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Una ciudad perdida

  Kael seguía intentando apartarse de la criatura gelatinosa que aún reposaba sobre él, pegajosa pero sorprendentemente ligera.

  —Quita, quita… ?qué eres tú? —gru?ó, con media sonrisa de incredulidad.

  Para sorpresa de todos, la criatura abrió la boca y respondió con una voz curiosamente clara y suave:

  —No se preocupen… esta no es mi forma real.

  El grupo entero se quedó en silencio. Hasta el fuego de la antorcha pareció crujir más fuerte.

  La criatura empezó a brillar, cambiando su apariencia ante sus ojos. La masa adorable se disolvió y tomó una forma de agua sólida, como una gota cristalina. Su cuerpo era traslúcido, con seis patas finas y cuatro ojos que parecían simples círculos brillantes. Una cola larga, curva, terminaba en un cristal resplandeciente que oscilaba suavemente.

  Kael dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos, y lo primero que salió de su boca fue:

  —?…Eres un perro marino o qué?

  El grupo explotó en risas. Incluso la criatura dejó escapar un sonido parecido a una carcajada, vibrante y chispeante.

  —No, no soy un perro —contestó entre risas—. Soy una criatura de Atlantis.

  Las risas se congelaron en el aire. Todos se miraron entre sí, sorprendidos.

  ---

  La tarde cayó, y pronto el grupo se reunió alrededor de una fogata frente al mar. Habían pescado apenas lo suficiente: Lyra con tres presas, Nymeria con siete que sacó sin esfuerzo, y Kael… con las manos vacías. Kaelion se pasó la tarde entera recordándole su “derrota gloriosa contra una mascota del mar”.

  El olor del pescado asado se mezclaba con la brisa salada, mientras las chispas del fuego iluminaban los rostros relajados.

  —Ese chiste estuvo tan malo que casi me dolió —dijo Lyra, después de que Kaelion intentara rematar una broma sin gracia.

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  Aun así, todos terminaron riéndose. Incluso Kael, que se tiró al suelo de tanto reír.

  Fue entonces cuando, entre las carcajadas, Kael se giró hacia la criatura y le preguntó en tono juguetón:

  —Oye… ?quieres ser mi mascota?

  La criatura ladeó la cabeza, con sus ojos circulares brillando como estrellas.

  —Podría aceptar… pero solo si me ayudas con un problema en mi hogar, en Atlantis.

  El entusiasmo de Kael fue inmediato.

  —?Acepto! ?Ya está, trato hecho!

  Pero Nymeria lo detuvo con un movimiento de la mano. Su mirada, seria y penetrante, se clavó en el ser de agua.

  —Ni siquiera sabemos quién eres. ?Cómo podríamos confiar?

  La criatura bajó la cola, pensativo, antes de erguirse con solemnidad. Su voz adquirió un matiz firme:

  —Mi nombre es Elyos. Representa alegría y libertad… porque eso es lo que mi pueblo siempre defendió. Soy hijo del rey de Atlantis.

  El fuego crepitó fuerte al pronunciar esas palabras, y un silencio solemne envolvió al grupo.

  Elyos continuó:

  —Un enemigo nos ataca sin descanso. Subí a la superficie buscándote a ti, Nymeria, porque sé que solo tú puedes ayudarnos.

  La marea parecía agitarse más fuerte en la distancia, como si confirmara sus palabras.

  Finalmente, Elyos miró a todos, su cristal brillando como un faro en la oscuridad.

  —Prepárense… porque ma?ana iremos de viaje a Atlantis.

  Kael saltó de alegría como un ni?o que va de excursión.

  —?Sí! ?Por fin, una aventura submarina!

  Lyra sonrió suavemente, dejando escapar una risa por su entusiasmo.

  Kaelion, en cambio, solo cruzó los brazos y desvió la mirada, aunque era evidente que estaba intrigado.

  Y así, bajo la luz de la fogata y el murmullo del mar, comenzaba el nuevo destino de los protagonistas: el camino hacia la mítica Atlantis.

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