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Capítulo 35 - Los nuevos aliados

  Si había algo más tedioso que viajar desde Nemertya hacia el lago del Dragón Azul, era ser escoltada por una comitiva de alrededor de treinta magos pertenecientes a la División Control, quienes desde que habían partido de la capital actuaban como si fueran a ser atacados en cualquier momento. Rovenna ya había perdido la cuenta de cuántas veces tuvo que evitar que arrestaran a algún viajero inocente que según ellos podía tratarse de un mago encubierto que había escapado del lago.

  No les faltaba razón porque, según el último informe recibido, el paradero de Eldrin era aún desconocido, aunque sería muy tonto de él escapar en dirección a la capital.

  –O eso quiere que nosotros pensemos –le había dicho Zoran Wildheart, Maestro Líder de la División Control cuando ella le expuso sus reparos.

  El tránsito por los caminos había disminuido pero cada tanto se encontraban con alguna caravana que volvía del lago contando distintas versiones de los hechos. Sin embargo, nadie había visto cómo se había iniciado el fuego. Si fuera por Zoran, los habrían interrogado a cada uno pero el tiempo apremiaba y ya habían perdido demasiado tiempo con aquellos ridículos interrogatorios.

  También quería llegar lo antes posible ya que hacía a?os que no montaba a caballo y su cuerpo estaba pagando el precio. Las noches frescas que pasaban a la intemperie tampoco ayudaban y a la ma?ana despertaba con el cuerpo entumecido y un dolor en el cuello que tardó un buen rato en aliviar incluso con magia. Podría haber elegido cualquier carruaje de los que había a disposición en el Consejo pero no quería darle la satisfacción a Zoran de verla como una vieja débil que debía ser acarreada para todos lados.

  Ya cerca de su destino, la comitiva se dividió. Zoran y Rovenna, junto con otros magos, se dirigieron al lago, mientras que el resto iría a hacerse cargo de los traidores apresados en el castillo de Rocasombra.

  Llegaron al campamento junto al lago antes del mediodía. Rovenna esperaba encontrarse con un panorama desolador pero el lugar hervía de actividad. Miembros de la tribu, humanos y sirenios, así como soldados de Rocasombra, se movían de un lado a otro entre las carpas cargando madera y paja que sacaban de decenas de carretas que se habían amontado alrededor. Parecía que ya habían comenzado con la reconstrucción.

  Mientras se bajaban de los caballos, el Conde de Rocasombra se acercó a recibirlos y se plantó frente a ellos con un simple movimiento de cabeza.

  –Maestra Arcanista.

  –Mi se?or, ya veo que no ha perdido el tiempo, tal como se espera de un digno Guardián del Círculo.

  –Tuve la suerte de encontrarme en el lago cuando todo esto sucedió.

  –Veo muchas carretas con madera y paja.

  –Donación de otros pueblos vecinos, así como de mi propio castillo –alzó las cejas –. Esperamos también recibir algo de la capital en cualquier momento.

  –Lamento decir que no pude ocuparme debido a la prisa de mi partida, pero estoy segura de que el Consejo se ocupará del asunto.

  Aunque lo más seguro sería que las carretas llegarían muy tarde cuando ya las chozas se hubieran reconstruido debido a toda la burocracia que se necesitaba para meter un solo palo en una carreta y eso el Conde lo sabía muy bien.

  Zoran se estaba poniendo impaciente.

  –Llama mucho la atención cómo lograron detener a los magos. En su informe faltaban muchos detalles –dijo él en tono afectado.

  –Frente la urgencia, mi última preocupación es escribir un informe para el Consejo –le respondió el Conde –. Le debo la atención a los habitantes que están bajo mi protección. Además, teniendo en cuenta lo que ha sucedido con mi hija...

  –Lamento su situación pero ante todo debe responder primero a la familia real y al Consejo.

  Un brillo asesino iluminó los ojos del Conde.

  –Ellos no estaban aquí para ocuparse del desastre que sus propios magos provocaron.

  –Magos que fueron entrenados por la Orden de Rocasombra.

  –Por un líder asignado por el propio Consejo.

  Los dos hombres, iguales tanto en altura como en musculatura, dieron una paso hacia adelante como si fueran a batirse a duelo en ese mismo momento.

  –Caballeros –los detuvo Rovenna –. No llegaremos nada con estas acusaciones. Este ataque nos sorprendió a todos y debemos ahora aunar fuerzas para llegar a la raíz de la cuestión. Nuestro primer deber es asegurar la paz del reino.

  Zoran se mantuvo con la mirada fija en el Conde, como queriendo ignorar las palabras de su superiora, pero al final la razón prevaleció.

  –?Dónde se encuentran los traidores? –preguntó.

  –El Capitán de mi guardia lo guiará hasta allí. Hasta el momento no hemos logrado sacarles mucha información.

  El Líder de Control esbozó una mueca de suficiencia.

  –Será porque ustedes no saben como hacerlo o no tienen las agallas. Siempre es necesario que que lleguemos nosotros para ocuparnos de las cosas como corresponde.

  Como era de esperarse, Zoran Wildheart, perteneciente a una de las cinco familias, no ocultaba la animosidad que sentía hacia los Rocasombra, descendientes de humanos comunes que se habían rebelado durante la guerra de los cinco magos, y que más tarde se convirtieron en Guardianes del Círculo en vista de que las demás razas se oponían a que los magos tomaran esa responsabilidad.

  De todas maneras, el Consejo no tardó en imponer su control cuando obligó a todos los se?ores a admitir una orden de magos en cada castillo, ciudad y pueblo, lo cual limitaba los poderes de los nobles. Los Rocasombra protestaron ante este atropello pero poco podían hacer si no querían arriesgarse a un nuevo enfrentamiento con la familia real.

  Por eso a Rovenna le había llamado la atención cuando escuchó rumores de que Eldrin se había convertido en el mentor de la heredera del Círculo, ya prometida al príncipe por orden directa de su majestad. Era obvio que Eldrin quería tener cierta influencia sobre la futura reina pero no se explicaba cómo el conde lo había permitido.

  –Me parece difícil creer que sus soldados hayan detenido a los magos –le dijo Rovenna al conde cuando Zoran y el resto de la División Control se alejó –. Lo que me hace suponer que no todos lo traicionaron.

  –Hubo una sola excepción: el Maestro Leander Kalas.

  –?Y el Maestro Leander se enfrentó solo a todos ellos?

  –Tuvo ayuda. Quizás usted ya sospecha de quién estoy hablando.

  Rovenna, de hecho, lo sospechaba.

  –?De verdad pensaba que había quimeras en mi castillo? –preguntó el conde con una mirada de burla.

  –Información confidencial, mi se?or.

  –Ya veo. De todas maneras, Myrius Sentos me ha explicado la situación por lo que para ahorrarle a usted la vergüenza de que Zoran se entere... diremos que tanto Korinna Franko como él se encontraban buscando trabajo en mi castillo. En cuanto a Fidelia Dabrus, ella sólo quería darse una vuelta por su antiguo hogar.

  Hombre impertinente. Aunque eso le facilitaba a Rovenna las cosas. No tenía ganas de explicarle a Zoran por qué había enviado a tres magos de dudosa habilidad para que investigaran acerca de quimeras inexistentes.

  –Por eso mismo le he solicitado a Fidelia y a Leander que se dirigieran al castillo –agregó el conde –. Mientra que Myrius y Korinna se han quedado para responder cualquier duda que ustedes puedan tener.

  Aquello no le gustó a Rovenna pero no dijo nada. Había esperado poder encontrarse con Fidelia en algún momento de la noche cuando Zoran se hubiera retirado a descansar pero ahora iba a tener que esperar a que sus asuntos en el lago finalizaran. Sentos y Franko no le servían para nada.

  Se acercaron hasta el borde de una colina y observaron la orilla del lago. El viento ya se había llevado la mayor parte de la ceniza aunque todavía quedaban restos del horror ocurrido días atrás. Sobre la arena humanos y sirenios levantaban restos de chozas carbonizadas y en otros sectores ya limpios comenzaban a ubicar los primeros pilotes. Se sentía extra?o no ver el promontorio y mucho más difícil era imaginarse cómo habían logrado derribar tama?a estructura hasta su misma base.

  Le solicitó al conde que la llevara con los jefes de la tribu y él la guió hasta una enorme carpa que servía de cuartel para la organización de la reconstrucción. Dentro la misma se hallaban varias personas que lejos de saludarla se la quedaron mirando como si no fuera bienvenida.

  –Maestra Arcanista, cuánto tiempo –se trataba de Thalassa, una sirenia a la cual Rovenna conocía desde su época de Acólita –. Es un honor verla de nuevo, aunque uno diría que alguien de su autoridad participaría en nuestras celebraciones.

  Tenía mejores cosas que hacer que peregrinar todas las primaveras hacia al lago para ver un par de luces moviéndose en el agua. Con haberlo visto un par de veces ya le había sido suficiente.

  Pero no podía decir eso.

  –Quizás el próximo a?o en mejores circunstancias si logramos resolver todo esto.

  Thalassa esbozó una amplia sonrisa mostrando todos sus blancos dientes.

  –Por lo que sabemos, han sido unos magos descarriados. Mi pareja me lo ha dicho él mismo.

  –?Vio cómo comenzaba el ataque?

  –él mismo puede contarle. Todavía se está recuperando de sus heridas pero se encuentra mucho mejor.

  –?Qué pasa con el resto de los jefes? –preguntó Rovenna al ver que los otros le daban la espalda.

  –No desean hablar con usted. Me han pedido que los represente.

  La condujeron a otra carpa donde se hallaban los heridos. En el suelo, sobre mantas, se hallaban varios humanos y sirenios vendados en varias partes del cuerpo mientras eran atendidos por otros que posaban sus manos sobre su cuerpo o los ayudaban a alimentarse.

  La pareja de Thalassa, Mantok, yacía tieso sobre el suelo, vendado de pies a cabeza. Lo acompa?aban un par de jóvenes, quizás hijos o nietos.

  –Vaya, Rovenna, ?cuánto tiempo ha pasado? –preguntó Mantok girando los ojos hacia ella.

  –Lo mismo le he preguntado yo –le dijo Thalassa.

  –Mis obligaciones me impiden dejar la capital –se excusó Rovenna –. Quizás el próximo...

  –Tiene que pasar un desastre para que se digne a venir ?verdad? –dijo Mantok en un tono severo que Rovenna, conociéndolo desde hacía a?os, sabía que era inusual en él –. El equilibrio entre las razas no se logrará sólo con estrategias y manipulaciones si estos no son acompa?ados de gestos genuinos que promuevan el acercamiento. Conocemos las rivalidades que existen entre los seguidores de Némertyss y los del Dragón Azul. Usted debería ser un ejemplo.

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  Rovenna suspiró.

  –Intentaré ser mejor... Créame que no era mi intención ofender a la tribu pero lo que usted me acaba de describir no es nada comparado con lo que se está cociendo tanto dentro del Consejo como del palacio.

  Los tres miraron al conde que se mantenía impertérrito comprendiendo muy bien a qué se estaba refiriendo ella.

  –Supongo que ha venido a preguntarme lo que sucedió –dijo Mantok y tras ver que Rovenna asentía comenzó a explicarle –. Pues... nos encontrábamos celebrando el Retorno como todos los a?os junto con nuestros invitados especiales, el conde y su hija, cuando de repente escuchamos explosiones.

  Continuó narrando que los magos liderados por ese tal Eldrin Caedos habían aparecido de repente. No hubo tiempo de hacer nada. Las chozas habían empezado a arder y debían de evacuar a todo el mundo. Los guardias del conde se encontraban acampando en las colinas y tardaron mucho en llegar a la orilla donde se había producido el ataque. En medio de la conmoción se dieron cuenta de que Lady Olivia había desaparecido junto con Eldrin. Parecía ser que su objetivo desde el principio era raptar a la joven. Tuvieron la suerte de que justo unos cuatro magos, llegados de no sé sabía donde, se aparecieron para enfrentarse a los traidores y apresarlos. Así había sido en líneas generales. Todo había sido muy confuso y el humo impedía ver todo con claridad.

  –Yo fui alcanzado por una explosión como podrá ver –finalizó el jefe.

  Había algunas cosas que no cuadraban. Si Eldrin había querido raptar a Lady Olivia ?por qué había esperando tanto tiempo? ?Por qué no raptarla cuando ya se encontraba en el castillo? Eldrin era el Líder de la Orden, hubiera sido muy fácil. Pero, además, ?por qué raptarla? ?Acaso no estaba él de acuerdo con el matrimonio? Rovenna sabía que el conde había tratado por todos los medios atrasar el casamiento pero le parecía extremo que Eldrin hubiera raptado a la muchacha. ?Quería decir eso que en este momento se encontraba dirigiéndose a Nemertya tal como lo había sospechado Zoran? ?Estaba la familia real involucrada en el rapto?

  Sintió punzadas en la cabeza. Todavía no se había recuperado del viaje a caballo. Necesitaba descansar para ocuparse de todo ese lío.

  Pero faltaba una pregunta.

  –?Y el promontorio?

  Thalassa y Mantok cruzaron los ojos tan rápido que Rovenna tuvo apenas tiempo para verlo.

  –Nadie está seguro. Estaba muy oscuro, había mucho humo. No logramos ver quién fue el culpable.

  Alguien con tanto poder no podía pasar desapercibido para los sirenios pero Rovenna no quería forzarlos. Cualquier excusa podía servirles para solicitar el auxilio de la Liga de Piratas. El Capitán Jasper Gloom había asegurado que no tomarían medidas por el momento pero su presencia en Sue?o de Bruma, tal como le había contado Theo a través del espejo élfico, era demasiada coincidencia. ?Quizás planeaban un ataque sorpresa?

  –Lamento todo lo ocurrido –dijo Rovenna bajando la cabeza –. Asumo toda la responsabilidad de este hecho atroz y les aseguro que todos los culpables serán castigados con severidad. Solicito una reunión con todos los jefes para poder ofrecer mis más sinceras disculpas en nombre de la familia real y del Consejo.

  –Ambos aceptamos sus disculpas. Veré qué se puede hacer con el resto de los jefes –dijo Thalassa.

  Mantok comenzó a quejarse de que se sentía cansado y Rovenna abandonó la carpa junto con el conde quien la acompa?ó a otra carpa que se había reservado especialmente para ella donde se había ubicado una cama junto con un par de sillas y un escritorio, así como materiales para escribir.

  El joven mago que ella había aceptado como suplente temporal de Theo se acercó con un plato de comida. Se acostó un rato pero luego se obligó a levantarse para comenzar a dictarle a su ayudante los informes que debía dirigir al Cónclave.

  Aquello le llevó casi toda la tarde y cuando el sol comenzaba a caer se apareció Zoran en su carpa con cara de pocos amigos, lo cual significaba que el interrogatorio no había ido bien a pesar de los gritos que había escuchado a lo lejos. Había olvidado decirle a Zoran que se fuera lo más lejos posible ya que había ni?os por todos lados y además los sirenios aborrecían ese tipo de prácticas.

  Ella también aborrecía la tortura pero no podía hacer nada. El Cónclave había dado la orden directa a Zoran pasando por arriba de ella. Pero aunque no lo hubieran hecho, era sabido que los magos de la División Control eran expertos en ese método y perdían la paciencia con mucha facilidad.

  Tampoco era rara la decisión del Cónclave. Al fin y al cabo, era tradición que el próximo Maestro Arcanista fuera el actual Líder de la Divisón Control, al igual que Rovenna lo había sido en su época. Se sabía que quien estuviera a cargo de dicha División era considerado el mago más poderoso del Consejo, claro que después del Maestro Arcanista y los Archimagos. Fidelia había estado tan cerca de convertirse en candidata para suplantar a Zoran cuando llegara el momento pero lo había estropeado todo dejándose llevar por sus impulsos.

  Durante su período dirigiendo la Divisón había evitado la tortura todo lo posible pero había momentos que debió verse obligada a aceptarla si no quería que el resto de sus subalternos la consideraran débil, un argumento que era utilizado a diario para quitarla de en medio y dejar que Zoran la suplantara de una vez por todas. Iba a pasar en cualquier momento, decían sus detractores, ?para qué seguir esperando?

  De mala gana, Rovenna lo invitó a sentarse y su enorme cuerpo tapó por entero la silla. A la luz de las velas Rovenna observó una salpicadura de sangre que se había secado sobre una de sus pronunciadas mandíbulas.

  –?Qué han dicho los traidores? –preguntó ella.

  Zoran sacudió la cabeza y comenzó a dar molestos golpecitos sobre la mesa con sus u?as también sucias de sangre.

  –Han demostrado una lealtad a Eldrin que sería digna de elogio quitando de lado el desastre que han provocado –respondió –. Esperemos tener mejores resultados con los demás que se encuentran en el castillo.

  –?No le han dicho nada entonces?

  –No es eso –se mostró pensativo –. Parece increíble pero todos han logrado ponerse de acuerdo para contar la misma historia.

  A pesar suyo, Rovenna se mostró interesada.

  –?Cuál historia?

  Zoran prosiguió a contarle la ridícula historia con la cual, según él, los traidores, intentaban embaucarlos.

  –Realmente... piensan que somos unos idiotas... –el Líder de Control apretó los pu?os –. Ma?ana les aplicaremos el doble de tortura hasta que nos revelen el paradero de Eldrin.

  –Es una historia demasiado increíble para ser verdad –opinó Rovenna.

  –No tiene ni pies ni cabezas. Hasta me siento agraviado por el hecho de que ellos piensen que pueden enga?arnos de esta manera –golpeó la mesa de tal manera que podría haberla partido al medio –. Lo del carruaje volador... Ya vi estrellarse uno con mis propios ojos cuando la Maestra Franko intentó hacer una demostración que fue un fracaso rotundo. En cuanto a los otros dos. Sentos es un delirante y Dabrus una total inútil gracias a ese sello de anulación. Yo mismo le hice los cortes, ?sabe?

  A Rovenna se le revolvió el estómago.

  –Lo recuerdo, estaba presente...

  –Es un sello como ningún otro. Lo dise?é especialmente para ella. No sólo bloquea su poder sino que al mínimo intento provoca un dolor indescriptible. No olvidará nunca su traición.

  –?Qué pasa con el Maestro Leander? –preguntó Rovenna queriendo cambiar de tema.

  –De Kalas no he escuchado cosas muy buenas. Es amigo del Conde nada más.

  –Y sin embargo fueron ellos quienes...

  –Supongamos que tuvieron suerte. Puedo aceptar eso... Llegaron en el momento justo y los encontraron debilitados por alguna razón que todavía no llego a entender. Pero lo de la quimera... realmente. Me hierve la sangre de sólo recordarlo. Y luego culpar a una joven inocente de provocar todo esto.

  –?Explicaron cómo lo hizo?

  –Dicen que no saben... por favor. El único que podría explicarlo todo sería Eldrin Caedos pero casualmente se encuentra desaparecido...

  –Así que usted piensa que de verdad raptó a la dama Olivia. A pesar de que él...

  –Uno nunca conoce a las personas. Además, una Iniciada no podría hacer nada de ese tipo. El conde está poniendo todos sus esfuerzos en encontrar a Eldrin... Los lugare?os me contaron que lo han visto muy afectado por todo lo ocurrido a pesar de que hoy cuando nos recibió aparentaba tranquilidad... –Zoran saltó de su silla –. Quizás deba volver ahora y continuar... cuanto más esperemos, menos posibilidades tendremos de encontrar a la futura reina.

  Rovenna lo despidió con un asentimiento de cabeza y con un grito llamó a su ayudante que se encontraba afuera de la carpa.

  –Tráeme al Maestro Myrius Sentos enseguida –ordenó.

  Unos minutos después tenía al tembloroso mago delante de ella.

  –Maestra Arcanista –saludó él bajando la cabeza.

  –Myrus Sentos... ?acaso no ha escuchado nada sobre ninguna quimera?

  –?Quimera, Maestra Arcanista? La verdad que no...

  Y sin embargo, Rovenna sabía que estaba mintiendo. El hombre no sabía cómo hacerlo. Evitaba la mirada de ella y se restregaba las manos como si quisiera arrancarse la piel. Debía de haber escuchado acerca del cuento de la quimera pero en vez de mostrarse feliz, como Rovenna hubiera esperado, parecía como si quisiera ocultarlo.

  –Los traidores han hablado acerca de una quimera que fue capturada en el castillo de Rocasombra y luego liberada por la hija del conde. Según ellos, los dos se encontraban en el lago cuando llegaron junto con Eldrin.

  –?Ah, sí? Es.. es.. increíble...

  –?No tiene nada que decir al respecto?

  –Pues... pues... me parece una historia de lo más maravillosa. Siempre quise ver una quimera.

  –?Entonces no vio ninguna quimera cuando llegó al lago?

  –Si la hubiera visto, usted sería la primera en saberlo. Fue usted quien me encomendó la misión de buscar quimeras. Sin embargo, Maestra Arcanista, he fallado en mi misión. No he encontrado ninguna quimera. Nada, nada. Ni siquiera una sola criatura que se le parezca.

  Rovenna frunció el ce?o. Todo lo que le decía el mago era lógico y aun así le estaba ocultando algo.

  –?Usted sabe que le ocurre a los magos que ocultan información a sus superiores?

  –Pues... pues, claro que lo sé.

  –Porque si me llego a enterar de que me está ocultando algo, dejaré de lado toda mi amabilidad y seré yo misma quien le estampe el sello de anulación en su pecho.

  El hombre comenzó a temblar incluso aun más.

  –Lo... lo tendré presente...

  Rovenna suspiró. Era frustrante ver a un hombre tan transparente que no le presentaba ningún desafío.

  –A usted y a Korinna Franko.

  Los ojos del mago se ensancharon y Rovenna supo que lo había atrapado.

  –?Korinna? ?Por qué?

  –Es parte del equipo ?no? A Fidelia ya no puedo hacerle nada. No trabaja para el Consejo y ya ha recibido su castigo.

  –De..debería castigarme sólo a mí.

  –Ah... ?y por qué debería castigarlo?

  El mago tragó saliva tan de repente que se atoró y comenzó a toser.

  –Usted se convirtió en un Líder de su propia unidad gracias a mí. De lo contrario, ya hubiera...

  La tela de la carpa se agitó y el conde de Rocasombra entró veloz como un vendaval. Le dirigió una mirada severa a Myrius, que no pasó desapercibida para Rovenna, antes de dirigirse a ella.

  –He venido a decirle que no necesito que restituyan a la Orden –dijo el conde.

  –?Qué está diciendo? –preguntó ella con una voz cansada.

  él sacudió un pergamino que tenía en la mano y lo dejó caer sobre la mesa.

  –Zoran ha ido a entregarme una lista de candidatos. Supongo que usted ya lo sabe.

  No, Rovenna no lo sabía. Zoran había actuado por su cuenta. En esos casos, correspondía que fuera la Maestra Arcanista quien se encargara pero otra vez la había ignorado.

  Aquello era una declaración de guerra.

  –En este momento hay un solo mago en el que confío y ese es Leander Kalas –continuó el conde.

  Rovenna negó con la cabeza.

  –El Maestro Leander será destituido. Sus errores han conducido a este desastre.

  –Destítuyalo del Consejo si quiere pero eso no significa que no continúe trabajando para mí.

  –El Cónclave no aceptará eso.

  –El Cónclave puede meterse su órdenes por dónde quiera.

  –Le quitarán su título.

  –Que así sea, tengo hombres que son leales a mí.

  Rovenna se levantó de la silla golpeando el escritorio con ambas manos.

  –?Usted es el Guardián del Círculo, Protector de la Paz! ?Sus acciones conducirán a una guerra!

  El conde no perdía la calma.

  –Fueron los magos quienes empezaron. Desde que los primeros humanos llegaron a estas tierras han sido protagonistas de casi todos los desastres. Quizás sea hora de deshacernos de ustedes.

  –?Puedo mandarlo apresar por traición ahora mismo!

  –Entonces habrá un enfrentamiento.

  –Sus hombres no pueden hacer nada contra la magia.

  –Pruébenos.

  Era como hablarle a un muro.

  –Conde... usted y yo nunca hemos tenido una charla honesta. Siempre hemos estado limitados por la presencia de otros o por las propias exigencias de los puestos que ambos ocupamos. Déjeme dar el primer paso. Soy totalmente contraria al matrimonio de su hija con el príncipe. Siempre me ha parecido un disparate pero no tengo voz en el asunto. Eso fue todo un plan de su majestad junto con el Cónclave. No puedo entender que los llevó a ello, aunque supongo que usted lo sabe. Si usted me dice que su hija ha huido para evitar la boda, haré todo lo posible para que eso sea un éxito.

  –?Mi hija no huyó! Fue raptada.

  –Hay versiones que dicen lo contrario.

  –Versiones de traidores que dirán cualquier cosa con tal de evitar la tortura.

  –También sé que antes de venir al lago estuvo fuera del castillo a causa de una enfermedad inventada y que no se llevó a su hija con usted. Sé también sobre el ataque de los elementales y que luego se dirigió hasta Claro Sereno. Y por lo que parece... usted, Myrius, también está enterado ya que no parece para nada sorprendido.

  Myrius reaccionó con un espasmo. Como Rovenna no lo había despedido se había quedado a un costado escuchando toda la conversación sin saber qué hacer a continuación.

  –Fidelia se lo ha contado todo, ?verdad? –al no recibir respuesta Rovenna hizo una mueca –. Esa muchacha no aprende nunca.

  –?Y qué pretende... ? –comenzó a decir el conde con los dientes apretados pero ella no lo dejó terminar.

  –Ni Zoran ni el Cónclave saben sobre esto. La prueba está en que él continúa interrogando a los traidores y no ha solicitado su captura como usted bien sabe que podría hacer si se enterara de todo esto.

  –?Quiere sobornarme?

  Rovenna sacudió la cabeza.

  –Quiero formar una alianza. Ninguno de los dos queremos que Zoran se convierta en Maestro Arcanista. Si eso pasa, estaría a un paso de convertirse en candidato a Archimago. A mí, mi origen plebeyo me lo impide, pero él es un Wildheart. Lo tiene casi asegurado. No quiero imaginarme lo que sería del Consejo con alguien como él a cargo. ?Usted se lo imagina?

  El conde no respondió.

  –Mi deber es mantener el equilibrio y ese matrimonio concertado amenaza con romperlo –continuó Rovenna –. Nuestros objetivos están alineados. Si me destituyen, usted perderá a su mejor aliada.

  El conde y Myrius la miraban en silencio pero ella sabía que estaban dudando.

  Volvió a sentarse y entrecruzó los dedos de ambas manos.

  –Así que... caballeros, ?quién quiere empezar?

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