Los hermanos Elyos y Lumenox llegaron a la base arrastrando el cuerpo mecánico destrozado del robot del Nexo. El metal crujÃa, dejando un rastro de chispas al golpear el suelo.
—Esto no era un ataque cualquiera… —dijo Elyos, aún con la respiración agitada—. Estaba intentando infiltrarse desde abajo.
Nymeria los escuchaba en silencio, su mirada fija en los restos.
—?Infiltrarse… para qué? —murmuró, más para sà que para ellos.
Lumenox escupió a un lado, con fastidio.
—Sea lo que sea, ya no podrá hacerlo.
Nymeria asintió y, con voz firme, respondió:
—Han hecho un gran trabajo. Déjenmelo a mà ahora.
Con un gesto, ordenó que se llevaran al robot a una sala aislada. Pero ella misma decidió ocuparse personalmente.
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El secreto de Nymeria
En la sala oculta, una habitación tan grande que podÃa contener un edificio de 60 o 70 metros de altura, el cuerpo del robot fue colocado en el centro. Las luces tenues iluminaron los monitores que cubrÃan las paredes.
Nymeria conectó el cuerpo a una extra?a máquina que comenzó a extraer información del núcleo. Códigos, fragmentos de memoria y rutas de infiltración se proyectaron en el aire.
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Su rostro cambió al ver los datos.
El robot no buscaba destruir.
No buscaba información.
Buscaba un cuerpo.
Y no cualquier cuerpo.
El registro era claro: Kael.
El Nexo conocÃa el potencial oculto en él. QuerÃan robarlo, arrastrarlo hasta sus dominios y convertirlo en una máquina de guerra imparable.
Nymeria apretó los dientes, un brillo de ira y preocupación en sus ojos.
—Eso significa… que ellos nos están vigilando.
Su mente viajó a la comunicación interrumpida de Kaelion. La se?al cortada justo después de responder. Algo no estaba bien.
Aun asÃ, se tranquilizó un instante, recordando a quién habÃa enviado en esa misión.
—Mientras él los proteja… no deberÃan tener nada que temer.
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El combate imposible
En la grieta, la batalla contra el Ghoul ancestral se volvió un infierno. Lyra y Kaelion, cubiertos de polvo y sangre, atacaban con todo lo que les quedaba. Sus ataques apenas rozaban la dura piel del monstruo.
Lyra lanzó una llamarada gigantesca, su fuego envolviendo el torso del ghoul, pero apenas logró ennegrecer sus escamas. Kaelion cargó contra una de sus piernas, atravesándola con energÃa oscura, pero fue inútil.
Agotados, retrocedieron unos pasos.
De pronto, el ghoul se movió con una velocidad imposible para su tama?o y, con un golpe brutal de su garra, envió a Lyra volando. Su cuerpo se estrelló contra una roca, dejando un rastro de sangre.
—?Lyra! —gritó Kaelion, desesperado.
Su respiración se volvió errática, la ira y el dolor haciéndolo temblar.
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La tentación
Entonces, algo extra?o sucedió. El tiempo se detuvo. El viento quedó congelado, las piedras suspendidas en el aire. El mundo entero en silencio absoluto.
Solo Kaelion podÃa moverse. Y frente a él, el Ghoul ancestral lo miraba fijamente, sus ojos como brasas.
—Sangre de mi sangre… —retumbó una voz gutural—. No luches contra tu destino. Dentro de ti fluye el poder de los ghouls.
Kaelion abrió los ojos, confundido, pero al mismo tiempo sintió que algo dentro de él respondÃa, un fuego oscuro, una fuerza que pedÃa ser liberada.
—únete a mà —continuó el ghoul—. Conmigo alcanzarás un poder que los dioses mismos temerÃan.
—?Y qué debo hacer…? —preguntó Kaelion, su voz quebrada entre furia y curiosidad.
El monstruo sonrió, revelando colmillos imposibles.
—Demuestra tu lealtad. Toma mi sangre… y acaba con esa humana.
Ante él, una gota de sangre negra, incandescente, flotaba en el aire. Kaelion la tomó sin dudar. El lÃquido ardió en sus venas, expandiéndose como fuego lÃquido por todo su cuerpo. Su energÃa cambió, oscura, brutal, incontrolable.
El tiempo volvió a fluir. El rugido del ghoul llenó el aire.
Kaelion apareció frente a Lyra, su mirada ahora cubierta de un brillo carmesÃ. En su mano sostenÃa un arma hecha de pura sangre ardiente, temblando por la energÃa liberada.
Lyra, aún herida en el suelo, lo miró con incredulidad.
—K… Kaelion…
él apretó los dientes, con un gesto duro, y empujó el arma hacia ella.

