**Punto de vista de Kanea**
Dentro de esa misma habitación, donde siempre tengo el mismo sue?o, una mujer me da la bienvenida.
—?Estás bien? ?Tienes fiebre?
—No, yo...
—No te preocupes, ma?ana te haremos una fiesta de cumplea?os, ?de acuerdo? Tu papá consiguió un poco de dinero extra, así que no te preocupes.
—Mamá, yo...
—Shhhh, ?escuchaste?
—Mamá...
—Espera, voy a ver qué es. Mi madre se pone de pie sin prestarme atención.
—?Mamá!
Sin más, al abrir los ojos, el sonido de los insectos y el frío de la ma?ana me reciben. Al ponerme de pie, reviso mis alrededores; una cama vacía me saluda. ?Víctor? ?Se habrá despertado? Esa pregunta viene acompa?ada de un ligero escalofrío en mi mejilla al sentir que una gota de agua cae sobre mí. Solo después de unos segundos me doy cuenta de que son mis lágrimas. Con esa revelación, me siento en el duro suelo cubierto de hojas del bosque y, de pronto, una voz de mujer habla.
—Hey, ni?a, ya es hora de comer. ?Y Víctor? —dice Daina mientras se sirve una taza de café cerca de la fogata.
—Yo... no lo sé, acabo de despertar —sacudo mi tristeza y me pongo de pie.
—Aquí estoy. Disculpa, estaba haciendo ejercicio.
Al escuchar sus palabras, veo a Víctor regresar trotando del bosque, todo sudado y con una expresión sorprendida.
—?Tan temprano? —pregunta Daina, asombrada.
—Bueno, fue por órdenes del profesor Neakan. él me pidió que no descuidara el ejercicio —responde Víctor.
—Sí, se?orita, mi maestro le pidió al profesor Falu que le creara un entrenamiento riguroso para seguir todos los días —agrega, tratando de evitar problemas.
—?Y tú?
—?Eh? ?Yo? Bueno, soy maga, no creo que necesite hacer ejercicio. Todo lo que necesito está en mi cabeza —se?alo mi cabeza—. Bueno, vamos a comer; creo que si nos quedamos aquí, demoraremos más —agrego para evitar algún otro comentario.
Tras decir esas palabras, Víctor y yo nos sentamos junto a Daina y los demás soldados. El aroma del café entra en mi nariz y, con su fragancia, todos mis males se disipan.
—Y dime, Daina, ?cómo está tu due?o? —pregunta Kordr, interrumpiendo el silencio del desayuno.
—?Due?o? —responde Daina, mientras su aura se carga de ira.
—Vamos, sabes a qué me refiero, Zirog.
—Sabes que las cosas no siempre suceden como tu retorcida mente piensa. Estás aquí solo para ser testigo de nuestras conversaciones con este grupo indígena, y eso es todo. ?Entiendes?
—Vamos, es una simple pregunta. ?Qué tiene de malo? —agrega Kordr, haciendo una mueca de disgusto.
—...
—Se?orita, si lo desea, nosotros podemos... —comenta un soldado, con hostilidad en sus ojos.
—Peque?os soldaditos...
—Daina, ?podrías repetir nuestro papel en las reuniones que vendrán con los indígenas? Aún no puedo aprendérmelo correctamente —interrumpe Víctor con voz tranquila.
Tras el comentario, Kordr y Daina se quedan en silencio durante unos minutos. Al ver a Daina observando fijamente a Kordr, ella suspira y me mira de forma más suave, a mí y a Víctor.
—Claro, es simple. Ni?os, ustedes, al ser dos, tienen la libertad de entrar, uno o los dos, como testigos de la reunión y pueden darme su opinión cuando esta haya terminado. Pero no durante la reunión. Además, cuando las cosas se pongan un poco más serias, deberán alejarse, ya que es su primera vez y su vida es lo primero.
The story has been taken without consent; if you see it on Amazon, report the incident.
—Puffff —dice Kordr, fastidiado—. Bueno, ya es hora de avanzar. No quiero estar aquí con ustedes más tiempo.
Al concluir la frase, Kordr se pone de pie y se aleja del grupo.
—Bueno, ni?os, ya lo oyeron. Yo tampoco quiero estar aquí más tiempo. Son jóvenes, pero deben saber esto: en estos bosques no es recomendable quedarse en un mismo lugar —dice Daina mientras frunce el ce?o y comienza a reunir sus cosas para avanzar.
Con esa acción, todos los soldados se ponen de pie y, al igual que Daina, comienzan a ordenar sus cosas. Y como si fuese lo más normal del mundo, Víctor hace lo mismo.
—Oye, espera, ?y eso qué fue? Fue genial.
—?Qué cosa?
—En el momento en que estaban discutiendo, interfirieron y...
—No fue nada; solo estaba preocupado por lo que teníamos que hacer y si no lo decía ahora, tal vez nunca lo diría —me responde Víctor, interrumpiéndome.
Al cortarme, sé que no quiero hablar más de ese tema y, sin a?adir más, nos dirigimos a los caballos. De pronto, el sonido de una espada cortando carne nos sobresalta. Al volver la mirada hacia atrás, veo a Daina con Kordr de rodillas, mientras él se agarra el pecho, del que brota sangre y murmura.
—Sabes... siempre pensé que eras muy tolerante, ja.
—Lo soy, y por eso sé que siempre tienes objetos vendidos guardados, así que te haré una advertencia: no vuelvas a hablar de mi maestro o la próxima vez no podrás utilizar esos objetos.
—Como quieras —tose Kordr mientras busca entre sus bolsillos una especie de poción de color morado—. Pero para conmemorar este momento, vale más un trago que un simple objeto brillante. —Al decir esto, se toma la poción de un solo trago—. Vaya, esto es caro, pero valió la pena. Ahora, si no te importa, comienza a guiar el camino. —Con cada palabra que decía, sus heridas comienzan a curarse rápidamente, sin dejar rastro.
—Eso es...
—Es una pócima mágica —dice Víctor con actitud relajada.
—Aún no entiendo por qué es tan cara.
—Es por su efecto. Si bien cumple la misma función que los objetos vendidos por un sacerdote, se enfoca más en curar las heridas mágicas internas —explica Víctor.
—Lo sé, pero eso no justifica su precio.
—Lo hace. Se necesita mucho tiempo para hacer una sola poción y requiere magos experimentados en magia de sanación, que no son muy comunes.
—Ah, es verdad. Según mi maestro, los que siguen el camino de la magia se enfocan más en descubrir que en crear, aunque yo creo que es más porque, si no lo hacen, podrían morir.
—Ja, supongo que tienes razón —menciona Víctor con una ligera sonrisa.
—?Muy bien, todos! Muévanse, es hora de continuar con nuestro camino —grita Daina.
Al terminar, nadie dice nada y continuamos nuestro camino durante casi todo el día.
—?Te imaginas cómo serán esas personas? —le digo a Víctor, sin poder contenerme.
—En realidad, no lo sé —responde Víctor mientras mantiene la mirada al frente.
—Vamos, teoricemos, sería divertido. Ya han pasado tres días y aún estamos lejos —menciono, tratando de aligerar el ambiente.
—En realidad, no sabría qué decir.
—Yo digo que se contentarán con cualquier cosa que les demos.
—Ja.
—Son personas aisladas, de seguro no sabrían el valor real de algo.
—Si crees que solo hablarán de eso o que sería tan fácil tener una conversación, estás subestimando a tu enemigo, y eso sería peligroso.
—Enemigos, solo son indígenas. Creo que yo sería suficiente para matar a la mitad.
—...No creo que matar a alguien sea tan simple —dice Víctor mientras me mira fijamente.
—Lo siento.
Al decir esas palabras, el silencio vuelve a envolver nuestro camino.
—...Uuuffff, ?y cómo va tu entrenamiento? —agrega Víctor mientras me golpea el hombro.
—Bueno, si te tomaras el tiempo, verías que los nervios ya están casi completos. Ya puedo crear barreras mágicas completas. Claro, cuesta trabajo, pero ya es decente —menciono, sin poder evitar sonreír.
—?Ya puedes hacer barreras? —pregunta Víctor mientras esboza una sonrisa que me pone los pelos de punta.
—?Y esa... sonrisa? ?Qué...?
—Bueno...
—?Ey! ?Ni?os, dejen de cuchichear! —dice Daina.
—??Qué?! No estábamos...
—No te preocupes, solo te iba a decir que vamos a acelerar el paso para comer y, a partir de ahí, no nos detendremos hasta la noche.
—B-bueno.
—?Bueno!
Tras decir esas palabras, los caballos aceleran el paso. Después de detenernos a comer, continuamos el camino un poco más hasta que llega la noche, y con ella, las carpas para descansar y comer.
—Bueno, ya faltan cuatro días más —menciono con un suspiro teatral.
—Entonces... puedes hacer barreras, ?no? —pregunta Víctor de manera casual.
—Bueno, sí, ?por qué?
Al decir eso, Víctor me arrastra a una distancia lo suficientemente larga del campamento y me pide que cree barreras y otros hechizos menores para probar el límite de mi cuerpo. Después de un par de horas de ese entrenamiento, mi núcleo comienza a resentir el esfuerzo de los hechizos.
—?Estás bien?
—?Qué? ?Yo? Sí, me gusta sobrecargar mi núcleo —digo mientras trato de recuperar el aliento.
—Ah, claro, entonces —responde Víctor mientras se pone en posición para continuar.
—Creo... ah... que no entiendes el sarcasmo —agrego con toques de frustración.
—Ah, claro... disculpa.
—No está bien... ah, el sarcasmo no es lo tuyo —digo mientras me tiro al suelo.
—Si deseas, puedes regresar al campamento; yo me quedaré un rato más, aún debo hacer un poco más de ejercicio.
—Sí, supongo que está bien, justo cuando estaba pensando en hacer ejercicio contigo —agrego mientras me pongo de pie.
—Kanea —habla Víctor mientras regresa al campamento.
—?Sí?
—...Gracias, eres una buena persona —responde Víctor, sonriendo.
—Ja, claro.
Sin a?adir más, regreso caminando al campamento en dirección a mi tienda. Con el ruido de los insectos de fondo y, ya sin fuerzas, me tiro en la cama.
—Sabes, no tengo problema con que pasen tiempo juntos, pero no deberían alejarse tanto del campamento. Si sucede algo, necesito que todos estén alerta —dice Daina, con un plato de comida en la mano.
—?P-pareja? No, él es... —antes de poder decir la siguiente palabra, la sonrisa de Víctor y esas palabras "eres una buena persona" me hacen recordar a mi hermana, y, casi sin querer, unas palabras salen de mi boca—. él es como mi hermano. Esas palabras me dan un alivio extra?o, como si soltara un peso que no sabía que cargaba.
—...Bueno, si tú lo dices —agrega Daina, mientras extiende el plato de comida.
—?Cómo está Neakan? Escuché que estaba ocupado en su trabajo como maestro.
—Sí, es algo nuevo para él, pero ha logrado encontrar un equilibrio; es una buena perso...
—Se lo pidió Akeeva, ?no? —interrumpe Daina, con una ceja alzada.
—Sí, se lo pidió Akeeva —respondo resignada.
Después de esas palabras, un silencio nos rodea y unas cuantas risas escapan de nosotras.
—...Bueno, dale las gracias a Víctor de mi parte por lo de la ma?ana. A veces no puedo evitar dejarme llevar.
—Está bien, no te preocupes —agrego, mientras comienzo a tomar la sopa.
Con esas palabras, Daina se pone de pie y continúa su patrullaje. Al cruzar la vista por el campamento, una persona llama mi atención: es Kordr, sentado, mirándome fijamente al otro lado de la fogata, lo que provoca un escalofrío que recorre todo mi cuerpo.

