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Carreras bajo el mar.

  Los héroes se reunieron frente a una sala donde reposaban varios vehículos alineados. Eran motos marinas de cristal y coral, cada una dise?ada con la forma de distintas criaturas marinas. Pero había una que destacaba entre todas: un modelo en forma de tiburón metálico, con colmillos brillantes y una aleta que servía de timón.

  Kael y Kaelion se miraron al mismo tiempo.

  â€”Yo me quedo con esa. —dijeron al unísono.

  El ambiente se tensó, y de inmediato ambos empezaron a discutir, forcejeando frente al vehículo como ni?os peleando por un juguete.

  â€”?Yo la vi primero! —gritó Kael.

  â€”?Mentira, fuiste tú el que se cruzó en mi camino! —replicó Kaelion, empujándolo.

  Los demás observaban la escena con una mezcla de resignación y diversión.

  Finalmente, Nymeria rodó los ojos.

  â€”?Por qué no deciden esto de una forma más… civilizada?

  â€”?Piedra, papel o tijera! —exclamó Kael con entusiasmo.

  Dos rondas después, el destino habló: Kael ganó con una sonrisa tan grande que casi no le cabía en la cara. Kaelion, con el ce?o fruncido y los pu?os apretados, terminó resignado… aunque no del todo: su moto, de colores brillantes que parecían un arco iris viviente, le disgustaba profundamente.

  â€”Parezco una sirena feliz… —murmuró con fastidio, arrancando de mala gana.

  ---

  La caravana de motos marinas avanzó guiada por Elyos. El reino quedó atrás y pronto las aguas se hicieron más oscuras, frías y silenciosas. Las luces de los corales quedaron reemplazadas por la penumbra, y el ambiente pesado hacía que cada uno se mantuviera alerta.

  De pronto, Nymeria sonrió con picardía.

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  â€”Bien, basta de nadar como ancianos… El último en llegar, no come.

  Sin previo aviso, aceleró su moto a toda velocidad, esquivando formaciones rocosas y corrientes peligrosas con una gracia impecable.

  Kael fue el primero en reaccionar.

  â€”?Ni loco me quedo sin comer! —gritó, apretando el acelerador y lanzándose tras ella.

  Lyra lo siguió riendo suavemente, mientras Elyos mantenía la calma, avanzando con seguridad.

  Kaelion, que al principio ni se inmutó, de repente recordó el sabor de la comida de Nymeria. Un escalofrío le recorrió el estómago.

  â€”… Tch. No pienso quedarme sin almorzar. —y sin más, se impulsó a toda velocidad, dejando tras de sí un rastro de burbujas.

  ---

  La carrera se volvió frenética, con Kael gritando a todo pulmón, Nymeria esquivando obstáculos como si conociera cada rincón, y Kaelion adelantando a todos con un rostro de pura seriedad.

  Tras un buen rato, finalmente alcanzaron su destino: un ca?ón submarino donde la luz casi no penetraba. Uno a uno llegaron, jadeando y riendo… todos menos Kael.

  Cuando por fin se dieron cuenta de su ausencia, él ya había avanzado demasiado, guiado solo por su instinto y sus ansias de ganar.

  Allí, en la soledad del abismo, Kael se encontró frente a una oscura guarida, con la entrada cubierta de algas y rocas enormes. Sonrió satisfecho.

  â€”Je… ?les gané!

  Pero al darse vuelta, su sonrisa se congeló. Tras de él, emergiendo de las sombras con un movimiento lento y silencioso, se alzaba la enorme ballena colosal. Sus ojos brillaban como faros rojos en la penumbra, y cada aleta agitaba el mar como si fuera una tormenta.

  Kael tragó saliva.

  â€”… Oh, no.

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