El cristal de memoria continuaba mostrando imágenes, pero ahora eran diferentes. No habÃa combates ni choques de ideales. Sólo escenas simples.
? Valtherion y Nymeria caminando juntos bajo la lluvia, él insistiendo en compartir su capa con ella aunque no lo necesitara.
? Nymeria riéndose —de verdad riéndose— mientras él trataba de cocinar y quemaba el pan una y otra vez.
? Los dos observando el amanecer, hombro con hombro, sin palabras, sólo compartiendo la calma.
Kael y Kaelion miraban incrédulos. Para ellos, Nymeria era un ser eterno, fuerte, indomable. Pero allÃ… ella se veÃa humana.
El tiempo en las memorias se aceleró.
Valtherion aparecÃa con canas, sus pasos más pesados, pero con la misma sonrisa tranquila.
Nymeria, en cambio, idéntica, como si los a?os no la tocaran.
Un dÃa, el recuerdo se ti?ó de tonos crepusculares.
Valtherion estaba en una cama sencilla, respirando con dificultad. Nymeria lo sostenÃa entre sus brazos, los ojos rojos brillando con lágrimas contenidas.
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—SabÃa… que este dÃa llegarÃa… —murmuró él con voz cansada, pero serena.
Nymeria negó con la cabeza, acariciándole el rostro.
—Cállate… aún no es el momento…
Valtherion sonrió débilmente.
—Nymeria… tú me diste más de lo que jamás so?é. Una eternidad no bastarÃa… para agradecerte.
Ella apretó su mano con fuerza, incapaz de responder.
él, con un último esfuerzo, la miró a los ojos.
—Prométeme… que no dejarás… que el mundo apague tu luz otra vez. Prométeme… que seguirás sonriendo… aunque yo no esté.
Las lágrimas finalmente rodaron por el rostro de Nymeria.
—Lo prometo… lo prometo, mi Valtherion…
Con esa promesa, él cerró los ojos lentamente. Su respiración se apagó como una brasa que muere al viento.
El recuerdo se detuvo allÃ, con Nymeria abrazando el cuerpo sin vida del único hombre que habÃa amado, mientras la noche caÃa silenciosa.

