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El regreso de serenya

  El rey apretó sus manos contra el trono, temblando por dentro.

  â€”?Cómo… cómo es posible algo así? —preguntó con la voz rota, sin apartar los ojos de Nymeria.

  Ella dio un paso adelante, inclinando ligeramente la cabeza en se?al de respeto.

  â€”Es posible, sí. Pero no gratis. —Su mirada se endureció—. A cambio, necesito algo: el artefacto. El Purificador Oscuro.

  Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. Elyos y Lumenox se miraron, confundidos. El rey enmudeció, su corazón dividido entre el amor por su esposa y la responsabilidad hacia su reino.

  â€”?El Purificador Oscuro…? —repitió con incredulidad—. Ese objeto puede cambiarlo todo, Nymeria. ?Cómo podría entregártelo así, sin más?

  El monarca la miró fijamente.

  â€”?Para qué lo quieres?

  Un silencio sepulcral invadió el lugar. Nymeria se acercó más, hasta que la distancia entre ambos se redujo a un susurro. Cubrió sus labios con la mano y habló suavemente. Nadie más escuchó, solo él.

  El rey se estremeció. Antes de responder, la ballena titán emitió un sonido profundo. Sus ojos brillaron como el reflejo del sol en el agua, y con una solemnidad que traspasaba lo visible, asintió lentamente.

  El rey bajó la cabeza. Su decisión estaba tomada.

  â€”Está bien —dijo con voz entrecortada, extendiendo el artefacto hacia Nymeria—. Si con esto puedo volver a verla… entonces no me importa el precio.

  El artefacto pasó de sus manos a las de Nymeria. La esfera brilló, mitad luz cegadora, mitad sombra insondable. Ella la sostuvo con firmeza y comenzó a moverse, trazando sellos con ambas manos. Su voz resonó en un idioma antiguo, lleno de poder, cada palabra cargada de energía.

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  â€”Neh’ra… Sol’arim… Elvenna…

  El aire se estremeció. Una energía densa, vibrante, cubrió la sala. La ballena titán comenzó a brillar, rodeada por un aura dorada que se mezclaba con sombras profundas. Sus colosales dimensiones empezaron a encogerse, a moldearse, a transformarse…

  Ante los ojos atónitos de todos, poco a poco la figura de la ballena se deshizo, y en su lugar emergió una silueta humana. Una mujer. Su cabello ondeaba como olas de plata, sus ojos irradiaban la calidez del amanecer, y su presencia llenaba el lugar con una paz que nadie había sentido en siglos.

  Serenya.

  El rey se llevó una mano al rostro, incapaz de contener las lágrimas. Elyos dio un paso adelante, con la respiración temblorosa. Lumenox no podía apartar los ojos, paralizado.

  Nadie se atrevió a hablar. El silencio era absoluto, como si el mundo entero estuviera rindiendo homenaje a ese instante.

  Entonces, Serenya dio un paso hacia ellos. Sus labios se curvaron en una sonrisa dulce, y su voz, clara y melodiosa como un canto angelical, llenó la sala:

  â€”He vuelto… familia.

  El rey rompió en llanto, Elyos apretó el pu?o contra el pecho, Lumenox se tambaleó al sentir el peso de esas palabras. Y Nymeria, observando desde atrás, dejó escapar una peque?a sonrisa orgullosa… sabiendo que había devuelto al mundo algo imposible.

  El capítulo cerró con todos reunidos alrededor de Serenya, como si el tiempo mismo hubiera concedido un milagro.

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