***Punto de vista de Víctor***
Dentro de la caba?a, varias ventanas dejaban entrar luz en cada rincón de la habitación. Al mirar hacia arriba, observé una serie de símbolos que eran iguales a los que se encontraban afuera de la casa, pero con diferentes patrones. Esos dibujos, junto con la imagen de una mujer que presumía mientras trazaba patrones alrededor de una fogata, creaban una atmósfera peculiar. Ella decía: "Así que tu pueblo no era el único que manejaba esos símbolos. Si lo supieras, ?bajarían un poco esos humos? Jajaja, supongo que no".
—Me llamo Nehari, un gusto, Daina.
—Y yo, Tovael.
—Un gusto, se?ores... Muy bien, ?comenzamos, caballeros? —respondió Daina mientras se sentaba en la silla frente a ellos.
—Daina, entonces dígame, ?cuál es su propósito aquí? Tengo entendido que usted es una enviada de Guardian, ?me equivoco? —preguntó Nehari.
—Es como usted dice; en algo tan importante como estas circunstancias, se envía a alguien especializado para que todo salga bien.
—Pero no lo suficiente como para que sus líderes en persona vengan a este tipo de lugar —interrumpió Tovael, con una expresión confundida.
—Supongo que tiene toda la razón, ja —agregó Kordr, intentando contener la risa.
—Creo que no lo entiende. Esto es tan importante para nosotros como para ustedes; por eso estoy aquí —dijo Daina, apretando su mano con fuerza.
—Supongo que tiene razón. Debemos dejar ese tipo de cosas a un lado si queremos llegar a un acuerdo que nos beneficie a ambos —expresó Nehari, colocando una mano sobre el hombro de Tovael.
—Gracias por entender. Y para mostrar la buena voluntad de nuestro líder, esto es un artefacto que puede brindar fuego sin la necesidad de usar maná —dijo Daina mientras buscaba entre sus bolsillos y sacaba una especie de caja que, al abrirla, emitió una peque?a llama.
—Vaya, eso es impresionante —agregó Nehari.
—Entonces, ?qué sería lo primero en la lista? —preguntó Tovael.
—Lo primero serán los medios de comunicación que estableceremos aquí, la ubicación y el tipo de información que debemos recibir de ustedes, así como lo que nosotros les informaremos.
Con esas palabras, cada uno de los presentes inició un extenso y prolongado intercambio de ideas que duró horas.
—Muy bien, ya es hora de terminar por hoy. Debemos ayudar a los menores; en una semana se celebrará la selección de los jóvenes para convertirse en miembros oficiales, así que estaremos un poco ocupados —a?adió Nehari.
—No se preocupen. Y si lo desean, nosotros podríamos ayudar en caso de que lo necesiten. Como verán, algunos de nuestros miembros son jóvenes y podrían acompa?arlos para estrechar lazos —mencionó Daina mientras extendía la mano en nuestra dirección.
—No creo que...
—Creemos que sería una buena idea, pero como ahora ya tenemos los equipos designados para la cacería, sería mejor dejarlo para ma?ana —interrumpió Nehari.
—Como ustedes deseen, entonces nos retiramos —respondió Daina.
Al levantarse, Daina hizo una reverencia en se?al de respeto y, con un gesto, nos indicó que hiciéramos lo mismo. Comenzamos a caminar junto a ella.
—Aún queda luz para que se retiren; si desean, pueden quedarse a dar un paseo. Podemos brindarles una guía para que tengan una idea de cómo vivimos —agregó Tovael.
—Sería un honor, pero primero debo informar a mis compa?eros lo que tenemos pensado hacer —respondió Daina.
—De acuerdo.
You could be reading stolen content. Head to the original site for the genuine story.
Al salir del pueblo, una aura enojada comenzó a emanar de Daina y, antes de que mi cuerpo pudiera reaccionar, ella se movió con un juego de pies particular, dejando solo su imagen residual. Mis oídos escucharon una queja, como si alguien estuviera quedándose sin aire.
—?Qué... qué te crees? —intentó gritar Kordr mientras apretaba con fuerza el brazo de Daina que sujetaba su cuello.
—?Qué crees que intentas? Si perdemos esta oportunidad, tanto tú como tu due?a, y todo nuestro país, estaremos en problemas con el invierno que se acerca. Esto ya no es como antes —susurró Daina, con ira en su voz.
—Te tomas... las cosas demasiado a pecho... no se supone que... eres... —intentó hablar Kordr.
—Soy buena, pero con un imbécil como tú... sería mejor matarte ahora —interrumpió Daina, desenfundando su espada.
—Claro, hazlo... me gustaría saber cómo... le explicarás a tu jefe o... mejor a la mía... los problemas que... —gritó Kordr.
Al decir eso, el semblante de Daina pasó de ira a frustración mientras devolvía su espada a la funda. Sin más, toda esa aura sofocante dejó de oprimir el ambiente y pude soltar el aire que no sabía que contenía. Un pensamiento preocupante llegó a mí: si esto continuaba así, tal vez el siguiente incidente podría tener un resultado trágico.
—Tú te quedarás aquí con el resto de mi guardia. Yo y esos dos ni?os iremos a dar un paseo dentro de este pueblo —expresó Daina mientras soltaba a Kordr y comenzaba a caminar hacia el campamento.
—Eso estuvo cerca, ?verdad? —exclamó Kanea mientras limpiaba el sudor de su rostro.
—?Si lo matan, las consecuencias serían así de terribles? —preguntó.
—Claro, los guardias de cada uno de los líderes son de suma confianza para ellos; incluso se podría decir que son como una extremidad más.
—?Son más de uno?
—Sería algo así, aunque Akeeva es la excepción. Según se dice, ella tiene a los cuatro profesores que ense?an en esas escuelas y a Sylqu.
—No se atrasen, debemos estar allá en un rato —interrumpió Daina.
—?Claro, disculpe, se?orita! —gritó Kanea mientras corría.
Al decir esto, llegamos al campamento. Con un breve informe al grupo de Daina reunido, algunos se separaron para buscar alimento para unos días, mientras que el resto se quedó para resguardar el campamento. Entre ellos estaba Kordr, quien miraba fastidiado a la líder. Al vernos, con un gesto nos indicó que nos moviéramos para regresar al pueblo. Tras terminar las indicaciones, nos dirigimos a las puertas del pueblo. Allí, un ni?o de casi la misma edad que Kanea nos dio la bienvenida.
—Hola, mi nombre es Falu, seré su guía —expresó el ni?o mientras hacía una reverencia.
Al ver al ni?o, noté que, a diferencia de las demás personas de su edad que había visto, él no poseía marcas en su cuerpo ni la misma concentración de maná que el resto de su tribu; parecía tener algo más...
—Mucho gusto, ni?o, mi nombre es Daina y ellos son Víctor y Kanea —interrumpió Daina.
—S-sí, pero tenía entendido que ustedes serían cuatro y solo son tres —habló confundido.
—Mi otro compa?ero está guiando al resto de nosotros para celebrar nuestra primera conversación exitosa con ustedes, por eso no se encuentra con nosotros —respondió rápidamente Daina.
—Como usted diga, por favor síganme, es hora de mostrarles nuestro hogar —se?aló las puertas mientras hacía un gesto para que lo siguiéramos.
Al entrar por las puertas, el ni?o nos indicó una dirección diferente a la que anteriormente nos guió el se?or Zael. Caminando en silencio, cada camino pedregoso transmitía una sensación cálida, como si estuviéramos en un hogar. Al llegar a una especie de parque rodeado de una cerca de madera, ni?os jugaban mientras otros entrenaban con unos arcos improvisados.
—Como verán, este lugar es una especie de espacio para que los menores jueguen y otros entrenen. Es por eso que está muy bien resguardado —dijo Falu mientras se?alaba a varias mujeres que se encontraban del otro lado de la cerca, mirándonos con una pizca de resentimiento.
—?Y no son muy... desconfiadas? —preguntó Daina entre risas.
—Hay historias que se perderán en el tiempo, supongo —expresó Falu mientras continuaba su camino.
—Esas son casi las mismas palabras que dijo el se?or Zael.
Al pronunciar esa frase, una leve rigidez casi imperceptible lo detuvo como si un peso gigante lo aplastara; al voltear a vernos, una sonrisa melancólica nos sorprendió.
—Supongo que en algún momento tocarán el tema; eso no me corresponde a mí decirlo.
—Eso es un poco maduro para tu edad —agregó Daina mientras se acercaba a Falu, extendiendo su mano.
—Debemos continuar; hay un lugar que deseo ense?arles.
Con esas palabras, comenzó a caminar de manera más rápida.
—Ese ni?o es algo raro, ?no te parece? —susurró Kanea.
—No creo que sea eso... supongo que es alguien perdido —exprese.
—??Qué?! —preguntó confundida Kanea.
—?Qué cuchichean, ni?os? —preguntó Daina.
—Nada, debemos darnos prisa —respondí mientras comenzaba a acelerar el paso.
Después de caminar unos cuantos minutos, nos encontramos con unas puertas un poco más angostas que las principales.
—Estas puertas son bonitas, ?no creen? —preguntó Falu.
Al observarlas con mayor detenimiento, noté que estaban decoradas con pinturas en forma de manos.
—Esas manos fueron hechas por los ni?os; los dejamos hacerlo como una peque?a conmemoración de los que perdimos por diferentes circunstancias —mencionó melancólicamente Falu.
—?Y estas manos doradas? —preguntó Kanea.
—Son de los líderes anteriores... es nuestra peque?a conmemoración que hacemos.
—Es... hermoso —expresó Daina mientras tocaba las puertas.
Al escuchar esas palabras, una leve sonrisa apareció en el rostro de Falu, quien dirigió su mirada hacia el rostro de ambas chicas.
—?Y a ti qué te parece? —me preguntó Falu.
—...
—Supongo que no eres de muchas palabras —agregó Falu mientras se rascaba la cabeza.
—Creo que a los muertos no les importará cuántas flores se les dejen en la tumba... hasta ahora los muertos no me han presentado quejas cuando les dejo un tipo de flor diferente.
—Supongo que es más para nosotros que para ellos; después de todo, aquí los líderes se ganan ese título... supongo que no es así —expresó Falu mientras se ponía a mi lado.
—Pues la verdad no estoy seguro hasta dónde se. Por allá esos títulos se heredan.
—??Hasta dónde se?? —preguntó Falu.
—Esos títulos se han heredado... bueno, la mayoría, según se cuenta. Solo una mujer logró arrebatar el título... ella, bueno, supongo que deben haber escuchado rumores, ella es Akeeva.

