La sala del trono estaba en silencio. Solo se escuchaba el eco suave del agua moviéndose alrededor, como si hasta el océano mismo contuviera la respiración. El rey, Elyos, Lumenox y la ballena titán aguardaban frente a Nymeria, quien se mantenÃa erguida, seria, con una mirada que parecÃa perforar el alma de todos los presentes.
—Antes de decir lo que descubrà —empezó Nymeria con solemnidad— necesito su permiso, majestad. Lo que voy a revelar toca lo más profundo de su pasado. Hablo de ella… de su esposa.
El rey bajó la mirada. El silencio pesó en la sala. Sus manos temblaron levemente, hasta que, tras un largo instante, respiró hondo y dijo con voz baja, cargada de nostalgia:
—Si es sobre ella… entonces dilo.
Nymeria asintió con respeto y se giró hacia todos.
—La verdad es que ustedes… son familia.
El impacto cayó como un rayo. Elyos y Lumenox se miraron confundidos. El rey frunció el ce?o, incapaz de comprender. La ballena titán emitió un sonido profundo, casi dolido.
—Pero… ?cómo? —preguntó Elyos.
Nymeria fijó sus ojos en el rey.
—Después de la muerte de su esposa… ella reencarnó. Su alma fue arrastrada a las profundidades y, sin recuerdos de lo que fue, volvió a la vida dentro de una ballena titán. Esa es la verdad de quien tienes frente a ti.
Los ojos del rey se abrieron con asombro. Dio un paso atrás, mirando a la ballena como si la viera por primera vez.
—Imposible… —murmuró.
Nymeria continuó, con voz firme pero compasiva.
—En esa nueva vida, ella tuvo un hijo. Ese hijo es Lumenox. Por eso… él es mitad hijo del rey y, al mismo tiempo, hermano de Elyos.
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El salón quedó helado. Elyos abrió la boca, incrédulo. Lumenox bajó la mirada, abrumado por una verdad que jamás imaginó. El rey… el rey no supo qué decir.
Finalmente, el monarca se dejó caer de rodillas frente a la ballena, con lágrimas en los ojos.
—Su nombre… su nombre era Serenya —dijo con voz quebrada—. Serenya, mi luz, mi refugio… ella murió para salvarnos a todos.
Con los ojos húmedos, el rey relató lo ocurrido.
—Una criatura colosal, tan grande como el propio reino, apareció de la nada. Su poder era descomunal. Yo intenté luchar, pero fui herido de gravedad… sabÃa que no sobrevivirÃa. Y ella… ella se sacrificó. Usó todo lo que tenÃa para derrotar al monstruo, aunque le costara la vida. En ese último instante, su mirada fue solo para mÃ.
Su voz se quebró por completo. Miró a la ballena titán, con el corazón en llamas.
—DarÃa cualquier cosa… cualquier cosa, por poder hablar con ella una vez más.
La ballena titán emitió un sonido bajo, profundo, cargado de emoción. Como si, aunque no lo recordara del todo, algo en su alma respondiera al llamado del rey.
Nymeria dio un paso al frente. Sus ojos brillaban, orgullosos, firmes, pero también con un dejo de compasión.
—Quizás… eso sea posible —dijo con solemnidad.
Todos la miraron sorprendidos. Nymeria entrecerró los ojos, con una sombra de misterio en su voz.
—Puedo ayudar a que vuelvas a hablar con ella. Pero… tendrá un costo.
El capÃtulo cerró con la mirada entre el rey y la ballena, ambos con lágrimas contenidas, y con Nymeria observando desde arriba, como si estuviera a punto de tomar la decisión más arriesgada y poderosa que habÃa hecho en mucho tiempo.

