El silencio bajo el mar era tan pesado que hasta el agua parecÃa contener la respiración. Nymeria, con una expresión implacable, dio un paso al frente y, sin dudarlo, descargó un golpe directo contra el enemigo. La fuerza fue tal que su cuerpo de oscuridad se sacudió, tambaleándose varios metros hacia atrás.
Su voz retumbó con furia en las profundidades:
—?Levántate, Lumenox!
El nombre resonó en los oÃdos de todos: una mezcla de luz y sombra, de bien y mal, como si en esa palabra convivieran los dos extremos de la existencia.
El enemigo —Lumenox— cayó de rodillas por un instante, temblando. Sus ojos llamearon con una intensidad que mezclaba odio, dolor y algo de sorpresa.
—No esperaba… no esperaba volver a verte.
Nymeria lo miraba con severidad, su tono helado como la misma profundidad del océano.
—Tú fuiste quien se perdió en esta playa después de que te traje a la vida. Te busqué, Lumenox. Te busqué durante a?os… y jamás te encontré. Creà que habÃas escapado.
El enemigo levantó la cabeza, su voz quebrada pero firme.
—No escapé… el mar me tragó. Una criatura me arrastró lejos, hacia lo más profundo. No sé por qué… pero siempre me trató bien. Yo la obedecÃ. Y asÃ, en esa oscuridad, cambié…
La tensión crecÃa. Lyra y Elyos se mantenÃan en guardia, sin saber si intervenir. Kaelion apretaba los dientes, tratando de no mostrar el leve nerviosismo que le causaba ver a Nymeria tan distinta, tan imponente.
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Nymeria levantó su mano, lista para volver a golpear.
—Entonces elegiste el camino equivocado. Y ahora… acabaré lo que nunca debà permitir.
Pero justo en el instante en que su poder estaba a punto de desatarse, un grito rompió toda la solemnidad:
—???AYUDAAAAA!!!
Todos voltearon a la vez.
Un estruendo gigantesco sacudió las aguas, seguido de una sombra colosal. Era Kael, nadando desesperado mientras detrás de él emergÃa la ballena descomunal, rugiendo con una furia oceánica.
El caos fue inmediato: la ballena arremetió contra todo, y en su brutal embestida lanzó a Lumenox a un costado, haciéndolo girar en el agua como un simple juguete.
Todos quedaron paralizados, confundidos, procesando lo imposible.
Kael, en cambio, solo gritaba mientras pataleaba:
—???NO ME QUIERE SOLTAAAAR!!!
Lyra se llevó la mano a la cara, Elyos abrió los ojos como platos, y hasta Kaelion no pudo evitar soltar una carcajada amarga.
Nymeria, con el ce?o fruncido, retrocedió un paso, cancelando su ataque. El enemigo, todavÃa aturdido, miraba incrédulo lo que pasaba.
El capÃtulo cerró con la imagen de la ballena persiguiendo a Kael por todo el campo de batalla, mientras todos los demás quedaban en un silencio absoluto, sin saber qué acababa de ocurrir.

