sala ardÃa y escarchaba al mismo tiempo. El choque entre el hielo de Lyra y la furia ardiente del Meca_X hacÃa vibrar el suelo, levantando chispas y fragmentos de roca. Cada golpe, cada destello, era un contraste de temperaturas.
—?No pienso caer aquÃ! —gritó Lyra, su lanza helada brillando con fuerza.
El Meca_X se lanzó con velocidad animal, su cuerpo metálico retorciéndose con movimientos imposibles para una máquina normal. Lyra lo enfrentó de frente, ambos liberando su poder. El choque fue brutal: una onda de energÃa tibia, mezcla de frÃo y calor, barrió la caverna como una explosión.
La tierra tembló.
El eco resonó hasta los túneles más profundos.
En un giro rápido, Lyra concentró todo su poder en un golpe final, descargando una ola helada que envolvió al robot. El impacto fue tan fuerte que lo mandó volando por el pasillo hasta perderse en la oscuridad.
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El encuentro con Kaelion
El sonido metálico rebotó en las paredes hasta que llegó al lugar donde Kaelion estaba.
él corrió, intentando detener la caÃda del Meca_X justo antes de que este se precipitara al gran agujero.
—?No! —gritó, extendiendo su mano.
Pero fue inútil.
El Meca_X cayó al vacÃo, tragado por la negrura.
Lyra llegó jadeando, confundida al ver lo que su primo intentó hacer.
—?Por qué…? ?Por qué querÃas detenerlo?
Kaelion, con el rostro serio y los cuernos brillando débilmente, respondió en seco:
—Porque ahora ya no importa el robot. Lo que está abajo… no debe despertarse.
Dicho eso, sin esperar explicaciones, dio media vuelta y comenzó a correr.
—?Tenemos que irnos ya!
Lyra, aturdida, lo siguió a rega?adientes, hasta que una corriente ardiente les golpeó por la espalda con tal fuerza que los lanzó al suelo.
Los dos se giraron a tiempo para ver cómo el cuerpo del Meca_X ascendÃa nuevamente, hecho pedazos, arrastrado hacia afuera por un aire abrasador. Las piezas destrozadas impactaron contra una pared con un estruendo aterrador.
El calor en la caverna aumentó de manera antinatural.
Lyra abrió los ojos, comprendiendo finalmente.
—Por eso… querÃas detenerlo… —susurró, viendo el agujero que ahora emanaba un resplandor carmesÃ.
Kaelion apretó los dientes, tomando a Lyra del brazo y obligándola a correr.
—Ya tenemos lo que buscábamos. ?Debemos marcharnos antes de que despierte!
Cierre
Los dos subieron apresurados por los túneles, con el eco de un rugido distante temblando en la profundidad. El capÃtulo terminó con el aire cada vez más caliente y el presentimiento claro de que algo monstruoso estaba a punto de abrir los ojos en el abismo.

