El aire estaba tan tenso que se podÃa sentir en la piel.
Frente a ellos, una puerta colosal se alzaba, oscura, frÃa, y cargada con el peso de todo lo que habÃan sufrido.
Más allá de ese portón se encontraba el Nexo, el corazón de la corrupción… el lugar donde todo comenzó.
Nymeria se adelantó unos pasos. Su mirada, firme pero cansada, se posó sobre el grupo.
SabÃa lo que cada uno sentÃa. Miedo. Rabia. Esperanza.
Aun asÃ, levantó la voz con fuerza.
—Hoy no somos simples guerreros. Somos el eco de todos los que cayeron… y la luz de los que aún viven.
—…
—?Asà que levanten la cabeza! ?Porque si el mundo va a arder, que arda sabiendo que peleamos hasta el final!
Un silencio poderoso se apoderó del lugar.
Kael respiró hondo, su mirada se cruzó con la de Kira, Eisvar, Noli y los demás.
Nadie dijo nada, pero todos pensaban lo mismo.
Ya no habÃa vuelta atrás.
Nymeria se giró hacia la puerta, su energÃa concentrándose en la palma de su mano.
—?Están listos? —preguntó con voz grave.
El eco de las respuestas resonó entre las paredes.
—?SÃ!
Nymeria sonrió apenas.
—Entonces… ?que caigan los muros del infierno!
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Con un rugido ensordecedor, lanzó su ataque.
El portón se quebró como si fuera de cristal, lanzando una onda de energÃa que levantó polvo, fuego y metal.
Y al otro lado… el horror los esperaba.
Miles de soldados humanos apuntaban sus armas.
El sonido del metal al cargarse fue lo único que se escuchó antes de que el cielo se llenara de balas y fuego.
—?Cubranse! —gritó Noli, Eisvar congelaba el aire, desviando los disparos.
Kael y Kira se lanzaron al frente, esquivando y contraatacando.
El suelo tembló bajo el impacto de los poderes combinados.
Una tormenta de energÃa, fuego y hielo cubrÃa el campo.
Los gritos, las explosiones, el sonido de espadas y disparos llenaron el aire.
Y entre todo ese caos, Kael avanzaba como un rayo, sus ojos ardiendo con determinación.
—?Vamos! —gritó—. ?Por todos los que perdimos!
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En el centro del Nexo, una alarma ensordecedora se activó.
Luces rojas ba?aron los pasillos metálicos.
Los tres comandantes se reunieron frente al núcleo del edificio, observando los monitores que mostraban la invasión.
—Asà que Nymeria decidió adelantarse… —dijo uno con voz seca, golpeando la mesa.
—Tch, siempre creyéndose especial —respondió otro, sonriendo con burla.
—No importa. Si ella quiere guerra, se la daremos.
Las tres figuras se miraron, y sin más palabras, salieron disparados hacia el campo de batalla.
El suelo tembló a su paso. La verdadera amenaza se acercaba.
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De vuelta afuera, el enfrentamiento se habÃa vuelto una masacre.
Las balas chocaban contra muros de hielo y ráfagas de energÃa.
Noli habÃa activado aun dominio de copia usando todos los poderes que a copiado.
Kira se movÃa con velocidad mortal, cada golpe suyo dejando cicatrices en el suelo.
Y Kael… Kael era el corazón del frente. Cada segundo su poder crecÃa.
Pero entonces, una explosión sacudió todo.
Del humo surgieron tres figuras imponentes, rodeadas de energÃa oscura.
Los Comandantes del Nexo habÃan llegado.
—?De verdad pensaron que podÃan ganar? —dijo el primero con una sonrisa cruel.
—Son apenas un pu?ado de ni?os contra un ejército de mil —rió el segundo.
—RÃndanse. Morir rápido será su única misericordia —a?adió el tercero.
Y en ese momento, las sombras se movieron detrás de los muros.
Un sonido metálico, amplificado por un altavoz, rompió el silencio.
—?Mil, dijiste? —una voz profunda resonó desde lo alto—.
—Creo que deberÃan actualizar sus datos.
Los comandantes miraron hacia arriba…
Y allà estaba zolat, de pie sobre el muro, con una sonrisa desafiante y un altavoz en la mano.
—?Les presento a sus nuevos invitados! —gritó—. ?Los estudiantes de ADAS!
De entre las sombras, cientos de figuras aparecieron.
Los uniformes de ADAS brillaban bajo la luz, cada uno portando armas, energÃa y determinación.
El suelo tembló bajo el grito conjunto:
—??POR LA LIBERTAD!!
Una ola de energÃa recorrió el campo.
Los Comandantes fruncieron el ce?o, por primera vez sintiendo un leve escalofrÃo.
Y mientras la guerra se desataba de verdad, en lo más kejanl del Nexo, Zharet observaba desde una monta?a.
Junto a él, una figura en penumbra habló en voz baja:
—todo va como lo habÃa dicho.
Zharet cerró los ojos.
—SÃ. La guerra… apenas comienza.

