El calor del Punto Infernal golpeaba cada vez más fuerte, el aire quemaba en los pulmones y la sensaciĂłn de estar en el corazĂłn de un volcán vivo los hacĂa sudar y jadear.
Lyra y Kaelion se miraron en silencio. La decisiĂłn pesaba sobre ambos.
—Si nos quedamos juntos, tardaremos más… —murmuró Kaelion.
—Si nos separamos, uno de nosotros puede no volver… —respondió Lyra, con los ojos clavados en él.
El recuerdo de Kael atravesado, de pie con su espada levantada, aĂşn ardĂa en sus mentes.
Al final, Kaelion apretĂł los dientes y asintiĂł.
—Tendremos que arriesgarnos. —se dio la vuelta, ajustando el frasco vacĂo en su cinturĂłn—. Recolecta lo que puedas y vuelve.
—Lo mismo te digo, cabeza dura —respondiĂł Lyra, intentando sonreĂr antes de girar hacia otro tĂşnel.
La sala de Lyra
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Tras varios minutos de caminar por pasillos ardientes, Lyra llegĂł a una cámara extra?a. AllĂ, sobre una plataforma de piedra ennegrecida, un frasco lleno de Materia X pura brillaba con un fulgor siniestro.
El hallazgo era demasiado perfecto.
Ella frunciĂł el ce?o y dio un paso adelante. Fue entonces cuando lo escuchĂł.
CLANG… CLANG… CLANG.
Un sonido metálico resonó en la oscuridad. La sangre de Lyra se heló cuando una voz mecánica, distorsionada, cortó el aire:
> “Enemigo detectado.”
De las sombras emergiĂł un robot del Nexo, pero algo estaba mal. Sus ojos brillaban en un rojo viscoso, y partes de su armadura estaban cubiertas por venas negras que palpitaban como si estuvieran vivas.
La Materia X lo habĂa contaminado.
Ya no se movĂa como una máquina tosca, sino con la agilidad de una bestia salvaje. Cada paso era fluido, cada ataque tenĂa instinto.
Lyra apretĂł su lanza de hielo, sabiendo que estaba frente a algo mucho peor de lo que habĂan imaginado.
El hallazgo de Kaelion
Mientras tanto, en otro tĂşnel, Kaelion habĂa logrado recolectar varios fragmentos de Materia X. Su respiraciĂłn era pesada, pero sonriĂł con arrogancia.
—Con esto deberĂa bastar… aunque… —mirĂł el tĂşnel que descendĂa aĂşn más profundo—. Si bajo un poco más, podrĂa encontrar suficiente para asegurar que Nymeria cumpla su plan.
Ignorando la voz en su interior que le decĂa que era suficiente, bajĂł.
Fue entonces cuando llegĂł al borde de un enorme agujero, tan profundo que la luz de las brasas apenas revelaba su interior.
El aire que subĂa desde allĂ no era calor… era algo peor: una presencia.
Su piel se erizó. Sus instintos gritaban “corre”.
Kaelion dio un paso atrás, el sudor frĂo en su frente.
No era un agujero comĂşn. Algo estaba allĂ abajo. Algo que no debĂa despertar.
El capĂtulo terminĂł con Lyra encarando a la criatura robĂłtica poseĂda por la Materia X, y Kaelion paralizado ante la certeza de que en las profundidades del Punto Infernal se ocultaba un peligro mucho mayor que cualquier Leviathan

