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La vida interna (III): Lo que no se ve, pero avanza.

  Durante los días siguientes, Aether no dejó pasar una sola vez que Maribel lo llamara “Pedro”.

  —Aether —corregía, con voz baja, sin enojo.

  Al principio ella se disculpaba; luego fruncía el ce?o; al final solo suspiraba. Le tomó una semana completa acostumbrarse.

  Aquella ma?ana, Maribel observó el rostro del lobezno mientras caminaban.

  Era frío, sereno… demasiado para alguien tan peque?o.

  —Ya veo —dijo finalmente—. La pasaste muy mal.

  Aether no respondió, pero tampoco lo negó.

  —Entiendo que no quieras relacionarte con ese hombre —continuó—. Y entiendo por qué dejaste ese nombre atrás.

  El ni?o asintió.

  Maribel levantó la mano con cuidado y le acarició la cabeza. El gesto fue lento, medido, como si temiera romper algo.

  Salieron de la residencia y comenzaron a caminar. Saludó a los pocos vecinos que encontraba; la mayoría desviaba la mirada al verla con un semihumano.

  —Hay algo que no entiendo —murmuró, mirando el cielo—. Dijeron que habría una reunión… ya pasó una semana.

  Aether alzó la vista.

  —?Nos van a sacar?

  —No —respondió ella sin dudar—. No por ahora.

  ?Pero mientras más se alarga, más me inquieta.?

  Entrecerró los ojos.

  ?No puedo estudiar.

  No puedo avanzar.

  Y no puedo seguir esperando.?

  Apretó los pu?os.

  ?La biblioteca es limitada… tres ingresos por semana. Sin libros ni copias para llevar.?

  Pasaron junto a una plataforma de piedra. Varios discípulos meditaban en círculos, tranquilos, inmóviles. Maribel apretó los dientes y siguió caminando.

  ?Mi cultivo no se mueve. O lo hace tan lento que duele. Y el cruzado doble… mis piernas se acalambran.?

  —?Estás enojada? —preguntó Aether.

  —Sí —admitió—. Bastante.

  —?Por qué?

  Stolen story; please report.

  Ella giró el rostro, evitando responder.

  —?Qué trabajos tomaremos hoy?

  —Los que no nos saquen de la secta —respondió—. Y que no pidan habilidades que no tengo.

  —Como ?cuáles?

  —Herrería, carpintería, botánica… —enumeró—. Lo que puedo hacer es limpiar calles, talar bambú, cazar animales.

  —Entonces… ?estamos mal?

  Maribel suspiró.

  —No tanto. El curso de canales de energía paga bien. Una sola asistencia equivale a varios días de trabajo.

  ?Aunque se burlen a escondidas? pensó.

  —Gano setenta puntos de contribución. Podemos vivir bien.

  Los ojos de Aether brillaron.

  ?Si la renta no existiera?, a?adió en silencio.

  —Estaremos bien —dijo en voz alta—. Sin lujos, pero bien.

  —Mientras comamos tres veces al día —respondió él—, está bien.

  Subieron a una zona alta de la monta?a, dentro del área segura. Era su lugar habitual.

  Allí meditaban y practicaban los movimientos que el sistema les había ense?ado: simples, contenidos, sin explosiones de energía. Quietud absoluta.

  Maribel apenas había cerrado los ojos cuando sintió una perturbación.

  Aether estaba emitiendo energía otra vez.

  ??Cuándo llegará esa reunión? Debo mostrarles a mi lobezno.?

  Se obligó a mantener la calma.

  Pasaron cuatro meses.

  De vez en cuando, Maribel sentía algo extra?o en el abdomen. Un salto breve. Luego nada. Lo ignoró. Hasta que ocurrió por cuarta vez.

  —Sistema —dijo con seriedad—. ?Puedes examinarme? Creo que tengo un parásito.

  La voz resonó en ambas mentes.

  ?Si crees que tienes un parásito, ?Por qué no te desparasitas??

  Maribel palideció.

  —?Aquí? Ni laxantes me atrevo a comprar. He visto lo que venden… —tragó saliva—. ?Y si es ácido?

  [Advertencia: se ha detectado una forma de vida no relacionada biológicamente con la anfitriona.]

  —?Lo sabía! —exclamó—. ?Es un helminto? ?Un protozoario? ?Un virus?

  [La naturaleza del ente es… espiritual.?

  La voz se volvió humana al final. Había diversión en ella.

  —Esto no es gracioso.

  Aether soltó una risita.

  La voz humana del sistema habló entre risas.

  ?Sistema, explícale.?

  [La anfitriona ha alcanzado su límite vital en cuatro ocasiones. En cada una obtuvo una habilidad sellada en el dantian. El sellado provoca los espasmos.]

  —?Selladas… por qué?

  [Porque serían perjudiciales para su progreso actual.]

  Maribel frunció el ce?o.

  —?Y la energía?

  [El creador del sistema ocultó tu emanación. Parecerás mortal.]

  —?Y si alguien me inspecciona?

  [Creerán que la anfitriona tiene el cultivo sellado.]

  Maribel miró a Aether. él observaba el horizonte, quieto.

  —?Y tú? —preguntó—. ?También ocultó tu cultivo?

  —No —respondió—. Todos lo verán. Pero cuando sea fuerte… los débiles no me sentirán.

  Ella suspiró.

  —Supongo que así no buscarán pelear contigo.

  —Algún día tendremos que practicar —dijo él, sin mirarla.

  Maribel se rascó la cabeza, incómoda.

  Los sonidos de combates resonaban a lo lejos. Temblaban las monta?as, y con ellas los corazones.

  —Si los de arriba pelean, los de abajo siguen —murmuró—. Por eso existen los duelos clasificatorios.

  ?Esto es una élite militar, no un monasterio.?

  Sonrió levemente.

  ?Quizá empezar abajo no sea tan malo.?

  Se sentaron junto al río. Los peces nadaban: algunos grandes, otros peque?os.

  —Aether —dijo—. ?Qué crees que significa “las cosas crecen para adentro”?

  él se encogió de hombros.

  —Papá dice que lo entenderé cuando esté listo.

  —?Papá?

  —Así le digo. No entiendo su nombre.

  Maribel parpadeó.

  ?Este ni?o…?

  —?Crees que se refiere al crecimiento interno?

  —No sé —respondió—. Tal vez… primero hay que mirar cómo crecen las cosas por fuera.

  Ella lo observó en silencio.

  —Yo soy más grande que tú —dijo—. No solo por fuera. Mis órganos también lo son. Viví más a?os.

  Aether frunció el ce?o.

  —Pero no se ve.

  —Exacto.

  Pensó un momento.

  —Hay órganos del cuerpo que tardan en terminar de madurar —continuó—. Cosas que no se notan, pero cambian cómo piensas.

  El ni?o miró el agua.

  Maribel se quedó quieta.

  El sistema no envió ninguna notificación.

  —Sin anuncios... parece que eso tampoco era.

  Maribel se quedó mirando el agua, preguntándose cuántas cosas podían avanzar sin que nadie las anunciara.

  El río seguía su curso, ella no.

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