Kael llevaba rato mirando de reojo a su compa?ero de al lado.semblante serio y un silencio que imponĂa. Sin embargo, Kael notaba algo que los demás parecĂan ignorar: una sombra que lo rodeaba constantemente. Una silueta peque?a, como la de una ni?a que lo seguĂa a todas partes. El misterio lo intrigaba, pero decidiĂł no acercarse todavĂa; preferĂa observar y confirmar quĂ© era esa presencia.
Justo en ese momento, la voz firme de zolat interrumpiĂł el silencio de la clase:
—Bien. Ahora que son cuatro en este salĂłn, podemos comenzar. —Su mirada era dura, pero sus palabras no buscaban ense?ar teorĂa—. AquĂ no vienen a aprender lo que ya saben. Vienen a convertirse en la mejor versiĂłn de ustedes mismos, porque todos estamos aquĂ con un mismo propĂłsito: acabar con el enemigo que nos quitĂł todo.
Los estudiantes guardaron silencio, procesando esas palabras. Zolat dio un paso al frente y se?aló con su bastón metálico.
—Su entrenamiento será simple: aprender a usar sus poderes de la mejor manera, mejorar cada dĂa y superar sus lĂmites. Nada más. Y para eso, necesitarán un compa?ero.
El ambiente se tensĂł de inmediato. Una chica, Kira, tragĂł saliva con nerviosismo. Todos sabĂan que era torpe y que apenas podĂa controlar su poder, por lo que el miedo a ser rechazada se dibujaba en sus ojos.
Su presentimiento se cumpliĂł: su compa?ero de asiento, eisvard con una mirada helada, se levantĂł lentamente y dijo con frialdad:
—Lo siento, pero yo busco ser fuerte. No lo lograré contigo. —Se alejó sin remordimiento y fue a sentarse junto a Noli.
Kira bajĂł la cabeza con vergĂĽenza, mientras Kael lo miraba con enojo. El chico helado sonriĂł con arrogancia.
—Suerte, Kael. Veamos cómo te las arreglas con ella.
Zolat, sin cambiar su tono, interrumpiĂł:
—Ya basta, Eisvard. —El nombre resonĂł con fuerza. “Eisvard”: el portador del frĂo, del hielo, con un aura tan cortante como su poder.
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Kael suspirĂł y se encogiĂł de hombros.
—Bueno, supongo que me tocĂł a mĂ. —MirĂł a Kira y le sonriĂł con calma—. No te preocupes, lo resolveremos juntos.
Los ojos de Kira se iluminaron un poco al escuchar esas palabras, aunque todavĂa la duda pesaba en su corazĂłn.
Zolat continuĂł con voz solemne:
—Ya todos tienen compa?ero. Ahora, los llevaré a la sala de entrenamiento especial. Ahà podrán liberar su poder sin miedo. Nada en ese lugar puede ser destruido.
La emociĂłn, y tambiĂ©n el temor, recorriĂł a los cuatro estudiantes mientras lo seguĂan.
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Muy lejos de ahĂ…
En lo profundo de la monta?a, Nymeria respiraba con cansancio. Tras semanas de esfuerzo, finalmente habĂa terminado casi todo el dise?o del Mech-X. Era un arma para el futuro, algo que podrĂa cambiar el destino de sus nietos.
Se dejĂł caer en una silla, mirando el techo, pensando en los chicos. Especialmente en Lyra y Kaelion. Una sonrisa melancĂłlica se dibujĂł en su rostro.
—Quizás ma?ana vaya con ellos. No están solos… pero quiero que me sientan cerca. Ya no estoy hecha para la soledad.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un estruendo ensordecedor. La monta?a temblĂł violentamente. La alarma resonĂł en todos los pasillos. Nymeria corriĂł hacia el exterior, y al asomarse desde lo alto, vio dos robots colosales que pisoteaban el suelo como si fueran gigantes de acero.
El emblema del Nexo brillaba en sus pechos.
—No… vinieron por mĂ. —murmurĂł con furia contenida.
SaltĂł hacia abajo y cargĂł contra uno de ellos, liberando su poder ghoul. El impacto fue brutal, pero para su sorpresa, el robot permaneciĂł intacto. Un campo de fuerza antiguo lo protegĂa. No era cualquier energĂa… era un campo ghoul ancestral, perdidi desde hacĂa eras.
El golpe de uno de los robots la envió contra el suelo con violencia, arrancándole sangre de la boca.
—Tch… esto es peor de lo que pensé…
Los robots siguieron destruyendo la monta?a, cada paso derrumbaba estructuras enteras. El laboratorio temblaba, el Mech-X corrĂa peligro de ser enterrado.
Nymeria, con la respiraciĂłn entrecortada, entendiĂł que no tenĂa a nadie cerca. Kaelion y Lyra estaban con Zharet, Kael estaba con zolat, y ella estaba sola.
—No puedo perder… no ahora… —se dijo a sà misma, con el pulso acelerado.
De repente, una idea temeraria cruzĂł su mente. Algo que habĂa jurado no hacer por el costo que implicaba.
—Puedo… clonar… más… —su voz temblaba.
Sus manos comenzaron a moverse formando sellos complejos. Primero uno, luego dos, luego cuatro clones aparecieron. El sudor le corrĂa por la frente. La nariz comenzĂł a sangrar. No se detuvo.
—Cinco… diez… quince…
Su cuerpo gritaba que se detuviera, pero Nymeria no escuchaba. Su visiĂłn se nublaba, pero su voluntad era inquebrantable.
—?Veinte!
La sala de trabajo se llenĂł de veinte copias suyas, todas tomando herramientas y piezas al mismo tiempo. La verdadera Nymeria cayĂł de rodillas, pero se obligĂł a levantarse con una sonrisa.
—Terminaré este Mech… aunque me cueste la vida.
Y con ese juramento, las veinte manos de Nymeria comenzaron a trabajar frenĂ©ticamente, luchando contra el tiempo mientras los robots del Nexo seguĂan destruyendo todo.
El capĂtulo termina con la imagen de Nymeria sangrando, rodeada de sus clones, con el Mech iluminado en azul mientras toma forma definitiva.

