Todo este tiempo pensando que era una muchacha inocente ciega de amor y en realidad... –Deema apretó los labios con fuerza.

  El mago se volvió hacia ella.

  –Una situación lamentable. Sus servicios serán recompensados.

  –Sólo lléveselos lejos de mi familia.

  –?Silas! ?Dónde está Silas?

  –Gorwan y Meldo ya se ocuparon de él –dijo Deema y se dio la vuelta para marcharse.

  –?No, no! ?No es como tú crees, Deema! ?No te vayas! ?No quería enga?arlos! –Olivia lloraba boca arriba tirada en el suelo sintiendo que las lágrimas podían llegar a ahogarla. El mago la hizo levantarse y ella comenzó a sacudirse de manera violenta para intentar patearlo.

  –Como te has dado cuenta –dijo el mago –. Te he puesto cadenas antimagia. No sirve que te resistas.

  Olivia ni siquiera había intentado usar magia porque no tenía idea de cómo hacerlo en esas ocasiones. Era una maga patética. Desde que había salido del castillo no había hecho más que recibir ayudar. Eldrin quitó los escudos, Barthra y los Elementales la protegieron contra los soldados, Daephennya la ayudó a ocultarse con otro rostro, su padre la puso a salvo de los magos, Numi le dio la posibilidad de viajar junto con Silas y los actores les permitieron viajar con ellos.

  Ella no había hecho nada, así como tampoco podía hacer nada ahora.

  Al menos, por sí sola.

  –Por favor –susurró Olivia.

  –No sirve de nada –dijo el mago pensando que le estaba hablando a él.

  –Ayuda, por favor.

  –?Ayuda? –rió el mago –. Bueno, si me los pides así... quizás podamos llegar a un acuerdo antes de que la División Control venga a buscarte. Dicen que son un tipos terroríficos...

  –Ayuda, por favor.

  –Me temo que deberé callarte, no puedo arriesgarme a que te escuchen –dijo el mago pasando sus dedos sobre los labios de Olivia que por medio de la magia se cerraron como si alguien los hubiera cosido entre sí.

  Ayuda, ayuda, ayuda, ayuda, rogaba Olivia para sí misma mientras el mago la arrastraba fuera de la tienda y la metía dentro de un carro.

  –?Ahora quieres ayuda? –preguntó una voz profunda.

  El corazón de Olivia se paró. Reconocía aquella voz. No era ni Aurora ni Trébol.

  Sí, necesito ayuda. Tengo que salvar a Silas.

  –Sabes quién soy yo, ?verdad? –preguntó la voz.

  Sí, Olivia sabía quién era.

  Eres quien atacó el lago.

  –?Y aún así quieres mi ayuda?

  Quizás Trébol o Aurora...

  –Ellas no están aquí ahora, solo yo. Chispa. Soy la única que puede ayudarte ahora mismo. Te pregunto de nuevo. ?Quieres mi ayuda?

  Sí.

  –Hay algo que debes saber antes. Algo que las otras no te han dicho. Cada vez que usamos tu cuerpo una parte de él se consume. Por eso pierdes el conocimiento y, si una de nosotras se excede, puedes llegar incluso a morir.

  No me pediste permiso la primera vez.

  –Como sabrás, no tengo mucha paciencia. Sabiendo esto, ?quieres...?

  Ya te dije que sí.

  –Tú tampoco eres muy paciente –Olivia no podía ver su rostro pero le pareció que la bruja estaba sonriendo mientras su consciencia se iba disolviendo en la negrura de una noche sin estrellas.

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