Olivia no supo por cuánto tiempo se quedó mirando los tres cuerpos tirados sobre el pasto sin atreverse a moverse mientras el sol terminaba de ocultarse y dejaba tras de sí un manto de color rosado oscuro.
Desde que había ocurrido el desastre del lago, cuando casi estuvo a punto de matar a Mantok, la acechaba el temor de que un día llegaría a cometer lo impensable sin poder hacer nada para detenerlo y ahora este se había materializado en la figura de aquellos tres jóvenes para quienes las criaturas mágicas no eran más que un sue?o lejano y cuyo único error había sido hacerse amigos de ella ignorantes de lo que aquello podía significar.
Olivia y Silas nunca debieron unirse al grupo. Tendrían que haberse marchado por su cuenta en el momento que Aurora había decidido comunicarse con ella. Al final, era tal como Daephennya había querido: un arma que podía descontrolarse en cualquier momento.
Pensaba que tenía tiempo, que podría resolverlo ella sola, que nada más era cuestión de saber controlar sus propios pensamientos, pero se había equivocado. Había actuado de manera irresponsable y frente a ella estaban ahora las consecuencias.
–Tranquila –dijo una voz –. Sólo están durmiendo.
Olivia tardó un poco en reaccionar antes de girar la cabeza hacia Silas.
–?Qué dijiste?
él frunció el ce?o.
–Yo no dije nada.
–Pero alguien me acaba de decir que... –Olivia tragó saliva y se acercó gateando primero a Elyssa. La muchacha estaba tan petrificada como una piedra pero cuando Olivia posó una mano muy cerca de su cara sin tocarla sintió la leve caricia de su respiración lenta y profunda.
Inspiró hondo como alguien que sale a respirar hacia la superficie y enseguida hizo lo mismo con Alder y Celestia.
Al igual que Elyssa, su respiración era apenas perceptible pero estaban vivos.
Ella no los había matado.
El alivio entonces dio paso a la furia.
–?Me hiciste creer que estaban muertos! –le gritó a Silas.
él, todavía apoyado sobre el árbol con los brazos cruzados, dejó escapar una exhalación.
–Nunca te dije que estuvieran muertos.
–?Pero tampoco dijiste lo contrario!
él se encogió de hombros.
–Después de lo que me hiciste, era lo menos que podía hacer.
Pese al susto reciente, Olivia se vio asaltada por un instinto asesino que la empujaba a estrujarle el cuello.
–?Qué maldad pude haberte hecho para castigarme de esta manera?
–Tú sabes muy bien a qué me refiero.
Los dedos de Olivia se crisparon como garras, lista para saltar sobre él.
–?No, no lo sé! ?Crees que si recordara algo hubiera estado todo este rato lamentándome?
él la observaba algo incómodo como si quisiera apartarse pero su orgullo se lo impedía.
–Si quieres saberlo, me hiciste levitar en el aire y casi me desmiembras, pero justo aparecieron esos tres y los dejaste inconsciente con un solo movimiento.
Olivia respiró hondo tratando de calmarse. Lo que había hecho él era una bajeza pero era comprensible que hubiera tenido esa reacción luego de que ella, en realidad la bruja que debía haberla poseído, intentara hacerle da?o.
–Cierto que ese fue el orden de los acontecimientos –dijo de repente la voz –pero la parte en que casi lo desmiembro es algo exagerada.
–?Quién está hablando?
Silas volvió a mirarla extra?ado.
–No hay nadie aquí excepto nosotros y esos tres.
Olivia por fin entendió lo que estaba sucediendo y se acercó a la orilla del río. Pese a la tenue luz del ocaso todavía era posible ver su reflejo oscurecido.
Pero no fue su cara con la que se encontró. Entre las temblorosas ondas del agua, una muchacha de piel oscura y cabello adornado de flores, la miraba sonriendo.
–?Hola! –dijo la bruja.
–Tú no eres Aurora.
La chica sacudió la cabeza.
–Nop, yo soy Trébol.
–?A quién le estás hablando? –Silas se había ubicado a su lado y miraba el agua con ojos entrecerrados.
–?No puedes verla? –preguntó Olivia.
–?Ver a quién? Estás hablando sola con el agua.
–él no puede verme ni escucharme –dijo Trébol –. Sólo puedo comunicarme contigo.
–?Por qué le hiciste da?o? –la voz de Olivia adoptó un tono acusatorio.
–?Da?o? –Trébol soltó una risita –. Es verdad que lo asusté y lo zarandeé un poco por el aire pero nunca llegué a hacer nada que le doliera. Es un llorón. Pero sí es verdad que tuve que dormir a tus otros amigos. Cuando me di cuenta de que estaban cerca, ya era tarde. Despertarán en cualquier momento y se habrán olvidado de lo que vieron. Quizás me excedí pero no es más un sue?o muy profundo.
–No tenías que hacer nada de eso.
Trébol arrugó los labios.
–él estaba siendo muy cruel contigo. Tenía que darle una lección. Después de salvarlo del agua debería sentirse agradecido.
–?Fuiste tú quién me ayudó a salvarlo?
–?Quién me salvó? –preguntó Silas visiblemente molesto de que lo dejaran de lado.
–Pues, claro –dijo la bruja alzando orgullosa su mentón.
–Te lo agradezco entonces pero para el futuro no necesito que me defiendas de él.
–?De qué están hablando? ?Qué está diciendo esa bruja sobre mí? –Sila acercó su cara al agua hasta el punto de casi caer en el río.
–Dice que estás mintiendo y que ella no te hizo ningún da?o –repitió Olivia.
–?Es ella la que está mintiendo!
Olivia creía también que eso podía ser una posibilidad, ya que todavía no estaba dispuesta a confiar del todo en aquellos seres, aunque tampoco estaba segura de a quién debía creerle.
–?Vas a creerle a esta quimera arrogante que te despreció? –le recriminó Trébol –. ?Después de todo lo que te hemos ayudado?
–?Qué mentira te está diciendo ahora? –preguntó Silas.
–Mentirosa... –replicó Trébol con voz cantarina –. Quimera mentirosa.
La muchacha se sentía ridícula manteniendo una discusión entre dos personas que no podían ni siquiera escucharse así que cambió de tema.
–Yo nunca les pedí su ayuda –le dijo a la bruja.
–Entre las brujas tenemos que cuidarnos –insistió Trébol.
–?Y lo del lago? ?Eso fue para protegerme?
–Ah... eso... –parecía avergonzada aunque en su ojos todavía quedaba un dejo de picardía –. Eso fue una medida extrema... alguien tenía que romper el sello. Además, no matamos a nadie... y nos hicimos cargo de los magos que querían capturarte.
–?Y el promontorio?
–El promontorio –la voz de Trébol denotaba desprecio –. No tienes idea de nada.
–?Porque ustedes no me dicen nada!
–Tenemos una razón para eso... Todo lo que necesitas saber es que te estamos cuidando. No somos tus enemigas. Todo lo contrario.
–Pero Daephennya...
–Daephennya no se compara con ninguna de nosotras.
–?Me estás diciendo que las brujas son más poderosas que los elfos?
A su lado, sintió que Silas se tensaba.
–?Qué dices? –preguntó él.
–Ya te dije demasiado y escucho a alguien acercarse.
Dicho eso, el reflejo de Trébol desapareció del agua dando paso al rostro confundido de Olivia.
A los lejos se escucharon varios gritos que se acercaban. Se trataba de Deema y Gorwan, acompa?ados por otros miembros del grupo, que los estaban buscando.
–?Ah, ahí están! –exclamó Deema aliviada pero cuando se encontró con sus tres hijos dormidos sobre el pasto su expresión cambió a una cautela –. ?Qué ha pasado?
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–Ah... –Olivia tardó un instante en pesar una excusa –. Querían esperar a ver el cielo estrellado pero se durmieron.
–?Los tres al mismo tiempo? –preguntó Gorwan rascándose la cabeza.
Deema se acercó a sus hijos y comenzó a sacudirlos. El corazón de Olivia comenzó a bombear con fuerza. Gorwan también se acercó a despertar a Celestia y Elyssa pero necesitaron de varios intentos hasta que sus hijos comenzaron a reaccionar.
–Por la Ninfa –suspiró Deema pasándose una mano por la frente –. Qué manera de dormir. ?Qué les ha ocurrido?
–Eh... –Alder se enderezó –. ?Ya está oscuro? Pero...
Los tres hermanos se sentían desorientados. No entendían lo que había pasado. Se habían encontrado con Olivia y Silas y de repente todo se había vuelto oscuro. Tratando de que su culpa no se dejara entrever en sus palabras, ella volvió a repetir lo que le había dicho a Deema. Miró a Silas para que la ayudara y él se limitó a confirmar lo que ella había dicho.
Volvieron todos al campamento y el resto de la noche continuó sin ningún otro sobresalto. Olivia podía respirar tranquila ahora que se había cerciorado que ninguno de los tres hermanos recordaba nada pero una nueva ansiedad comenzó a brotar en ella mientras se encontraban cenando alrededor de la fogata y sus ojos se cruzaron con los de Deema quien la observaba en silencio.
Pasaron cuatro días más hasta que llegaron al siguiente pueblo. Durante ese tiempo, Olivia y Silas trataron de evitarse todo lo posible. Ambos seguían enojados por todo lo que se habían dicho aquella tarde y ahora cuando Silas se alejaba del campamento por un rato ella no volvió a seguirlo. Temía que él cometiera alguna locura mientras intentaba volver a transformarse pero ella no podía arriesgarse a alterarse de nuevo y que otra de las brujas decidiera interceder en su auxilio.
Para el resto del grupo, parecía que habían terminado su relación. Celestia y Elyssa la consolaban cuando Olivia les decía que no quería hablar del asunto por más que le preguntaran. Alder también se acercaba para hablar con ella, dando comienzo a sus intentos de conquista. Sin embargo, aunque Olivia hubiera sentido algo por él, lo cual no era el caso, no se habría sentido con ánimo de ilusionarlo. Un humano como él no podía esperar nada bueno relacionándose con ella. Ninguno de ellos en realidad.
Deema también parecía pensar lo mismo puesto que cada vez que se encontraba con Alder y Olivia solos, la mujer le pedía a su hijo alguna tarea especial. Tanto ella como Gorwan los seguían tratando bien pero luego del extra?o suceso ocurrido junto al río, ambos debían de pensar que algo raro ocurría con los nuevos integrantes del grupo pero Olivia trataba de tranquilizarse diciéndose a sí misma que debía ser el instinto protector que siente todo padre por sus hijos, algo que ella conocía más que bien.
La muchacha no veía la hora de llegar al pueblo ya que ahí todos dejarían de preocuparse por ellos y el foco de atención serían los preparativos de la primera función de la tarde. Decidió que esta vez su participación pasaría a segundo plano ya que no se sentía con ánimos de divertirse.
Lo primero que haría sería comprarse un mapa. No había querido pedírselo a los actores porque quería evitar que continuaran haciéndole preguntas sobre su futuro pero justo antes de partir del primer pueblo Gorwan les había entregado tanto a Silas como a Olivia un par de monedas como pago de su trabajo. Pese a que había vivido en un castillo con todos los lujos posibles, no pudo evitarse sentirse orgullosa. Silas, en cambio, miraba las monedas como si observara un par de piedras que había levantado del camino y se las entregó a Olivia. No quería saber nada con dinero humano y ella lo entendía.
Así que ahora tenía en su poder una peque?a fortuna aunque para ser honesta no tenía ni idea del valor real de aquellas monedas. Cabía la posibilidad de que no fueran suficientes para comprarse un mapa pero no podía preguntarle a nadie porque más sospechas recaerían sobre ellos.
Mientras iba planeando una visita al mercado que llevaría a cabo sola, el carro en el que iban se detuvo de golpe a la entrada del pueblo. Tanto ella como sus acompa?antes sacaron las cabezas fuera de carro y se encontraron con un grupo de soldados custodiando el lugar.
Uno de ellos se acercó y comenzó a interrogar a Gorwan sobre el motivo de su visita.
–Qué raro –murmuró Elyssa sentada al lado de Olivia –. Nunca nos había pasado esto las veces anteriores que vinimos.
–Incluso hay un par de magos ahí cerca –comentó Alder.
–?Magos? –Olivia tuvo que reprimir un salto y giró sus ojos hacia la mirada inescrutable de Silas quien se llevó una mano hacia el pecho donde debía estar el talismán.
Los jóvenes dentro del carro permanecieron atentos escuchando las palabras de Gorwan que explicaba a los soldados que no eran más que actores que, como todos los a?os, visitaban el pueblo para presentar sus obras.
–?Ah, sí, claro! –exclamó uno de los soldados –. Yo siempre voy a la plaza a ver sus obras con mi familia. Son gente honrada y muy divertida, por cierto.
–De todas maneras, –le respondió otro soldado de manera severa –no podemos dejarlos pasar hasta que no sean inspeccionados por los magos.
–?Qué? –Celestia y Elyssa se miraron entre sí.
Al escuchar eso, Alder frunció el ce?o y fue el primero en saltar fuera del carro. Los demás lo siguieron.
Silas y Olivia fueron los últimos en bajarse y se ubicaron junto al resto de los actores que habían formado una fila mientras dos magos de edad madura de túnica roja alzaban sus manos haciéndolas girar frente a ellos. Por la forma en que movían sus dedos, Olivia supo que estaban midiendo la carga de poder mágico de cada uno y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
–Dígame –dijo uno de los magos mientras se separaba de Gorwan –. ?Alguno de sus acompa?antes posee habilidades mágicas?
–?Magia? –rió Gorwan rascándose la cabeza –. No, nada de magia... a menos que se refiera a esto.
Gorwan acercó una mano hacia la oreja del mago y al retirarla le mostró una moneda.
El mago lo observó irritado y no se molestó en responder mientras continuaba con su tarea.
Lo que tardaron los dos hombres en acercarse a ella, le pareció una eternidad. En todo ese tiempo había estado tratando de respirar hondo para aliviar su ansiedad pero debía hacerlo de una manera que no fuera evidente. Los rayos del sol le pegaban con fuerza y sentía gotas de sudor escurriéndose por su espalda. No se atrevió a mirar a Silas.
Lo peor que podía pasar era que, Trébol, Aurora u otra de las brujas decidiera manifestarse justo en ese momento. Aquello quizás podría salvarlos de aquellos dos magos pero de ahí serían perseguidos, no solo por ellos sino por el Consejo entero.
Mientras se hacía la idea de que ya todo estaba perdido, uno de los magos llegó por fin hasta ella y alzó su mano frente a su pecho. La mirada del hombre, al principio indiferente, se torno curiosa. Cuando vio que sus ojos se entrecerraban, Olivia creyó que estaba a punto de desmayarse o, peor, perder la consciencia para que una bruja tomara su lugar.
–Chica, creo que deberías abandonar el grupo –dijo el mago bajando su mano.
La respiración de Olivia se cortó. Ya podía sentir la oscuridad cerniéndose sobre ella.
–?Po... po... por qué? –las palabras se le atascaron en la garganta.
El mago arrugó los labios.
–Percibo algo de magia en ti. Quizás tengas lo suficiente como para convertirte en Iniciada.
–Ah... –Olivia volvió a respirar de nuevo. Pese a todo lo ocurrido, parecía que su cuerpo todavía se asemejaba más al de un humano, aunque fuera en la superficie. Aquellos magos no debían de saber cómo manifestar los Códigos al igual que Eldrin o Leander, de lo contrario la hubieran descubierto enseguida. Debido a su creciente preocupación, había olvidado que muchos Maestros carentes del nivel suficiente para integrar una Orden de Magia eran designados para trabajar en peque?os pueblos donde no se requerían habilidades mucho más avanzadas.
–Con la ayuda de un buen Maestro tendrías posibilidad de conseguir un buen cargo algún día –continuó el mago.
–Ah... pero... a mí me gusta ser actriz... –respondió Olivia simulando timidez.
El mago enarcó las cejas un poco contrariado.
–Es una pena. Piénsalo. Si cambias de opinión puedes encontrarme en la Casa de Gobierno. Conozco a gente dentro del Consejo. Podríamos llegar a un arreglo entre tú y yo.
Un repentino asco la invadió al imaginarse lo que el mago quería dejar entrever con esas palabras pero logró contenerse.
–Gracias, me siento halagada, lo tendré en cuenta.
–No te creas igual gran cosa –le advirtió el mago –. Ya eres bastante mayor, te será difícil empezar... pero... con una buena mano... –se relamió los labios.
Olivia se sintió tentada de responder de una manera mordaz pero recordó a tiempo que ya no era una noble.
De repente, sintió un brazo posarse sobre sus hombros. Al girar la cabeza se encontró muy de cerca con la mejilla de Silas al punto de que sus labios quedaron tan cerca como si estuviera a punto de besarlo. Sintió como el calor subía por su cuello y giró la cabeza en sentido contrario, aunque sin separarse de él.
Silas incluso la atrajo más hacia él mientras le hablaba al mago.
–Ella ya le dijo que no quiere ser maga.
Olivia entró en pánico. La tranquilidad que había sentido cuando descubrió que el mago no era capaz de descubrir su poder oculto desapareció en cuanto Silas dijo esas palabras. ?Cómo podía ser tan inconsciente y justo cuando se encontraban delante de un mago?
El mago le dirigió una mirada despectiva y levantó su mano frente a Silas.
–Si me permite –dijo haciendo un gesto con la cabeza para que el muchacho se separara de Olivia.
Silas, de mala gana, o eso le pareció a Olivia, se separó de ella y le hizo un gesto desafiante al mago.
Quimera estúpida, quimera estúpida, iba a ser la perdición de ambos.
–Vaya, muchacho –dijo tras un instante el mago con satisfacción –. No siento ni una pizca de poder mágico en ti. Menos mal que decidiste ser actor porque no hubieras tenido ninguna posibilidad de llegar siguiera al nivel de Iniciado.
Olivia no podía creerlo pero el mago estaba intentando hacer sentir inferior a Silas debido a su supuesta falta de poder.
Los humanos, aunque muy inferiores a los seres mágicos, le había explicado Eldrin alguna vez, al haber sido creados de los restos del gigante Yorgad, bendecidos con la sangre de la Ninfa Némertyss, guardaban en su Código una ínfima parte de poder mágico que les permitía usar la magia hasta cierto punto. En realidad, eran muy pocos, aunque no raros, los humanos que carecían de este atributo que sólo podía desarrollarse con un adecuado entrenamiento.
El talismán creado por Aurora parecía ser mucho más poderoso de lo que habían creído al principio y Olivia agradeció a la bruja en silencio esperando que ella pudiera percibirlo de alguna manera. Ojalá pudiera volver a hablar con ella alguna vez, había sido la única dispuesta a contarle algo sobre sus verdaderos orígenes.
Silas, todavía mirando fijo al mago, no respondió a la provocación y el hombre se alejó de ellos aunque no si decirle algo más Olivia.
–Si cambias de opinión, me encontrarás en la Casa de Gobierno, aunque no sé, quizás vaya a ver cómo actúas –el mago de mordió los labios y Olivia sintió que el estómago se le revolvía. Podría haber vomitado en ese momento el desayuno.
Ahora estaba más que segura que no actuaría más, al menos en ese pueblo.
–Qué hombre tan asqueroso –dijo Elyssa una vez que se volvieron a subir el carro y este continuó traqueteando por las estrechas calles del pueblo –. Los magos suelen ser bastante arrogantes. Nunca me han gustado.
Silas, cruzado de brazos, asintió con vehemencia.
Todo el grupo había presenciado la escena con indignación pero nadie excepto él se había atrevido a enfrentarse al mago.
–Menos mal que estaba Silas para protegerte, Olivia –comentó Celestia con una sonrisa pícara y esta vez Silas miró para otro lado.
El otro que no estaba feliz era Alder que también se cruzó de brazos y se mantuvo en la misma posición hasta que llegaron a la plaza. Todos habían presenciado la escena con disgusto pero nadie se había atrevido a enfrentarse al mago.
Como la vez anterior, lo primero que hicieron fue buscar una posada con habitaciones disponibles y luego comer algo antes de empezar con la preparación del escenario. Ya todos sentados alrededor de la mesa con sus platos servidos, Gorwan aprovechó para preguntarle al posadero acerca de inusitada vigilancia a la entrada en el pueblo. Todo el mundo giró en dirección del hombro esperando su respuesta.
–Ya sabe cómo son los magos –masculló el posadero –. Nunca están dispuestos a contar la verdad... pero... hace unos días uno de ellos se fue a beber a la taberna y se puso tan borracho que se dejó convencer para desembuchar algo...
Todo había comenzado tan sólo un par de días atrás luego de que unos magos que se encontraban viajando percibieran una especie de energía extra?a que no lograron identificar. Al parecer había sido algo tan rápido que les fue imposible identificar a tiempo el lugar de donde provenía. Tras eso mandaron aviso a todos los pueblos vecinos para que se mantuvieran en alerta y controlaran los movimientos de todos los viajeros.
–No sé si será verdad o pura fantasía –terminó de decir el posadero –pero después de todo lo acontecido en el lago...
–Ah, sí, terrible, terrible –se lamentó Deema quien había escuchado del trágico evento poco después que Silas y Olivia se unieran a ellos –. Tengo un par de primos que van allí todos los a?os. Les he escrito para saber cómo se encuentran pero no he recibido respuesta.
–Deben estar bien, al parecer no hubo muchos heridos humanos. La peor parte se la llevaron los sirenios.
–Es increíble –suspiró una de las actrices –. No puedo creer que hayan sido magos. ?Qué será de nosotros los comunes mortales si deciden tomar control del reino?
–Iremos a rezar a la Ninfa en cuanto podamos –dijo Deema –. Ella nos protegerá. Hace mucho que no hemos visitado el templo. Debido a todo nuestro arduo trabajo, hemos descuidado nuestros deberes espirituales.
El resto del grupo se mostró de acuerdo y continuaron con la comida. A partir de ahí el tema de conversación derivó en la lista de tareas que debían realizara para dejara todo listo para la primera función.
Olivia intentó comer pero todavía sentía el estómago revuelto y no era a causa del interés que había puesto aquel repugnante mago en ella. En algún momento miró en dirección a Silas que se encontraba del otro lado de la mesa. él apenas la miró por un momento pero fue suficiente para que ella viera reflejado en sus ojos la misma preocupación.

