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Llamas al borde del colapso

  Las ruinas ya no podían contener el choque. El techo se desplomó, los muros se hicieron a?icos y, en un estallido cegador, el combate entre Lyra y el Ghoul fue empujado hacia el exterior.

  El cielo nocturno se encendió con llamas rojas y brasas negras que se cruzaban como meteoros. Cada golpe hacía temblar la tierra, cada choque de sus poderes arrancaba fragmentos del suelo, levantando olas de fuego y polvo.

  Lyra respiraba con dificultad, su cuerpo entero emanaba calor como si estuviera a punto de arder desde adentro.

  Sus ojos brillaban con un fulgor abrasador, pero en su interior ya sentía lo inevitable: su fuerza no era infinita. El poder liberado por Nymeria quemaba no solo el aire a su alrededor, sino también su propia esencia.

  El Ghoul, por primera vez, dejó escapar un gru?ido de incomodidad.

  â€”Hmp… interesante… —sus palabras goteaban con una risa retorcida, pero en sus ojos ya no había calma, sino una ferocidad desencadenada—. Muy bien, ni?a… ya no te subestimaré.

  Y entonces luchó en serio.

  El Ghoul se lanzó contra ella con una velocidad que rompía el aire, sus brazos envueltos en llamas negras que desgarraban todo a su paso. Lyra apenas pudo responder, chocando su espada ardiente contra las garras del monstruo. El impacto creó una onda expansiva que arrasó con árboles cercanos, iluminando la noche como un segundo amanecer.

  Los dos se movían como sombras envueltas en fuego, ascendiendo y descendiendo, rompiendo el suelo con cada caída. El intercambio era tan violento que incluso los que observaban desde la distancia apenas podían seguirlos.

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  Pero el poder de Lyra crecía… y crecía. Cada herida, cada golpe recibido, encendía más su llama. Sus ojos parecían incendiarse con la herencia de Arkaelion, y su voluntad ardía más allá del dolor.

  Sin embargo, lo sentía.

  Cada instante desgarraba algo dentro de ella. Su tiempo con ese poder estaba llegando al límite.

  El Ghoul lo notó, y rió con locura.

  â€”?Tu fuego es glorioso, pero tu cuerpo no lo soportará!

  Lyra apretó la espada con ambas manos, jadeando.

  â€”Lo sé… por eso… ???voy a terminar esto ahora!!!

  Reuniendo cada chispa de poder que quedaba en su interior, Lyra saltó hacia adelante. El Ghoul la recibió con una llamarada oscura, un rugido ensordecedor. El choque fue tan brutal que la tierra se partió bajo sus pies, levantando una columna de luz roja y negra que se extendió hasta los cielos.

  Un último grito.

  Un último corte.

  La espada de Lyra atravesó la defensa del Ghoul, rasgando su cuerpo en un destello incandescente. El monstruo fue lanzado hacia atrás, derrapando por el suelo y dejando un rastro de brasas negras. Cayó de rodillas, con el pecho abierto y la respiración entrecortada.

  Lyra, al otro lado, cayó de rodillas también. Su espada se apagó, y apenas logró sostenerse con las manos clavadas en la tierra. Su cuerpo temblaba, drenado, al borde del colapso.

  El Ghoul tosió, su sonrisa torcida todavía pintada en su rostro.

  â€”Casi… me matas… —sus ojos ardían con algo más que dolor; una extra?a fascinación—. Eres digna… peque?a descendiente…

  Y con esas palabras, su figura se deshizo en brasas, desvaneciéndose en la oscuridad. No muerto. No vencido del todo. Pero herido… y, por primera vez, obligado a retirarse.

  El viento sopló, apagando las últimas llamas en el campo devastado.

  Lyra cayó de espaldas, con el cielo estrellado como único testigo de su sacrificio.

  Por ahora… el combate había terminado.

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