Clin, clin, clin.
El sonido de las espadas resonaba a media tarde en la sala de entrenamiento del patio interno. Dos mujeres cruzaban golpes mientras un hombre alto, de brazos gruesos y postura firme, las observaba con el ce?o ligeramente fruncido.
—Amara, tu postura está inestable porque te falta fuerza en las piernas. Dobla más las rodillas.—Elena, tú eres lo contrario: demasiado rígida. Tienes que dejar de tenerle miedo al arma.
—?Lo dices porque a ti no te apuntan con esa cosa! —refunfu?ó Elena.
—No —respondió el instructor con calma—. Te recuerdo que yo ya vi la muerte a los ojos. Así que hablo en serio: suelta ese miedo.
—?Te tengo! —gritó Amara al notar una distracción en la mirada de su compa?era. Pateó la pierna de Elena como si fuera una pelota de fútbol.—Y perdiste otra vez.
La sonrisa de Amara era descaradamente engreída.
—Felicidades, Amara. Ahora quita la espada de su cuello. La vas a traumar.—Además, ahora te toca hacer sparring con Richard —a?adió el instructor.
Amara parpadeó.
—…Bueno… de pronto me siento cansada. ?Debería tomar un descanso?
El instructor negó con la cabeza y formó unos sellos con las manos. Una barrera cayó de inmediato sobre la sala.
—No escaparás de esto. No vas a mejorar si no peleas contra alguien más fuerte.
Glup.
You might be reading a stolen copy. Visit Royal Road for the authentic version.
Un anciano se acercó, aunque nadie más lo escuchó: la barrera sellaba todo sonido. Aun así, el instructor recibió el mensaje.
—Amara —dijo—. Parece que una amiga tuya te mandó una solicitud de encuentro.
—?Eh? —Una sonrisa se formó de inmediato en su rostro—. ?Será al fin el momento? Seguro se siente segura de sí misma después de convivir con esos debiluchos. Jajaja… pero le ense?aré mi nuevo poder. Ya no soy la chica a la que había que proteger.
El instructor arqueó una ceja.
—Qué bueno es ser joven. Puedes decir eso con la cara muy en alto… justo después de huir de tu pelea actual.
—Eso es distinto —dijo Amara inflando las mejillas—. Ahora estoy cansada.
—Cuando tengas que enfrentarte a tu enemigo, eso es lo que menos le importará —bufó el instructor—. Léelo y decide qué hacer.
Amara tomó el mensaje y lo revisó con calma.
—En pocas palabras… —dijo finalmente— quiere que la ayude a contactar a sus examinadores. Al parecer uno le dio un permiso especial para quedarse hasta que el líder de la secta confirme el ingreso de un protegido suyo: un lobezno.—Su sonrisa se ensanchó—. Pero lo más importante es que… me deberá un favor. Así que pienso retarla a un duelo.
El instructor la miró de reojo, serio.
—Espero que esa amiga tuya sea de confianza. Si el reto es formal y te gana, tendrá derecho a competir por tu puesto como discípula interna.
—No te preocupes, instructor. Confío en ganarle. Además, ya estoy cerca del nivel de Fundación. Cuando estábamos afuera, ella podía manipular qi, así que supongo que estaba en Fundación… pero no parecía alguien que supiera pelear.
—Tu orgullo es preocupante —murmuró el instructor—. Muy bien. El encuentro puede ser ma?ana.
—No, debe ser ahora. Descansaré mientras ella viene.
Maribel se encontraba otra vez frente a las escaleras. Era sorprendente la velocidad a la que viajaban esos mensajes… o quizá lo sorprendente era la velocidad de los mensajeros, que podían correr casi a cien kilómetros por hora.
—Pensar que cuando estaba a medio camino de volver, nos llamarían de regreso —murmuró Maribel.
—Ya me cansé de caminar —Aether hizo un puchero.
Así que, en los próximos minutos, Maribel terminó cargando al lobezno en su espalda, mientras los ancianos pasaban a su costado volando sobre sus espadas. A ella, por supuesto, no pensaban llevarla.
Media hora de caminata después, una sonrisa de oreja a oreja la esperaba en lo alto de las escaleras: una joven de dieciocho a?os, radiante de entusiasmo.
—?Te estaba esperando!

