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La primera amiga

  La segunda jornada de fiesta comenzaba.

  Las risas, la mĂşsica y las luces de cristal iluminaban todo el reino. Entre danzas y mesas cargadas de manjares, los protagonistas fueron invitados a presentarse formalmente ante la Reina Serenya.

  Los tres jĂłvenes se arrodillaron con respeto.

  Kael, por primera vez dejando de lado las bromas, hablĂł con una seriedad que sorprendiĂł a todos:

  â€”Majestad… me alegra mucho que haya vuelto. Se nota que usted es una maravillosa reina.

  El silencio durĂł unos segundos. Lyra y Kaelion miraron a Kael como si no lo reconocieran. La Reina, conmovida, esbozĂł una sonrisa maternal.

  â€”Gracias, valiente muchacho —respondiĂł, con una voz tan suave que parecĂ­a arrullar al mar entero.

  Lyra hablĂł despuĂ©s, con su tono dulce pero sincero, agradeciendo por la calidez que irradiaba Serenya. Kaelion, algo más frĂ­o, se limitĂł a decir que entendĂ­a por quĂ© el reino la veneraba tanto… aunque sus ojos la admiraban con un brillo genuino.

  ---

  Serenya y Nymeria

  Luego de algunas palabras, Serenya pidiĂł estar a solas con Nymeria. Los chicos se retiraron a disfrutar de la fiesta, mientras las dos mujeres se quedaron en un rincĂłn apartado del castillo.

  La Reina inclinĂł ligeramente la cabeza.

  â€”Gracias, Nymeria… por traerme de vuelta. No sĂ© cĂłmo agradecer un regalo tan grande.

  Nymeria bajĂł la mirada, escondiendo un leve temblor en sus labios.

  â€”No hay problema. Solo hice… lo que alguna vez quise tener.

  Entonces, con calma, le explicĂł:

  â€”Pude revivirte porque tu alma seguĂ­a en la ballena. Tuviste suerte. Pero hay una condiciĂłn… morirás en el mismo instante en que lo haga el Rey. Ese es el precio del vĂ­nculo que ahora los une.

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  Serenya no se asustĂł. Solo cerrĂł los ojos y asintiĂł, aceptando su destino.

  Con dulzura, colocĂł una mano sobre el hombro de Nymeria y le dijo:

  â€”Ahora… puedes sacarlo. No lo guardes más.

  Nymeria se quedĂł helada.

  â€”?Sacarlo?

  â€”Esa tristeza que cargas… puedo sentirla. Son siglos de dolor. Nadie puede vivir con ese peso eternamente.

  Los ojos de Nymeria comenzaron a humedecerse.

  â€”Yo… solo me gustarĂ­a volver a hablar con Ă©l… con el Ăşnico hombre que amĂ©. Pero ya es tarde. Los a?os pasaron.

  Serenya la abrazĂł con ternura.

  â€”Entonces… compartimos la misma herida.

  Las lágrimas de Nymeria cayeron en silencio, por primera vez en mucho tiempo.

  ---

  Kaelion y el misterioso guerrero

  Mientras tanto, Kaelion se habĂ­a alejado de la fiesta, buscando algo de tranquilidad. Caminando sin rumbo, encontrĂł un gran salĂłn de entrenamiento.

  AllĂ­, en penumbra, habĂ­a un hombre entrenando solo.

  El sujeto estaba frente a un maniquĂ­ de madera. Kaelion lo observaba desde lejos, curioso… hasta que, en un parpadeo, el maniquĂ­ fue cortado en dos.

  Kaelion abriĂł los ojos, sorprendido.

  â€”??Pero quĂ© demonios…?!

  De pronto, una voz grave hablĂł detrás de Ă©l:

  â€”?QuĂ© haces aquĂ­, chico?

  Kaelion se girĂł de golpe. El sujeto estaba allĂ­ arriba, sobre una viga, observándolo como un depredador… y lo inquietante era que no habĂ­a sombra ni luz para justificar su movimiento.

  Con un ligero sobresalto, Kaelion bajĂł la vista y dijo con calma forzada:

  â€”Solo… estaba de paso.

  El hombre lo mirĂł en silencio, y aunque no dijo nada más, sus ojos parecĂ­an atravesarlo.

  ---

  Nymeria termina llorando en brazos de Serenya, mientras afuera todo el reino celebraba con mĂşsica y alegrĂ­a… y en las sombras,algo mas sucedia.

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