**Perspectiva de Víctor**
Después de varios días de viaje, la vista del pueblo al que nos dirigimos se hace visible en el horizonte. A diferencia de Guardian, con sus imponentes paisajes y el sonido del mar de fondo, esta imagen contrasta notablemente. La humedad, los troncos y los insectos, con su molesto zumbido, se distribuyen de manera tosca alrededor del peque?o asentamiento. En ciertas ramas y raíces, se pueden distinguir algunos símbolos: runas destinadas a ahuyentar depredadores, creando una sensación diferente, quizás...
—Parece un lugar... ?mágico, no lo creen? —expresa Daina.
—Sí, es muy distinto a lo que imaginaba —responde Kanea.
Cada paso que hemos dado desde nuestra salida de Guardian hasta este momento evoca recuerdos de los preparativos necesarios. "Si algo sale mal..." Ese pensamiento recorre mi mente, junto con la intuición que me indica que algo más surgirá en mi pecho mientras mis manos juegan nerviosamente con la mochila que llevo al costado.
—?En qué piensas? —pregunta Kanea.
—En lo que nos espera al llegar.
—No te preocupes tanto, es solo una negociación... Tal vez nos tardemos una semana o dos, pero eso es todo —agrega Daina mientras gui?a un ojo.
—Ufff, es un lugar mágico, pero no quisiera quedarme más de lo necesario —interrumpe Kanea.
—?Ja! No digas eso, ni?a. La vida siempre puede sorprenderte.
Al mirar a Kanea, un ligero escalofrío recorre su cuerpo, pero antes de que pueda reír, una voz interrumpe la atmósfera.
—?Se?orita Daina, no cree que esto está demasiado tranquilo? —expresa uno de los guardianes que nos vigilan.
—?Identifíquense! —grita un hombre de piel morena, con un arco en la mano.
—?Venimos de Guardian, hemos venido a hacer negociaciones! —grita Daina.
Con esas palabras, el hombre parece vacilar por un instante, pero al segundo siguiente, una ira incontenible brota de él.
—??Por qué debería creerte?! —con esa pregunta, el hombre emite un silbido que hace aparecer a varios hombres de los alrededores, todos con características similares al que tenemos frente a nosotros.
—Mira, hemos venido porque mis líderes pidieron conversar con los tuyos. Nada más —responde Daina, mientras alza las manos.
Al observar los alrededores, me doy cuenta de que hay algo en común en cada hombre que nos rodea: todos llevan las mismas marcas. Por la forma en que se presenta la situación, no podría empeorar. Sin embargo, antes de terminar ese pensamiento, un aura casi tan imponente como la de Akeeva se manifiesta entre los árboles. Con un solo gesto, los demás guerreros bajan sus arcos. Ese hombre es un poco más musculoso que los demás y, a diferencia de ellos, tiene marcas negras en el cuerpo.
—Ustedes vienen en representación de Guardian, ?verdad? —dice ese hombre.
—A-así es, se?or —tartamudea Daina.
—Me llamo Zael, soy uno de los líderes de Teyara. Les doy la bienvenida. Por favor, acomódense en las afueras. Disculpen mi falta de hospitalidad, pero, como sabrán, la historia siempre habla antes que nosotros.
—No se preocupe... muchas gracias —Daina frunce ligeramente el ce?o.
Con ese solo gesto, alguien como yo lo nota: ella no sabe de lo que está hablando. Después de intercambiar unas cuantas palabras, una se?al nos indica que debemos colocarnos al costado del pueblo. Con cada paso de nuestros caballos, las personas que nos rodean sostienen firmemente sus arcos.
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—Como medida de seguridad y confianza para ambos lados, me gustaría dejar unos cuantos guardias vigilando... Hay varios tipos de animales en estas profundidades del bosque que, estoy casi seguro, no podrían lidiar solos.
—Pfff, di la verdad, chico. Hay primerizos en estas negociaciones; vamos, no andes dando tantas vueltas, solo quieres poner unos ojos encima —interrumpe Kordr.
Con esa frase, el lugar queda en silencio y una mirada de sorpresa se dibuja en cada rostro reunido.
—Bueno, supongo que ya lo saben, así que no hay más que decir —continúa Zael.
Al pronunciar esas palabras, cada miembro del grupo que nos recibió se aleja un poco más de nuestro campamento. Con un apretón de manos, dos de esas personas regresan con nosotros.
—Supongo que son nuestros cuidadores —expresa Daina con una ligera sonrisa.
—Nosotros nos quedaremos en los árboles; no se preocupen por nosotros, no interrumpiremos sus actividades —agrega uno de los dos sujetos mientras se retiran.
—Esperen, uno de mis testigos quiere realizar ejercicios por si acaso. ?Habría algún problema? —pregunta Daina.
—...Mientras se mantenga cerca, no habrá problema —responde el otro hombre mientras continúa su camino.
—Ufff, bueno, Víctor, es tu turno. Ve a hacer lo tuyo; yo iré a organizar a mis soldados —expresa Daina mientras se rasca la cabeza.
—Gracias, Daina, yo...
—No te preocupes, soy la líder. Es mi deber evitar cualquier malentendido.
Caminando por los alrededores, las palabras de ese hombre llegan a mí. ?Qué quiso decir? Hay algo más sucediendo, y si Daina no está informada, esta situación tardará más de lo que ya lo está.
—Hola, ni?o. ?Por qué te alejas tanto?
Esas palabras hacen que todo a mi alrededor caiga en un sepulcral silencio, y mi cuerpo lo comprende antes de que mi mente reaccione. Si por casualidad corro, estaría muerto antes de dar el segundo paso.
—?Q-quién...?
—Soy Zael. No tuvimos el gusto de presentarnos hace un rato —me interrumpe.
Al mirarlo a los ojos, la presencia del se?or que nos dio la bienvenida provoca en mí una sensación diferente; su mirada arde como la de un animal que estudia a su presa. Siento que busca en mí cualquier clase de debilidad para explotarla.
—Soy Víctor, un placer —expreso, tratando de tomar el control de mis nervios.
—Tengo entendido que los líderes de su pueblo designan testigos cuando hacen negociaciones con otro país o tratos importantes. ?Me equivoco?
—Cof... (ruido de toser) está bien informado, se?or Zael.
—Zael está bien, no me gusta tanta formalidad.
—Como diga, Zael... Yo y mi compa?era somos algunos de los testigos.
—?Podrías decirme a quién representan?
—...No creo que deba decir algo que se informará de todas formas en la reunión de ma?ana. —Al decir esas palabras, trato de mantener mi cuerpo firme ante esa aura asfixiante.
—Jajaja, incluso los jóvenes deben usar su magia para mantenerse en pie. Pero un ni?o como tú, con solo ?voluntad?... Bueno, se me acabó el tiempo; nos veremos ma?ana en la reunión, ni?o.
—?Víctor!
Al escuchar mi nombre, como una oleada, todos los ruidos que se habían perdido regresan. Volteo instintivamente hacia el origen de esas palabras, y una silueta familiar se hace presente.
—?Kanea? Yo estaba hablando con...
Al regresar mi vista al se?or Zael, la soledad es lo único que queda en mis alrededores.
—Víctor, Daina dijo que debes apresurarte. Este lugar no es tan conocido como para dejarte deambular libremente.
—Yo... está bien, aunque no parezca, sé moverme en este tipo de lugares.
—?Qué?
—No te preocupes, mejor ayúdame a entrenar un poco, ?de acuerdo?
Al seguir a Kanea, el ruido de la fogata empieza a sonar de fondo.
—?Crees que hay algo que nos están ocultando? —pregunta Kanea.
—...?De qué hablas?
—Lo que él dijo: "la historia". Según Akeeva, este es nuestro primer contacto; ese hombre no actuó como si lo fuera.
Al llegar a nuestro campamento, el rostro de Kanea revela preocupación y miedo por nuestra situación actual.
—Yo también creo lo mismo... pero no importa lo que suceda, solo debemos sobrevivir.
—Ufff, qué consuelo —agrega Kanea mientras suelta una risita.
Con esas palabras, el ruido de los insectos se convierte en murmullos lejanos con la llegada de la somnolencia y lo único que queda en mi interior son esas palabras: "la historia". Y sin más, la pregunta surge en mí: "?la historia que solo yo viví?" Con esa idea, los recuerdos de un grupo, una esperanza efímera, recorren mi mente.
Al abrir los ojos, el ruido de las armaduras me da la bienvenida.
—Ni?os, ya es hora; lleven lo mínimo de equipamiento, ?de acuerdo? —pregunta Daina.
—Como digas, se?ora —responde Kanea mientras trata de abrir los ojos.
Al reunirnos con todo el grupo, Daina se coloca frente a todos con una postura firme que transmite su seguridad y liderazgo.
—Hoy será nuestra primera interacción con este pueblo; por ello, de acuerdo al protocolo, solo podremos ir la representante, los testigos y tres guardias. Así que los demás deberán esperar aquí hasta nueva orden, ?entendido?
Y como si fueran uno, todos dijeron —?entendido!— y los demás regresaron.
—Muy bien, ya es hora de bailar —expresa Zirog.
—No creo que esa expresión sea la adecuada para esta situación —agrega Daina, molesta.
—Como diga...
—Hola, se?orita, caballeros, ya es hora —interrumpe Zirog.
Con un gesto, las puertas se abren y el se?or Zirog nos guía por los alrededores. Al ver el paisaje, cada casa está construida de madera y en cada una de ellas hay símbolos idénticos a los grabados en los muros; dentro de ellas, las familias nos observan con expresiones de esperanza y miedo.
—Hemos llegado —dice Zirog.
Al ver nuestro destino, una caba?a un poco más grande que las demás, adornada con símbolos más elaborados que los de las otras casas, nos da la bienvenida, se?al de que seguramente tiene un propósito especial.
—Por favor, entren —expresa el se?or Zirog.
Al entrar, una mesa rectangular con sillas alrededor y dos personas ya sentadas nos reciben.
—?Podrían presentarse? —pregunta Zirog.
—Con gusto, mi nombre es Daina. Yo y mis compa?eros venimos en representación de Guardian, y las personas detrás de mí son los testigos. El se?or Zirog está en representación de Neali, y estos dos ni?os vienen en representación de Akeeva —responde Daina mientras se?ala a cada uno.
Al pronunciar esas palabras, la mirada de ellos recorre a cada uno de nosotros, pero en esa mirada, por un segundo, su interés se centra solo en Kanea y en mí. Ese breve instante me es suficiente para entenderlo: el interés del se?or Zirog y sus preguntas sobre nuestro representado indican que quieren establecer una línea directa con Akeeva.

