–Pues... he sido destituido como Líder de la Orden –anunció Leander mientras entraba en la caba?a de Barthra en donde Fidelia había elegido quedarse desde que habían vuelto del lago.
Ella se encontraba en la mesa tomando una taza de té con galletas que viejos conocidos de sus padres le habían llevado en una canasta no bien se enteraron que estaba “de visita”. Cuando Leander le dio la noticia dejó el té de lado y buscó el peque?o barril de hidromiel que Guthran le había entregado junto con las noticias de los últimos días que había recibido de Rovenna.
Desde que el conde les había pedido que retornaran el castillo, ella se había mantenido esperando en la caba?a y aburriéndose como un hongo, excepto cuando recibía aquellas visitas que habían incluido a algunas de las sirvientas y cocineras, así como también el bueno de Harald, quienes le hicieron recordar anécdotas de cuando ella era peque?a. Aparte de eso sus otras ocupaciones habían sido buscarse comida, quitar el polvo de la caba?a y mantenerse quieta en una esquina de la caba?a esperando a que alguno de los Elementales se le ocurriera visitarla. Pero pese a toda su paciencia, ninguno había aparecido.
Ahora que Rovenna y el resto habían vuelto, no veía la hora de retornar a Nemertya.
–Lo lamento –le dijo ella a Leander mientras vertía la bebida en sendos vasos de madera.
él agarró el suyo y se bebió el contenido de un trago.
Soltó un bufido.
–No importa... era demasiado... Además, los sirvientes terminaron siendo más listos que yo... Ahora podré volver a mis experimentos sin distracciones.
–?Quién será el próximo Líder?
–Incierto. Alaric y Rovenna se encuentran discutiendo en este momento. Parece que Alaric no quiere restituir la orden.
–No lo culpo. ?Qué hay de Zoran?
–Continúa en las mazmorras interrogando a los traidores... No paran de hablar sobre la quimera y Zoran continúa sin creerles.
Fidelia sacudió la cabeza.
–Me siento un poco culpable...
La voz de Leander se endureció.
–Traicionaron a la Orden y quisieron raptar a Olivia. Yo no les tengo lástima ninguna.
Pero Fidelia no podía evitar sentirse cómplice del mismo Zoran, como si ella también se encontrara en la mazmorra administrando la tortura.
–Yo también traicioné al Consejo.
–Eso fue distinto.
–Fui manipulada, así como ellos también fueron manipulados por Eldrin y por quien sea que estaba trabajando con él. Lo que están pasando ellos, yo también lo pasé.
Esta vez fue Leander quien bajó los ojos.
–Hablé sin pensar, disculpa.
Olivia sacudió una mano. Aquello estaba superado. Debía ser paciente y esperar a que Rovenna se comunicara con ella, pero Fidelia no quería cometer el error de ilusionarse. Aunque Rovenna le concediera un permiso para visitar la isla, todavía estaba por verse si el Archimago era de verdad un Arquitecto o no eran más que rumores.
–Así que... –suspiró Fidelia con ganas de cambiar de tema mientras volvía a llenar los vasos –. Supongo que estarás contento, al menos, ahora que Cormac ha regresado.
Leander se atragantó de hidromiel y sus mejillas se tornaron rojas.
–No me digas que te sientes avergonzado después de tantos a?os –se burló Fidelia.
–No es algo que hable con todo el mundo...
–Ahora que lo pienso, no deberíamos ser amigos.
–?Por qué?
–Porque me quitaste a mi primer amor.
Leander giró los ojos.
–No era para ti, además eras una ni?a. ?Sigues enamorada de él?
–?Claro que no! –aunque sí se había sentido incómoda cuando lo vio aparecer en el lago corriendo hacia ellos con la espada en mano listo para entrar en acción.
–?Y no hay nadie que...?
–No. Sobre todo desde que tengo el sello.
–Si hubiera sabido...
–No podías hacer nada. Tampoco quería que te vieras metido en esto. Tú tienes mucho para perder, en cambio yo...
–Hay mucha gente aquí que te quiere y se preocupó por ti cuando nos enteramos de lo sucedido. Incluso llegué a ir a la capital pero nadie sabía nada de ti.
–No sabía eso.
–Eldrin estaba furioso conmigo. Decía que te habías convertido una mancha en la reputación de Rocasombra pero Alaric me dio permiso para partir. Pero, como todo lo que me propongo hacer, fue un fracaso y volví con las manos vacías decepcionando a todo el mundo –bebió otro sorbo.
–No había forma de que me encontraras. Estuve mucho tiempo vagando por el reino hasta que de casualidad volví a encontrarme con Korinna y me contó que había abandonado el Consejo. Así fue como me uní a su negocio... aunque no sé si podemos llamarlo así todavía.
–Me cae bien, es una chica muy entusiasta.
–Sí... a todo esto... no he sabido nada de ella y de Myrius ?dónde están?
–Volvieron al castillo pero han estado ocupados hablando con Rovenna.
Fidelia comenzó a sentirse intranquila.
–?Por qué? Korinna sólo me estaba acompa?ando y Myrius sólo venía como un se?uelo...
–Rovenna se enteró de la quimera.
–?Y esperaste todo este rato para decírmelo?
–Sabía que te alterarías pero no sería bueno que Zoran te viera en este momento. Está muy alterado.
–?No le tengo miedo a Zoran! ?Simplemente detesto verlo!
–Aún así, ellos me dijeron que vendrían a verte en cuanto quedaran libres, así que... esperemos... No tengo nada que hacer ahora... así que te acompa?o –dijo mientras se servía otro trago de hidromiel.
Fidelia sabía que era cuestión de tiempo hasta que Rovenna se enterara de aquello pero no veía por qué tenía que inmiscuir a Korinna. La quimera había desaparecido sin dejar rastro, de acuerdo con Myrius. ?Qué pretendía Rovenna? ?Mandar a aquel nervioso mago en busca de ella?
Como había dicho Leander, a la caída del sol Korinna y Myrius llegaron hasta la caba?a, aunque Fidelia no se esperaba que se aparecieran sonrientes y cargando un peque?o barril de cerveza como si quisieran festejar algo.
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–?Nos han ascendido! –exclamó Korinna cuando Fidelia hizo la observación.
–?Felicitaciones! –exclamó Leander ya borracho después de haberse tomado casi todo el barril de hidromiel él solo –. ?A mí me destituyeron! ?Salud!
–?Cómo que un ascenso? –preguntó Fidelia –. ?Tú no trabajas para el Consejo!
En el rostro de Korinna se esbozó una mirada culpable.
–Rovenna me ha restituido.
Fidelia golpeó la mesa y se levantó de su asiento.
–??Qué!? ?Y qué pasa con nuestro negocio?
–Voy a tomarme un descanso... Antes de continuar necesito reformular mis cálculos.
–?Pero tú odias el Consejo!
–No lo odio... Es decir, no soportaba trabajar allí pero tampoco se sintió bien renunciar... Si al menos me hubieran permitido continuar con mis experimentos...
–?Justamente! ?Eres una inventora!
–No voy a dejar de serlo... es un sólo una pausa en el camino...
–?Y qué mierda les ha pedido Rovenna que hagan?
–En realidad... el ascenso ha sido para Myrius... yo sólo voy de acompa?ante.
–?Acompa?ante a dónde? –preguntó Fidelia agarrándose de la cabeza. ?A dónde carajo quería Rovenna mandar a aquellos dos?
Myrius se había mantenido fuera de la conversación a propósito pero ante la mirada de Fidelia se vio obligado a hablar.
–Bueno... –dijo con voz tímida –. No estoy seguro de si se trata de un ascenso... Al fin y al cabo, yo ya era Maestro Líder de la Unidad Especial de Protección de Quimeras.
–?Eso era una farsa! –protestó Fidelia sin preocuparse por los sentimientos del mago.
–Por eso mismo... ahora resulta que lo soy de verdad...
–??Qué!?
–?Recuerdas cuando me preguntaste acerca de la quimera?
–Me dijiste que se había ido –Fidelia le lanzó una mirada asesina.
–Ah... sí... pues... era mentira...
–Myrius...
–Lo cierto es que la quimera escapó junto con Lady Olivia.
–Entonces Eldrin...
–Se ha escapado solo pero eso no significa que no intente ir tras ellos...
Fidelia giró la cabeza hacia Leander.
–?Sabías sobre esto?
Leander se había tirado sobre la cama y movía la cabeza de un lado al otro.
–Por supuesto... –dejó escapar un hipo –. Mi amigo Alaric me lo dijo... porque es mi amigo y los amigos se cuentan todo... No como Cormac... que no es mi amigo... y...
–?Por qué no me lo dijiste a mí? ?Yo soy tu amiga!
–Nosotros le pedimos que no te dijera nada –intercedió Korinna –. Queríamos decírtelo en persona.
–?A dónde se ha ido la quimera entonces?
–Silas, su nombre es Silas –dijo Myrius con más seguridad –. Y en este momento se dirige por el mar junto con la joven hacia la Isla de los Demonios.
Aquello tranquilizó a Fidelia.
–Perfecto, iré con ustedes una vez que Rovenna...
–No vamos a seguirlos –la interrumpió Miryus.
–?Cómo que no?
–Si los seguimos –explicó Korinna –podríamos llamar la atención sobre ellos. Hay espías en todo el reino. Ni Rovenna ni el conde quieren arriesgarse.
–Además, no tendría sentido –agregó Myrius –. Supongamos que encontramos a Silas. ?Y luego qué?
–No tengo idea, tú eres el experto –dijo Fidelia –. ?Cuál es la alternativa entonces? ?Hacia dónde los está enviando Rovenna?
Myrius y Korinna intercambiaron miradas antes de responder.
–A las monta?as –dijeron al mismo tiempo.
De repente, todo el mundo se había vuelto loco.
–?Por qué?
–Es la única opción que tenemos. El único lugar donde seguramente encontremos al menos una manada. La manada que abandonó a Silas –explicó Myrius.
–?Tienes idea de lo extensa que es esa cordillera? ?Ningún humano se ha atrevido a cruzarla!
–?Seremos los primeros! –exclamó Korinna alzando su vaso de cerveza.
–?Tú, realmente! –Fidelia sentía una ganas tremendas de agarrarla por el pescuezo y arrastrarla todo el camino hacia Nemertya –. ?Vas a abandonar todos tus proyectos por ir a perseguir quimeras en las monta?as?
–Hace tiempo que necesitaba un descanso.
–?Esto no es un descanso!
–?No! ?Es una aventura! ?Algo que podría cambiar la historia!
–?Es un suicidio! Primero que encontrar a las quimeras sería como encontrar una aguja en un pajar pero veamos el lado optimista. Si las encuentran, ?qué se supone que harán? No creo que las quimeras necesiten su ayuda.
–Somos emisarios –dijo Myrius orgulloso –. Rovenna Astra nos está enviando como representantes del Consejo para demostrar nuestra buena fe y establecer un vínculo de confianza. Las quimeras han vivido aisladas durante demasiado tiempo. Es hora de que sepan que no todos los humanos son una amenaza.
–Rovenna también quiere prevenir un enfrentamiento –agregó Korinna.
–?Ahora ella tiene miedo de que las quimeras nos ataquen? –se burló Fidelia –. ?Están seguros de que no los está enga?ando de nuevo?
–Es una medida preventiva... No sabemos lo que han estado haciendo en este último siglo...
–?Y los envía a ustedes dos solos! ?Más bien parece un castigo!
–No... ella dice que formaremos parte de un grupo más grande...
–?No podrán sobrevivir en la monta?a! ?Hace sólo unos días estaban temblando de miedo con la sola idea de pelear contra otros magos!
–?Fidelia! –Korinna la miró desafiante –. Te aprecio mucho pero no me digas lo que puedo hacer o no. Lamento que te sientas abandonada porque ya no podremos continuar con el negocio pero esto es algo que yo quiero hacer. Iremos a las monta?as, fin de la discusión.
–?Esto no se queda así! –Fidelia cruzó la puerta de la caba?a y la cerró con fuerza tras su paso.
Mientras comenzaba a dirigirse hacia el castillo, escuchó que Myrius y Korinna la seguían detrás.
–?Qué pretendes hacer? ?No puedes hacer magia! –le gritó Korinna.
–?No me importa! ?Hay muchas maneras de matar a una persona! ?Y no me sigan! ?Estoy furiosa con ustedes! ?Están dementes! ?Volveré a Nemertya, navegaré hasta las islas y me olvidaré de ustedes!
Así Fidelia cruzó sola la gran puerta de hierro del castillo ignorando a todos aquellos que la miraban con curiosidad al verla avanzar cruzar tan decidida por el patio de armas.
–?Fidelia! –ese era Cormac que se encontraba dando instrucciones a los soldados.
Su figura alta y forzuda se puso delante de ella. Al alzar la mirada ella vio que sus cabellos pelirrojos salpicados de canas habían adoptado un tono dorado bajo los últimos rayos de sol que se colaban por encima de las murallas del castillo. Su sonrisa era lo más hermoso que había visto en la vida.
El estúpido de Leander no lo merecía.
–Cormac... –suspiró ella pero para su pesar no podía quedarse a charlar –. ?Dónde se encuentra la Maestra Arcanista?
él le dijo que en este momento se hallaba sola en los aposentos destinados al Maestro Líder de la Orden. Fidelia se negó a ser escoltada ya que desde ni?a conocía el castillo como la palma de su mano, incluso los pasadizos que luego fueron bloqueados a pedido del conde.
–?Rovenna! –gritó Fidelia al abrir con una patada la puerta.
Rovenna no se inmutó y continuó ojeando unos pergaminos que leía sentada detrás de su escritorios.
–?Estamos siendo atacados? –preguntó con voz tranquila como si hubiera estado esperando todo ese tiempo aquella visita.
–?Tú sabes por qué estoy aquí! ?Sabía que no cumplirías tu palabra! ?Lo sabía! –Fidelia estaba dispuesta a saltar encima de Rovenna pero se detuvo en seco cuando esta le tendió un pergamino enrollado.
–Aquí tienes.
–?Qué es esto? –preguntó Fidelia mientras comenzaba a leerlo.
–Una autorización firmada por mí para que te presentes en mi nombre ante el Archimago de la Isla. También aquí hay una carta sellada... –le entregó otro pergamino con su sello lacrado –en donde le solicito que, si estuviera en sus manos, te quitara el sello de anulación.
Fidelia se había quedado muda.
–Así que … de nada. Puedes irte ma?ana mismo si quieres. Tus servicios ya no son necesarios –Rovenna sacudió la mano –. Además, tus sospechas infundadas ya me irritaron. Siempre he cumplido mi palabra.
–Pero... la misión...
Rovenna se encogió de hombros.
–Ah, pues, eso no es tu asunto. Solamente tenías que averiguar qué sucedía con los Elementales. Pues ya lo has hecho. Has cumplido, eres libre.
–Pero Myrius y Korina...
–Estarán bien. Los dos han demostrado ser muy competentes. Quién diría que la Unidad Especial de Protección de Quimeras al final sería una de mis mejores ideas.
–Ya sabemos de una quimera que se está dirigiendo a la isla. ?Para qué cuernos los envías a las monta?as?
–Una quimera joven que apenas puede manejar su poder, como me han dicho los sirenios, no es ninguna urgencia para mí en este momento. Pero si hay una quimera, puede haber más, y esas se encuentran en las monta?as.
–?Es un plan suicida!
–Irán acompa?ados por gente de mi confianza. Además, la última vez que nos enfrentamos a las quimeras casi las exterminamos. Contamos con hechizos para defendernos... aunque se trata de una misión de paz. No pretendo que peleen, a menos, claro, que sean atacados.
–Myrius forma parte del Consejo pero Korinna...
–Ella se ha ofrecido. Habla con ella y convéncela de no ir.
–Ya lo he intentado.
–Pues... está todo dicho.
Fidelia no dejaba de mirarla con ojos asesino pero la Maestra Arcanista ni pesta?eó.
–Tú sabías...
–?Sabía qué?
–?Tú sabías que no podría irme a la isla sabiendo que ellos se dirigen a las monta?as!
–?Estás diciendo que puedo manipularte tan fácilmente? Qué tan poca estima tienes de ti misma. No, me corrijo, en realidad, es demasiado arrogante de tu parte creer que tus amigos no podrán sobrevivir sin ti.
–?No se trata de eso! ?Cómo quieres que me vaya tranquila si sé que ellos están en una situación peligrosa?
–No entiendo tu enojo. Has conseguido lo que querías. Nadie te está reteniendo. Es tu decisión.
–?Claro que es mi decisión, maldita bastarda tramposa! ?Pero tú me estás obligando a elegir!
–No es mi culpa que profeses ese ridículo sentimiento de lealtad hacia tus amigos. Actúa como la adulta que eres y hazte cargo de tus elecciones.
–?Te odio, maldita mujer!
Lo último que escuchó Fidelia cuando abandonó la habitación aporreando la puerta fue la despedida de Rovenna.
–Buen viaje. Y que no te coma ninguna quimera.

