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Capítulo 32 - La frustrante situación

  Silas nunca había conocido una sensación tan maravillosa. Su cuerpo entero vibraba con una energía desconocida mientras flotaba en el agua. Cada músculo se movía con una precisión perfecta impulsándose hacia adelante con una fuerza y velocidad inéditas. Quería salir disparado como una flecha pero los sirenios le habían advertido que tuviera cuidado con esforzarse demasiado. Su transformación había sido lograda con recuerdos ajenos, esto quería decir que, si se excedía, su mente se vería sobrecargada y esos mismos recuerdos podrían diluirse con rapidez, lo que causaría que perdiera el control de su nueva forma.

  Pero no era fácil contenerse. La tentación de probar los límites su cuerpo era muy fuerte y su euforia, en vez de tranquilizarse, parecía ir en aumento a medida que se deslizaba por el agua y se adaptaba las corrientes.

  Aunque también le gustaba detenerse y observar el entorno sintiendo cómo su enorme cuerpo permanecía suspendido en el vacío. Antes de despedirse, Numi le había ense?ado acerca de la ecolocación que consistía en provocar peque?os clics agudos cuyos ecos rebotaban en los alrededores creando una imagen mental detallada de las formaciones rocosas, peces y otras criaturas marinas que lo rodeaban.

  A medida que continuaban su viaje, el paisaje acuático se tornaba más colorido. Las extensas praderas verdes de algas se veían salpicadas de rojos, naranjas y violetas. Cerca de la superficie, los rayos del sol se filtraban a través del agua, creando un mosaico de luces y sombras. Bancos de peces plateados se movían con una perfecta sincronización cambiando de formas que se desvanecían tan rápidamente como aparecían.

  A cada rato también se topaban con curiosos animales: tortugas, anguilas, cangrejos, anguilas, pulpos, erizos. Algunos sabía identificarlos, otros tuvo no tuvo más remedio que preguntarle a Olivia ya que podría haberlo leído en alguno de esos libros suyos. Las medusas le habían llamado más la atención. Parecían peque?os fantasmas flotando indiferentes en la oscuridad y al verlas le venía la tentación de provocar peque?os remolinos con su cola que hacía que sus transparentes tentáculos adquirieran formas graciosas.

  No podía esperar a ver qué otros seres extra?os podría encontrar una vez que dejaran atrás el golfo, aunque los sirenios también le habían advertido que cuando llegara al Mar Libre las corrientes se volverían más fuertes. Eso, sin embargo, en vez de asustarlo lo emocionaba mientra trataba de imaginarse lo que sería encontrarse en la inmensidad el océano.

  Pero había algo que lo estaba molestando desde que habían dejado atrás la desembocadura del lago y la causa tenía su origen en nadie más que Olivia. Quizás la palabra más adecuada para describir su estado de ánimo era decepción. Había pensado que ella compartiría con él la increíble alegría de encontrarse bajo el agua pero la muchacha casi no había abierto la boca desde que se habían despedido de Numi. Cada vez que Silas descubrí un animal nuevo y se lo se?alaba ella asentía para nada sorprendida. Estaba más ocupada con sus propios y misteriosos pensamientos.

  Decidió darle su espacio e incluso moderó la velocidad a la que nadaban para que ella no se cansara tanto. Las branquias de su cuello parecían estar aguantando bien pero sus pies continuaban siendo humanos. Numi le había dicho que si no quería que desaparecieran debía mantenerse en el agua en todo momento y evitar tierra firme. Llevaban dos días de viaje con varios descansos. Sin un mapa era imposible saber dónde se encontraban con exactitud. El único problema, en el caso de Olivia, había sido la comida. él lo único que tenía que hacer era abrir la boca para capturar peces y cangrejos, pero ella se negaba a comer otra cosa que no fueran algas ya que el resto de las opciones le provocaban asco al no poder cocinarlas en una fogata.

  Debía de encontrarse débil, pensó Silas, quizás debería cazar algo para ella pero dudaba que quisiera comerlo. él se imaginaba que con su nueva dentadura debía de ser posible de cazar animales más grandes aunque Numi le había advertido que ni se le ocurriera cazar a nada que se pareciera a una foca. él no sabía cómo era una foca en realidad, así que ella le explicó que se parecía a un perro acuático, sólo que con aletas.

  Pero él no había visto a ninguna de esas criaturas. Quizás debían de esconderse nada más verlo. Pues, claro, pensó orgulloso, se había convertido en el terror de los mares y todas las criaturas marinas lo trataban con respeto. Incluso un pez enorme bastante feo que Olivia le dijo que se llamaba tiburón había pasado bastante cerca sin hacerle nada.

  Las pocas veces que Olivia le dirigía ahora la palabra era para indicarle que subieran a la superficie para observar alrededor o cuando le advertía sobre la sombra de un barco que se acercaba por lo que debían sumergirse más a fondo por si acaso.

  Al verla tan desanimada incluso le había ofrecido que se sentara en su lomo para que no tuviera que esforzarse tanto. Tuvo que insistir un buen rato hasta que ella aceptó finalmente.

  En ese momento se encontraban avanzando despacio, con Olivia agarrada de la base de su aleta dorsal y dejándose arrastrar mientras flotaba posición horizontal.

  ?Qué cuernos había sucedido en el lago? Por lo que Silas había entendido, el ataque había sido perpetrado por los magos del castillo de Rocasombra pero el conde se encontraba allí también, así que no entendía nada. Una traición, seguro, y se ve que el noble había quedado muy afectado pues permitió que su hija continuara viaje con la quimera.

  Ahora que lo pensaba, en el reino de Terrarkana, tanto él como Olivia eran criaturas inusuales. Ella aún más, puesto que él no era el único de su tipo. Quizás eso había querido decir el conde cuando dijo que ella no podía quedarse allí.

  Silas estaba seguro que Olivia se había mostrado feliz cuando su padre aceptó dejarla ir. Las cosas habían comenzado a cambiar luego de su última conversación con Numi cuando estaban a punto de cruzar la desembocadura del lago.

  –Aquí nos separamos –les había anunciado la sirenia.

  –?No vendrás con nosotros? –le preguntó Olivia.

  La sirenia negó con la cabeza.

  –No puedo irme sin saber lo que sucederá con mi abuelo. Tardará un tiempo en sanar. Además, creo que es un viaje que querrás hacerlo sola... con Silas, claro –ella le gui?ó ojo –. Yo también he querido a veces mantener distancia de mi familia, al menos por un tiempo.

  –Yo...

  –Pero ahora debo quedarme. En cualquier momento, la noticia llegará a la capital. Habrá tremendo lío. Tengo que permanecer con los míos ahora. Estoy segura de que ustedes estarán bien. Lo único que tienen que hacer es seguir el golfo y cuando lleguen a Sue?o de Bruma simplemente sigan hacia el este sin perder de vista la costa hasta llegar a Abrazo de Tormenta. Una vez allí deberán adentrarse hacia en el Mar Libre y seguir derecho hacia la isla.

  Numi lo hacía sonar tan fácil pero Silas tenía sus dudas. Después de todo, ella era una sirenia y no podía entender del todo lo difícil que podía ser para alguien que no lo era.

  –Numi, lo siento –le había dicho Olivia.

  –?Por qué? –preguntó la otra confundida.

  –Tu pueblo, el promontorio...

  Los ojos de la sirenia se ensombrecieron.

  –No es tu culpa. Fueron los magos. Ellos pagarán por lo que hicieron –miró a Olivia directo a los ojos –. Nuestro padre se encargará de ello.

  Olivia no respondió y Numi suspiró antes de seguir.

  –Una vez que llegues a la isla, ten por seguro que iré a visitarte... una vez que esto se tranquilice, claro. Espero que no tarde mucho.

  –?Has estado allí alguna?

  –A veces, pero prefiero las islas del norte, son mucho más cálidas.

  –?Has conocido algún híbrido?

  –Sí... pero no te diré nada. Será más divertido que los conozcan ustedes mismos... Bueno... debemos despedirnos ahora... Odio las despedidas largas... las detesto... cada a?o cuando tengo que irme del lago es mi parte menos favorita. Silas, cuida de mi hermana, o te las haré pagar.

  A modo de respuesta, Silas la salpicó con un movimiento de su cola.

  La sirenia se rió y comenzó a alejarse nadando de espaldas.

  –?Cuando nos veamos de nuevo, tendremos una larga charla entre hermanas! –sacudió la mano –. ?Te confío mi corazón, para que me lo devuelvas!

  Tras unos segundos, Olivia le respondió, aunque con algo de indecisión:

  –?Te confío mi corazón... para que me lo guardes!

  La sirenia volvió a reír y tras dar un salto se perdió entre la corriente en su regreso hacia el lago mientras Olivia y la orca cruzaban la desembocadura.

  Cuando Silas le preguntó qué había sido eso, Olivia le explicó que era así como los sirenios se despedían de sus seres queridos que permanecían en el largo durante el invierno.

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  Ahora recordando todo eso, Silas no podía dejar de pensar que quizás lo que Olivia estaba sintiendo era nostalgia por su hogar. No se le podía ocurrir otra razón, a menos que de verdad se sintiera culpable por lo que había ocurrido en el lago.

  Aquella persona melancólica no era la Olivia que él conocía. Había que sacudir un poco las cosas, quizás así se despabilara.

  Sin decirle nada, Silas comenzó a aumentar la velocidad de manera gradual hasta que ella misma se percató y se agarró con más fuerza de su aleta. La orca sintió como ella ubicaba sus piernas a ambos lados de su lomo para sujetarse mejor.

  –Silas, ?qué haces?

  él no le respondió y aceleró aún más, lo cual le produjo la sensación de que volaba, o al menos eso creía porque nunca había volado antes. Cada aleteo provocaba poderosas ondas a través del agua de una manera que apenas percibía la densidad del agua. El paisaje submarino pasaba muy rápido y los colores de los mantos de coral se mezclaban y bancos de peces se dispersaban ante el paso centelleante de la orca.

  –?Silas! –sus gritos sonaban amortiguados por el agua.

  De repente, tuvo una idea y en vez de seguir adelante comenzó a nadar en círculos y miles de burbujas los envolvieron formando columnas.

  –?Silas, me estoy mareando!

  él no le hizo caso y a continuación volteó su cuerpo de manera que quedó panza arriba mientras Olivia quedaba de cabeza. Volvió a repetir el movimiento varias veces generando un remolino detrás de él.

  –?Para ya! ?Cómo te odio en este momento!

  Prefería que se enojara con él a que continuara triste. Aun así, por un momento pareció que le hacía caso porque dejó de girar y quedó con su cabeza mirando hacia la superficie brillante bajo los rayos del sol. Otra idea cruzó su mente y antes de que Olivia se soltara de su aleta volvió a acelerar, esta vez hacia el fondo, para tomar carrera, y antes de chocar contra la arena giró para volver a subir.

  Durante toda aquella maniobra, Olivia no dejaba de gritar:

  –?Qué vas hacer a hacer? ?Detente! ?No seas infantil! ?Qué te pasa?

  Silas siguió ascendiendo mientras se impulsaba con la fuerza de los movimientos de su cola, hasta que de repente sintió que su cuerpo rompía la superficie de agua y el aire fresco envolvió su cuerpo. Su cuerpo se curvó en un arco perfecto y mientras daba el salto observó el ancho del inmenso golfo y la costa lejana de ambos extremos.

  Volvió a caer en el agua, con su cabeza apuntando hacia abajo para evitar que Olivia se lastimara con el impacto y otra vez el azul oscuro volvió a ocupar su visión.

  Rodeado de burbujas, Silas detuvo la marcha y permaneció quieto flotando tranquilamente para tomar un descanso de todas aquellas piruetas.

  Olivia, que hasta entonces se había agarrado de él como si su vida dependiera de ello, se soltó de golpe.

  –?Por qué hiciste todo eso? –preguntó aireada.

  –Porque podía y fue divertido, ?no te pareció?

  –Pues... sí, un poco, pero...

  –Te has vuelto aburrida.

  –?Disculpa?

  –Cuando te conocí atravesaste un castillo entero, te tiraste por una ventada desde varios metros de altura, atravesamos un bosque, nos metimos dentro de un árbol, conocimos a una elfa tenebrosa y te hiciste amiga de sirenios... Desde el ataque, pareces otra persona.

  –?Acaso no viste que el pueblo quedó destruido?

  –Sí, ?pero por qué siento que te sientes responsable? No podrías haberlo evitado.

  Ella se quedó callada.

  –Estamos viajando hacia la isla –continuó Silas –. Si todo sale bien, conoceremos al Archimago. No hay nada que nos detenga. Tu padre no nos está buscando, tu madre se encuentra lejos encerrada en su bosque, los magos que atacaron el lago ya deben estar recibiendo su castigo.

  –?Por qué te preocupa tanto como me siento? –le preguntó Olivia con suspicacia.

  Ahora fue Silas quien se quedó callado. Ella tenía razón. ?Por qué le importaba? ?Por qué se había tomado tanto trabajo para hacerla sentir mejor? ?Por qué volvía a sentirse decepcionado? Sabía que ella se enojaría con aquellas imprevistas volteretas pero una parte de él esperaba que también terminara riéndose y hubiera disfrutado tanto como él.

  Aquella mitad humana lo estaba enloqueciendo.

  –Lo que quiero decir... –continuó Olivia –. Es que tú también estás cambiado.

  La orca giró la cabeza.

  –Ridículo, yo sigo siendo él mismo, eres tú la que está cambiada. Antes eras una urraca parlanchina y ahora casi no hablas.

  –No entiendo, Silas –Olivia se restregó la frente –. Antes te molestaba que hablara... ?y ahora te molesta que no hable?

  –Ninguna de las dos cosas me gusta. ?No puedes simplemente no hablar ni mucho ni poco?

  –Ah, perdón, estimado se?or quimera, trataré de ser más perfecta por usted –se mofó Olivia.

  –No sé por qué te es tan difícil encontrar un equilibrio –gru?ó la orca.

  –Si tanto te molesto, entonces podemos seguir el viaje separados.

  –Prometí a tu padre que te cuidaría y a Numi también.

  En realidad, no, nunca lo había prometido, sólo había dejado que pensaran que lo haría pero por suerte Olivia pareció no recordar ese detalle.

  Olivia se cruzó de brazos.

  –?Y desde cuando te importan mi padre y Numi?

  –No se trata de ellos, sino de cumplir mi palabra... palabra de quimera.

  –Acabas de inventar eso, ?no?

  –?Piensas que las quimeras no tenemos honor? –dijo él en tono acusatorio.

  –Pues... no, no quise decir eso.

  –Me siento ofendido.

  –Silas... –suspiró Olivia cansada y varias burbujas se agruparon alrededor de su cara –. Estoy cansada.

  Mientras mantenían esa conversación, Silas tuvo la esperanza de haber traído de vuelta a la antigua Olivia pero el efecto no había durado demasiado ya que ella volvía adoptar esa cara de tristeza del principio.

  La próxima vez inventaría más piruetas pero por ahora la dejaría en paz. Se dio la vuelta y agitó su cola, indicándole que podía volverse a subir en su lomo.

  –Prometo ir despacio –dijo –. Palabra de quimera.

  Una peque?a sonrisa se esbozó en los labios de Olivia y volvió sentarse sobre la orca.

  Silas mantuvo su palabra y avanzó a ritmo de tortuga disfrutando otra vez de la agradable sensación de flotar en el agua oscura. Estuvieron callados por un rato hasta que Olivia habló de golpe:

  –Silas, ?tienes hermanos?

  A la quimera le incomodaba la pregunta pero temía que si no le contestaba, ella volvería a encerrarse en sí misma.

  –Por parte de madre, no. Por parte de mi padre, algunos, aunque no me terminé llevando bien con ellos. De cachorros podíamos jugar sin pelearnos pero luego las cosas cambiaron.

  –?Qué ocurrió?

  –Lo que ya sabes. No podía desarrollar mis poderes y era la vergüenza de la manada.

  –Lo siento mucho. Debió ser muy difícil.

  –Ya no importa.

  –Pero... ?y tus padres? No puedo creer que...

  –Prefiero no hablar de eso.

  Ella no insistió y Silas se lo agradeció en silencio.

  –Oye... pero a todo esto... –continuó Olivia tras varios minutos –. ?Cuántos a?os tienes?

  La orca se detuvo de golpe, sorprendido por la pregunta.

  Tampoco tenía ganas de responder a eso pero pensó que si se seguía negando Olivia dejaría de hablarle.

  –Desde que nací... han pasado... dieciséis primaveras.

  –?Dieciséis? –Olivia estaba realmente sorprendida –. ?Eres menor que yo!

  –Sí... –a Silas no le gustaba cómo sonaba eso, tendría que haber mentido –. Aunque sólo por un a?o... ?Pensaste que era mayor?

  –Pues, no tenía idea... ?Cómo podía darme cuenta? Además... ?primaveras dijiste? ?Quiere decir que acaba de ser tu cumplea?os? ?O quizás lo será dentro de poco? ?Tenemos que festejarlo!

  Ay, no, la antigua Olivia parecía estar de vuelta. Pero la culpa la tenía él que se lo había buscado.

  –?Las quimeras no hacemos esas cosas estúpidas! –Silas se sacudió recordando algunas escenas en la cocina del castillo cuando sentaban a los criados en frente a la mesa para cantarles una estúpida canción y obligarlos a soplar una peque?a vela que había ubicado arriba de una tarta. No entendía por qué le daban tanta importancia, era ridículo. él no estaba dispuesto a pasar por ese acto tan vergonzoso. Ya podía imaginarse a Olivia cantando y aplaudiendo como una estúpida mientras le entregaba un caparazón de tortuga para suplir la falta de una tarta.

  –En cuanto pueda, te cocinaré un pastel –dijo ella decidida.

  –No es necesario... ni siquiera debes saber cómo hacerlo –probablemente moriría envenenado.

  –Aprenderé como hacerlo... ?Deberías habérmelo dicho antes!

  –?Para qué?

  Ella ignoró la pregunta.

  –Mi cumplea?os es en invierno por cierto, creo...

  –?Quieres que yo te cocine un pastel?

  –Cualquier cosa servirá.

  Mitad humana insoportable...

  El tema quedó zanjado ahí y continuaron avanzando en silencio, aunque luego Silas se quedó con la curiosidad de qué tipo de pastel ella le podría cocinar. Los que le habían dejado probar en la cocina era deliciosos... sobre todo los de manzana.

  Volvió a escuchar que ella suspiraba sobre su lomo. No podía verle la cara pero seguro que se mostraba triste de nuevo.

  Qué situación más frustrante.

  Sin embargo, esta vez no se quedó callada.

  –Silas... Necesito hablar esto con alguien... lo que pasó en el lago...

  De repente, Olivia dejó escapar un alarido.

  Sila detuvo la marcha justo para sentir cómo algo filoso pasaba muy cerca de su vientre.

  –?Qué fue eso? –preguntó él mirando hacia el fondo oscuro.

  –?Un arpón! –gritó ella –. ?Están tratando de cazarte!

  Silas alzó la cabeza y allí lo vio. Un barco. Bastante grande. ?Querrían captura sólo a la ballena o quizás iba allí algún mago que lo había descubierto?

  –?Agárrate fuerte! –gritó Silas y sin perder más tiempo su cuerpo se alejó a máxima velocidad de la embarcación.

  Esta vez, pese a los gritos de Olivia, continuó hacia adelante como una ráfaga de viento para asegurarse de que el barco quedaba atrás. No debía faltar mucho para Sue?o de Bruma y quizás podrían encontrarse con más barcos como esos. Debía ir lo más rápido que pudiera, no podían alargar más su viaje.

  –?Silas!

  –?Tenemos que alejarnos!

  –?No, Silas! ?Espera!

  él percibió que ella se agarraba con más fuerza de su cuerpo. Luego comenzó a sentir algo extra?o en parte trasera de su cuerpo, un cosquilleo.

  –?Tu... tu... cola! –gritó ella –. ?No está! ?Desapareció!

  Su cola había desaparecido y ahora él se precipitaba hacia adelante como un proyectil sin ningún control sobre su cuerpo. Intentó mover sus aletas pero entonces la misma sensación invadió el resto de su cuerpo.

  Estaba perdiendo su forma.

  –?Silas! –Olivia se había soltado de él y su voz le sonaba lejana.

  De repente, su cuerpo se detuvo y quedó suspendido en el vacío, pero esta vez no se sentía para nada bien.

  Como un lento tambor interno que anuncia una desgracia, cada latido de su corazón reverberara en el resto de su cuerpo. Era todo lo que podía escuchar ahora.

  Quería llamar a Olivia pero había perdido la capacidad de respirar. El agua que tan libre lo había hecho sentir en los últimos días, ahora lo estaba matando y le llenaba la nariz y la boca intentando llegar a sus pulmones.

  “Me estaba ahogando”, le había dicho Olivia en el bosque, “?sabes cómo se siente eso?”

  Su cuerpo se había empeque?ecido pero lo sentía más pesado. Parecía como si manos invisibles emergieran lo estuvieran arrastrando hacia las profundidades. El brillo del sol sobre su cabeza se fue apagando hasta que todo quedó a oscuras.

  Ya no podía escuchar a Olivia.

  Deseaba poder escucharla una vez más antes de que su mente se desvaneciera para siempre.

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