–?Silas!
Olivia no podía verlo. Su cuerpo parecía haberse catapultado a raíz del impulso que había tomado la orca al momento de la huida y se perdía en el azul oscuro del golfo entre corales y formaciones rocosas.
Debía de haberse transformado ya pero ella no sabía qué animal se suponía que debía buscar. ?Al ratón? ?Al gato? ?Al zorro? ?Al perro? ?Podría haberse transformado en un animal acuático?
Lo último era improbable. En todo ese tiempo que llevaban juntos, él nunca había podido adquirir una nueva forma con tanta facilidad, excepto cuando los sirenios lo habían ayudado.
–?Silas!
Se iba a ahogar. Si no lo encontraba pronto, Silas iba a dejar de respirar en cualquier momento. Nadó con todas sus fuerzas hasta sentir una sensación de quemazón en los miembros aunque se encontrara bajo agua. Avanzaba pero no había caso. Miraba en todas direcciones, hacia la superficie brillante, hacia el fondo negro.
Nada, no había rastros de la quimera. Si fuera una Maestra, habría logrado sentirlo, pero no tenía nada más sus ojos humanos para buscar.
–?Silas! ?Silas!
El tiempo se acababa y sus gritos amortiguados por el agua se volvían cada vez más desesperados. Ya hasta el dolía respirar.
–Puedo ayudarte –dijo una voz.
?No! ?No otra vez! Volteó la cabeza deseando con todo su corazón que aquella voz perteneciera a algún sirenio que por casualidad pasaba por allí pero no había nadie.
–Estoy aquí –dijo de nuevo la voz.
–?No, no, déjame en paz! ?Vete!
–Puedo ayudarte a salvar a tu amigo pero necesito que me prestes tu cuerpo.
Curiosamente, la voz no sonaba como antes. Parecía incluso más aguda y calmada pero Olivia no iba a confiar en ese ser que la había obligado a destruir al pueblo del lago.
–?No quiero tu ayuda! ?Jamás!
Le pareció que la voz suspiraba antes de decir:
–No tenemos tiempo. Estaba tratando de ser amable pero ahora deberé hacerlo por la fuerza. Disculpa.
Y por segunda vez, la mente de Olivia se sumía en la absoluta oscuridad, mucho más profunda que las aguas del golfo mientras sentía como su propio cuerpo tomaba impulso hacia adelante.
Como la vez anterior, todo se volvió confuso como un remolino de sensaciones que se sucedían una tras otra como si el tiempo se hubiera acelerado. La presión del agua, el sonido de burbujas, una vaivén de luces y sombras, el peso de otro cuerpo que se agarraba al suyo, el tirón de algo fuerte, voces lejanas y distorsionadas, gritos, los miembros de la tribu corriendo, fuego, un fuego que salía de sus propias manos, el rostro asustado de su padre y la sonrisa de Daephennya.
Su cuerpo hervía como envuelto en llamas.
?Qué has hecho?
Monstruo.
–?No!
Despertó en medio de la oscuridad. Sentía el cuerpo ardiendo, pesado. Trató de moverse pero algo la retenía. Sacudió las piernas y los brazos adormecidos, notando una resistencia inesperada. Al palpar con ambas manos se dio cuenta de que lo tenía encima no era más que una manta.
?Dónde...?
Trató de tranquilizar su corazón desbocado. Parpadeó varias veces hasta que la penumbra cedió y notó círculos blancos encima suyo y leves resplandores que se colaban por algún lugar.
Una súbita punzada arremetió su cabeza, lo cual la obligó a cerrar los ojos y llevarse las manos a las sienes. Se sentía como si algo quisiera salir de su interior, al igual que un polluelo que intentaba romper la cáscara del huevo. Tuvo que esperar varios minutos a que el dolor se aliviara y su mente volviera a aclararse.
Ya conocía esa sensación. La había sentido luego de despertar en la orilla del lago. Luego de que la criatura...
?La criatura!
–?Estás ahí? ?Oye! ?Qué hiciste con Silas?
Nadie le respondió. Lo único que escuchó fue algo moverse a su lado y cuando abrió los ojos vio que se trataba de otra persona, acostada de espaldas a ella y tapada por un manto similar. Examinó mejor el lugar y se dio cuenta de que se trataba del interior de una carpa.
Ahora escuchaba voces del otro lado que le llegaban apagadas. De repente la entrada de la carpa se abrió y dejó escapar un fogonazo de luz que la cegó por un momento.
–?Ah, despertaste! ?Cómo te sientes? ?Todavía tienes fiebre? –le dijo la silueta oscura de una mujer que se acercó e intentó posar una mano sobre la frente de Olivia pero esta se echó para atrás.
–?Dónde estoy?
–Tranquila, estás a salvo –se trataba de una mujer de mediana edad, de rostro dulce envuelto en rizos casta?os. Llevaba puesto un vestido verde sencillo –. Pensamos que te habías ahogado pero sólo estabas inconsciente...
–?Había un perro conmigo? –la interrumpió Olivia sintiendo el pánico renaciendo en ella.
–?Un perro?
–?O un zorro? ?Un ratón? ?Algún animal conmigo?
–No, ningún animal, ?era tu mascota?
Con esfuerzo, Olivia se fue incorporando y se dio cuenta de que llevaba puesto encima un fino camisón blanco. Le temblaban las piernas cuando intentó pararse pero tenía que salir a buscar a Silas cuanto antes.
–Yo... no te recomiendo –le dijo la mujer.
Olivia la empujó cuando ella trató de sujetarla y a los tropezones salió de la carpa.
Afuera descubrió un par de carpas similares, además de tres carretas y caballos pastando cerca. Se encontraban al abrigo de un peque?o bosque de pinos, no muy lejos de lo que parecía ser la costa.
Hacia allí salió corriendo Olivia sin importar el frío que sintió de inmediato bajo los pliegues de su camisón y el dolor en sus pies desnudos al pisar alguna piedra peque?a que se le clavaba en las plantas.
–?Gorwan! –escuchó que la mujer gritaba nada más salir de carpa y temiendo que alguien la detuviera aceleró aún más hasta sentir un dolor al costado de su estómago.
Tuvo que detenerse de golpe para evitar caer por un barranco que terminaba en la arena. Desde la altura observó la línea de la costa. A los lejos vio pasar un barco que debía ir de camino hacia el mar pero nada más. Logró deslizarse por el barranco hasta caer de cara sobre la arena.
–?Silas!
No tenía sentido gritar. No había nada ni nadie que le indicara la presencia de la quimera.
–?Silas!
Su garganta se sentía seca y sus gritos sonaban como los alaridos de un ave moribunda. Se llevó las manos al cuello. No había nada. Como Numi le había dicho. Una vez en tierra firme, habían desaparecido. No podía volver al agua.
Observó la extensa superficie del golfo cuyas ondas se sacudían ante ella con una cruel indiferencia.
Tirada en la arena, ya sin fuerzas, todo lo que podía hacer era soltar un alarido de frustración.
Era su culpa. Todo era su culpa. El lago, el incendio, el promontorio. Silas se había quedado porque pensó que ella estaba en peligro cuando en realidad ella el peligro mismo. él tendría que haberse ido antes del lago, seguir su camino solo, sin nada que lo atrasara. Pero ella quería ir a la isla y su egoísmo había provocado que Silas...
No, por favor, no. Ojalá estuviera equivocada. Gran Dragón Azul, Ninfa Némertyss, Gigante Yogard, Eternos del infinito cielo, por favor, dejen que mi amigo continúe a salvo su viaje por el mar.
Silas se había ido. Lo único que podía hacer era rezar por que estuviera bien.
–?Me llamaste?
El corazón de Olivia se paró. Era la misma voz que había escuchado bajo el agua.
–?Qué hiciste con él?
La voz suspiró.
–Te dije que lo salvaría.
–?Y dónde está? –gritó Olivia desesperada mientras se daba vueltas sobre la arena, temblando de frío a causa del camisón humedecido.
–Busca más cerca –le dijo la voz –. Hablamos después, alguien viene.
Dicho eso, Olivia sintió que un manto caía sobre ella y comenzó a sacudirse.
–Tranquila, tranquila –dijo una voz masculina.
Sobresaltada, Olivia se dio vuelta para mirarlo y se encontró con un hombre alto de ropajes marrones, quizás mayor que su padre, de pelo canoso atado en una cola, y un rostro sereno y marcado por arrugas.
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–Estás a salvo, nadie va a hacerte da?o –dijo el hombre levantando las manos para indicar que no pensaba tocarla –. Mi nombre es Gorwan. Formo parte de un grupo de actores itinerantes. Te encontrabas en nuestro campamento cuando despertaste.
Olivia iba a responderle pero en vez de palabras sólo logró escapar un gemido y comenzó a llorar.
–Ah, cielos –los dedos del hombre se movieron indecisos, quizás pensando si debía consolarla o quedarse así como estaba –. Deema... la mujer que te estaba cuidando, dijo que preguntaste por un perro... pero... lo lamento mucho, no había ningún animal cuando...
El llanto de Olivia se intensificó. No podía creer nada de lo que aquella voz le había dicho. Para ella no era más una broma cruel.
–Lo lamento, lo lamento –Gorwan decidió apoyar sus manos sobre los hombros de ella –. Estoy seguro que era una mascota excepcional...
–?No era una mascota! –dijo Olivia mientras lloraba.
–Entiendo, entiendo. Es como si fueran de la familia.
Olivia no supo cuánto tiempo estuvo llorando, quizás una hora o más, hasta que sintió que se quedaba seca por dentro. Gorwan se quedó al lado de ella todo el rato. En un momento apareció también la mujer, Deema, que trató de convencerla para que volviera al abrigo de la carpa ya que cuando la habían encontrado estaba ardiendo de fiebre y temían que recayera.
Olivia, ya sin fuerzas, dejó que la levantaran y la condujeran de nuevo al campamento.
–?Cuántos días han pasado? –preguntó ella.
–Has estado durmiendo por dos días.
?Dos días! Mientras tanto Silas...
–Cuando estés lista, nos contarás todo –le decía la mujer acariciándola la espalda para ayudarla a entrar en calor –. ?Iban muchas personas en el barco?
–?El barco? –preguntó Olivia confusa.
–El barco en el que ibas... se hundió ?cierto?
–Yo... –Olivia no podía ni siquiera pensar en cómo mentir en ese momento.
–Deema, quizás deberíamos esperar... –dijo el hombre.
–Podría haber otros sobrevivientes, Gorwan...
–Ya recorrimos toda la playa...
Al girar sus ojos hacia los de Olivia, la mujer desistió
–No te preocupes, me he puesto muy ansiosa. Debes estar muy confusa después de haber estado tanto tiempo flotando en el agua. Tú y el muchacho tuvieron mucha suerte... Pueden quedarse con nosotros todo el tiempo que quieran. Podemos esperar un par de días hasta que los dos se recuperen, aunque para serte franca después de eso debemos partir enseguida porque nos están esperando en el próximo pueblo. Ustedes pueden acompa?arnos, por supuesto. Ya encontraremos una solución.
–Sí, gracias... –fue todo lo que se le ocurrió decir a Olivia hasta que se dio cuenta de que algo no encajaba en todo eso que la mujer había dicho –. Disculpe... ?qué muchacho?
Tanto el hombre y la mujer lo miraron confusos mientras continuaban acercándose al campamento desde donde un grupo de personas, el resto de los supuestos actores, los estaban observando mientras se preparaban para encender una fogata.
–Pues... el muchacho que estaba contigo –respondió Gorwan.
–No, yo no estaba con ningún muchacho –dijo Olivia.
–Debe ser otro pasajero del barco, Gorwan, ella no tiene por qué conocerlo.
Deema parecía muy segura de la historia que ella misma se había inventado.
–?Un muchacho dicen? –preguntó Olivia.
Ambos asistieron.
Debía de ser casualidad. Quizás justo cuando ella había perdido de vista a Silas, alguien había caído de un barco y había terminado... en el lugar exacto en donde ella había aparecido inconsciente.
Imposible, no, no. Silas se había ido. Además, si fuera eso que ella estaba sospechando, él se lo hubiera dicho.
Aunque Silas nunca le había contado muchas cosas.
Busca más cerca, le había dicho aquella maldita voz.
–?Silas!
Cuando entró de nuevo a la carpa y se lanzó sobre el muchacho que todo ese tiempo había estado dormitando a su lado, Olivia no sabía si debía sentirse esperanzada, feliz o furiosa.
Debía de estar equivocada. De todas maneras, se arriesgó y comenzó a sacudir al muchacho por los hombros hasta despertarse. Deema y Gorwan se habían quedado en la entrada de la carpa, posiblemente observándola con ojos horrorizados por su comportamiento.
–?Silas!
–?Olivia? –dijo el muchacho. Su voz sonaba un poco diferente en esa nueva forma pero sin lugar a dudas era la misma.
Su rostro era distinto a cualquiera que hubiera visto antes. Lo primero que llamó su atención fueron sus ojos de un color dorado y forma almendrada. Sus cejas eran gruesas y le conferían una expresión intensa. El pelo, largo y de un marrón oscuro parecido al pelaje de un león, caía en ondas desordenadas. Su nariz era ancha, así como sus labios. Su piel era de un tono cálido y bronceado, típico de alguien que había vivido expuesto a los elementos de la naturaleza.
No había nada que pudiera indicarle que era él, excepto aquella mirada molesta y arrogante que le estaba dirigiendo a ella.
–?Estás vivo! –gritó Olivia.
él se apartó y Olivia se dio cuenta de que por varios minutos lo había tenido agarrado por los hombros. Pero estaba demasiado enojada para sentir vergüenza.
–?Claro que estoy vivo! –su cara se frunció aún más.
?Ella no podía creer que había estado llorando una hora entera por él!
–?Dónde estamos? –preguntó el restregándose los ojos.
–?Eso no importa ahora! ?Por qué no me lo dijiste?
–?Qué cosa?
Olivia miró hacia la entrada de la carpa y le dirigió una mirada intensa a los dos curiosos que plegaron la tela de la carpa para darles privacidad.
–Quizás se trataba de una pérdida de memoria momentánea... –escuchó que decía Deema mientras se alejaba de la carpa.
Rowan pareció estar de acuerdo con ella.
–Ambos parecen estar traumatizados –dijo.
A partir de ahí Olivia comenzó a hablarle en susurros:
–Que podías transformarte en humano...
él lanzó un bufido antes de responder.
–Boberías. No puedo transformarme en humano porque yo soy una... –se interrumpió al observar sus manos grandes y delgadas. De inmediato, comenzó a gritar como si le hubieran clavado un cuchillo en medio del pecho.
–?Está todo bien? –preguntó Deema que ahora parecía haberse acercado de nuevo a la carpa pero no se atrevía a entrar.
–?Sí, está todo bien! –exclamó Olivia.
–?No, no está todo bien! –exclamó Silas.
–?Está todo bien o no? –preguntó Deema.
–?Sí, no se preocupe! –respondió Olivia y antes de que Silas respondiera le tapó la boca con una mano. Luego escuchó que Deema volvía a alejarse murmurando algo.
Silas se soltó de su mano.
–?No puede ser! –dijo aunque en un tono más bajo para no llamar más la atención. Se levantó de su cama ubicada en el suelo revelando un cuerpo de la misma altura que Olivia con algo de musculatura en brazos y piernas. Olivia trató de no reírse cuando vio que también llevaba puesto un camisón y evitó mirar sus pantorrillas desnudas.
–Silas... ?de verdad eres tú?
Silas había cerrado los ojos y continuaba apretando los pu?os. Parecía que estuviera tratando de transformarse pero sin resultado.
–?No sabía que las quimeras pudieran transformarse en humanos!
él abrió los ojos y sus ojos dorados la miraron furioso.
–?No soy humano! ?Soy una quimera! Y esta... es sólo mi primera forma.
–?Qué significa eso?
–Lo que oyes. Mi primera forma.
–O sea... naciste hum...
–?No te atrevas a decir humano!
–Pero tú...
–Tenemos alguna similitud...
–?Sólo alguna?
–Los elfos también se parecen a humanos pero no los llamas así, ?verdad? No soy humano, soy una quimera. Está es mi primera forma y nada más.
Tenía razón pero ella seguía enojada.
–?Podrías habérmelo dicho de todas maneras y lo hubiera entendido!
–Pensé que lo sabías.
–?Cómo iba a saberlo?
–Tus libros.
–En mis libros no decía nada sobre...
–Me imaginó –se burló él.
–?Saben los magos acerca de esto?
–Lo dudo... aunque no creo que importe. ?Cuál pensaste que sería mi primera forma?
–?Pensé que era el ratón! ?O quizás un renacuajo!
–?Un renacuajo! ?En serio? –parecía tan indignado como cuando lo había llamado humano –. Además, nunca me lo preguntaste.
–?Pensé que sería grosero preguntar!
Silas entonces le explicó que las quimeras en realidad odiaban aquella primera forma por su similitud con el cuerpo humano, además de ser un recordatorio de la maldición del Dragón Azul que les había arrebatado de su forma original. Era por eso que a los bebés se les ense?aba a transformarse incluso ya antes de caminar de manera que se mantuvieran en aquella forma lo menos posible. En el caso de Silas, él había tardado mucho en lograr abandonar aquella forma hasta que consiguió convertirse en un ratón, pero eso no fue suficiente para dejar contenta a la manada que no tardó en abandonarlo. Desde que había dejado atrás las monta?as había sido capaz de evitar esa forma.
–Bueno, ahora lo sabes. No te preocupes, volveré a transformarme. Prefiero ser un ratón... antes que esto... Pero creo que necesitaré un tiempo para recuperar mi fuerza...
–?Me estás diciendo que todo este tiempo podrías haber adoptado... esta forma... y no lo hiciste? ?Podrías habernos ahorrado muchos problemas!
–Llamaría más la atención, sólo mírame.
Sí, tenía algo de razón. Para empezar aquellos ojos dorados seguro que llamarían la atención incluso de humanos que no eran magos.
–Aun así... te cargué por todo el castillo... y en el bosque... –ahora fue Olivia la que comenzó a gritar horrorizada.
–?Qué pasa?
–?Acabo de darme cuenta! –Olivia se había agarrado la cabeza con ambas manos.
–?Qué cosa?
–?Que estuve no sé cuántos días sin supervisión durmiendo con un chico adentro de un árbol!
Por el rostro de Silas desfilaron todos los colores habidos y por haber.
–?Cállate! ?Si te escuchan, la gente va a empezar a pensar cosas raras!
Olivia no pudo evitar continuar gimiendo por un largo rato hasta que Deema apareció de nuevo para entregarles a ambos una muda de ropa e indicarle a Silas dónde podía ir a vestirse él. Olivia se lo agradeció en silencio.
Mientras la ayudaba a vestirse, Neema no dejaba de hablar.
Los habían encontrado de casualidad. Habían armado campamento y ella y otra muchacha más del grupo salieron a dar una vuelta por la costa. Al llegar al barranco los vieron de lejos. Mientras la otra muchacha corría de nuevo al campamento a pedir ayuda, ella llegó hasta ellos y tras una rápida inspección vio que todavía respiraban. Con la ayuda del resto de los actores, lograron cargarlos hasta la carpa y calentarlos. Silas pareció aguantar el frío del agua pero Olivia había sufrido una fiebre mientras dormías.
–Debió ser terrible, terrible –se lamentaba ella –. Cuando los vi, pobrecitos, pensé que estaban muerto. Hubiera sido lo lógico. Tú por lo menos tenía unos harapos encima pero el muchacho estaba igual que como vino al mundo.
Olivia agradeció haber estado inconsciente.
–?Cómo llegaron hasta aquí?
–Hubo una tormenta –dijo Olivia. Si le decía que habían naufragado comenzarían a buscar los cuerpos de los demás sobrevivientes –. Y por accidente nos caímos del barco.
–?Una tormenta? –la mujer se sintió extra?ada –. Pero estos días han sido muy agradables...
–Ah, es que fue mar adentro.
–?Vienen desde el mar!
–Logramos agarrarnos de un pedazo de madera y de alguna forma llegamos hasta aquí. No... no recuerdo muy bien, sólo fragmentos.
Olivia no sabía qué tan plausible era todo lo que acababa de decir. Lo había leído en una de las historias que tanto le gustaba. Se trataba de una chica que había naufragado y perdió la memoria. Al llegar a tierras extra?as, conoció a un noble que se enamoró de ella y se casaron. Pero entonces la muchacha recuperó la memoria y se dio cuenta de que se había casado con el enemigo de su hermano que debía de estar buscándola todavía.
Ay, cuánto extra?aba sus libros.
–Ah, claro, tu pérdida de memoria. ?Entonces al final se conocían?
No podía decir que eran hermanos. No se parecían en nada.
–Nos hicimos amigos en el barco.
Deema la miró con algo de sospecha en los ojos pero no dijo nada. Olivia ya se había dado cuenta de que le gustaba inventar historias que daba por ciertas sin ninguna prueba más que sus propias conjeturas.
Al pensar en otra historia que Olivia pudiera usar para continuar armando su mentira, se dio cuenta de algo y no pudo evitar soltar un gemido.
–?Qué sucede? –preguntó Deema asustada.
Olivia dijo que le dolía la cabeza. Pero en realidad acababa de darse cuenta que, lejos de parecer una maga intrépida que rescataba criaturas mágicas, se había convertido en una de esas chicas que abandonaba a su familia por un chico. Quizás Deema ya lo estaba pensando así.
–Pobrecita, iré a ver si nos han sobrado hierbas curativas. Compraremos más al llegar al próximo pueblo –Deema abandonó la carpa no sin antes entregarle a Olivia un cepillo y un espejo para que se arreglara –. El vestido te queda un poco grande pero nada que no podamos arreglar. Ya verás que aquí estamos acostumbrados a hacer de todo. Pero no quiero apurarme. Cuando te sientas lista, conocerás el resto del grupo.
Ya sola, Olivia levantó el espejo y observó su rostro. Se veía cansada y ojerosa. El azul de sus ojos parecía apagado. Las puntas de sus pelos apuntaban en todas direcciones pero justo antes de poder arreglárselo, unos ojos verdes se aparecieron en el espejo.
–?Hola! –le saludó la voz alegre de lo que parecía ser una muchacha de pelo rojo como el fuego –. ?No te atrevas a gritar!
Olivia se tapó ella misma la boca evitando el grito de sorpresa que hubiera hecho que Deema volviera corriendo enseguida.
–Tenemos mucho de qué hablar –le dijo la chica del espejo –. Pero lo primero es ocuparnos de que no descubran a tu amigo.

