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En Busca De Aventuras (I)

  En la vida, pocas cosas seguían interesándole a Maribel. Una de ellas, por supuesto, era su nivel actual de cultivo; la otra, los rumores que llegaban del lado sur del Reino.

  Se decía que hordas de demonios atacaban las aldeas, pero nadie lo sabía con certeza. Todo lugar por donde pasaban quedaba aniquilado, sin un solo sobreviviente.

  —Realmente el destino me protegió al haber ido hacia el este —murmuró, mirando el horizonte.

  Pronto, los tableros de misiones comenzaron a llenarse de solicitudes.

  —?Me estás pidiendo refuerzos para proteger ciertas zonas de las ciudades? —reclamó un cultivador, visiblemente molesto.

  Eran ciudades apartadas, lejos del norte donde ellos se encontraban. Aun así, de vez en cuando llegaban informes sobre bestias mutadas: primero una especie, luego otra completamente distinta.

  Los discípulos internos solían encargarse de las misiones más peligrosas, relacionadas con el combate. Por eso, Maribel no tuvo más opción que aceptar una. De todos modos, ya acostumbraba salir a cazar, así que pensó que no estaría mal hacerlo con una excusa oficial.

  Aunque, si era sincera consigo misma, lo que realmente quería era tener una historia que contar. Quizás era por la atmósfera del lugar, las personas o las leyendas… pero en ese mundo, pocas cosas resultaban entretenidas. No había tecnología como en su vida anterior: ni videos, ni novelas, ni nada. Allí, los admirados eran los que sabían blandir mejor el cuchillo.

  ?Sería divertido algo que llene mis días.?

  En el fondo, sentía el impulso de aventurarse en una de esas historias épicas. No hacía falta decir a quién iría a buscar: había una chica con un espíritu de aventura incluso más grande que el suyo.

  —Toc, toc.— Cuando Maribel estaba por marcharse, después de haber llamado y esperado varios minutos, la puerta por fin se abrió.

  —?Quién es?... Oh, qué sorpresa que me vengas a buscar. La primera vez fue porque necesitabas algo de mí. ?Así que puedo asumir que es así otra vez? —dijo Amara con una media sonrisa.

  —No sé qué clase de persona crees que soy, pero… tienes razón —respondió Maribel, devolviéndole el tono—. Quiero algo de ti: acompá?ame a cazar las bestias salvajes del tablero de misiones.

  Amara parpadeó, desconcertada. No esperaba que la reservada Maribel tomara la iniciativa.

  —?Por qué? Pensé que preferías la tranquilidad de estas monta?as.

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  Maribel sonrió. —Alguien me dijo que, si puedo hacer las cosas bien en mi nivel, entonces lo haga. Y justo esas bestias espirituales están alborotadas y matan gente… así que ayudarlas está dentro de mi nivel, ?no?

  Amara soltó una risa suave. No se la creyó ni un poco. Sabía que lo que Maribel realmente quería era salir de aventura.

  En los últimos meses, Amara había pasado de ser una simple mortal a una refinadora de qi de décimo grado. Estaba a un paso de un gran avance, pero, sinceramente, lo que más le importaba era vivir experiencias. ?De qué servía alcanzar la cima si no disfrutaba el camino?

  —Está bien, iré contigo. Pero dime, ?Qué harás con tu peque?o guardaespaldas? —preguntó, se?alando a Aether, que observaba en silencio.

  —Por supuesto que lo llevaré —respondió Maribel con naturalidad—. Aunque no lo creas, me ayudaba a cazar cuando podía. Incluso logra alcanzarme cuando salgo sola. —Se?aló una monta?a a lo lejos—. Cuando me encuentra cazando, solemos ir a descansar allí.

  Amara miró al ni?o con curiosidad. —Ya veo… un peque?o depredador. Los hombres lobo son famosos, ?sabías? Dicen que están en la cima de la cadena alimenticia.

  —No compares a este lobezno con esos feos de pelaje tieso —replicó Maribel frunciendo el ce?o—. Te aseguro que nadie tiene un sentido de orientación mejor que el suyo.

  Amara sonrió divertida. —Entonces, que los enemigos no nos vean venir. Por cierto, ?aún practicas esa técnica rara que te permite sellar tu cultivo?

  Maribel sonrió con ironía. —?Cuál sello? Eso solo parece un sello. Tú misma lo dijiste: que los enemigos no nos vean venir.

  Amara abrió los ojos de par en par. Esa técnica era monstruosa. Si el enemigo pensaba que su cultivo estaba sellado, la subestimaría… y no viviría para contarlo.

  —Por cierto, ?en qué nivel estás? —preguntó con curiosidad.

  —Ni idea —respondió Maribel sin rodeos—. No puedo saberlo con exactitud porque el sello lo oculta, pero ya entré en Fundación Dorada.

  —?Qué? —Amara tosió—. ?Y yo que pensaba haberte alcanzado! Con todo lo que la secta ha invertido en mí… Bueno, estoy a punto de llegar a un gran avance, así que ya estoy cerca de atraparte.

  Aether la miró con una sonrisa tranquila. —No te preocupes. Nosotros empezamos antes que tú.

  El comentario resonó como una provocación, aunque viniera de un ni?o… no, precisamente porque venía de un ni?o que no debería poder cultivarse. Amara suspiró, obligándose a aceptar la realidad.

  —Sí, es verdad… ustedes empezaron antes.

  Guardó silencio un momento, luego preguntó:

  —Bueno, ahora tengo una duda. ?Crees que Sofía y Richard querrán venir? Aunque pensándolo bien… también tengo otra: ?la secta siquiera nos dejaría salir? Tengo entendido que ustedes tres son prodigios que los ejecutivos aprecian.

  Amara alzó una ceja. —?De dónde sacaste eso?

  —Deducciones —respondió Maribel, encogiéndose de hombros—. Encontré un pergamino que quemé después. Era de un envidioso que se quejaba de tres “genios” que alcanzaron el refinamiento de qi en poco tiempo gracias a explotar los recursos de la secta. Afirmaba que él era el verdadero número uno.

  Amara hizo una mueca de desagrado. —Típico. Siempre me cayó mal ese estúpido.

  —Toc, toc.

  Una conversación distinta ocurrió con Sofía. Ella abrió la puerta medio dormida, con el cabello despeinado y un bostezo que podía espantar demonios.

  —Uf… Bueno, supongo que no está mal ganar algo de experiencia —dijo sin mucho interés—. Pero no me gusta ir a entregar el cuello para que me maten, así que solo llámenme si consiguen a alguien que haga de guía.

  Les cerró la puerta sin más contemplaciones, rompiendo las expectativas de ambas.

  Maribel se quedó mirando la madera frente a ella, sin saber si enojarse o suspirar.

  ?Realmente no tiene iniciativa... o tal vez es realista y precavida.?

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