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Capítulo 21: Donde respira el vacío

  ***Punto de vista de Víctor***

  —?Sabes? A pesar de lo que se ve a simple vista, eres bastante fuerte. Aunque tu técnica no te ayuda y tu talento es muy inferior; si no fuera por eso, serías un completo fracaso —dice Sylqu mientras deja la espada de madera a un lado.

  —?En serio? Y tú, al contrario, eres tan severo como tu postura... Uuufff. En este breve tiempo de entrenamiento, me pregunto si el peso extra provoca que mi cuerpo colapse, o si mi cuerpo colapsa debido al peso extra.

  —Ja, supongo que si muchos lo dicen, debe de ser verdad. Por lo que veo, ese mana solo mejora tu fuerza, pero no es proporcional a tu velocidad. ?Tú qué dices, Kanea?

  —Yo, ?eh? Bueno, según lo que he observado, ese nuevo peso te ralentiza. Parece que es perjudicial llevarlo a la práctica —responde Kanea con la seriedad de un investigador analizando algo nuevo.

  —Supongo que tienes razón. ?Aaahh! Me duele el cuerpo.

  —Ya deja de quejarte, ponte de pie una vez más. Quiero volver a ponerme mi collar; me siento extra?o sin él —dice Sylqu, tocando su cuello y tratando de sentir algo que no está ahí.

  —Claro, disculpa. Es que ese collar me pone de los nervios.

  —Esta vez lo haré sin espada... para que tengas una oportunidad de golpearme, ni?o tonto —agrega Sylqu, mientras extiende su mano en se?al de reto.

  Al ponerme de pie, siento el peso extra más que antes. Sin nervios ni núcleo, ese peso me convierte en un peligro andante. Con ese pensamiento, Sylqu da un impresionante impulso. Si no fuera por la experiencia en múltiples guerras, ya estaría en el suelo. Doy un paso atrás para evitar su golpe, y Sylqu se acomoda para darme una patada. Con mi espada en la mano, trato de apartarme de la trayectoria de la patada, pero a pesar de mi intento, mi cuerpo no logra dar ese impulso. Sin tener otra opción, levanto la espada de madera para bloquear el golpe directo. A pesar de mi burdo intento, la fuerza de su patada me lanza de nuevo al suelo.

  —?Víctor! ?Estás bien? —grita Kanea.

  —Sí... sí, solo me caí.

  —Deja que te cure. Los sanadores del hospital están ocupados por la aparición de dragones; no les des más problemas —agrega Sylqu mientras suelta un suspiro de fastidio.

  —Está bien, disculpen. Kanea, ?podrías...?

  —Está bien, es bueno practicar la manipulación de mana con una persona viva. Además, creo que si seguimos así, me convertiré en sanadora antes que en alquimista, ja. —Con esas palabras, intenta aligerar el ambiente.

  —Supongo que no te verías bien con un hábito... mejor evitemos ese escenario.

  —?Ni?o idiota!

  —Bueno, supongo que...

  —Muy bien, ni?o tonto, terminamos por hoy.

  —?Espera! ?Puedo preguntarte algo?

  —...Depende —se?ala Sylqu mientras alza una ceja.

  —?Me puedes contar la historia de ese collar?

  Con esas palabras, Sylqu extiende su mano, y un anillo que lleva comienza a liberar una luz tenue que materializa el collar en su mano. Con la misma aura de siempre, provoca dolor, odio y miedo con la misma intensidad.

  —?Por qué?

  —Curiosidad, supongo.

  —Supongo que sí. Es simple: los delirios tontos de un grupo de ni?os que creían que el mundo les pertenecía y dos estrellas que me salvaron.

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  —?Y?

  —Mejor no te metas en historias ajenas.

  —Disculpa, no pensé que...

  —Mejor mejora los puntos que te mencioné o morirás en tu segunda misión. Akeeva dijo que fueras a asignarte una nueva misión; tu tiempo de castigo terminó.

  —?Ya? Vaya, el tiempo vuela.

  —Di eso después de que te diga lo que vas a hacer.

  Sin decir más, Sylqu sale de la habitación de entrenamiento, llevándose con él todas las emociones que me abrumaban. Al mirarle, Kanea me observa.

  —?Preguntaste?

  —Sí. Según mi maestro, Sylqu era un aventurero mediocre que, con el tiempo, ganó experiencia y un día se topó con Akeeva y Benicio; ellos le salvaron la vida en ese momento, y con el tiempo se unió a Akeeva hasta convertirse en su mano derecha, aunque...

  —?Aunque qué?

  —últimamente ha logrado haza?as impresionantes.

  —?Como cuáles?

  —Ha entrado en mazmorras mucho más allá del nivel de grupos normales y ha sobrevivido.

  —Eso no es extra?o; grupos bien organizados pueden entrar en mazmorras por encima de su nivel y sobrevivir.

  —Pero ese ritmo no se siente normal.

  —Supongo que sí.

  —...

  —Bueno, ya es hora de irme; debo ir con Akeeva.

  —?Por qué?

  —?Qué?

  —Porque estoy investigando a Sylqu.

  —...La verdad, nada. Simple curiosidad.

  —Pero lo que te dije...

  —Como te mencioné, un grupo organizado puede hacerlo.

  —?Y tú cómo lo sabes? No se supone que estás en primer a?o.

  —Bue... bueno, tengo que irme. Si me demoro, Akeeva me matará.

  —?Espera!

  Sin poder dejarla decir más, salgo corriendo de la habitación. Al alejarme lo suficiente, dejo de correr. Mirando a mi alrededor, trato de recuperar el aliento. Sylqu... algo dentro de mí me dice que no eres de fiar.

  Al llegar a la puerta de la oficina de Akeeva, siento una aura aterradora que provoca que me estremezca. Reuniendo valor, entro en la oficina. Al hacerlo, una piedra me golpea en el estómago, dejándome sin aliento. Al ver a Akeeva, una sonrisa siniestra me devuelve la mirada.

  —Ahora sí, di que valió la pena la bromita de hace unos días.

  —Sí, valió la pena... caf... caf.

  Con esas palabras, otra piedra golpea mi hombro, haciéndome caer al suelo mientras una risa fría continúa retumbando.

  —Tienes dos minutos. Cuando te pongas de pie, siéntate; es hora de darte una nueva misión.

  —...Claro... uff.

  —Sabes, deberías bajarle a esa intensidad.

  —Mejor agradece que eso es lo único que haré.

  —Bueno... dijiste misión, ?podrías decirme qué clase de misión es?

  —Es simple: mirar y reportar.

  —?Pero por qué yo?

  —Porque me caes bien.

  —...

  —Ja, bueno, instinto, ni?o. Es simple: eres un extranjero... y la familia de Zirog irá a un pueblo apartado de aquí para negociar y ofrecer ayuda en la exploración de nuevos territorios. Ellos tienen conocimiento y nosotros les podemos ofrecer protección; cada líder puede mandar a una persona como testigo. Creo que Neali mandará a Kordr, pero eso no me importa. Lo que quiero es eso; un reporte y ya.

  —Supongo que es simple —demasiado para ser real.

  —Además, es un buen terreno para probar tus límites. Según Neakan, aún no puedes darle voluntad a ese mana dentro de ti —agrega Akeeva mientras se recuesta en su silla y se cruza de brazos.

  —?Neakan te contó sobre...?

  —Por favor, ni?o, eres perspicaz en muchas cosas, pero en otras aún te falta. La lealtad es algo poderoso y yo me gané la mía de manera justa.

  —Supongo que tienes razón. Además, tampoco le pedí que guardara el secreto.

  —Ja, y no te preocupes. El tiempo que se tarden las clases se suspenderá, ya que convencí a Zirog de que parte de sus soldados den clases aquí y los hijos de sus allegados asistan a ellas. Por ende, deberé hacer remodelaciones y solo me faltarían cumplir unas cosas más para que sea considerado una institución académica oficialmente. Además, creo que te interesaría saber que el lugar al que te envío tiene a personas un poco especiales.

  —?De qué hablas?

  —Hay rumores de que los mayores pueden manipular el mana sin núcleo.

  —?Qué?

  —Es solo un rumor, ya que ellos son un grupo muy hermético. Si las conversaciones van bien, podrían ayudar a tu problema.

  —?Eso es posible?

  —Como dije, son rumores, pero puedes ir con ellos y averiguarlo por tu cuenta.

  —Gracias. Y con respecto a la escuela, espero que todo vaya bien.

  —Gracias, eso también espero yo. Es una promesa que quiero cumplir.

  —?Promesa?

  —Hacia un viejo amigo.

  —Te agradezco por...

  —No te adelantes. Ve y luego regresa y después me agradeces. ?Ah! Aún no informan si irá Zirog en persona o mandarán a alguien; te informaré de eso después. Ahora tengo hambre. ?Vamos a comer?

  —Ja, claro. El entrenamiento con Sylqu casi me mata.

  —Sí, ese chico siempre ha sido así. Además, últimamente ha crecido mucho; supongo que está eufórico. —Con esas palabras, sus ojos reflejan el orgullo de un estudiante que ha hecho avances importantes.

  Al salir del restaurante, me despido de Akeeva. Al entrar en mi habitación, la conversación con Akeeva regresa a mi mente. La escuela después de salir de mi familia no encontré ningún indicio de una institución en este lugar, e incluso después de que fuera destruida, los registros no decían nada de un lugar parecido aquí. Ese pueblo, antes de mi regreso, lo había escuchado de muchas bocas: peque?os grupos apartados del mundo que tenían ideas abandonadas, diferentes a lo que hoy se considera común; incluso ella era parte de esos grupos. Después, en el comienzo de la guerra, los primeros que cayeron fueron ellos, ya que, apartados del mundo, si bien evitaban problemas, también se exponían a no recibir ayuda cuando la necesitaban. Y esa fue la condena de todos estos grupos. Dando un respiro a estas ideas, el sue?o comienza a apoderarse de mí.

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