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Capítulo 29: Raíces que se cruzan

  ***Perspectiva de Víctor***

  Al observar los alrededores, una extra?a sensación recorre mi cuerpo. Al volver la vista hacia un lado, me encuentro con una mujer mayor, de cabello canoso y ojos cansados, que me devuelve la mirada, como si intentara encontrar algo en mí. Al examinarla detenidamente, noto que, a diferencia de los demás, no presenta símbolos en su cuerpo ni mana recorriendo su piel.

  —?Víctor, vamos! ?Qué estás haciendo? —pregunta Kanea.

  —Nada... Solo estaba mirando a esa mujer.

  Al regresar la mirada hacia ella, la soledad se hace presente.

  —?Qué ves? ?árboles?

  —No importa... Debemos continuar, ?no?

  —?Ah! Sí, el chico Falu dice que nos llevará a la fogata principal, donde todo el pueblo se reúne, así que debemos darnos prisa.

  —Claro, vamos.

  Cruzamos varias casas y, junto a Kanea, nos reciben Daina y Falu. Ambos están cerca de una fogata ya apagada, y a su alrededor hay troncos de árboles que sirven como asientos, dispuestos en forma de círculo.

  —Sí, este es el lugar donde realizamos rituales y festejos —expresa Falu mientras mira a Kanea.

  —Vaya, es... ?amplio? —agrega Kanea, con una expresión de asombro al observar los alrededores.

  —Jaja, bueno, no exactamente. En esas ocasiones usamos algunas decoraciones que nos proporciona la naturaleza, así que se ve un poco mejor.

  —Ah, claro, disculpa.

  Al ver el rostro de Kanea, el rubor en sus mejillas resalta su vergüenza.

  —Sabes, Víctor, este lugar tiene un toque... —dice Daina mientras se acerca a mí.

  —único, supongo.

  —Sí... único.

  —Dígame, se?orita, ?usted es la líder de los Guardianes? —pregunta Falu, dirigiendo su atención a Daina.

  —Bueno, no exactamente. Soy una delegada, se podría decir.

  —Vaya, eso es una sorpresa. Se nota en toda su postura.

  —Gracias, pero así soy yo y me gusta —interrumpe Daina—. Y ustedes, según me informaron, comparten todo, especialmente cuando se trata de decisiones importantes.

  —Bueno, eso es lo habitual, pero en mi caso es diferente.

  —?Te refieres a la falta de marcas?

  —Kanea —reprocha Daina, mirando a Kanea.

  —Está bien, yo... no puedo controlar el mana adecuadamente. Por eso tengo falta de mana y, por ende, no puedo recibir mis marcas.

  —No te preocupes, trata de disculparte, Daina.

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  —Está bien, es algo pasajero, según dicen los mayores. Pero dígame, si sus líderes son como usted, esos acuerdos se cerrarán muy rápido.

  —Por supuesto...

  —?Claro! Deberías ver a Akeeva, ella es un amor. Jaja —interrumpe Kanea.

  —Yo tengo una pregunta —interrumpo.

  —Claro, dime.

  —?Ustedes tienen chamanes?

  —Qué pregunta tan extra?a. Jaja. Pero sí, ellos son médicos y casi todos usan marcas. ?Por qué?

  —Es solo curiosidad. Soy nuevo en todo esto y tengo muchas preguntas.

  —Está bien. ?Continuamos? Aún quedan las casas por visitar.

  Con esa última afirmación, las preguntas fluyeron y continuamos observando algunos lugares de convivencia en el pueblo. Finalmente, regresamos a la entrada del pueblo.

  —Bueno, con eso termina el recorrido. Espero que les haya gustado nuestro hogar. Supongo que los veré ma?ana en la cacería —dice Falu.

  —Aún veremos eso, pero muchas gracias —responde Daina, mientras extiende la mano.

  —No hay prisa, hasta luego —agrega Falu, tomando la mano de Daina.

  Con un gesto, Kanea y yo nos despedimos. Al voltear a ver los alrededores, la figura de Zael se hace presente y, con un gesto, me despido de él.

  —Y dime, Kanea, ?tú trabajas junto a Víctor? —pregunta Falu.

  —Bueno, más bien este chico es el protegido de Akeeva —responde Kanea mientras me se?ala con burla.

  —No creo que "protegido" sea la palabra.

  —Bueno, ya es hora. Como solo vamos nosotros, no nos alejaremos tanto, ?de acuerdo?

  —Sí... Bueno, y recuérdame, ?por qué vamos a cazar? —pregunta Kanea, con una expresión de fastidio.

  —Bueno, según el se?or Zael y Daina, esto sería una buena oportunidad para unir lazos —responde Falu.

  —Supongo que sí. Y ellos... ?no se supone que debemos estar escuchando todo lo que acuerdan?

  —Bueno, somos novatos en este tipo de situaciones, así que creo que confiaré más en la información que traiga ella que en la nuestra —agrego mientras observo unos arcos con grabados.

  —Bueno, si han terminado, por favor, tomen un arco —expresa Falu, se?alando unos arcos distribuidos a nuestro costado.

  —Bueno... yo casi no sé usar este tipo de arco... y Víctor... ?creo que tampoco? —agrega Kanea, con una mirada incómoda.

  —No se preocupe, se?orita, este tipo de arco ayuda en el posicionamiento y el tiro. Si bien no sirve para cacerías importantes o algo más serio, es bueno para esta cacería —responde Falu, mientras toma un arco de color azul.

  —Bueno, yo sé manejar un poco el arco, así que pediré otro... gracias —expreso mientras rechazo cortésmente el arco azul.

  —??En serio?! Pero, ?cómo tú...?

  —Bueno, no pasamos todo el tiempo juntos —acaricio la cabeza de Kanea.

  —Bueno, entonces te daré...

  —Quiero ese —digo, se?alando un arco con unos símbolos rojos.

  —?Seguro? Ese tipo de arco lo usamos para...

  —Está bien, es bueno practicar —interrumpo mientras tomo el arco.

  Pasando mi mano por el arco, siento cómo este tipo de pueblos aún conservan el conocimiento de dejar intención, no como hechizos programados, sino intención pura. Pero este mana no se parece al que "ella" me mostró; es más como un intento primitivo, un poco más salvaje. Con esos pensamientos, nos adentramos en el bosque.

  —Oye, Víctor, ?en qué piensas? —pregunta Daina mientras pasa su mano por mi cara.

  —Sí, estoy bien. Es que estos patrones son... hipnóticos —respondo con lo primero que se me ocurre.

  —Bueno, lo tomaré como un cumplido. Este tipo de técnica es el mayor orgullo de mi pueblo.

  —Puedo ver por qué —digo mientras aprieto el mango con firmeza.

  Al concluir esas frases, nos dirigimos con paso lento pero firme hacia el bosque.

  —Ufff, saben, los mosquitos son un fastidio —expresa Daina mientras se sacude las manos.

  —Bueno, si te hubieras puesto ese ungüento, no estarías teniendo eso —agrego mientras continúo mi camino.

  —Bu-bueno, la verdad es que no me gusta poner cremas extra?as en mi piel... soy sensible —expresa Kanea, incomodada, mientras se rasca la mejilla.

  —Creo que deberíamos hacer silencio. Miren —interrumpe Falu mientras se?ala a una especie de cerdo negro, con colmillos el doble que sus dientes.

  Al ver esos movimientos, los imito para estar detrás de él.

  —Ese es un tipo de cerdo, un poco peligroso. Si lo asustas, puede ser un problema. Pero si logras clavarle una flecha detrás de las orejas, podría terminar rápido —susurra Falu.

  —Bueno, supongo que eso es más para ustedes, no para mí. Ni con este arco podría ayudarlos —agrega Daina.

  —Créeme, tú puedes lograrlo, solo inténtalo.

  Al decir eso, Daina agacha la mirada y, con las orejas sonrojadas, responde:

  —Supongo que lo intentaré.

  Al decir eso, Daina extiende el arco, dando una serie de respiraciones, apuntando con tanta concentración como un novato podría usar. Con un leve brillo en el arco, la flecha comienza su vuelo y, como si estuviera atraída hacia ese punto, logra clavarse en el lugar.

  —?Lo logré, carajo, wuw! —grita emocionada Daina.

  —?Ven? Ese arco ayuda mucho, pero tiene un periodo de carga después del uso —dice Falu mientras felicita a Daina.

  Al tomar a ese cerdo, continuamos unos minutos más mientras Daina habla del disparo que logró hacer. Falu expresa:

  —Ahí hay otro.

  Y, como si fuera un movimiento ensayado, los tres nos posicionamos en lugares donde ese cerdo no nos viera. Con una se?al, Falu me indica que use el arco. Con esa se?al, extiendo el arco, inhalando lentamente para aumentar mi concentración y apuntando donde me indicó Falu. El arco comienza a liberar una sensación cálida en mi mano y, con un brillo que comienza a recorrerlo hasta llegar a la flecha, adivino cuál es la función que puede cumplir. Con una leve exhalación, suelto la flecha y, con un gran retroceso que casi me hace caer, una estela de fuego cruza junto con la flecha.

  —?Guau! ?Y todo eso lo hizo el arco? —pregunta Kanea, sorprendida.

  —Bueno, eso no es correcto. En realidad es todo lo contrario. Este tipo de arco se usa para presas que tienen caparazones resistentes... no pensé que pudieras usarlo.

  —Bueno, supongo que he practicado lo suficiente. ?Cuántos de estos necesitamos? —pregunto, tratando de desviar la conversación.

  —Puff, supongo que sí. ?Dónde estaba yo cuando aprendiste eso? Jaja —expresa Kanea.

  —Bueno, en realidad, si entrenaras conmigo y no solo me ayudaras cuando te lo pedía, ahora estarías en mejor estado físico que ahora.

  —?Ja! Soy maga, no un tonto musculoso. Mi trabajo es aprender y descubrir —responde Kanea mientras pone una cara orgullosa.

  —Yo creo que su entrenamiento debería tener un equilibrio entre cuerpo y mente —agrega Falu.

  —Eso sería correcto, pero ella es una maga. A pesar de todo su poder en términos de fuerza pura ella jamás alcanzaría a un guerrero o un invocador —trato de explicar.

  —Oh vaya... yo no sabía... —intenta disculparse Falu.

  —Está bien... Solo quería saber algo.

  —Sí, claro, dime. Si está dentro de mis posibilidades, te lo haré saber de inmediato —expresa Falu con una sonrisa que no llega a sus ojos.

  —Bueno, tenía curiosidad: ?cuándo logran obtener el control del mana? —cuestiona Kanea.

  —...

  Con esa pregunta, la mirada de Falu se desvía hacia el bosque y, con un suspiro, comienza a agachar la cabeza, perdiéndose en sus propios recuerdos.

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