–?Eres tú! –chistó Olivia tratando de que su voz sonara baja a pesar de su indignación.
La chica del espejo negó con la cabeza.
–Pues no...
–?Tú atacaste a la tribu del lago!
–No, esa no fui yo –respondió la chica muy segura.
–?Cómo qué no? Te estoy viendo perfectamente... como si fueras mi propio reflejo. ?Estás dentro de mi cabeza!
La extra?a puso los ojos en blanco.
–Vamos por partes. Primero, yo no destruí nada. Segundo, no estoy dentro de tu cabeza.
–?Claro que sí! ?Tomaste posesión de mi cuerpo! ?Dos veces!
–Yo tampoco hice eso. En realidad, esta es la primera vez que hablamos.
Olivia se sentía cada vez más confusa pero tenía miedo de hacer enojar a ese ser misterioso y que otra vez le quitara el control de su cuerpo.
–?Qué dices?
–No tenemos mucho tiempo...
–?Eso mismo dijiste cuando estábamos en el agua!
–Repito... no era yo... –la chica suspiró –. En cualquier momento puede venir alguien. Más adelante yo... o alguien más te explicará todo.
–?Alguien más? ?Estás diciendo que hay más?
–Exacto. Tanto la persona que destruyó la aldea como la que te ayudó a sacar a tu amigo del agua son dos personas distintas. Yo soy la tercera que ha entrado en contacto contigo.
–Pero... –Olivia se agarró de la cabeza dejando caer el espejo al suelo –. ?Cuántas de ustedes hay aquí adentro?
–Tranquila, como ya te dije, no estamos dentro de ti... es un poco más complicado...
Olivia se agachó a levantar el espejo.
–?Y eso se supone que debe hacerme sentir mejor? ?Dónde demonios están entonces? ?Ya paren de meterse con mi mente!
–No te preocupes, no pienso hacer nada, excepto hablar contigo. Aunque hay otras que podrían querer aprovecharse... Es una lástima todo el tiempo que perdiste. Deberías ya poder dominar tu poder.
–?Estaba muy cerca de llegar a Acólita!
La chica se rió.
–Acólita... por favor... no me refiero a la magia de los humanos, esa es muy básica. Te han estado enga?ando todo este tiempo.
–?Qué quieres decir?
–Para ser justa. No creo que tu maestro lo supiera. Daephennya probablemente no se lo dijo...
–?Decirle qué?
–Como desatar tu poder. Hasta ahora estaba bloqueado por un sello que ella misma creó al momento de tu nacimiento.
–?Tengo un sello en mi código?
–Tenías... La persona que atacó el lago, es la misma que lo rompió... Se ve que vio que te encontrabas vulnerable y aprovechó la situación. No debió hacerlo... pero admito que era la única manera... de lo contrario nunca hubieras despertado ni tampoco podríamos comunicarnos contigo.
–Pero... ?era necesario atacar el lago?
La chica cerró los ojos por un momento.
–Es muy largo de explicar. No estoy de acuerdo con lo que hizo pero... –sacudió la cabeza.
–?Por qué estaba el sello ahí en primer lugar? ?Qué quería Daephennya?
–No sé los detalles pero... el mecanismo del sello debía activarse el día de tu boda.
–?Por qué justo ese día?
–Ah... qué lenta eres... con razón... Cuando se trata de bodas reales, todas las personas más importantes del reino acuden a ellas, incluidos los Archimagos del Cónclave.
–?Entonces...?
–Para Daephennya no eras más que un arma para atacar el reino humano. Un arma que tardó mucho tiempo en crear... Siglos, podría decir, hasta que encontró la fórmula correcta.
El rostro de Olivia palideció.
–??Cómo que un arma!?
–Tranquila, no eres un arma... aunque podrías convertirte en una si no empiezas a controlar tu poder. Incluso para alguien como Daephennya jugar con los Códigos puede tener consecuencias inesperadas.
Olivia tenía miedo de preguntar pero lo hizo de todas maneras.
–?Qué soy entonces?
–Ya lo sabes. Eres una bruja.
–?Y eso qué quiere decir? –preguntó frustrada.
La pelirroja se tomó unos segundos antes de decidirse a responder.
–Que eres como yo...
La expresión de la joven noble pasó a ser de estupefacción.
–?Tú eres una bruja? Pero...
–Ah, sí... Daephennya te mintió también sobre eso. No eres la primera bruja. Ni siquiera eres la segunda, ni la tercera... La verdad, no tengo idea cuántas somos.
–Entonces... las otras dos...
–También son brujas...
–?Y dónde están?
La chica se estaba cansando.
–Como ya dije, es muy largo de explicar y no tengo tiempo. No sé cuándo será la próxima vez que pueda hablar contigo. Deberás tener cuidado de con quién hablas... podrían aprovechar para hacer uso de tu cuerpo otra vez y no de una buena manera.
–?Y no puedo hacer nada para evitarlo?
–Me llevaría mucho tiempo ense?arte... La prioridad ahora es tu amigo. Dentro de un par de días llegarán a un pueblo en donde es muy seguro que se encuentren con algún mago que no tardará en darse cuenta de lo que es.
–No iremos con ellos. Nos iremos solos.
La chica soltó una risita.
–Ya no estamos en el Círculo. ?Tienes idea de cómo llegar a Abrazo de Tormenta caminando?
Olivia no tenía ni idea. Ni siquiera sabía cuán lejos habían llegado nadando por el golfo.
–?Cuál es la solución entonces?
–En otras circunstancias te iría dando las instrucciones pero no estoy segura de que aún así lo logres. Me temo que deberé tomar control de tu cuerpo.
–?Pero dijiste que...!
–Lo lamento –respondió la chica incómoda –. Prometo no destruir nada.
–?Qué es lo que vas a hacer?
La chica lanzó un bufido.
–Primero necesito encontrar un objeto que pueda servir como talismán. Algo similar a lo que te dio Daephennya. Con eso crearé un escudo que podrá ocultar la verdadera esencia de tu amigo. Con tan poco tiempo no podré hacer milagros pero si no llama mucho la atención no lo descubrirán.
–Pero yo no soy una Arquitecta.
–Eso no importa. Ya viste lo que pasó en el lago. Bastó con que la bruja tomara tu cuerpo para poder usar sus poderes. Lo mismo sucedió con la segunda que enseguida pudo detectar a tu amigo a tiempo antes de que se ahogara.
–Entonces... ?tú eres una Arquitecta?
–Arquitecta... por favor... soy un Oráculo.
–?Un qué?
–Ya es suficiente por hoy. Deberás continuar la lección con la próxima bruja si tienes la suerte de que ella sea tan paciente como lo he sido yo. Ah... mi nombre es Aurora. Ha sido un gusto conocerte, Olivia.
–?Espera, no!
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La oscuridad volvió a envolver a Olivia como si la noche se hubiera adelantado. Sin embargo, a diferencia de las otras veces, pareció que se sumergía en un sue?o profundo, plácido y sin pesadillas, como si estuviera flotando en el espacio acunada por una brisa cálida.
Se sentía como una pluma empujada sin rumbo fijo o como las apacibles medusas que había visto en su viaje con Silas. De algún lugar comenzaron a llegar voces, pero estas parecían cantar en un idioma desconocido. A medida que se intensificaban, el manto oscuro que la rodeaba comenzó a salpicarse de estrellas del tama?o de puntos diminutos que se fueron expandiéndose hasta abrirse como rosas blancas en primavera.
Era una sensación maravillosa.
No pudo decir lo mismo del despertar cuando se vio sobresaltada por los gritos de Deema.
–?Aquí está, aquí está! –exclamaba la mujer que se había agachado al lado de ella aunque Olivia no pudo verla claramente hasta que una antorcha se posó cerca de ella. Se dio cuenta de que en efecto era de noche y la rodeaba un grupo de sombras que le tapaban el cielo estrello.
–?Está consciente! ?Gorwan, ayúdame!
Dicho eso, los fuertes brazos de Gorwan la levantaron como si no fuera más que una pluma. Olivia no podía ni siquiera protestar como si aquel sue?o que le había parecido tan pacífico en realidad le hubiera absorbido toda la energía.
–?Olivia, qué te pasó? –esa era la voz preocupada de Silas a su lado pero cuando ella intentó responderle algo lo único que logró fue exhalar un suspiro.
Gorwan la llevó de nuevo a la carpa y Deema se encargó de arroparla.
–La verdad pensamos que habías huido –susurraba Deema mientras posaba la punta de una cantimplora sobre sus labios –. Pero el muchacho insistía que algo debía de haberte pasado porque tú no te irías sin él...
–Yo no dije eso –protestó Silas muy cerca de ellas –. Dije que era una chica terca que hasta ahora no me había podido sacar de encima y que no debía de andar muy lejos.
Deema refunfu?ó.
–Sonaba muy angustiado cuando lo dijo.
–?Claro que no!
Los ojos de Olivia no aguantaban el cansancio y volvieron a cerrarse. No despertó hasta el día siguiente. Entre los bordes y los agujeros de la carpa la luz del sol entraba con fuerza. Debía de ser tarde, ya que afuera escuchaba mucho movimiento. Ladeó la cabeza hacia un lado y se topó con Silas que se encontraba sentado en el piso con piernas y brazos cruzados.
–Por fin despiertas –gru?ó. Su cara estaba fruncida como si la tuviera así desde hacía rato aunque Olivia se preguntaba si no sería esa la única expresión que podía hacer –. ?Qué fue todo eso?
Ella se restregó los ojos. No recordaba nada de la noche anterior excepto cuando la encontraron tirada sobre el pasto, con su cuerpo frío mojado de rocío. Lo único que le venía a la mente era el rostro de la chica pelirroja.
Aurora.
De repente, Olivia recordó lo que le había prometido y comenzó a sacudirse.
Silas se acercó a ella con cara de susto.
–?Qué pasa ahora?
–?Ajá! –Olivia triunfante encontró entre sus ropas una peque?a piedra atada a una especie de cordón que parecía estar hecho a partir de pedazos de ropa. Al mirarla más de cerca no parecía ser más que una piedra común que alguien había levantado del suelo y pulido de alguna manera. Lo único que llamaba la atención era un diminuto signo tallado en ella con líneas entrelazadas que formaban un óvalo que no supo como interpretar.
Estiró su mano hacia Silas para mostrársela.
–?Una piedra?
–?No es cualquier piedra! ?Es un escudo!
–La fiebre te debe haber afectado más de lo que pensé.
–?Póntela!
–?Para qué? –volvió a fruncir el ce?o.
–?Ya verás! –Olivia se acercó a él y lo obligó a colgársela del cuello.
–?Está bien, está bien! ?Yo lo hago!
Ese fue el momento que Deema eligió para entrar a la carpa.
–?Qué pasa aquí? ?Ya se despertó? –se quedó helada al ver cómo Olivia tenía sus manos alrededor del cuello de Silas quien a su vez tenía sus manos sobre los hombros de Olivia mientras intentaba apartarla –?Ah, disculpen!
Pese a las protestas de ambos jóvenes que insistieron en que no era lo que parecía y que no tenía por qué irse, Deema retrocedió y no volvieron a saber de ella por un buen rato.
–?Viste lo que has hecho? –exclamó Silas.
–?No me importa! Ahora quédate quieto.
Con el collar alrededor de su cuello, Silas giraba la cabeza observando su propio cuerpo.
–No siento nada. ?Qué se supone que es?
Olivia se lo explicó. Ella tampoco notaba nada distinto hasta que mirando fijamente a Silas se dio cuenta de que el color de sus ojos había pasado a ser un marrón común y corriente.
–?Funciona! –Olivia buscó el espejo que se encontraba tirado a un costado de las mantas y se lo tendió.
–Ah... –Silas se mostró impresionado –. ?Cómo conseguiste esto?
No había mentira que él pudiera creerle así que Olivia optó por decirle la verdad. Tampoco esa era la única razón. Necesitaba contárselo a alguien y Silas era de las pocas personas que sabía acerca de su verdadero origen.
–No te creo –dijo él con el ce?o fruncido tras un largo rato tratando de explicarle todo lo sucedido de manera que tuviera sentido –. He visto tu poder, no sé por qué te sientes tan culpable que hasta...
–?No me siento culpable! ?Soy la culpable! ?Por qué piensas que mi padre permitió que me fuera tan de repente? ?Y cómo explicas esto? –le se?aló la piedra que llevaba en el cuello.
Silas acarició el talismán pensativo.
–?Y estas supuestas brujas dónde están? –preguntó él.
–?No tengo idea! Pero ella dijo que irían apareciendo más así que deberás estar atento si pierdo el control de nuevo.
Silas se mostró molesto ante aquella posibilidad.
–?Y qué se supone que tengo que hacer cuando eso suceda?
–Al menos impedir que mate a alguien.
–Creo que estás exagerando.
–?Tú mismo viste lo que ocurrió en el lago!
Silas volvió a quedarse en silencio y tardó unos minutos en volver a hablar:
–?No recuerdas nada entonces?
–Fragmentos. Nada más. A veces mezclados con recuerdos.
él se cruzó de brazos.
–Supongamos que lo que dices es verdad –dijo –. Tampoco sería culpa tuya que otro ser mágico se apoderara de tu cuerpo sin permiso. Nunca había escuchado que eso fuera posible... pero me imagino que no tendrías manera de evitarlo.
Olivia sabía que eso era verdad pero ni los miembros de la tribu ni los magos que la habían visto pensarían de esa manera. Su propio padre había quedado lo bastante aterrado como para enviarla lejos de él.
Ella podría haber detenido todo eso si hubiera sido más fuerte. Si Silas y ella habían llegado tan lejos era debido a la suerte y a todas las personas que se habían cruzado en su camino pero aquello no podía continuar por más tiempo. Llegaría el día en que nadie podría salvarla de nuevo.
–Gracias –le dijo a Silas.
él la miró confuso.
–?Por qué?
–Por no pensar que soy un monstruo.
él lanzó un bufido.
–No seas tan soberbia. Es imposible que seas un monstruo. Tu nivel de magia es minúsculo.
Olivia ya no sentía tan agradecida.
Deema volvió a la carpa pero esta vez no se animó a entrar y sólo les avisó que ya estaba todo listo para almorzar si querían acompa?arlos.
Olivia no se sentía lista para enfrentarse al resto del grupo. Gorwan y Deema se mostraban muy amables con ellos a pesar de que hasta ahora sólo les habían provocado molestias. Cabía la posibilidad de que el resto se sintiera desconforme con su presencia pero tampoco podía evitarlos por mucho tiempo. Aurora tenía razón. Necesitaban continuar viaje junto con los actores.
El grupo completo ya se hallaba alrededor de la fogata repartiendo lo que parecía ser un guiso de carne y verduras cuyos vapores le llegaron desde la carpa. Al Olivia le rugía el estómago después de estos últimos días comiendo sólo algas.
Gorwan se levantó al verlos acercarse y los presentó al grupo.
–Chicos, ellos son Silas y Olivia. Ya los deben de conocer muy bien –se rió entre dientes –. Pero de todas formas correspondía que hiciéramos las presentaciones oficiales.
El hombre continuó se?alando a cada miembro y explicando el rol que cumplía dentro del grupo. Casi todos ellos eran actores pero, debido a la falta de más integrantes, también debían ocuparse del vestuario, la escenografía y el maquillaje, así como otras tareas que eran necesarias para montar sus obras de teatro.
El nombre del grupo era Los Caminantes So?adores. Gorwan era el director, además de músico. Deema era actriz y vestuarista. Estaban casados y tenían un hijo y dos hijas, todos mayores, que también formaban parte del elenco.
Todos los integrantes les dieron la bienvenida sacudiendo las manos o asintiendo con la cabeza mientras comenzaban a comer. Silas no se hizo esperar para sentarse sobre el pasto y que le sirvieran una generosa porción que tardó dos minutos en devorar. Olivia también estaba muerta de hambre pero se sentía cohibida antes las miradas de los demás. El hijo del matrimonio, Alder, un muchacho mayor que ellos y de pelo color miel, los miraba con sospecha.
–Dice mi madre que se cayeron de un barco.
–Ah, sí... –Olivia trató de sonar débil con la esperanza de que no siguiera preguntando.
–?Cómo se llamaba el barco?
–Alder... –a su padre le había molestado la pregunta.
–?Qué ocurre? Es una pregunta fácil –replicó con sorna –. Todos los barcos tienen nombre. ?O quizás tu amnesia transitoria te impide recordar? –se dirigió a Silas –. ?Qué hay de ti? ?También tienes amnesia?
Silas estaba ocupado en devorar su segunda porción y no le hizo caso.
–Alder, por favor –le dijo Deema con voz cansada como si fuera usual que él se comportara de esa manera –. Tú viste cómo estaban, apenas se salvaron.
–Madre tiene razón, Alder –dijo Elyssa, una de las hijas.
–Siempre tan pesado –murmuró su hermana Celestia.
–Que casi se ahogan no significa que sean inocentes –protestó Alder –. ?De dónde venían? ?Cómo terminaron en esa situación? Somos simples actores pero no estúpidos. No dejaré que se aprovechen de la generosidad de mis padres –se?aló a Silas de nuevo –. ?Este ya se está acabando toda la comida!
–?Alder! –exclamó como un coro su familia y varios otros integrantes del grupo.
–?Podrían ser fugitivos! –respondió Alder.
Olivia depositó su plato en el suelo.
–Tiene razón –dijo y todos giraron los ojos para mirarla con ojos de sorpresa.
–?Ah, sí? –Alder parecía sorprendido de haber estado en lo cierto, cosa que parecía no ser muy común.
–?Ah, sí? –repitió Silas a su lado con cara de qué pretendes.
Olivia se llevó una mano a la frente.
–Somos fugitivos... –continuó con la voz más triste que pudo simular –. Pero no de la ley... sino de nuestras familias...
Entonces comenzó a contar una historia que había leído hacía ya tiempo. Una joven de clase alta que se enamoraba de un soldado del rey pero como su familia se oponía, los dos enamorados decidieron fugarse.
En realidad, la historia no terminaba allí porque, al pasar las semanas, el soldado entendió que no sería aceptado como esposo y, habiendo perdido su honor, se vengó vendiendo a la chica como esclava a un barco de comerciantes que luego era liberado por un barco pirata. Ella luego terminaba siendo parte de su tripulación y tras varias aventuras marítimas se enamoraba del capitán.
Así que se limitó a la primera parte de la historia en la que ambos zarpaban en un bote a remos pero debido a su falta de experiencia el bote terminó dándose vuelta cuando cruzaban el estrecho de Sue?o de Bruma.
Técnicamente, ella se había escapado de su padre aunque por otra razón.
–Ya no hay vuelta atrás. Si volvemos con nuestras familias sufriremos un grave castigo... –dijo, terminando así con su versión de la historia.
–Ay, pobrecitos, –decía Deema con una mano sobre sus labios –. Con razón estabas tan afectada. Debió haber sido muy duro.
Silas se habían mantenido callado durante toda la narración, aunque Olivia notó que le había costado le había costado un horror pues tenía los labios tan apretados que ya le estaban quedando blancos. Su plato sin terminar había quedado en el suelo y mantenía sus pu?os apretados apoyados sobre sus piernas cruzadas en una posición rígida.
Olivia sacudió la cabeza compungida.
–De verdad, no queremos importunarlos. Han hecho demasiado y les estamos profundamente agradecidos –eso sí era verdad –. Pero ya los hemos retrasado bastante. Continuaremos nuestro viaje hasta Abrazo de Tormenta por nuestra cuenta.
–?Abrazo de Tormenta? –a Gorwan aquello le llamó la atención –. ?Por qué ese lugar?
–Tengo una tía que vive allí. Ella nos apoya y ha aceptado a recibirnos en su casa.
–Es un viaje largo... –dijo Deema –. Nosotros no vamos tan lejos pero pueden seguir con nosotros un trecho del viaje.
–No es necesario, estamos muy agradecidos pero...
Deema la interrumpió con un gesto de su mano.
–?No quiero discutirlo más! Gorwan, ?ya no te acuerdas de la oposición de mi familia cuando les dije que iba a casarme con un actor?
–?Pues, claro, que lo recuerdo! –rió Gorwan –. Casi tuve que raptarte.
–?Papá! –exclamaron sus hijos y ambos padres soltaron una carcajada.
–Pero por suerte cambiaron de opinión y no fue necesario –dijo su padre.
–No todos tienen la misma suerte –agregó Deema.
–No, claro que no –asintió Gorwan –. Está decidido, chicos, ustedes vienen con nosotros. Tendremos que pasar por tres pueblos más antes de llegar lo bastante cerca a Abrazo de Tormenta. Será un placer para nosotros que se nos unan y no quiero escuchar ni una queja más sobre esto –eso último iba dirigido a Alder bajó la cabeza derrotado.
Y así al día siguiente Olivia y Silas continuaron viaje junto con Los Caminantes So?adores.

