El sol del desierto ba?aba las ruinas oxidadas y los edificios semiderruidos de la ciudad fronteriza de Aldheris, un enclave de las llamadas Tierras Libres.
A diferencia de los territorios controlados por las tres lunas o el Nexo, en Aldheris no mandaba nadie. Era un nido de mercenarios, exiliados y renegados que vivĂan en un equilibrio caĂłtico.
Entre las calles abarrotadas de mercados negros y viejas torres en ruinas, una figura avanzaba cubierta por una capa gris.
Era Lyra.
Su caminar era firme, aunque aĂşn quedaban rastros de las heridas que habĂa sufrido meses atrás. Pero ahora habĂa algo distinto en su mirada: un brillo de determinaciĂłn.
No estaba ahĂ para perderse en aquel caos.
Buscaba a alguien.
---
El murmullo de la gente hablaba de ella.
Una mujer de poder imposible, una que incluso los ghouls evitaban enfrentar. Nadie conocĂa su nombre real, solo la llamaban “La Portadora”.
If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement.
Algunos decĂan que controlaba algo que estaba más allá de los elementos conocidos, más allá de cualquier tecnologĂa o arma.
Un poder fuera de lugar, Ăşnico en el mundo.
Lyra, en una taberna ruinosa, se sentĂł frente a un viejo informante.
—He venido desde lejos. Necesito saber dónde encontrarla.
El anciano la mirĂł con una mezcla de miedo y reverencia.
—Si buscas a esa mujer… ten cuidado. Nadie se le acerca sin pagar un precio. Ni siquiera las lunas intentan controlarla.
Lyra apretĂł los labios.
—No me interesa controlarla. Solo necesito respuestas.
El hombre la observĂł unos segundos, como si tratara de medir su convicciĂłn. Finalmente asintiĂł.
—La Ăşltima vez que se le vio fue en las Ruinas de Verdanis, al norte. AllĂ, entre las torres caĂdas… espera.
Lyra se levantó de inmediato, ajustando la capa. No dijo nada más.
Mientras abandonaba la taberna, el anciano susurrĂł para sĂ mismo:
—Poderes que nadie deberĂa tener… ?quĂ© buscas, chica?

