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Rumbo a la ciudad perdida

  El sol apenas despuntaba sobre el horizonte, ti?endo de dorado la playa secreta. Frente al mar, todos estaban alineados como si fueran héroes a punto de iniciar la más grande de las batallas. Armados, concentrados, vestidos con determinación.

  O al menos, eso parecía.

  Kael rompió la solemnidad al levantar la espada y gritar:

  â€”?Listos para la gloria!

  Lyra lo miró de reojo con una ceja arqueada. Kaelion suspiró, cruzado de brazos. Elyos, en cambio, sonreía con entusiasmo, como si de verdad estuvieran a punto de librar un enfrentamiento legendario.

  Hasta que llegó la gran pregunta.

  â€”Oigan… —dijo Lyra, se?alando el océano— ?cómo se supone que vamos a llegar allá abajo?

  Todos giraron la cabeza hacia Elyos. El heredero de Atlantis quedó congelado, su cristal brillando con incomodidad.

  â€”Ejem… yo… olvidé ese detalle.

  El silencio fue mortal. Kael se llevó la mano a la cara. Kaelion murmuró:

  â€”Impresionante… el hijo del rey, y no sabe cómo meter a sus invitados a su propio reino.

  Por suerte, Nymeria intervino como siempre. Con un movimiento de sus manos, sellos arcanos comenzaron a girar en el aire. Del mar emergieron varias esferas líquidas que, al tocar la arena, se transformaron en trajes adaptados para la ocasión.

  â€”Problema resuelto.

  â€”?Cómo demonios puedes hacer todo eso? —pensó Kaelion, frunciendo el ce?o.

  â€”Lo sé —respondió Nymeria sin voltear, con una sonrisa de medio lado.

  Kaelion tragó saliva. ?También puede leer mentes?

  Kael, en cambio, ya se había puesto el traje a medio abrochar. Sin esperar más, tomó la mano de Lyra y corrió directo hacia las olas.

  â€”?Vamos, Lyra! ?A cazar tiburones!

  â€”??Qué?! —Lyra forcejeaba, arrastrada contra su voluntad, mientras Kael se lanzaba de cabeza al mar.

  Kaelion los siguió después, con la misma expresión de indiferencia de siempre.

  â€”Patético… —susurró, aunque en el fondo se aseguraba de no perderles la vista.

  Nymeria rodó los ojos, observando la escena desde la orilla antes de sumergirse con elegancia.

  â€”Es igualito a su abuelo… —murmuró con nostalgia.

  ---

  El grupo descendía por las profundidades del océano, el paisaje marino expandiéndose en luces, corales y criaturas gigantes que parecían sacadas de un mito. Elyos nadaba al frente, guiándolos hacia las ruinas submarinas que protegían la entrada a Atlantis.

  Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  Todo iba bien… hasta que un grito desgarrador rompió la tranquilidad.

  â€”??AAAAHHHH!! ??AYUDAAAAAA!!

  Era Kael.

  Todos se pusieron en guardia de inmediato, armas listas, el corazón acelerado.

  â€”?Qué sucede? —preguntó Lyra, tensa.

  Giraron la vista… y lo vieron. Kael había encontrado un tiburón. Un tiburón que medía fácilmente el doble de un barco. Y ahora lo perseguía con las fauces abiertas.

  Kael agitaba los brazos desesperado.

  â€”?VAMOS, AYúDENME! ?ESTO NO ES UNA BROMA!

  Pero nadie se movió. Ni un solo músculo.

  Kaelion incluso bostezó.

  â€”Que se las arregle solo. él quiso buscarlo.

  Lyra se cruzó de brazos, conteniendo una sonrisa. Elyos solo miraba divertido.

  Kael, indignado, nadaba como loco mientras gritaba insultos entre burbujas.

  â€”?TRAIDORES! ?SERES DESALMADOS! ?NO LOS OLVIDARéééé!

  ---

  Un salto en el tiempo los mostraba ya frente al castillo de Atlantis. Una estructura monumental, tallada en cristal y piedra marina, resplandecía en medio de la penumbra del océano.

  Todos quedaron en silencio, asombrados ante la majestuosidad del reino perdido.

  Todos menos Kael.

  El Soul emergió tambaleándose, con marcas de mordidas en el traje, el cabello alborotado y la cara llena de moretones.

  â€”No fue nada… estoy bien… —jadeó con falsa dignidad—. Después de todo, un tiburón no puede matar a un Soul.

  Pero cada movimiento lo hacía quejarse de dolor.

  Lyra negó con la cabeza, conteniendo la risa. Kaelion directamente se burló en voz alta.

  â€”Lo que no te mata, te hace más ridículo.

  Kael, ignorando todo, nadó hacia adelante con una sonrisa brillante, como si nada hubiera pasado.

  â€”?Vamos! ?Atlantis nos espera!

  Elyos abrió los brazos, orgulloso.

  â€”Bienvenidos a mi hogar.

  Y con esas palabras, la cámara se cerraba mostrando la silueta del castillo bajo las luces del océano, mientras Kael nadaba como si fuera el primer turista feliz en un viaje escolar.

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