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Capítulo 23: Santa sin milagros

  En una iglesia casi vacía, impregnada de esperanza y dolor, pocas personas destacan. Entre ellas, una mujer marcada por heridas reza con profunda calma. Cuando los rezos cesan, la mujer permanece en el mismo lugar, inmóvil. ?Reza por razones? ?Por se?ales? ?O tal vez por esperanza?

  ***Perspectiva de Emma***

  Sumida en mis pensamientos, un murmullo femenino comienza a llegar a mis oídos y, sin poder mantener mi estado de concentración, suelto un suspiro. Abro los ojos y regreso la mirada hacia la puerta de la iglesia.

  —?Se?orita Emma!

  —?Sí, se?orita novicia?

  —Akeeva te necesita urgente.

  —Bueno, iré en un rato. Si es por su borrachera, que sufra un poco más. —Intento ignorar su palabrería y regreso a mis oraciones.

  —No se trata de eso, es... un ni?o.

  —??Qué!?

  Sin decir palabra, me pongo de pie y empiezo a correr junto con la novicia, mientras ella me proporciona información detallada.

  —Es un ni?o y una bebé. Según me dijo la se?orita Akeeva, llegaron en un caballo. La ni?a está bien, pero el ni?o está lastimado y muestra signos de desnutrición.

  —?Cómo que una bebé y un ni?o? ?Por qué Akeeva les da prioridad a ellos? No importa, son ni?os. Debemos ayudar. ?Dónde están?

  —Ambos están en las oficinas de la se?orita Akeeva.

  —?Qué?! ??Por qué?! Si están así, deberían estar en el hospital.

  —No lo sé, solo me dijo que la llamara y que los trajera tan rápido como pudiera.

  Con esas palabras, apresuramos el paso y llegamos a las oficinas. Lo que veo es algo que ni en mis más locos sue?os podría imaginar: Akeeva sostiene a una bebé con ternura materna, y la luz del sol les otorga un aire de pureza.

  —?No te lo dijo la ni?a?

  —Yo... yo... ?qué?

  —?El ni?o!

  Con esas palabras, Akeeva me saca de mi asombro. Al voltear hacia el sofá, veo a un ni?o de cabello negro, con los huesos a plena vista, acostado en silencio. Sin pensarlo, me arrodillo frente a él y, comenzando a canalizar el poder sagrado, me sumerjo en esa sensación cálida que me guía a lo largo de su cuerpo. Casi involuntariamente, expreso:

  —Este ni?o tiene muchas heridas internas. ?Cómo es que...?

  —No lo sé. Unos guardias me dijeron que estaba afuera gritando que traía al hijo de Benicio.

  Con esas palabras, todo mi poder mágico se congela. Múltiples preguntas se acumulan en mi interior. Sin expresarlas, continúo con lo que realmente importa: este ni?o. Tras unos minutos que parecen eternos, todo termina.

  —Este ni?o ya está fuera de peligro. Sus heridas eran graves, pero ahora está a salvo.

  —Gracias. ?Y podrías ver a esta ni?a? ?Puedes? Estoy agotada de tenerla en brazos.

  —Sí, aún puedo. Estoy casi a la mitad.

  Sin más, empiezo a infundir poder sagrado. Sin se?ales importantes, dejo de hacerlo y, mirando a Akeeva, digo:

  —Es una ni?a fuerte, estará bien. Solo debe comer un poco más. —Sin poder evitarlo, una peque?a sonrisa se asoma a mi rostro.

  —Gracias... disculpa por lo apurado del pedido.

  —Está bien, solo me sorprendió que cargaras a la ni?a.

  —Supongo que sí, yo tampoco me imaginaba sostener a una bebé en brazos.

  —...

  —Y lo que me dijeron es cierto.

  —?Qué cosa?

  —Benicio.

  —Según me dijeron, este ni?o mencionó antes de desmayarse que... bueno, que él estaba muerto.

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  —??Qué?! ?Cómo es posible?

  —Cálmate, aún es pronto para afirmarlo, pero eso es lo que escuché.

  —Yo... yo...

  —?Podrías ir con la bebé y buscar una nodriza para alimentarla?

  —...

  —Concéntrate en la bebé por ahora, ?de acuerdo? Ve con la chica.

  —Sí, disculpa.

  Al salir con la bebé, todos mis pensamientos afloran en mi mente, pero con más fuerza surge uno: ?Benicio muerto? Sin poder evitarlo, mis piernas comienzan a temblar.

  —?Se?orita, está bien?

  —Y si yo...

  —?No!

  —Disculpe, yo solo...

  —No, no es eso. Estoy un poco emocional, perdóname.

  Al llegar a la oficina de aventureros, le pido a la recepcionista y a la novicia que me consigan a una nodriza. Sin más, ambas se dirigen a buscarla, y mi mirada regresa a la ni?a: una peque?a con rasgos delicados y un ligero cabello rojo con toques anaranjados. Su presencia irradia un aura de... ?Sara? Sacudo la cabeza para evitar pensar en lo que ellos están...

  —Aquí está. Ah, la nodriza.

  —Gracias, aquí está.

  Al entregar a la bebé a la nodriza, esta comienza a alimentarla, y ella, tal vez por hambre, se aferra al pecho sin que me dé cuenta de cómo avanza la noche. La bebé abre los ojos y, casi como un impulso, empiezo a hacer muecas para hacerla reír.

  —Sabes, te ves como una mad...

  —?Cómo está el ni?o?

  —?Por qué tan seria?

  —...

  —Ok, ok, aún duerme. Por eso vengo a verte. ?Qué me puedes decir?

  —Estará bien, tal vez necesite dormir un par de días más, pero es todo lo que puedo decirte sin ir al hospital. Tal vez sí.

  —Sabes que no puedo. Si lo mando, tal vez ellos puedan ir. Sabes cómo son los chismes; vuelan igual de rápido que las malas noticias.

  —Lo sé...

  —Iré a ver al ni?o. ?Podrías hacerle caras a la ni?a?

  —?Disculpa? Sabes quién soy yo.

  —Lo sé, por eso te lo pido.

  —Ja, ve rápido.

  Al entrar a ver al ni?o, una tristeza inexplicable me invade. Sentándome frente a él, comienzo a infundir mi poder para aliviar un poco más su fatiga. Pasados unos segundos, una ligera emoción comienza a filtrarse por mi poder: miedo, ira y muchas más emociones que no debería experimentar un ni?o.

  —Sabes, no deberías buscar en su corazón sin permiso —dice Emma, recostada en el marco de la puerta, mientras me lanza una mirada de reproche.

  —Akeeva y la bebé...

  —Está aquí. La nodriza dijo que regresaría por la ma?ana, ya que era todo lo que podía hacer por la bebé hoy.

  —Claro, sabes, esa vista es...

  —Responde.

  —Solo quería aliviar su fatiga para que despertara más rápido, pero su corazón está...

  —No importa. Cuando despierte, lo interrogaré. No te preocupes.

  —Claro, como si eso fuera a hacerme sentir más aliviada.

  —?Qué? —pregunta Akeeva mientras se acerca con la bebé.

  —Nada, solo ten cuidado con los dos ni?os, ?sí?

  —Siempre eres blanda con los ni?os.

  Pasados unos días...

  Haciendo muecas a la bebé, unos pasos apresurados recorren la escalera. Al voltear, un ni?o de no más de diez a?os me devuelve la mirada.

  —Tú debes ser el ni?o, ?verdad?

  Sin decir más, el ni?o me dice su nombre y me cuenta algunas cosas sobre lo que pasó con Benicio, y conforme habla, cada palabra hace tambalear mi corazón. Sin más, el ni?o regresa donde Akeeva para poder dormir. Pasados unos minutos, voy a ver a Akeeva.

  —?Y el ni?o está...?

  —En mi sala de descanso, dormirá allí por ahora.

  —Lo que el ni?o dijo es...

  —Mayormente lo esencial.

  —Entonces...

  —Cálmate, sé lo que Benicio representaba para nosotros. ?Podrías decirle al resto la noticia?

  Sin poder articular una palabra más, unas gotas de agua caen sobre mis manos. Al agacharme a verlas, me doy cuenta de que esas gotas son mis lágrimas.

  —Estarás bien. Lo que queda es cuidar de esa ni?a; es lo que él hubiera querido, y el ni?o... —dice Akeeva mientras se acerca a abrazarme.

  —Lo sé.

  Sin más, a la ma?ana siguiente, se lo menciono a todos los amigos que puedo pensar.

  —Emma, estarás bien —dice Nirha mientras toma mi mano—, sé que él era un mentor muy importante para ti, y si necesitas...

  —Estaré bien. Por ahora, quiero cuidar de la ni?a. Después veré qué hacer.

  —?Segura?

  —Sí, gracias.

  Al llegar al hospital, un ni?o algo inquieto me da la bienvenida. Al revisarlo con más atención, un nombre sale de mis labios.

  —?Víctor?

  Sin más, saludo al ni?o, tratando de acercarme a él con un poco de cautela. Algo raro en ni?os de su edad, él comienza a hablar conmigo. Sin quererlo, el ni?o me acompa?a a ver a la bebé. Este ni?o es un poco extra?o; sus ojos y su mirada reflejan un dolor y una ira oculta que...

  —Entonces, deberías venir a visitarla de vez en cuando.

  Sin querer, mis labios hablaron por mí. Después de unos minutos, el ni?o acepta; supongo que es alguien un poco desconfiado, dejándome sola. Un grupo de aventureros experimentados cruza en camillas, cada uno con múltiples desgarros en el cuerpo. Siguiendo a la hermana a cargo, me entero de que fueron los primeros en sufrir por la migración de los dragones. Con esas palabras, muy dentro de mí, lo supe: se acercaban tiempos difíciles. Sin más, me dirijo a ver a Emma. Al entrar, muchos papeles están regados por toda la oficina y la cara de Akeeva me dice todo.

  —?Qué tan mal está?

  —Demasiado. Esta vez, su migración lo hizo en desorden, no sigue las rutas usuales. Cuando llegue el invierno... tal vez no todos sobrevivan.

  —Akeeva, yo...

  —Enviaré al ni?o a la escuela; no creo que solo ayudar aquí sea suficiente para alguien como él.

  —?De qué hablas?

  —Lo sabrás pronto. Estoy casi segura de que para alguien como él eso no será suficiente.

  Semanas después...

  —??Cómo que el ni?o irá a una misión?! Ni siquiera tiene un núcleo y apenas conoce lo básico de las misiones.

  —él lo pidió. No creo que tengas algo que hacer ahí —dice Akeeva mientras hojea unos papeles.

  —?él es un ni?o!

  —Estoy consciente, pero no creo que tú debas abogar por él.

  —... —todas las palabras que quería seguir diciendo se quedaron atoradas en mi garganta.

  —él no es tu hijo.

  —Yo no...

  —Lo has visto a los ojos, mejor dicho, sus emociones... él se parece a mí o a él, ?lo crees? Y de lo que quieres aceptar.

  —Si sabes eso, ?por qué...?

  —Porque lo he hecho. Te puedo decir que si encarcelas a un animal salvaje, buscará la libertad. Si no quieres ver eso, después de lo que te pasó con tu familia, tu hija lo seguirá. Eres tú.

  A pesar de querer negar con todas mis fuerzas cada palabra de esa oración, no pude.

  —Deberías ayudarlo con lo que puedas. Cree que alguien como tú es algo que Benicio y yo hubiéramos rogado por tener, incluso si no lo entendiéramos en ese momento... Si no necesitas más, debo ir a organizar a mis aventureros para que eviten lo que sea posible respecto a los dragones y comiencen a recolectar carne y suministros para el invierno. Los barcos no estarán a toda su capacidad.

  —Claro, yo...

  A pesar de lo que dijo, no pude decirle lo que me pidió. Tal vez se sentiría invadido y no se abriría a mí. Los ni?os que han sufrido como él son difíciles de alcanzar. A pesar de mis ideas, las preguntas se acumularon en montones: ?por qué me preocupo por él? ?Es por mi fe en las personas? O solo es pena por alguien que también ha perdido todo...

  —Se?orita Emma, Benicio salió esta ma?ana a una misión.

  —?Qué? ?Era hoy? Yo...

  —Según me dijeron, fue con la aprendiz de Neakan.

  —Gracias... yo iré con Akeeva. ?Podrías ver a los heridos?

  —Claro, aún no llegamos a la máxima capacidad.

  Sin ningún motivo, mis pasos comenzaron a acelerarse y, sin darme cuenta, ya estaba frente a ella.

  —?Necesitas algo?

  —Porque no me dijiste que...

  —Sabes, estos días la desaparición de los ni?os en el orfanato ha incrementado.

  Con esas palabras, cada fibra de mi corazón se estremeció; esas palabras significaban que estos dos ni?os no estarían a salvo en ningún lugar.

  —?Qué?

  —Sí, según rumores, algunos ni?os se fueron y no volvieron a ser vistos. Algunos dicen que Neali está dando muchas oportunidades para obtener dinero.

  —?Y Víctor?

  —Ese ni?o no irá al orfanato. No te preocupes.

  —?Y el orfanato?

  —No es simple. Si los ni?os se van por voluntad propia, no hay nada que se pueda hacer.

  —?Y las pruebas?

  —Bueno, lo sabes. Sin pruebas, no hay nada que se pueda hacer. En cuanto al ni?o, fue con Kanea. Estará bien; regresarán en la tarde a más tardar. Solo es tomar unas hierbas para unas investigaciones y regresar... ahora vete, aún tengo muchas cosas que hacer.

  —Gracias, regresaré al hospital.

  Sin ninguna razón, al llegar la tarde salí del hospital y llegué a las puertas de la ciudad, estaba frente a la puerta y, conforme el tiempo pasaba, una preocupación iba surgiendo en mi interior. Con cada segundo que pasaba, el miedo se acumulaba, todas las emociones se intensificaban. Al llegar el anochecer, las puertas se abrieron y una ni?a sostenida por los hombros de un ni?o aún más joven apareció. A simple vista, este ni?o era como cualquier otro, pero sus ojos estaban llenos de algo parecido a lo mío. Con cada paso que daba, las lágrimas se acumulaban en mis ojos y la ira por no compartir esta parte de él se incrementaba en mí, pero en contra de todas mis emociones, lo único que pude hacer fue abrazar al ni?o y, tal vez para él o para mí, lo único que pude hacer fue decir y pensar que su presencia en mi vida no es menos que un milagro:

  —?Estás bien?

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