La noche caía sobre el inmenso campo de entrenamiento. Las estrellas iluminaban débilmente el cielo, mientras Lyra y Kaelion se desplomaban en el suelo, empapados en sudor, sus cuerpos temblando por el agotamiento. Cada respiración era un esfuerzo.
Zharet, de pie con los brazos cruzados, los observaba con una sonrisa divertida.
—Eso es todo por hoy —dijo con calma.
Lyra, aún jadeando, levantó apenas la cabeza, con los ojos llenos de molestia.
—??Eso es todo!? ?Llevamos entrenando desde que salió el sol!
Kaelion golpeó el suelo con el pu?o, riéndose entre dientes pero con un tono sarcástico.
—Si eso fue “todo”, entonces prefiero que nos mates de una vez, Zharet.
El maestro no respondió de inmediato. Caminó hasta quedar frente a ellos y se agachó, mirándolos directamente a los ojos.
—Si pueden quejarse, significa que aún tienen fuerzas. No han llegado a su límite.
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Ambos intentaron levantarse, pero el cuerpo simplemente no les respondía. Zharet los dejó descansar un momento más y luego chasqueó los dedos: de pronto, unas botellas de agua y comida ligera aparecieron frente a ellos.
—Coman, hidrátese. Ma?ana será peor.
Lyra bebió con ansias, mientras Kaelion apenas probó un poco antes de decir:
—Dime algo, Zharet. ?De verdad crees que seremos capaces de pelear contra Kael… si vuelve sin control?
Por primera vez, Zharet dejó de sonreír. Su expresión se volvió seria, incluso fría.
—Si no creen en ustedes mismos, no tienen nada que hacer en esta guerra. No se trata solo de Kael… el mundo entero se pondrá en sus hombros.
Lyra apretó con fuerza la botella, sus ojos se humedecieron un poco, pero luego se puso de pie tambaleante.
—Entonces… haré lo que sea. No me importa lo que me cueste, quiero ser más fuerte. Por Kael… y por todos.
Kaelion también se incorporó, apoyando una mano en su rodilla. Su voz sonó grave, pero firme.
—Yo también. No pienso quedarme atrás. Quiero volver a sentir ese fuego… esa emoción de pelear contra alguien que me obliga a darlo todo. Y si para eso tengo que convertirme en un monstruo de entrenamiento, lo haré.
Zharet sonrió nuevamente, pero esta vez con orgullo.
—Eso es lo que quería escuchar.
Con un gesto de la mano, levantó un muro de energía frente a ellos, un campo de entrenamiento especial que brillaba como una aurora.
—Hoy sobrevivieron a mi rutina. Ma?ana, aprenderán a superar sus propios límites.
Lyra y Kaelion se miraron, ambos exhaustos pero con una chispa renovada en los ojos. El camino apenas empezaba, pero ya sentían que, poco a poco, sus cuerpos y espíritus se estaban forjando en algo más grande.
La cámara se aleja, mostrando la inmensidad del campo y las siluetas de los dos jóvenes bajo la luz de la luna, mientras se escucha la voz de Zharet en eco:
—La fuerza no se mide en lo que logran cuando es fácil… sino en lo que se atreven a enfrentar cuando todo parece imposible.

