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Pronto regresara.

  Dos días después de la batalla, la calma parecía haber regresado a la base. En la enfermería, Lyra abrió lentamente los ojos. El techo blanco y el sonido de una máquina cercana le recordaron dónde estaba. Intentó incorporarse, y aunque el dolor aún recorría su cuerpo, logró ponerse de pie.

  Su primer pensamiento fue Kaelion. Volteó a ver la cama a su lado y, para su sorpresa, ya no estaba. Su corazón se aceleró un instante, recordando aquel momento en el que él gritó de furia contra el ghoul. Ese grito… no era solo furia. Lyra lo había entendido: era un grito de soledad, de dolor y de un corazón pidiendo compa?ía. Esa verdad la sacudió más que las heridas.

  Después de una ducha rápida y con ropa limpia, salió de su habitación. Los pasillos estaban vacíos, demasiado silenciosos. “?Dónde está todo el mundo…?” pensó con desconfianza.

  Bajo la monta?a, en un taller oculto, Nymeria trabajaba intensamente. Chispas iluminaban el lugar y el sonido metálico resonaba en eco. Frente a ella se alzaba algo colosal: un mecha construido a partir del cuerpo del ghoul caído, combinado con la tecnología del Nexo y el motor del robot que Lumenox y Elyos habían traído. Era un arma, un titán de guerra destinado a acabar con los enemigos de una vez por todas.

  De pronto, Nymeria se detuvo. Había sentido la presencia de Lyra caminando por la base. El peligro era real: si llegaba hasta allí podría descubrir el mecha… o peor aún, el lugar donde Nymeria mantenía a Kael. Dejó las herramientas y salió apresurada, encontrándose de frente con Lyra.

  —Bienvenida a la vida —le dijo con tono burlón.

  Ambas no pudieron evitar soltar una carcajada que rompió la tensión del momento.

  —?Y los chicos? —preguntó Lyra.

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  —Kaelion está entrenando. Los mellizos… fui a dejarlos con sus padres. Debo aprovechar antes de que partan a la otra vida, junto con mi madre recién devuelta —respondió Nymeria con un dejo de nostalgia.

  Lyra asintió en silencio, mordiéndose los labios. Luego, con decisión, preguntó:

  —?Dónde puedo encontrar a Kaelion?

  Nymeria la observó un momento, como si dudara en revelarlo, pero finalmente se?aló al sur.

  —Baja la monta?a, sigue el camino de tierra unos kilómetros. Encontrarás la sala de entrenamiento.

  Lyra agradeció y partió sin perder tiempo.

  ---

  Un día antes…

  Kaelion abrió los ojos de golpe. La última imagen en su mente era Lyra en la cama, respirando débilmente. Ahora, al verla sana, un alivio extra?o recorrió su pecho.

  Se levantó. Su cuerpo ya estaba recuperado gracias a su sangre ghoul. Buscó a Nymeria y la encontró revisando una libreta. Apenas lo vio, ella la guardó con rapidez.

  —Buenos días, mi peque?o héroe —sonrió ella.

  Kaelion desvió la mirada, incómodo.

  —Gracias por salvarla —continuó Nymeria—. Apostaste todo de ti… como siempre.

  —No lo hice por ella —respondió Kaelion con frialdad—. Lo hice para que si Kael regresa… no la mate.

  Nymeria sabía que era mentira, pero no lo presionó. Simplemente le ofreció comida, y aunque el orgullo lo detenía, Kaelion aceptó.

  Más tarde, con el estómago lleno, anunció que se marchaba a entrenar. Nymeria lo dejó ir, pero en su mirada había preocupación.

  En el camino, Kaelion sintió un ardor recorrerle las venas. Se detuvo, apretándose el pecho. Una risa cruel resonó en su cabeza.

  —Soy yo —dijo el ghoul, su huésped oculto—. Tu cuerpo me pertenece. Voy a matar a todos.

  Kaelion gritó, resistiendo.

  —?Jamás tendrás el control!

  Pero la lucha fue brutal. Dolor recorrió cada fibra de su cuerpo hasta que perdió la conciencia.

  Cuando abrió los ojos… la escena era una pesadilla. Una familia de monta?eses yacía muerta frente a él. Sus manos estaban manchadas de sangre. El eco de la risa del ghoul llenó su mente.

  —Te lo advertí… yo mataré a todos.

  Kaelion cayó de rodillas, temblando, mientras una sombra se acercaba. Un anciano de mirada tranquila se detuvo frente a él. No parecía sorprendido por la masacre. Más bien, lo miró con compasión.

  —Necesitas ayuda, chico —dijo con voz firme.

  El brazo de Kaelion se movió contra su voluntad, atacando al anciano. Cerró los ojos, incapaz de detenerlo… pero al abrirlos, el viejo había esquivado con una agilidad imposible, incluso cortando un poco su brazo en el proceso.

  Sorprendido, Kaelion quedó paralizado.

  —Sígueme —ordenó el anciano con calma.

  Y mientras tanto, en la base, Nymeria continuaba ensamblando el mecha, el titán que más tarde Lyra casi descubriría.

  ---

  ?? Fin del capítulo.

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