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Enemigo o aliado?

  La guarida se alzaba frente a ellos como una grieta en la roca, oscura y silenciosa. Las aguas allí eran densas, pesadas, y cada movimiento parecía resonar en un eco sin fin. Elyos se detuvo, levantando una mano para que los demás hicieran lo mismo.

  â€”Aquí es —susurró, con la voz cargada de tensión.

  Pero antes de que pudieran avanzar, una voz profunda y distorsionada resonó detrás de ellos.

  â€”Llegaron justo a tiempo… para su muerte.

  Todos se giraron de inmediato, y allí estaba: el enemigo, emergiendo de las sombras. Su forma era humanoide, pero no del todo: su piel parecía hecha de humo líquido y oscuridad que se retorcía sin cesar. Sus ojos brillaban como carbones ardiendo, y su figura parecía oscilar entre lo real y lo irreal.

  Con calma, se adelantó unos pasos, su voz reverberando en las aguas.

  â€”Atlantis… pronto será mía. En su interior yace un objeto que supera todo valor. Una reliquia capaz de purificar hasta lo más impuro… o de oscurecer hasta la luz más brillante. Con ese poder en mis manos, nada podrá detenerme.

  Lyra frunció el ce?o, retrocediendo con la lanza lista. Elyos apretó los pu?os, la rabia ardiendo en su mirada. Incluso Kaelion, serio y firme, tensó su postura.

  Todos se prepararon para luchar. Todos, menos una.

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  Nymeria no se movió.

  Ella avanzó un paso al frente, su rostro sereno pero su mirada dura como el acero. Su voz cortó el silencio como un trueno:

  â€”?Qué estás haciendo?

  La pregunta, simple y directa, congeló a todos. Incluso el enemigo se detuvo, sorprendido. Su mirada se clavó en ella con desconcierto, y un pensamiento fugaz cruzó por su mente.

  "?Quién es esta para hablarme así?"

  Nymeria entrecerró los ojos.

  â€”Soy tu vieja amiga.

  El silencio que siguió fue sofocante. La criatura tembló, retrocediendo medio paso, y de pronto la verdad golpeó su mente como una marea imparable.

  Sus ojos ardieron con furia.

  â€”Tú… no puede ser… ?Tú eres… mi creadora!

  Lyra y Elyos abrieron los ojos de par en par, incapaces de procesar lo que oían. Kaelion, en cambio, sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver el rostro de Nymeria: una mezcla de determinación y algo oscuro que jamás había visto en ella.

  Nymeria siguió avanzando lentamente, cada paso suyo cargado de un poder abrumador. La presión que emanaba era tal que incluso las aguas parecían apartarse de su camino.

  Kaelion, con el corazón acelerado, pensó para sí mismo:

  "Ese rostro… me da miedo."

  Y así, con Nymeria caminando directo hacia el enemigo, mientras el mar entero contenía el aliento todo esta en espera de ver que pasara.

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