Durante los siguientes días que duró su estadía en el pueblo la rutina del grupo continuó de la misma manera. Se levantaban temprano y desayunaban en la posada un sencillo menú de pan, queso, leche y frutas. La ma?ana era la parte más tranquila del día. Algunos se dedicaban a realizar arreglos en el escenario, entre otros preparativos, aunque también era el mejor momento para tomarse un tiempo para recorrer el pueblo, cosas que Olivia hizo en compa?ía de Elyssa, Celestia y Deema que se dedicaban deambular por el mercado y otras tiendas en busca de nuevas telas y accesorios con los que mejorar el vestuario.
Descontando las funciones de teatro, aquel se había convertido en la actividad favorita de Olivia. Perdida entre colores, aromas y el bullicio de comerciantes y compradores, caminaba despacio, tratando de no perderse de nada y disfrutando cada instante, detrás de sus acompa?antes que se detenían delante de puestos de especias de exóticas fragancias, telas de todos los colores y texturas, figuras de madera, collares, pulseras, anillos, piedras brillantes, galletas, caramelos, pasteles. Aquello era una explosión de sensaciones que la dejaba aturdida por un buen rato.
A la hora del almuerzo volvían a reunirse con el resto del grupo ante de comenzar con la parte más atareada de la jornada que consistía en realizar algunos ensayos y dejar todo listo para las funciones de la tarde y la noche, al final de las cuales el grupo se reunía en la taberna con algunos pueblerinos para disfrutar alguna cerveza y vino en una velada mucho más tranquila de la que había sido la primera noche. A veces Gorwan se ponía tocar y se le sumaban otros músicos con algún tambor o flauta y resto de los clientes se ponía a cantar canciones tanto románticas como graciosas.
Olivia no tardó en acostumbrarse a aquel ritmo tan distinto de su vida en el castillo. Para el cuarto día ya se estaba preguntando seriamente si no debería olvidarse de la isla y continuar su viaje con los actores. En aquella forma tan simple de vivir encontraba un placer tranquilo con el que se hubiera logrado contentar. Ya podía imaginarse recorriendo todo el reino, conociendo todas las ciudades y pueblos, aprendiendo a actuar hasta convertirse en la actriz principal e incluso conocer a alguien con quien poder compartir esa vida, de la misma manera que le había sucedido a Deema.
Sin embargo, había siempre algo que nublaba sus ilusiones y ese era el miedo de que otra bruja tomara posesión de su cuerpo. Desde su última conversación con Aurora, nada parecido había vuelto a suceder. No sabía si eso debía ponerla más tranquila o más nerviosa. Cuanto más tiempo pasaba, más posibilidades podría haber de que uno de aquellos seres pudiera manifestarse. De noche, mientras el resto de sus compa?eras de cuarto dormían plácidamente, ajenas a tales preocupaciones, ella se mantenía insomne hasta tarde pensando en qué podría haber desencadenado su inusitado poder.
En realidad, no sabía si considerar aquello un verdadero poder. Parecía ser más bien una debilidad. Su cuerpo había pasado a ser el recipiente de seres desconocidos de quienes no existían registros o, al menos, no existían registros de ellas en los libros de la biblioteca de Rocasombra. Sería raro que ni los mismos magos supieran sobre la existencia de las brujas pero Eldrin nunca le había mencionado nada... aunque ahora que lo pensaba no podía confiar en nada de lo que su viejo maestro le había dicho durante toda su vida.
Por unos días había considerado la posibilidad de visitar la biblioteca que debía encontrarse dentro de la Casa de Gobierno del pueblo pero luego la desestimó porque, aunque se atreviera a acercarse justo a aquel lugar, dudaba de que encontrara alguna información que le sirviera.
Había habitado el mundo durante diecisiete a?os completamente ignorante de lo que yacía escondido dentro de su propio cuerpo. Ni siquiera cuando comenzó a aprender magia sintió nada especial. No era más que una Iniciada del montón con poderes mediocres, aunque Eldrin insistiera en su potencial.
Todo ese tiempo ella había pensado que su maestro no estaba siendo más que demasiado amable con ella debido a su posición pero en realidad su entusiasmo se debía a que él conocía la verdadera naturaleza de Olivia, aunque no podía saber cuánto le había contado Daephennya.
Quizás había sido el mismo Eldrin que se había encargado de mantener su poder estable a pedido de Daephennya y todo se vino abajo en el momento que se vio lejos de su influencia.
Si tomaba por ciertas las palabras de Aurora, la bruja que había atacado el lago se había aprovechado de un momento de vulnerabilidad. Lo mismo quizás había sucedido en el agua cuando perdió de vista a Silas y horas más tarde luego de haber creído que se había muerto.
Es decir, no podía bajar la guardia en ningún momento pero tampoco podía dejar llevarse por el pánico porque quizás eso también la pondría en una situación de vulnerabilidad. Esa era una de las razones por las que pasaba tanto tiempo con Elyssa y Celestia, quienes la ayudaban a olvidarse por un rato de su vida anterior y simular que ella no era más que una plebeya común y corriente que llevaba una feliz vida errante.
No era difícil contagiarse del ánimo de aquellas dos hermanas que no parecían conocer otra cosa que la alegría. Olivia sentía algo de envidia. Sus únicas preocupaciones eran aprenderse de memoria los parlamentos, mantener sus ropas en buen estado y buscar posibles pretendientes. Por esa razón era que aprovechaban sus paseos matinales para conocer muchachos en la calle, algo que Olivia encontraba bastante inusual debido a la desfachatez de aquellas dos que no dudaban en reaccionar a cualquier atisbo de coqueteo en forma de gui?o o silbido.
Olivia también había sido blanco de aquellos gestos atrevidos, lo cual la hacía sentirse halagada, aunque se obligaba a salir de su atontamiento en cuanto recordaba que ella supuestamente debía mostrarse enamorada de Silas, lo cual se había convertido en una tarea dificultosa debido a los escasos momentos en que se encontraban en el mismo lugar.
Cualquiera que supiera la verdad sobre Silas supondría que sería él, y no Olivia, quien más curioso se mostraría de la vida en el pueblo. Sin embargo, luego del susto que se había llevado la primera noche, apenas se separaba del grupo de actores, sobre todo de Meldo, el titiritero, con quien parecía llevarse bastante bien. Olivia nunca se hubiera imaginado que Silas preferiría pasarse toda la tarde entreteniendo ni?os encerrado dentro de aquella enorme caja de madera. Pero tenía sentido si quería evitar el contacto con los humanos lo más posible sin que a nadie le parecieran raras sus acciones.
Debido a eso, Olivia sólo se lo cruzaba a la hora de las comidas y justo antes de la última función cuando todos se ponían a ayudar con los preparativos.
Parecía incluso que la estaba evitando a ella también y no podía entender por qué. Ella no había hecho nada malo o al menos eso creía. Quizás su propuesta de baile había sido una tontería pero no podía seguir enojado por eso.
Aunque también se sentía culpable. Silas pensaba que había algo malo con él pero era todo lo contrario y ella había fallado en decirle la verdad porque no había tenía suficiente valor.
Pues, sí, Olivia no podía seguir negándolo.
Silas era guapo, quizás el chico más guapo que había visto en su vida, lo cual seguramente debía ser una exageración puesto que ella no había tenido tiempo de conocer muchos miembros del sexo opuesto, a excepción de los magos, soldados y sirvientes de su propio castillo, quienes, según ella, no solían destacar por su belleza, y quizás sólo era cuestión de tiempo hasta conocer a alguien más guapo que él y lograr así no sentirse tan turbada.
En realidad, que él decidiera no hablarle le había más fácil la tarea de comportarse como una persona normal. Varias veces se había sorprendido ella misma mirándolo por un rato hasta darse cuenta de lo que estaba haciendo. Silas parecía no haberse dado cuenta o, si lo había hecho, quizás seguía pensando que había algo raro con su cara.
Debido a eso, tomó la decisión de que cuando abandonaran el pueblo se tomaría un tiempo para hablar a solas con él y sincerarse de una vez por todas.
Al fin y al cabo, decir que era guapo no era nada del otro mundo. Era un simple hecho objetivo que nada tenía que ver con lo que ella sintiera porque era algo impensable que ella pudiera sentir el mínimo interés por alguien tan hura?o, indiferente y frío como podía llegar a ser él en ocasiones. Eran como el agua y el aceite. En su forma de zorro o de perro podía tolerarlo, incluso considerarlo adorable, pero como humano, o lo que fuera, lo consideraba insoportable.
Simplemente le diría la verdad para que él dejara de preocuparse. Era lo mínimo que podía hacer, aunque le molestaba la idea de que él comenzara a actuar arrogante una vez que supiera que las chicas podían volverse locas con él. Aquella idea la indignaba.
Pero ella se consideraba una persona honesta así que en cuanto tuviera la oportunidad terminaría con aquel asunto de una vez por todas.
Sin embargo, tuvieron que pasar otros cuantos días para que aquella charla lograra concretarse.
A “La princesa y el bufón” le habían seguido otras obras que habían sido recibidas con mucho entusiasmo por parte del público. Entre ellas, estaba “El misterio del bosque encantado” en la que un grupo de aldeanos salía en busca de sus amigos perdidos que habían quedado bajo los hechizos de la reina de la hadas interpretada por Deema. “Canciones de la vieja taberna” consistía en un espectáculo musical en el que tanto Elyssa como Celestia brillaban con sus imponentes voces acompa?adas por el laúd de su padre. “El juicio del mago” era un drama intenso sobre un mago acusado injustamente de traición, interpretado por un Alder apasionado que debía demostrar su inocencia ante un inclemente tribunal. “El Cazador de Sue?os” era la preferida de Gorwan quien se destacaba en el papel de un ser misterioso que viajaba entre los mundos de la vigilia y el sue?o para proteger a las personas de las pesadillas que se volvían realidad y enfrentarse un demonio que comienza a contaminar los sue?os de todo el mundo.
La última noche culminó con “El baile de los elementales” en donde todos los actores salieron a la plaza disfrazados con sus mejores ropajes simulando ser hadas, gnomos, sílfides, ondinas, dríades y salamandras que despertaban al comienzo de la primavera. Los pobladores se unieron al baile y otra gran fiesta se armó, sólo que en este caso Silas se volvió antes a la posada mientras que Olivia se quedó bailando hasta el amanecer en compa?ía de sus amigas. Varios muchachos la sacaron a bailar, incluso el desconfiado de Alder que se acercó a ella con mucha pena.
En todo ese tiempo, ella había continuado participando en peque?os papeles que no requerían que hablara y con cada nueva función se sentía más deslumbrada por el arte teatral. Sin embargo, el éxito de Los Caminantes So?adores, les había hecho perder alrededor de diez días antes de continuar su viaje hacia el próximo pueblo.
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Silas apenas le había dirigido la palabra pero ella podía notar su creciente impaciencia tras sus miradas adustas.
–?Pelea de amantes? –se había burlado Alder un día que él la pescó mirando a Silas desde lejos.
–?Alder! –exclamó ella sobresaltada –. ?No es tu asunto!
Con el correr de los días, Alder parecía haberse acostumbrado a los dos nuevos miembros y los trataba con más confianza.
–Es un idiota –le dijo él –. Debería hacerse responsable de lo que te hizo.
–?De lo que me hizo?
–Claro, te obliga a escaparte con él...
–?él no me obligó a nada! –en realidad había sido todo lo contrario. Ella lo había convencido de seguir viaje rumbo a la isla.
Alder le dirigió una mirada escéptica.
–En estas circunstancias, el hombre es responsable de la honra de la mujer –dijo con convicción.
A Olivia se le subieron todos los colores a la cara.
–Si yo fuera él... –continuó Alder –. Me preocuparía por tu bienestar...
–?Pues no eres él y no tienes que preocuparte por mí! –exclamó Olivia dándose la vuelta aunque luego se sintió mal por su brusquedad.
Elyssa había cometido la picardía de decirle que su hermano estaba interesado en ella.
–Si las cosas con Silas no funcionan... quién sabe... ?podríamos ser hermanas!
Así que aquello había sido otra cosa a agregar a su larga lista de preocupaciones. En esos días, había escuchado también rumores sobre el ataque al lago. Nadie mencionaba su nombre, al menos. Todo el mundo estaba más asombrado de que un grupo de magos hubiera atacado a los sirenios. Nada se decía sobre la hija del Conde de Rocasombra, exceptuando que el noble se hallaba en el lugar en el momento del ataque. Al parecer, el Consejo no quería armar un revuelo o su padre había presentado una explicación convincente para su desaparición.
Pero eso no quería significar que podía quedarse tranquila. La familia real podía llegara ponerse impaciente y comenzar a buscarla por todo el reino. Al llega al próximo pueblo, debían de pensar alguna manera de acelerar su paso. Quizás no quedara otra que separarse de los actores, aunque eso a Olivia le llenaba de una tristeza anticipada.
Así, tras un día de descanso, el grupo volvió a los caminos una vez más. Salieron temprano y para no desaprovechar las horas de sol no se detuvieron hasta bien avanzada la tarde para levantar campamento.
En algún momento, mientras comenzaban a preparar todo, Olivia se dio cuenta de que Silas había desaparecido. Con una sonrisa, Celestia le dijo que lo había visto alejarse en dirección a un río que se encontraba cerca de allí. Quizás había ido a tomar un ba?o.
Olivia decidió que aquel debía ser el momento para discutir sobre sus planes futuros y confesarle lo que no había tenido valor de admitir.
Sin embargo, al llegar a la orilla del río no logró verlo. Avanzó despació por la orilla hasta que de repente algo oscuro se movió bajo el agua y una figura emergió provocando que se sobresaltara.
–?Silas! –exclamó ella –. ?Qué estás haciendo? ?Te vas a ahogar!
La corriente en aquella parte no era muy fuerte pero ella ya tenía una sospecha de lo que él estaba haciendo allí en realidad.
–No es para tanto –le dijo él con tono indiferente, mientras se pasaba las manos por la cara para quitar el agua. Su larga cabellera, normalmente una cascada de rebeldes mechones dorados, estaba ahora húmeda y pegada a la cabeza y al cuello, resaltando aún más sus llamativos y armoniosos rasgos faciales. Sus ojos dorados parecían arder a la luz de los rayos de la tarde.
–?Por qué tienes que hacer eso en el agua? ?Es peligroso!
–?Qué crees que estoy haciendo?
–Pues, eso es obvio... –Olivia bajó el tono de voz por si había alguien del grupo cerca –. Estás tratando de transformarte... Quieres volver a ser una orca.
Silas miró hacia un costado y así Olivia supo que tenía razón.
–Hemos perdido muchos días –dijo él mientras salía del agua.
Olivia se dio la vuelta para no ver su cuerpo desnudo. Su ropa había quedado tirada al lado de un árbol.
–Ya lo sé... quería hablar de eso contigo...
–Tú, en cambio, te lo has estado pasando muy bien –le recriminó.
Olivia apretó los dientes.
–?Tú también!
Sintió que él escupía detrás suyo.
–Tuve que hacerlo.
–Claro, al igual que el baile –murmuró Olivia.
–?Qué dijiste?
–Nada... –respondió y cambió de tema –. ?Por qué no intentas convertirte en un zorro? Si pasas demasiado tiempo debajo del agua...
–Ya intenté de miles de maneras... Esto no ha sido más que un último intento.
–?Significa que te has rendido?
–?Claro que no! Sé que es muy difícil volver a ser una orca. Las quimeras aprendemos por imitación. No podemos transformarnos en aquello que no hemos visto. Por eso no pude aguantar mi forma de orca por tanto tiempo. Me había transformado gracias a los recuerdos ajenos de los sirenios.
–Entonces...
–Estaba tratando de transformarme en un pez...
A Olivia aquello le parecía una tremenda locura.
–?Pero si te convierte en pez alguien puede pescarte o puede venir un pez más grande y comerte!
–Eso es mejor que seguir en esta forma.
–?Silas! –Olivia se dio la vuelta y el corazón se le paró. él se había puesto los pantalones pero su pecho musculoso seguía sin cubrirse.
Olvidó enseguida lo que iba a decir pero Silas, más preocupado por su poder, no pareció notar su turbación.
–No lo entiendes. ?Y si me quedo atrapado en esta forma para siempre? ?No quiero ni pensarlo!
Olivia suspiró.
–No sería tan malo... lo sé por experiencia –quiso que sonara como un chiste pero eso no funcionaba con la quimera.
–Déjame solo –dijo él mientras con mueca se ponía el talismán de nuevo y continuaba vistiéndose.
–Claro que no. Si me voy eres capaz de ahogarte.
Silas no la contradijo.
–No eres responsable de lo que me pase.
–No se trata de responsabilidad... eres mi... –estuvo a punto de decir “amigo” pero incluso esa palabra la hacía sentirse incómoda –. Somos aliados... ?recuerdas?
–Tú no eres nadie para mí. Estamos juntos por conveniencia.
Aquello le dolió a Olivia más de lo que hubiera querido admitir, incluso para ella misma.
–?Cómo puedes decir eso? ?Sé que estás frustrado pero esa no es razón para...!
–?Frustrado? –exclamó Silas furioso –. ?No tienes idea! ?Soy una quimera! ?Mi poder es lo que me define! ?Una quimera incapaz de de transformarse no es nada!
–Silas...
él descargó su rabia dándole un pu?etazo al árbol.
–?No me llames así! ?No soy nadie! ?No tengo nombre! ?Soy un sin nombre!
–Tienes un nombre para mí, aunque eso no te importe.
–No eres nadie, no eres parte de mi manada. ?Sólo fui una excusa para huir de tu padre!
–?Olvida a tu manada! ?Ellos te abandonaron!
Ella estaba allí con él, no lo había abandonado nunca. ?Acaso no podía darse cuenta de eso?
–?No tienes idea de cómo fueron las cosas! –exclamó Silas.
–?Sólo sé lo que me has contado! –Olivia trató de tranquilizarse –. Si me contaras el resto de la historia, quizás...
–Desde el principio has sido así... siempre metiéndote en asuntos que no te conciernen... desde que me sacaste de esa jaula...
–?Estabas atrapado!
–No por mucho tiempo.
–?Qué quieres decir? ?La jaula estaba repleta de escudos! ?Era imposible que lograras salir por tu cuenta!
–Tu padre dijo que era para mantenerme a salvo.
–?Qué dices?
él levantó el mentón con arrogancia.
–Eso. Tu padre no quería hacerme da?o... todo lo contrario... Antes de que aparecieras él me había propuesto un plan para enga?ar al rey.
Silas continuó explicándole que la noche en que se conocieron, apenar un par de horas antes de que Olivia alcanzara la torre de experimentos, el conde le había dicho a la quimera que nunca había pensado entregarlo al rey sino que sería llevado frente a él para que este firmara la anulación del compromiso y tras eso la quimera sería sería rescatada en secreto por uno de sus propios espías dentro del castillo.
–Soy Alaric de Rocasombra, Guardián del Círculo, y he jurado proteger a toda criatura mágica que en él habite –le había dicho el conde –. No dejaré que nadie te lastime, pero necesito que, a cambio, me hagas un gran favor por el cual serás recompensado generosamente. Se trata de mi hija.
Aquel mago torpe, Leander, se encargaría de crear un sello en su jaula salir de ella en el momento más conveniente. A su vez, el conde le había dicho a Silas que, si él no quería volver a las monta?as, podía ofrecerle un escape a través de las islas, hacia el territorio de la Liga de los Piratas, en donde no habitaban los magos.
–Entonces ya ves –continuó Silas –. Nunca fue necesario que me rescataras. Todo este tiempo, desde que huiste del castillo, no has hecho más que hacer el ridículo.
Olivia sentía frío en todo su cuerpo.
–Estás mintiendo.
–?Acaso tu padre no es un hombre honorable? ?Realmente pensaste que podía hacerme da?o?
Olivia tragó saliva. Su padre podía tener mucho defectos pero la crueldad no era uno de ellos. Cada decisión equivocada que había tomado lo había hecho pensando que así protegería a los suyos. En realidad, había sido Eldrin que la había convencido. Eldrin había querido alejarla de su padre y le había hecho creer lo peor de él.
–Pero tú... accediste...
–Cambié de idea. Me pareció que sería más simple irme contigo pero... quizás debí haber vuelto al castillo. Tu padre se hubiera encargado mejor del asunto.
Olivia sintió un calor dentro suyo despertando.
–Nos enga?aste a los dos entonces –dijo –. Felicitaciones, como humano realmente te has distinguido.
En los ojos de Silas se encendió un fuego.
–?No soy humano!
–?En este momento te lo pareces mucho! ?Y yo sé de lo que hablo! ?Y debo decirte que... el plan de mi padre es lo más estúpido que he oído! ?No había ninguna garantía de que funcionara!
–?Hubiera sido preferible a verme en esta patética situación!
–?Te guste o no yo sí te he rescatado de cometer el peor error de tu vida!
–?Humana estúpida!
–?Quimera insufrible!
–?Te odio!
–?Yo también te odio! ?Te odio como nunca odié a nadie! ?Ojalá nunca te hubiera conocido! ?Tienes razón! ?Te odio! ?Te odio! ?Te odio!
En ese momento, Olivia escuchó un trueno y todo se volvió blanco como si el sol mismo hubiera bajado hasta la tierra y se la hubiera tragado entera de un bocado. Lo último que logró ver fue la mirada desencajada de Silas.
El miedo la invadió.
–?No, no! ?Quién eres? ?Déjame! ?No le hagas nada a Silas! ?él no me hizo nada! ?Déjalo en paz! ?No ganas nada haciéndole da?o!
Nadie respondió. Olivia continuó gritando a todo pulmón sin saber cuánto tiempo transcurría mientras permanecía flotando entre la nada misma.
Hasta que de repente una sombra comenzó a formarse arriba de ella y se fue extendiendo hasta tragarse toda la luz.
Sintió los párpados pesados. Al mover sus manos, sintió la humedad del pasto.
Un cielo de colores naranjas y rosados se cernía sobre ella. El sol se había ocultado tras el horizonte.
Al incorporarse y mirar a su alrededor, se encontró con Silas apoyado sobre el tronco del árbol y respirando agitado como si algo lo hubiera asustado.
–Silas... –gimió Olivia mientras se levantaba sintiendo su cuerpo adolorido –. No sé qué me pasó...
–?No te acerques!
Ella lo miró confusa.
–Yo... –de repente recordó la blancura que la había envuelto –. No sé qué pasó... ?Lo siento! Si te hice algo... –se acercó hacia él para cerciorarse de que no estuviera lastimado pero él se apartó.
–?No me toques! –exclamó él.
Al ver el horror reflejado en sus ojos, Olivia sintió ganas de llorar pero trató de contenerse.
–?No puedo controlarlo! –exclamó.
–?Creo que sí puedes controlarlo! Sólo querías darme un susto... Pues, felicitaciones, lo has logrado. Gracias por recordarme lo que sentían mis antepasados cuando era cazados.
–Silas... por favor... ?qué fue lo que hice? ?Dímelo, por favor!
–Mira a tu alrededor.
Olivia giró la cabeza hacia un costado y su conmoción fue tal que sus pies se doblaron y volvió a caer al suelo.
Sobre el pasto yacían los tres hermanos, Celestia, Elyssa y Alder, totalmente inmóviles y con los ojos cerrados.

