aire era sofocante.
Lyra y Kaelion lograron salir de la grieta, exhaustos, apenas sosteniéndose en pie. Kaelion tomó el comunicador y llamó a la base:
—Aquà Kaelion… misión cumplida… necesitamos extracción inmediata.
Un silencio incómodo respondió, seguido por interferencias y un chisporroteo metálico. La se?al se cortó de golpe.
Lyra abrió los ojos, nerviosa.
—?Kaelion? ?Qué pasa?
Antes de que él pudiera responder, el suelo entero comenzó a estremecerse.
Un estruendo, como el rugido de una monta?a quebrándose, sacudió la tierra.
El piso se agrietó bajo sus pies y, de pronto, se partió en mil pedazos.
Del abismo emergió una mano gigantesca, cubierta de escamas oscuras y garras afiladas como lanzas.
El humo lo cubrió todo… hasta disiparse lentamente.
Stolen novel; please report.
El despertar del Ghoul Ancestral
Cuando el polvo se despejó, Lyra y Kaelion quedaron paralizados. Frente a ellos, elevándose hasta los sesenta metros, se alzaba un Ghoul ancestral. Su piel era como piedra viva, su rostro un cráneo alargado, sus ojos vacÃos, brillando en rojo.
Un rugido desgarrador salió de sus fauces. La onda expansiva fue tan brutal que casi lanzó a los dos al vacÃo.
Kaelion apretó los dientes, sus cuernos brillando con energÃa oscura.
—Esto… no es un enemigo común.
Lyra, temblando, encendió sus llamas, que se extendieron alrededor de su espada mecánica.
—Entonces… ?no podemos retroceder!
Ambos liberaron su poder al máximo. El aire se distorsionó con fuego y energÃa oscura. Se preparaban para enfrentar algo que jamás debió despertar.
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Cambio de escena: Elyos y Lumenox
Mientras tanto, en la cueva oscura, los hermanos esquivaban ataques una y otra vez. El robot del Nexo era incansable. Sus golpes eran tan rápidos que apenas podÃan mantenerse de pie.
Elyos jadeaba, su forma humanoide brillando con energÃa acuática.
—No… podemos dejarlo avanzar… si llega a la base… ?será un desastre!
Lumenox, con sus llamas negras consumiendo el aire, respondió con una sonrisa salvaje.
—Entonces, acabemos con él.
Los dos intercambiaron una mirada. El plan no necesitaba palabras.
Elyos avanzó primero, esquivando un golpe colosal y subiendo por el brazo del robot. Con un rugido, lanzó un disparo directo al rostro metálico.
El robot se movió, intentando cubrirse.
Ese instante fue suficiente.
Lumenox saltó por encima de la máquina, girando en el aire y disparando dos veces a la cabeza, generando chispas. No era suficiente, lo sabÃa.
Al caer detrás del robot, sin perder el ritmo, colocó su arma contra la espalda del enemigo y disparó a quemarropa. El impacto hizo que el metal se agrietara, revelando el núcleo interno.
—?Elyos, ahora! —rugió Lumenox.
Elyos ya estaba preparado. Su arma brillaba, cargada al máximo. En un destello, disparó al núcleo desde atrás, perforando de lado a lado.
El robot tembló, soltó un rugido mecánico y finalmente se desplomó, reduciéndose a chatarra humeante.
Los dos quedaron jadeando, cubiertos de sudor y polvo. Elyos lo miró y, por primera vez en mucho tiempo, ambos sonrieron.
Ese dÃa, más que una victoria, nació algo nuevo.
Un lazo de hermandad, forjado en fuego y acero.
Cierre

