El castillo entero estaba en silencio.
Los protagonistas aún tenÃan lágrimas en los ojos tras el reencuentro Ãntimo, y el Rey de Atlantis apenas podÃa creer que la silueta frente a él fuese real.
—?Eres… tú? —susurró con la voz quebrada, temblando mientras sus ojos se humedecÃan.
La mujer frente a él, ahora en cuerpo humano, tan bella y radiante como anta?o, sonrió con una dulzura que parecÃa iluminar todo el salón.
—He vuelto, mi amado… he vuelto, familia.
El silencio fue roto por un gemido ahogado. Elyos cayó de rodillas, lágrimas cayendo como cascadas. Lumenox, que nunca habÃa conocido ese rostro, se quedó paralizado, entre miedo y ternura. Y el Rey… el Rey no pudo más: corrió hacia ella y la abrazó, temblando como un ni?o.
—?Serenya! —gritó, con voz llena de amor y desgarro.
Ella lo sostuvo entre sus brazos, y por primera vez en décadas, todo el peso de la soledad del monarca desapareció.
Nymeria observaba desde el fondo, con un leve orgullo y una sombra de melancolÃa. Su corazón recordaba al hombre que una vez amó, y aunque intentó ocultarlo, sus ojos brillaban con nostalgia.
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El anuncio al reino
El Rey salió con su esposa tomada de la mano. La música y la risa de la celebración se detuvieron al instante. Todos los atlantes callaron, viendo la radiante figura de su Reina perdida hacÃa tantos a?os.
—?Habitantes del reino! —la voz del Rey retumbó como nunca, poderosa y alegre—. Me complace anunciarles que… ?Atlantis ha recuperado a su Reina!
Los murmullos se expandieron, la incredulidad se mezclaba con lágrimas y gritos. Muchos ancianos que habÃan servido a Serenya lloraban de alegrÃa, y los jóvenes se preguntaban quién era esa mujer tan hermosa que parecÃa un ángel.
La Reina, con ternura infinita, levantó una mano saludando. Sus ojos irradiaban calma, como si todo el mar se hubiera vuelto luz.
Entonces el Rey, con toda la solemnidad que pudo reunir, se?aló hacia Nymeria:
—Este milagro fue posible gracias a ella. Desde hoy… ?Nymeria será reconocida como parte de nuestro reino!
Un rugido de gritos recorrió la sala.
—?LARGA VIDA A NYMERIA! ?LARGA VIDA A LA HECHICERA DE SOMBRAS!
Los protagonistas se quedaron boquiabiertos.
—?Nymeria… parte del reino? —susurró Lyra, con ojos brillando de asombro.
Kael, sin entender mucho, saltó de alegrÃa:
—?Lo sabÃa! Nymeria es la más pro de todos. ?Vieron eso? Revivió a la esposa del rey. Ni Elyos puede hacer eso.
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Kaelion cruzó los brazos, intentando mantener su orgullo, pero su mirada se clavó en Nymeria con respeto genuino.
—Hmph… parece que hay más en ella de lo que pensaba —murmuró, aunque por dentro estaba sorprendido al máximo.
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La gran fiesta
El Rey, embriagado de felicidad, levantó su copa y decretó:
—?El festejo no durará un dÃa! ?Se alargará tres!
La multitud rugió de júbilo. Se levantaron mesas llenas de delicias marinas, decoradas con cristales brillantes y música que retumbaba como olas contra la costa.
Kael se quedó mirando los platos de comida con los ojos brillando más que los diamantes.
Y en su mente, apareció una ecuación divina:
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?? LA SUPREMA GRáFICA DE KAEL
COMIDA = FELICIDAD ??
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—?TRES DÃAS DE FIESTA! —gritó Kael con los brazos al aire, como si fuera el héroe de todo aquello.
—Tssk… y todo por la barriga —bufó Kaelion, aunque no pudo evitar sonreÃr.
Lyra rió en silencio, mientras Serenya acariciaba suavemente la cabeza de Elyos y Lumenox, reuniendo a sus hijos como si nunca los hubiera dejado.
Y asÃ, entre lágrimas, risas y una felicidad que parecÃa eterna… el capÃtulo se cerró.
Un descanso, un milagro, un respiro de luz antes de que llegue la tormenta del destino.

