La luna aún brillaba cuando Kael decidió que no quería dormir solo. Con una sonrisa infantil, se plantó en el cuarto de Elyos.
—Voy a quedarme contigo —dijo con firmeza, ignorando si la criatura estaba de acuerdo o no.
Elyos solo parpadeó con sus círculos brillantes y terminó aceptando. Mientras Kael se acomodaba en el suelo con una manta, no pudo evitar soltar la pregunta que le daba vueltas en la cabeza:
—Oye, Elyos… ?qué tan fuerte es tu enemigo? Quiero saberlo para estar preparado.
El brillo del cristal de Elyos se atenuó un poco, como si pensara antes de hablar.
—Es fuerte… muy fuerte. Una criatura extra?a, hecha de oscuridad. Se parece a un humano… pero no lo es.
Entre las sombras del pasillo, Nymeria escuchaba todo en silencio. Había disuelto su cuerpo en penumbra, usando su habilidad para ocultarse. La descripción la hizo fruncir el ce?o, recordando algo… o alguien.
Kael, en cambio, sonrió con esa confianza descarada que lo caracterizaba.
—No importa cuánto miedo dé. Lo derrotaremos. Confía en nosotros.
Elyos lo miró sorprendido, y luego sonrió con calma.
—Lo sé. Sé que lo lograrán.
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El amanecer llegó con una brisa fresca y el sonido del mar golpeando suavemente la orilla. Los primeros en despertar fueron Lyra y Kaelion. Nymeria ya estaba en la cocina, moviéndose con una naturalidad inquietante, como si llevara a?os preparando desayunos en casas de playa.
—?Qué quieren desayunar? —preguntó, acomodándose el cabello hacia atrás.
Lyra abrió los labios para negarse de inmediato.
—No, no… no quiero molestar. Puedo hacerme algo sencillo.
Nymeria sonrió y negó con la cabeza.
—Relájate. Hoy es mi turno de cuidar de ustedes.
Después de unos segundos de duda, Lyra se dejó llevar por la calidez de esas palabras.
—Está bien… entonces, ?me podrías preparar unos hotcakes con frutas?
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—Hecho —respondió Nymeria con un movimiento de manos que hizo flotar los utensilios como si cocinar fuera un acto de magia.
Cuando le tocó el turno a Kaelion, cruzó los brazos y murmuró:
—No tengo hambre.
Pero bastó con que el aroma dulce y dorado de los hotcakes de Lyra llenara la cocina para que su estómago lo traicionara con un gru?ido.
—…Bueno, tal vez sí quiero uno. O dos.
Nymeria lo miró con una sonrisa burlona, sin decir nada más.
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Un estruendo sacudió el segundo piso. Nadie se alarmó: todos sabían perfectamente quién era.
—??Y por qué no me despertaron?! —gritó Kael, bajando las escaleras despeinado, con los ojos aún entrecerrados.
El olor a comida lo guiaba como un imán. Apenas entró, se detuvo en seco.
—??Qué es ese olor?! ?Nymeria, dime que guardaste algo para mí!
Ella, con una calma cruel, contestó:
—nop no te hice nadaa y Tu amigo Elyos está afuera comiendo. Lo eché porque me mojó el suelo.
Las risas no se hicieron esperar. Lyra casi se atraganta de risa, y Kaelion se dobló burlándose en voz baja de lo patético que sonaba todo.
Kael, desesperado, casi parecía teletransportarse hasta quedar frente a Nymeria, tomándole las manos como si le estuviera declarando amor eterno.
—?Por favor! ?Hazme un plato igual de delicioso! No me hagas sufrir más, lo ruego.
Ella alzó una ceja, disfrutando demasiado del momento, antes de asentir con fingida solemnidad.
Y así, entre bromas, discusiones tontas y un ambiente cálido que contrastaba con los días de guerra y tragedia que habían vivido, todos disfrutaron juntos del desayuno.
Afuera, Elyos se asomaba por la ventana, haciendo caritas y gestos infantiles para convencer a Nymeria de que lo dejara entrar.
—?Solo un bocado! ?Uno!
Ella, firme como una roca, lo ignoró mientras los demás reían hasta las lágrimas.
La escena se cerraba con un grupo extra?o, sí, pero unido por la risa y un nuevo inicio.

