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La vida interna (II): Aether — Más Allá Del Cielo.

  Maribel tocó su monedero. No era como si tuviera mucho dinero para empezar, pero ahora estaba vacío.

  Suspiró.

  ?La secta nos arrebata el dinero antes de entrar. Al menos tengo algunos puntos de contribución…?

  Sonrió con ironía.

  ?Dinero para negocios externos, cambiado por dinero para negocios internos. La secta nos cambia dinero real por impresiones de papel… al menos aquí dentro sirve.?

  Pedro olfateó con fuerza; su nariz no buscaba olores.

  Maribel se movió incómoda. La ropa se sentía un poco pegajosa.

  Miró a un costado. Un hombre pasó cargando tres troncos sobre un hombro.

  ?Este lugar dista mucho del monasterio de paz que esperaba tras salir de Puerta de Sal.?

  Siguió el camino del hombre hasta cierto punto. él se detuvo en el mercado; ella lo dejó atrás y llegó a un puesto con un letrero: Aventuras.

  Maribel ladeó la cabeza.

  —Están locos —murmuró—. O tal vez, para los grandes y poderosos, esto es como salir a jugar al patio trasero: una aventura de ni?os.

  Entró.

  Se acercó a un tablón y observó las letras desconocidas.

  ?Sistema, ?me ayudarías a leer??

  Ante sus ojos, la imagen cambió.

  [Cazar un oso][Cazar un alce de astas negras][Conseguir un pez de cola dorada][Encontrar una hierba de hojas secas que gotean…]

  ??De verdad escribieron eso último?… ?Qué más hay??

  Regresó la vista a los anuncios.

  ?Limpiar el jardín de… no, ese no… este tampoco… Apoyar en las prácticas del curso médico de los discípulos internos…?

  Vio una oportunidad. Si existía la medicina en este mundo, entonces algo debían servir sus conocimientos actuales… ?verdad?

  Evaluó sus opciones.

  Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings.

  ?Las otras peticiones son de entrenamiento con armas… deberían pedírselas a un instructor. Yo no voy.?

  Tomó el anuncio y fue a reclamarlo.

  La recepcionista la miró de reojo.

  —?Segura?

  Maribel asintió.

  —Necesitas tener canales de energía.

  —Puedo encargarme.

  La mujer entrecerró los ojos.

  —No desprendes energía. Si fallas al tomar una misión claramente fuera de tus capacidades, serás multada por afectar a otros.

  Maribel volvió a asentir.

  La mujer leyó el encargo en voz alta.

  —Apoyo en curso de anatomía comparada. Se busca comprender el fortalecimiento del cuerpo mediante los distintos canales de energía.

  Un sello resonó desde el interior.

  Intercambiaron documentos.

  Maribel recibió el encargo a su nombre.

  —Siguiente.

  Regresó a su habitación junto a Pedro. En el camino, las miradas de lástima no se ocultaban al verla con un ni?o, un semi humano entre todas las cosas.

  La residencia asignada era de baja calidad, aunque para sus estándares actuales era una bendición: una cama de algodón y almohadas del mismo material.

  Pedro sonrió con un palillo en la mano.

  —Qué genial… nos dan comida ya cocinada.

  Maribel sonrió levemente.

  ?Para mí es un alivio no tener que usar más hojas enrolladas.?

  Revisó sus pertenencias. A primera vista, no parecían muy útiles.

  Sonrió con ironía.

  ?Esto sí que es mágico… ?Quién diría que un trozo de algodón podría absorber casi tres cuartos de litro? Podría detener una hemorragia con esto. Aunque… no repondría la sangre.?

  Se aseó y se preparó con la mejor ropa que tenía.

  Al llegar, se sorprendió.

  —?Cómo que no puedo entrar?

  Los guardias la observaron de arriba abajo.

  —Cómprate una kasaya o un hanfu.

  Abrió la boca, sorprendida.

  Minutos después estaba de nuevo en Aventuras.

  —?Tú otra vez?

  —Quiero estos tres encargos.

  —?Y el anterior?

  —No me dejaron entrar sin uniforme. Voy a comprarlo.

  La recepcionista infló las mejillas y se dio la vuelta.

  Un momento después regresó con expresión neutra y le pasó los documentos.

  En la clase, el anciano de la secta la hizo pasar.

  —Justo a tiempo. Ponte en el centro.

  Los discípulos la rodearon. Era poco más que un maniquí.

  El anciano pasó una piedra espiritual que reflejó sus canales de energía. Maribel apretó los dientes; era incómodo.

  Las personas contuvieron el aliento.

  El anciano casi dejó caer el instrumento.

  La miró como se mira a alguien desgraciado.

  —Tuviste mala suerte, muchacha. Pero aún puedes empezar de cero.

  El enredo de su raíz espiritual se iluminó.

  Miradas de burla y desprecio se clavaron en ella.

  Al finalizar, el anciano se acercó.

  —Entrega esto a la recepcionista —dijo, colocando una tablilla en su mano.

  Maribel se inclinó y se retiró.

  Al salir, leyó.

  [Traducción: Puesto permanente.]

  [Advertencia: Se recomienda leer la letra peque?a.]

  Frunció el ce?o.

  ?Así que no debo reiniciar mi cultivo… viejo hipócrita.?

  Esa noche, Maribel y Pedro se preparaban para dormir.

  —?Maribel? —la llamó.

  —Aquí estoy. Dime.

  Dudó.

  —Quiero otro nombre.

  Ella pensó un momento.

  —?Tienes alguno en mente?

  Negó con la cabeza.

  —No quiero ser las u?as de mi padre. él mataba gente con eso. Me da miedo.

  —Tú no serás como él.

  Pedro negó.

  —Quiero otro nombre.

  —De acuerdo. Pensemos juntos.

  Pasaron las horas. Justo antes de dormir, a Maribel se le ocurrió uno.

  —Aether —dijo—. Como la luz de los dioses y el espacio más allá del cielo.

  —?Más allá del cielo? —preguntó él, mirando la luna.

  —Sí. Más allá del cielo.

  Sonrió.

  —Me gusta… más allá del cielo. Más allá de la luna.

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