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Petición de encuentro (I)

  ?Bastardo, chaparro, insolente, embustero, abusivo, ladrón.?

  Maribel caminaba escupiendo veneno por la boca, como si al decirlo en voz alta el otro pudiera intoxicarse. Ese otro, por supuesto, era el enano.

  ?Intenté negociar un precio aceptable, pero en su corazón solo pensaba en cómo timarme. El sinvergüenza solo sabe subir el precio diciendo que el anterior era bajo.?

  El rostro de Maribel se puso rojo.

  Aether la miró, decepcionado.

  —?Entonces no tendré guantes?

  —No te preocupes, compraremos guantes en otro lugar —Maribel pensó un momento antes de a?adir—. También compraré unos para mí.

  ?Tal vez eso calme su admiración por las espadas?, pensó para sí misma.

  El ni?o asintió.

  Caminaron por el mercado, donde los adoquines cubrían el suelo y las construcciones de pizarra se levantaban bajo techos de tejas. Era un lugar bullicioso, desordenado y vibrante, pero incluso así se sentía más elevado que muchos distritos lujosos de su viejo mundo. Como un destino turístico donde uno gastaría todo el dinero por unas vacaciones.

  —Así que… ?guantes?

  El hombre que atendía el puesto la miró con expresión de “?Tienes mal el cerebro?”.

  —Sí, guantes. No tengo suficientes puntos para gastar en espadas.

  —Oh… —el hombre pareció entender—. Eso tiene sentido. Realmente es raro encontrar a alguien que lo admita directamente.

  Sacó un par de guantes de cuero.

  Maribel notó que era cuero, sí, pero distinto del que conocía. Compararlos era como poner carbón junto a un diamante.

  —Solo para que estés bien informada —dijo el vendedor—, estos son los más baratos. Suelen comprarse por siete puntos de contribución.

  —… Eso es un poco caro, pero aceptable.

  El hombre negó con la cabeza, esbozando una sonrisa ligera.

  —Todos dicen lo mismo al principio. Pero recuerda que estas bellezas no son guantes simples: aquí arriba todo es un lujo para los de afuera —alzó los guantes con una sonrisa profesional—. Este cuero es más duro que la madera, más resistente al rayado que el vidrio y no pesa aunque se moje.

  Maribel se sorprendió. A veces olvidaba dónde estaba.

  ?Este lugar parece atrasado en arquitectura… pero es solo una fachada. ??Qué clase de tecnología es esta?!?

  —Entiendo. Me llevo un par para mí y un par más peque?o para ni?os.

  Frente a Maribel se encontraba una mujer con la piel de un color y textura incómodos de ver… Si pudiera elegir, no volvería jamás, pero no tenía otro lugar al que acudir.

  —?Oh? Alguien de verdad vino… Eh… eres tú otra vez.

  La mujer parecía entre sorprendida y decepcionada. Quizá esperaba una cara nueva.

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  —Ajem… h-hola. Vine a hacer una pregunta.

  La recepcionista rodó los ojos.

  —Ese es el único motivo por el que vendrías, después de todo…

  Repentinamente cambió de actitud y pareció interesarse.

  —?Cómo te ha ido estos meses?

  —…

  Maribel estaba confundida.

  ??Qué le pasa a su personalidad? ?Está demente??

  —Bueno, supongo que me fue bien —respondió—. O al menos, me va como a todos.

  —Jeh… entonces te va mal, ?eh?

  —?Mmm?

  Maribel sintió que algo no encajaba.

  —?Acaso está pasando algo?

  La mujer la miró sorprendida.

  —Pensándolo bien, no es raro que no lo hayas escuchado. No eres de aquí, ni tienes amistades —miró de reojo a Aether—. Además… con ese ni?o a tus espaldas, dudo que alguien se te acerque.

  Maribel la miró con severidad.

  La mujer se incomodó.

  —Dime qué está pasando.

  Suspiró.

  —Las cosas afuera están tensas. Podría ponerse muy malo…

  —?Por qué? Pensé que a nosotros no nos afectaría tanto como a los de afuera.

  —Jejeje… eso parece, ?no? Pero recuerda que casi todos los de la secta exterior tienen conexiones con gente de la ciudad.

  Maribel levantó una ceja.

  La recepcionista se reclinó en la silla.

  —Las cosas en la ciudad están cambiando. Hace un mes comenzó un reclutamiento masivo para el ejército. En todo el Reino miles de jóvenes de 12 a 20 a?os están siendo llevados por la fuerza. Así que muchas familias exigen que las sectas tomen acción en la cacería de los semihumanos.

  —?En qué afecta eso a la secta? —preguntó Maribel, confundida.

  La recepcionista la miró como si mirara a una tonta. Abrió un cajón, se sirvió un vaso de agua y, tras beber, explicó:

  —Los del patio exterior también tienen familias afuera. Aquí, cada uno es como mínimo un mago iniciado o ha cultivado un hilo de qi. También ejercen presión interna.

  Maribel arrugó las cejas.

  —?Cuál es la postura de los de arriba?

  La mujer se encogió de hombros.

  —Lo de siempre: no piensan actuar. Entiendo que no quieran meterse en estos asuntos; después de todo, es cosa del Rey y su obsesión.

  —?Corren rumores afuera? —preguntó Maribel.

  —Solo que el Rey oculta algo. Nada confirmado… Muchos dicen que solo quiere salvar las apariencias.

  —?Salvar… dijiste salvar las apariencias? ?Alguien al mando de tanta gente hace esto por su reputación? —Maribel soltó una risa seca—. Ja… ?por qué no me sorprende?

  La recepcionista levantó una ceja, pero continuó.

  —Sea como sea, no podemos hacer nada —sonrió con diversión—. Si fuera tú, buscaría dónde ocultar mejor a ese ni?o. Corren rumores de que muchos semihumanos están desapareciendo. —Negó con decepción—. Por los dioses… incluso un enano y un elfo herrero empezaron a trabajar juntos para salvarse el trasero.

  Maribel pensó en silencio.

  —Dime, ?Cuándo regresará el líder de la secta?

  —?Ese tipo? Un vejestorio. Incluso si el cielo se le cae encima, no hará nada para resolver las controversias. Simplemente nos expulsará a todos y volverá a reclutar cuando esto acabe.

  Maribel se quedó fría.

  ??Así hablan del líder de toda esta organización??

  Suspiró, miró a Aether y admitió:

  —Unos examinadores me dijeron que tendría que verme con él, pero no pude comunicarme con nadie.

  La recepcionista la miró con extra?eza. Una sonrisa burlona se le escapó.

  —Con esas ropas te creo… jajajaja. Por los dioses… querida, ?de verdad pensaste que alguien te creería?

  Maribel entendió la burla. Ropas blancas simples, ya percudidas; sandalias negras. Sin adornos, sin nada que protegiera su piel del clima. Y aquellos agujeros en las orejas, último rastro de un adorno perdido, más signo de una noble caída que de una cultivadora elegante.

  —?Cuándo se abren los exámenes para subir a discípulo interno?

  —?Eso? Olvídalo. Solo llevas cuatro meses aquí. No te lo recomiendo —ironizó.

  —Solo dímelo. Tengo mis planes.

  La mujer entrecerró los ojos.

  —Bien, pero no me culpes si te golpean frente a tu crío. —Respiró—. Es en un a?o. Si todo va bien, podrás participar.

  Suspiro.

  —Gracias por la información. Tomaré acciones.

  Dijo Maribel mientras salía.

  —Es mi trabajo. Que te vaya bien.

  Afuera, Maribel fue directamente a las escalinatas del patio interno y solicitó una reunión con sus examinadores. Los guardias se la negaron.

  Todo era pacífico allí. Una serenidad que recordaba a los cementerios. Tal vez por eso olvidó lo que pasaba afuera. Eso, sumado a la imperturbable calma del sistema.

  ?No esperaba que esto avanzara así. Pensé que la monarquía tendría fuerza suficiente. Pero, con lo del padre de Aether… está claro que el Rey no está soltando la sopa.?

  —Si no me dejarán pasar, ?al menos puedo contactar a una discípula interna que conozco?

  —Eso puede hacerse mediante una solicitud formal.

  No dijeron más. Y aunque quería escribir una solicitud, no sabía cómo darle validez.

  Volvió a la biblioteca.

  —Por un demonio, lo que faltaba… ??Regresas dos veces en un día?! Tienes suerte de que hacer preguntas no consume visitas.

  Dijo la recepcionista al verla entrar de nuevo.

  —Bueno… necesito tu ayuda. Otra vez.

  Curiosamente, eso hizo que la mujer sonriera con una alegría genuina.

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