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En Busca De Aventuras (II)

  —Dejar a sus compa?eros ir solos… qué poca camaradería —murmuró Maribel. Luego a?adió en voz más baja—. Además, le salvé la vida.

  Amara la miró de reojo, sin decir nada al principio. Sabía lo que su amiga pensaba. Maribel no se sentía del todo cómoda hablando de eso, porque en realidad no sentía que había sido una “haza?a heroica” como para presumirla, ahora que entendía mejor sus poderes sabía que incluso pudo salvar a muchos más.

  Siete hombres se encargaron de eliminar a los captores, y otros tres las protegieron. Pero aún así, si no fuera por Maribel, esos siete no habrían logrado ni la cuarta parte de lo que hicieron.

  —Es verdad —dijo finalmente Amara, cruzándose de brazos—. Sin ti ya estaríamos muertas. Deberíamos hacérselo saber… a ver si así le da un poco de conciencia y nos acompa?a.

  Maribel se sonrojó. —No digas eso. Sonaría como si le estuviéramos echando en cara los favores que no pidió. “Ya te salvé la vida, así que eres mía”, ?no te parece horrible? no sabría como mirarla a la cara.

  Amara soltó una risa leve.

  —Bueno, visto así… sí, suena mal. Pero aún así ella tiene una deuda y deberá cumplir. Ya sabes como es, solo te deshonras si te atrapan siendo deshonesto, entonces incluso si ella no apoya le haré pasar por lo mismo que nosotras, tomando tu palabra por supuesto. Así ella paga su deuda, aunque sea en palabras.

  —Mira —continuó Maribel, suspirando—, creo que ella tiene un punto. Sería mejor si encontramos a un anciano o un discípulo mayor dispuesto a acompa?arnos. —admitió con resignación.— Nuestra experiencia de combate real es poca. Yo puedo arreglármelas si se trata de bestias, pero nunca he estado en una pelea con tanta gente a mi lado, ni eh peleado con demonios si acaso aparecen.

  Amara asintió, más seria.

  —Fuera de los muros de la secta, el mundo no tiene piedad.

  —Si tenemos suerte, encontraremos a alguien dispuesto a ayudarnos —dijo Maribel tras unos segundos de silencio—. Pero no vale la pena arriesgar nuestras vidas. Solo quiero aventuras… no escapar de la muerte.

  Amara sonrió, divertida por su honestidad. —Eso suena a plan. Aventuras, pero con regreso asegurado. Y sin Sofía.

  Maribel asintió. —Exacto. Espera ?Sin Sofía?

  Amara rodó los ojos.

  —No quieres a esa chica con nosotros, créeme. Lo digo por tu bien y el de ella.

  Maribel suspiró.

  ?Bueno, no es que me importe si ella no va. Pensaba ir entre solo las dos de cualquier manera.?

  Y con eso, ambas pusieron rumbo hacia la zona de residencia masculina.

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  —Toc, toc.—Richard abrió la puerta y vio afuera a un sirviente que se inclinó con respeto.

  —Dos damas lo buscan, joven maestro —anunció, antes de marcharse con otra reverencia.

  Richard alzó una ceja. Era temprano para recibir visitas. Caminó hasta la entrada esperando ver a Sofía, pero, para su sorpresa, quienes estaban allí eran Maribel y Amara.

  —?Hola? Pareces muy sorprendido… —dijo Amara, divertida.

  —Es que… bueno, no es nada. ?Qué las trae por aquí? —respondió él, tratando de mantener la compostura.

  —Queremos salir de aventura —dijo Amara sin rodeos, cortando cualquier explicación que Maribel pudiera dar.

  —Ah, ?otra de tus locuras? —Richard la miró con una mezcla de cansancio y resignación, luego se volvió hacia Maribel—. No tienes que seguirle el juego si no quieres.

  Ambas mujeres se miraron y soltaron una risa al mismo tiempo.

  —En realidad, yo se lo pedí —dijo Maribel, divertida—. Hay informes de bestias salvajes atacando. Escuché que están causando problemas a la gente.

  Richard arqueó una ceja. —?Solo por eso? Podrías quedarte tranquila aquí, ?sabes?

  —?Solo por eso? Claro que no —replicó Maribel con una sonrisa traviesa—. Quiero salir, ver qué hay más allá de las monta?as… y llevar a mi lobezno conmigo. —Se?aló a Aether, que observaba desde un costado.

  —Así que la misión es una excusa —comentó Richard con media sonrisa.

  —No exactamente —replicó Maribel—. Realmente quiero acabar con esas bestias, pero también lo considero un viaje para Aether. Evaluaré el peligro, y si es demasiado, lo dejaré en la ciudad cuando salgamos a cazar. Aunque no lo creas, es muy bueno ocultando que es un lobo.

  Aether, sin perder el ritmo, agregó: —Cuando Maribel se dio cuenta la primera vez, estuvo casi todo el día con la boca abierta.

  Maribel agachó la cabeza, apenada. En ese entonces, ni siquiera sabía que existían los semihumanos, elfos o enanos. Ahora que lo sabía, se daba cuenta de que eran más comunes de lo que imaginaba, aunque la mayoría había sido cazada o expulsada del reino por órdenes del rey.

  —Aun así, podrían descubrirlo —dijo Richard con tono serio—. Si le quitan la capucha o notan la cola, lo sabrán. Aunque dudo que la gente común pueda hacerle da?o, hay magos que, sin cultivar, pueden usar técnicas para lastimarlo.

  —No te preocupes —dijo Aether con una sonrisa misteriosa—. Papá me ense?ó algo.

  Los dos adultos se giraron al unísono hacia Maribel.

  —?Qué? —preguntó ella, sospechando.

  —Nada —respondieron ambos al mismo tiempo.

  De pronto, las orejas y la cola del ni?o desaparecieron. Claro que aún debía usar capucha o dejar caer su cabello, porque no tenía orejas humanas.

  —?Guau! —exclamó Amara, genuinamente impresionada—. Eso es lo más convincente que he visto.

  —Papá dice que en el futuro podré convertirme en lo que sea —dijo Aether con orgullo.

  —?En lo que sea? —repitió Richard, entre curioso y divertido.

  —Sí. Dijo que incluso puedo ser una fruta o una mota de polvo si llego a cultivarme lo suficiente.

  Los tres adultos se quedaron en silencio.

  —Bueno… —dijo Amara con una sonrisa tensa—, si lo dice así, debe de ser cierto.

  Maribel se encogió de hombros.

  —No es broma. Yo misma vi cosas que creí imposibles. Una vez me hizo alucinar que hablaba conmigo misma en el reflejo de un estanque bajo la luna.

  Amara arqueó una ceja y soltó una risa pícara.

  —Amiga, no necesitas presumir que tuviste un… "compa?ero" tan espectacular que incluso te hacía escucha a tu reflejo junto al estanque.

  Aether frunció el ce?o, sin entender.

  —?De qué hablan?

  Maribel se sonrojó violentamente.

  —?No! ?De verdad hablé con mi reflejo!

  —Ah, sí, claro… “hablar con el reflejo” —repitió Amara con tono burlón—. Eso suena muy… "espiritual".

  —?Amara! —protestó Maribel —?Podrías pensar en el ni?o?

  —Oh claro, ?Cómo arreglaste para con el ni?o? ?Va afuera o adentro?

  Aether pensaba que él se quedaría si era muy peligroso, así que no entendía porqué volvían a sacar el tema.

  Richard solo se reía a un costado, disfrutando el espectáculo.

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