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La ciudad perdida "atlantis"

  El mar se abrió ante ellos en un espectáculo de luces. La primera visión de Atlantis fue un conjunto de torres cristalinas y pasajes iluminados por corales que brillaban como estrellas bajo el agua. El reino se extendía a lo largo de un valle submarino, con criaturas marinas nadando libremente entre edificios que parecían flotar.

  Elyos guiaba el recorrido, con el pecho inflado de orgullo.

  â€”Este… es mi hogar.

  Kael observaba con los ojos abiertos como platos, girando en todas direcciones.

  â€”??Vieron eso?! ?Un pez que brilla en siete colores! ?Y esa cosa con cuernos! ?Quiero uno de esos de mascota también!

  Lyra sonrió suavemente, aunque no dejaba de maravillarse con cada rincón. Kaelion, por su parte, mantenía su semblante serio, aunque en sus ojos brillaba un destello de interés.

  Nymeria solo avanzaba con calma, como si aquel reino le recordara algo que los demás no podían comprender.

  ---

  El grupo atravesó jardines marinos, plazas con estatuas de antiguos reyes y pasillos de cristal hasta llegar al castillo principal. Allí, todo resplandecía con destellos plateados y dorados, como si estuvieran dentro de una gigantesca joya.

  Finalmente, llegaron al salón del trono. Elyos fue el primero en arrodillarse, con respeto absoluto hacia la figura que los esperaba. Uno a uno, Kael y Lyra lo imitaron.

  Kaelion, en cambio, permaneció de pie, brazos cruzados.

  â€”No me arrodillo ante nadie.

  El aire se tensó.

  Nymeria ni siquiera suspiró. Con un movimiento ágil de sus dedos, un sello brilló y Kaelion se vio forzado a inclinarse en silencio frente al rey.

  â€”Tch… —masculló entre dientes, fulminándola con la mirada.

  Nymeria solo sonrió con sorna.

  â€”Buenos modales.

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  El rey se levantó, imponente, con una corona hecha de coral negro y ojos que reflejaban el peso de siglos de liderazgo. Su voz llenó la sala como un rugido contenido.

  â€”Bienvenidos, viajeros. Soy Neryion, Rey de Atlantis, protector de estas aguas y padre de Elyos.

  Se inclinó ligeramente con respeto hacia los recién llegados.

  â€”En nombre de mi pueblo, les agradezco por haber respondido al llamado.

  Las palabras hicieron que Lyra y Kael inclinaran la cabeza, mientras Kaelion solo desviaba la mirada.

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  Sin embargo, la solemnidad no tardó en te?irse de gravedad.

  El rey se sentó nuevamente en su trono, sus facciones endureciéndose.

  â€”Nuestro enemigo… no es uno común. Durante meses ha atacado a mi pueblo, robando vidas y recursos, siempre escapando antes de ser capturado. Hemos descubierto el lugar de su guarida, pero está protegido por una criatura… una ballena de proporciones colosales, con habilidades que superan las de cualquier ser marino conocido.

  La voz del rey retumbó en la sala, dejando una sensación de peso en el aire.

  Elyos bajó la cabeza, con el cristal de su cola brillando en un tono más tenue.

  â€”Padre, yo los guiaré hasta allí.

  El rey asintió, y tras una hora de conversación, detalló cada punto débil y fortaleza conocida del enemigo. Mapas fueron desplegados sobre mesas de cristal, y se discutió cada posibilidad de estrategia.

  Al final, el rey se puso de pie una vez más.

  â€”El destino de Atlantis ahora reposa en ustedes.

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  Con el eco de sus palabras aún flotando, los protagonistas partieron. Sus figuras se alejaron entre los pasillos iluminados del castillo, rumbo a la guarida del enemigo.

  Armas listas. Corazones tensos. Y el océano aguardando lo que vendría.

  La aventura en Atlantis apenas comenzaba.

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