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Reencuentro con Amara

  Lejos de la zona de entrenamiento, Amara recibió a su invitada.

  —Al fin llegas... Este día serás la prueba de si los cielos me sonrieron o no.

  *Suspiro* Maribel negó lentamente.

  —Parece que eres un zorro astuto, me haces subir tantas escaleras y me retas a un duelo apenas llegar sabiendo que probablemente ya caminé de un lado a otro en el patio externo...

  Amara pareció sorprendida.

  —Yo... ?Yo no tenía esa intención! nuestro duelo debe ser parejo, si ya estás cansada no tiene sentido.

  Maribel miró las gotas de sudor persistentes en la tez de Amara

  —Parece que no solo yo estaba haciendo ejercicio.

  —Pero ya reposé y tú no, así que siéntate y reposa.

  Maribel guardó silencio un momento. No sabía qué le pasó a la actitud tímida que Amara tenía en la caravana.

  —Está bien, gracias por la consideración.

  Se sentó en la sombra de un árbol que tenía muchos tocones de madera en su perímetro a modo de asiento, Aether la siguió.

  Los demás seguían adentro, entrenando.

  —Aww... es el peque?o Pedro, ?Cómo estuviste? —dijo Amara frotándole la cabeza.

  —Ya no soy Pedro, ese nombre no me gusta.

  —Ah verdad... me disculpo, aún no me acostumbro... —ella se retrajo.

  ?Ahora parece volver a la normalidad... ?Acaso tiene algún drama con migo?? pensó Maribel.

  —Es que... la carta me llegó recién, así que... aún te llamo por otro nombre, por costumbre.

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  Aether negó la cabeza.

  —Solo tengo un nombre.

  —Amara —llamó Maribel— ?Qué hacías esperándome en las escaleras?— su tono de voz era como si lanzara un salva vidas.

  Amara apuntó a los ancianos de la secta, quienes se retiraban.

  —?Acaso esperas que te deje con ellos? Sabía que simplemente se irían, solo les instruyeron traerte al patio interno, no que te den instrucciones... o que no te saquen luego.

  —Uh... Escuché una actitud similar del líder de la secta—

  Amara corrió a tapar la boca de su amiga. Viendo que no había reacción de los ancianos, se encogió de hombros.

  —Así parecen llevar la política, cada lugar a su manera supongo —repentinamente su voz se volvió seria— más importante aún... ?Eso que dijiste es verdad?

  —Eso...

  Maribel prefería no hablar de tales asuntos delante de Aether, pero es verdad que el ni?o siempre terminaba escuchando las conversaciones, incluso si ella no quería.

  —Bueno, si. En resumen, la guerra está causándonos problemas y, estoy segura que el Rey está cazando una secta demoniaca, pero por algún motivo no lo quiere dar a conocer. Claramente esa secta está hecha por hombres bestia.

  Amara reflexionó un momento, luego se decidió y dijo.

  —Maribel, debo preguntarte una cosas ?Cómo lo sabes?

  —Bueno, es porque Aether me lo dijo. él estaba cautivo en esa secta por culpa de su padre, antes de escapar y encontrarme.

  La expresión de Amara se quedó en blanco por tres segundos, antes de que repentinamente una sonrisa enorme se formara.

  —?No me lo puedo creer! realmente... es como si tu peque?o fuera un héroe de las leyendas, en el futuro tal vez lo vea peleando contra los demonios por motivos personales y llegando hasta la sima del cultivo en unos pocos siglos! —Amara guardó silencio un momento, fantaseando.

  Entonces una incongruencia llegó a su mente.

  ?Dijo que fue antes de encontrarla.?

  Ella volteó bruscamente.

  —Espera... eso significa que... ?Maribel no es tu mamá?

  Aether casi salta de su asiento cuando la pregunta repentina llegó.

  —Ella... bueno... ella es como mi mamá.

  El tono de voz de Aether se volvía triste a cada momento.

  Una sombra cubrió el rostro de Maribel.

  —Amara, cuida esa lengua.

  Un sensación extra?a pasó por el cuerpo de Amara, haciéndola sentarse involuntariamente.

  —Entiendo, me disculpo. Tendré más cuidado con mis comentarios...

  Se inclinó levemente.

  ?Es divertido estar con ella, mis emociones fluyen, pero parece que también habían desventajas... ?Que miedo!.?

  *Suspiro* —Está bien, creo que yo también me dejé llevar por mis emociones —admitió Maribel— Perdón por enojarme de más, es normal que tengas gustos en la vida.

  —Umu...

  Amara respiró profundo para calmarse.

  —No te preocupes, me lo gané por inmadura. Además si te enojaste estabas en tu derecho, toqué un nervio.

  Maribel se puso de pie.

  —De todas formas, vamos a donde sea que estén entrenando; si no venías tú, lo más seguro es que me perdía.

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