Kaelion, tambaleante, llegó al helicóptero y depositó a Lyra en el interior. Su respiración era pesada, la sangre le bajaba por la frente y las manos le temblaban, pero aun así dio media vuelta.
—No puedo dejarlo solo… —murmuró.
Regresó al campo de batalla, donde Zharet lo esperaba, firme como una muralla. Al verlo llegar, el hijo de Nymeria solo pronunció unas palabras cortas:
—No parpadees, muchacho.
Un segundo después, Zharet desapareció de su vista.
El ghoul ancestral, desconcertado, giró la cabeza buscando a su oponente. Su mirada recorrió la caverna con furia, hasta que lo sintió… justo detrás de Kaelion.
Zharet inclinó un poco la cabeza, con una calma aterradora.
—Mira y aprende.
Kaelion ni siquiera logró cerrar los ojos. No lo vio moverse.
Cuando giró apenas la cabeza, Zharet ya no estaba en su posición.
El ghoul, confundido, miró hacia abajo… y entonces lo sintió.
A case of content theft: this narrative is not rightfully on Amazon; if you spot it, report the violation.
Su pierna izquierda ya no estaba. La había perdido sin siquiera notarlo.
El rugido de dolor sacudió la cueva. El monstruo tambaleó, apenas sosteniéndose, hasta que otro corte invisible lo atravesó: ahora le faltaba un brazo.
Kaelion se quedó paralizado. Nunca en su vida había presenciado una velocidad semejante.
El ghoul, con un ojo abierto por el horror, vio a Zharet frente a él. Tranquilo. Seguro. La katana descansaba aún en la funda.
Zharet sonrió con un dejo de ironía, inclinando apenas el rostro.
—Dulces sue?os, amigo.
El último destello que alcanzó a ver el ghoul fue el brillo mortal de la katana deslizándose, seguido de un corte limpio que apagó su rugido para siempre.
Kaelion no pudo decir una sola palabra. Ni un instante logró seguirle los movimientos.
Zharet, guardando la espada con un gesto natural, dijo sin drama ni orgullo:
—Ya es hora de marcharnos.
---
De regreso en la base…
Nymeria los recibió de inmediato. Al ver a Kaelion herido y a Lyra inconsciente, los llevó con prisa a la sala médica. Sus manos temblaban mientras curaba y conectaba equipos para estabilizarlos.
Solo cuando respiró tranquila, salió al pasillo, donde Zharet la esperaba.
—?Qué pasó? —preguntó con el ce?o fruncido.
—Nada serio. Solo me tardé un poco, pero al final los salvé. —Zharet contestó con una ligera burla en su voz.
Nymeria apretó los pu?os.
—?Si hubieras tardado un segundo más, ellos estarían muertos!
Zharet la miró sin molestarse. Para calmarla, se?aló hacia afuera.
—Te traje algo.
Nymeria lo siguió, saliendo de la base. Su respiración se detuvo un instante al ver el colosal cadáver del ghoul ancestral.
—?Por qué lo trajiste? —preguntó, sorprendida y tensa.
—Ni yo lo sé. Supuse que te serviría.
Ella estuvo a punto de ordenarle que lo tirara, pero entonces recordó algo. Se detuvo, reflexionó, y con una voz más baja dijo:
—Está bien… déjalo ahí.
Zharet, serio, respetó la decisión de su madre. Antes de irse, colocó sobre una mesa varios frascos. Nymeria abrió los ojos de par en par.
Tres frascos. Todos llenos de materia X.
él no dijo nada más. Era su manera de disculparse.
Nymeria lo observó marcharse, perdiéndose en la distancia, en busca de nuevos enemigos que derrotar. Luego bajó la mirada al gigantesco cuerpo ghoul y a los frascos brillantes.
—Sí… servirán para algo.
Y con esa sonrisa contenida, el capítulo cerró, con Zharet alejándose al horizonte y Nymeria planeando qué hacer con el cuerpo ancestral del ghoul.

