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Capítulo 19: La mano bajo la mesa

  **Perspectiva de Víctor**

  Al observar la expresión preocupada de Kanea, no puedo evitar suspirar. Sentado frente a ella, contemplo los alrededores de la sala de entrenamiento. El sudor y las marcas de quienes han logrado perforar sus núcleos en este mismo lugar contrastan con la inquietud en su rostro.

  —Uffff, sabes, esta vez será diferente —le digo, intentando transmitirle mi determinación.

  —?Cómo lo sabes? Las últimas veces fuiste directo al hospital, y según Emma, has estado cerca de la muerte más veces de las que debería estar un ni?o de tu edad.

  —... —Con la mención de Emma, agacho la cabeza, recordando todo lo que no he podido decirle.

  —Lo lamento, olvidé que Emma aún no te habla desde ese día.

  —No está bien…

  —Creo que deberías hablar con ella.

  —No te preocupes... ahora debemos iniciar con la poción.

  —Víctor... —dice Kanea, mientras su expresión de preocupación se transforma en una más seria y decidida.

  Con esas palabras, Kanea se acomoda en una posición de meditación, más cerca de mí, con las manos extendidas. En un susurro, expresa:

  —Estoy lista.

  Según Emma, gracias a sus intensos entrenamientos en la magia de sanación, los nervios de maná de Kanea han logrado extenderse un poco más. No obstante, según Neakan, esto se debe en parte a su talento y a la convicción que siente al ayudarme. Desviando la mirada hacia la poción que está a un costado del suelo, la tomo entre mis manos. A simple vista, su textura se asemeja a un veneno potente y su olor no ayuda mucho. Sin embargo, esta poción ha potenciado mis resultados mucho más de lo que pensé.

  Sin perder más tiempo, destapo la poción y, con una última bocanada, la ingiero de manera desesperada. Una vez terminada, le susurro:

  —Ahora.

  Con esa indicación, Emma activa su poder de sanación. Con el tiempo, Emma ha asumido un rol más activo en mi entrenamiento con la poción. Ella, con su magia de sanación, evita que el desgarro por el maná descontrolado pueda destruir mi cuerpo, dándome más tiempo para entender cómo interactuaba el maná en mí. Con la calidez de esta poción, la sensación del maná comienza a ser más perceptible. El maná empieza a adentrarse desesperadamente en mi cuerpo.

  Pensando en las palabras de Emma, me doy cuenta de que lo importante es lo que no estás consciente de, como si respiraras sin saber que lo haces. Pero cuando lo tomas en cuenta, puedes sentir cada aliento y cómo el aire refresca todo tu ser. Así se siente el maná en este momento. A pesar de que puedo describirlo, es cien veces más complicado. Debo estar atento a cada parte del maná que ingresa en mí y no dejar que mis emociones más profundas lo dirijan.

  Después de unos minutos, tal vez sea la experiencia de estos cuatro meses o la ayuda de la magia sanadora de Kanea, pero el maná sigue mi voluntad consciente. Al abrir los ojos, siento miedo de que el maná se descontrole por una leve pérdida de concentración. Puedo ver el núcleo de Kanea y varios cientos de nervios de maná saliendo de su núcleo, colisionando con el entorno. Observo los diferentes tipos de maná elemental en el paisaje, danzando en una sinfonía interminable, mientras mi cuerpo está envuelto en el maná que he absorbido, sin un propósito definido, pero sintiendo su presencia dentro de mí.

  Al extender mi mano, siento como si tuviera un peso extra en ella, y al mirar más profundo en mí, descubro que ese peso se expande por todo mi cuerpo; eso es el maná. Con un respiro agitado, mi concentración se interrumpe al voltear hacia la dirección de donde proviene el susurro. Me doy cuenta de que Kanea aún tiene el maná curativo activado. Extendiendo más la mano, toco a Kanea para sacarla de su estado de concentración, y con un sobresalto, su enfoque se rompe al verme. Kanea abre la boca, confundida y asombrada.

  —T... t... tú estás...

  —Sí... esto se siente diferente, como si un trapo estuviera mojado.

  —Quédate quieto, tengo que ver lo que tienes dentro —con una mirada ligeramente brillante y concentrada, me examina de pies a cabeza, y con un suspiro continúa—. Guau, es como si tuvieras una increíble carga de maná recorriendo todo tu cuerpo... ?qué puedes hacer?

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  —La verdad, no lo sé. Es solo como si el maná estuviera contenido dentro de mí, sin propósito, solo moviéndose lentamente... es como...

  —El núcleo, un paso antes de crearlo... No sé qué tan posible sea esto; se supone que debería tardar al menos tres a?os en lograrlo todo. ?Qué poción usaste para conseguirlo? Debo hablar con mi maestro para que estudie tu caso.

  —Yo no...

  —Disculpa, me dejé llevar, supongo. Disculpa... el instinto de alquimista, supongo. —Con esas palabras, Kanea se encoge de hombros en un gesto de disculpa.

  —Está bien, es que es algo personal. Disculpa.

  —?Y ahora qué?

  —Descansar. Aún no puedo ver por completo el maná, pero solo hace falta ser ciego para no notar que estamos al límite, y yo también estoy cansado.

  Con esas palabras, Kanea suelta un suspiro que parece liberar todo su cansancio, y mirándome dice:

  —Supongo que no puedo evitarlo. ?Y ahora, vas a ir a comer?

  —No creo que... debería ir a agradecer a Emma por lo que hizo por mí. Si ella no me hubiera dado esa idea, tal vez no habría dado este primer paso. —Con esas palabras, no puedo evitar agachar la cabeza.

  —Solo discúlpate bien. Ella es alguien que no puede evitar perdonar si eres sincero.

  —Yo... —sacudiendo la cabeza, miro a Emma—. Gracias, ahora... vamos.

  Con esas palabras, nos ponemos de pie y nos sacudimos el polvo de la ropa. Con una se?al, salimos de las instalaciones caminando lentamente. Al ver a Kanea saltando ligeramente de manera alegre, no puedo evitar preguntar:

  —?Emocionada?

  —Más que tú, que eres el que ha hecho algo que se creía imposible. Si esto se divulga, la gente explotará de sorpresa.

  —Yo... no creo que debamos decir lo que estamos haciendo.

  —?Qué? ?De qué hablas? ?Esto lo cambiaría todo! —Kanea se voltea a verme y deja de saltar.

  —Lo sé, pero hay cosas que las personas no están listas para descubrir.

  —??De qué hablas?!

  —Kanea, esto debemos mantenerlo en secreto.

  —Pero... yo... está bien.

  Al ver a Kanea, su entusiasmo se apaga. Continuamos el camino en silencio. Al llegar a las oficinas de Akeeva, Kanea se despide y comienza a caminar hacia su destino. Al ver su andar, me acerco a ella.

  —Espera... me levantarán el castigo en estos días. ?Deberíamos ir a otra salida de campo? Tal vez encontremos algo.

  —?Qué?

  —Te dije que hay cosas que no estamos listos, pero tal vez encontremos algo que sí.

  Con esas palabras, la cara de Kanea se ilumina y asiente frenéticamente con la cabeza, continuando su andar de manera más alegre que antes. Dando un suspiro, veo el hospital y sé lo que debo hacer. Al entrar, observo a cada persona atendiendo a los pacientes, todos con el mismo uniforme que Emma. Al notarme, uno de ellos se acerca a mí y, con un tono respetuoso, dice:

  —?Necesitas ayuda?

  —No, estoy buscando a Emma. ?Sabes dónde está?

  —Emma... mmm...

  —?Ah! Ella está atrás, en el parque. Si deseas, puedo acompa?arte.

  —No, conozco el camino, gracias.

  Cada paso que doy está seguido de un aceleramiento en mi corazón. Esta sensación me es muy familiar: miedo. Tal vez miedo a pensar si ella me perdonará. Al llegar al peque?o parque, veo a ni?os con batas blancas jugando por doquier. Al mirar hacia un lado, la veo sentada en un banco, tomando una botella de agua. Caminando hacia Emma, ella se da cuenta de que me dirijo hacia ella y, sin inmutarse, me observa. Al llegar frente a ella, la miro y digo:

  —Yo... sé que no te he dicho todo. Discúlpame, sé que he hecho mal, pero... quiero que sepas algo: eres muy importante para mí y te compartiré lo que pueda, eso sí, lo que te puedo compartir.

  —...

  —Perdóname.

  Con esas palabras, un silencio se acentúa por unos minutos. Al ponerse de pie, Emma hace un movimiento rápido, me envuelve entre sus brazos y, entre susurros, me dice:

  —Está bien, con eso me basta... yo solo quiero que estés bien, y estaré bien si tú estás bien.

  Con esas palabras y el calor del abrazo, un impulso de querer decirle todo sin importar las consecuencias o quién estuviera escuchando me inunda, pero con la misma fuerza contengo esa emoción. Después de unos segundos, al soltarme de manera abrupta, veo la cara de Emma, conteniendo a duras penas el llanto, y soltando un suspiro, continúa:

  —Pasemos la tristeza. ?Quieres ver algo gracioso?

  —Claro.

  —Vamos.

  Tomándome de la mano, por algunas calles, en medio de un inusual congestionamiento de guardias de una de las familias de guardianes, llegamos a la sala principal de los aventureros. Al entrar, Emma saluda a la recepcionista. Nos sentamos y, con una mirada divertida, hace una pregunta:

  —?Qué sabes de Akeeva?

  —Que es una mujer muy decidida y fuerte.

  —?Claro! —al decir eso de manera sarcástica, gira los ojos de forma teatral y continúa—. Sabes que los líderes no van por la calle así como así. Digo, son figuras importantes aquí, así que no pueden permitirse ese lujo.

  —Sí, he escuchado que para ir de un lugar a otro deben tener guardias o algo así, claro, con la excepción de Akeeva.

  —Por supuesto. Pero ahora verás algo muy, muy divertido.

  Al escuchar el ruido de una puerta cerrándose, Emma me toma de la mano y nos ocultamos en la recepción, junto con la recepcionista. Al escuchar unos pasos bajar y una conversación ligera, al voltear la vista hacia la dirección de la voz, veo a una pareja: una es Akeeva y el otro, con una armadura semi completa y una energía imponente, es Zirog. Con un ligero empujón de Emma, he visto con más detenimiento a Akeeva. Un detalle distinto a la imponente Akeeva es que se le nota un rubor en su rostro, y su voz transmite un poco de nerviosismo, mientras que Zirog, sin querer ver nada más que a Akeeva, acomodaba nerviosamente su armadura. Al voltear a ver a Emma, que tiene las manos en la boca para contener la risa, susurra:

  —Disfruta, esto no se ve todos los días y vale la pena las consecuencias, jajaja.

  Al mirar de nuevo en la dirección de Akeeva, como si nosotros no existiéramos, continúan su camino saliendo de la puerta. Antes de terminar de cruzarla, Akeeva me dirige una mirada fría que indica que, después de terminar su conversación, íbamos a pagar por eso. Al cerrar la puerta, una risa sale casi involuntariamente de mí, junto con Emma y la recepcionista.

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