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Capítulo 18: Marcos del tiempo

  Pasados cuatro meses entre personas enfermas, resguardadas en habitaciones dise?adas para cuidarlas a la perfección, un ni?o diferente se encuentra reclinado en una cama, durmiendo. Líneas tenues de color rojo recorren su piel. Con cada segundo que pasa, esas líneas comienzan a desvanecerse, se?al de que su propio cuerpo lucha por expulsar el maná que lleva en su interior. Al llegar la noche, una mujer vestida de monja se acerca al ni?o y, con una luz dorada que emana de su mano, infunde energía en su cuerpo.

  ***Perspectiva de Víctor***

  Al recuperar la conciencia, lo primero que siento al abrir los ojos es una sensación cálida. La primera persona que veo es Emma, quien me observa con preocupación. Al verla, no puedo evitar pensar en lo que sucedió antes de llegar aquí. Durante estos meses, he tratado de fortalecer mi núcleo mediante un sistema repetitivo; hago ejercicios de respiración para tal propósito. Sin embargo, a diferencia de la primera vez que intenté calmar el maná que entraba en mí, como me ense?ó Emma, las emociones que había reprimido y el shock por ver a ese soldado provocaron en mí un conflicto. Siento miedo por lo que implica que esos demonios ya estén moviendo sus piezas, incluso en lugares tan alejados como este. También siento ira por estar aún lejos de poder hacer algo. Con esas emociones, el maná que fluía dentro de mí se volvió incontrolable.

  Lo último que recuerdo es ver a Kanea usando magia sanadora para curar el da?o causado por el poder mágico. Al volver a mirar a Emma, ella se da cuenta de que ya estoy consciente y, con una expresión preocupada, dice:

  —Ni?o tonto... ?qué sucedió? Estuviste inconsciente durante un par de días por el desgarro del poder mágico.

  —Yo...

  —Espera... Recién despiertas. Es mejor que descanses antes de darme alguna explicación, ?de acuerdo? —con esas palabras, los ojos de Emma comienzan a derramar unas cuantas lágrimas.

  —Yo... yo... está bien —a pesar de querer decir algo más, mi cuerpo se queda en silencio.

  Al salir Emma con una postura afligida, me deja descansar en el silencio.

  En ese silencio, no puedo evitar recordar a ese soldado, esa aura negra que emanaba de la parte trasera de su cuello, y la negación de Kanea al pedirle que confirmara lo que estaba viendo.

  —?De qué hablas? Yo no veo nada.

  —Pero... está bien, creo que vi mal.

  ?Qué significa eso? Esa aura solo está presente en las personas que han hecho un contrato con esos seres y solo se manifiesta cuando lo utilizan. Pero, ?qué significa eso? ?Acaso todo lo que se sabía no es suficiente? ?Qué fue de la lucha por la que me sacrifiqué?

  Con ese pensamiento, sin darme cuenta, mi pu?o se aprieta, y el dolor atraviesa mi mano como si mis músculos estuvieran a punto de desgarrarse. Al moverla, las se?ales rojas aún están presentes, aunque ya no se notan tanto. Al revisar más detenidamente mi cuerpo, noto que la posesión que ingerí hace algunos meses ha dejado de surtir efecto; sin embargo, puedo sentir el maná mucho mejor, como si estuviese en la sala de entrenamiento. Puedo sentirlo rodeándome, como la fuerza del aire al inhalar. Trato de calmarme; aún me quedan dos pociones más. Si logro crear más, tal vez podría dar el siguiente paso. Con ese último pensamiento, el sue?o comienza a apoderarse de mí.

  Con la llegada de la ma?ana, el ruido de la puerta al abrirse acompa?a mi despertar. Al ver quién entra, reconozco a Kanea, quien trae un cesto con unas cuantas frutas. Al verme despierto, un ligero rubor, quizás de frustración por las constantes idas al hospital, la lleva a acelerar el paso para sentarse a mi lado. Comienza a decir:

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  —Sabes, si seguimos haciendo esto deberíamos hablar con los vecinos de al lado y preguntarles sus nombres para hacer amigos. ?Ja! Y... yo... —dice Kanea, en un intento de aligerar el ambiente.

  —?Hiciste lo que te pedí?

  —?Ah? ?Ah!... Sí, aunque me molesta que no me cuentes por qué —responde Kanea, agachando ligeramente la mirada, desanimada—. Le pregunté a mi maestro. él dijo que el guardia que mencionaste se llama Xanti. Es uno de los guardias principales desde hace a?os, está al lado de Neali, quien es una de las líderes de Guardian. Dicen que tiene un poder similar al de Akeeva. Siempre está pegado a ella. Bueno, eso era antes. Ufff, eso es todo lo que se sabe. Esa información, incluso para un aventurero de su talla, está restringida.

  —?Eso era antes?

  —Sí, bueno, según mi maestro, últimamente ha estado dando vueltas por Guardian, pero sin Neali.

  —?Me podrías contar lo que sabes del otro líder?

  —Bueno, ese sí es fácil. Se llama Zirog. Tiene un linaje de líderes de Guardian, aunque él es mago. Se dice que, a pesar de ello, su poder es igual al de Akeeva... pero para mí son solo unos estirados. Jajaja.

  —Uffff... gracias, eso me dice mucho.

  —Oye, ?puedo preguntarte algo?

  —Claro, es lo menos que puedo hacer.

  —Bueno, yo... ?cómo estás?

  —Estoy bien, solo tengo un leve dolor en el cuerpo. Estaré bien.

  —Pero yo te vi, tú casi...

  —No te preocupes, estaré bien... De hecho, mejor prepárate, es hora de dar el siguiente paso.

  —Pero... pero... tú...

  Tratando de seguir esas palabras, la puerta interrumpe lo que iba a decir.

  —Hola, chicos. Disculpen que interrumpa, pero Kanea, tu maestro te estaba buscando. Creo que quiere que vayas a buscar algunas plantas fuera de Guardian, dado que Víctor no puede —dice Emma mientras me mira con una expresión complicada.

  —Yo... mejor me voy. Se pone furioso si no voy rápido.

  Con esas palabras, Kanea sale apresuradamente del cuarto. Al volver a mirar a Emma, ella se sienta a mi lado.

  —Debo contarte lo que ocurrió —dice Emma, mirándome de manera intensa.

  Con esa orden, tengo que contarle a Emma lo que pasó. Sé que, a pesar de lo que dijera, no podría mantener la mentira por más tiempo, aunque no mencioné que la poción fue creada bajo mis instrucciones. Al escuchar mis palabras, Emma llevó las manos a su boca, de manera instintiva, mientras yo terminaba de contar todo lo que sucedió en estos meses de entrenamiento. A pesar de todas las reacciones que esperaba, lo único que hizo fue acercarse a mí y abrazarme en silencio durante un tiempo. Al finalizar el abrazo, ella dice:

  —Ni?o... yo... debo irme —dijo Emma, mientras se levantaba con la mirada fija en el suelo.

  Al salir, un silencio melancólico fue lo único que quedó. Después de unos minutos, la puerta se volvió a abrir y, con una expresión confundida pero exhausta, Kanea entró a la habitación.

  —Creo que Emma escuchó mal. No encontré a mi maestro, sin importar cuánto buscara, y él no es alguien que abandona a otros. ?Estás bien? Te veo raro —dice Kanea, mientras recupera el aliento.

  —Kanea...

  —?Sí?

  —Me darán de alta en dos días. Es hora de dar el siguiente paso.

  —...

  Con la llegada de la nueva ma?ana, una doctora diferente a Emma me dio de alta. Al salir del hospital, comienzo a caminar por las calles en dirección a la sala de entrenamiento. Con cada paso, los pensamientos complicados comienzan a fluir. ?Qué pasaría si Neakan tiene razón? Si este camino tiene consecuencias aún peores que el tiempo perdido... ?y si este peque?o cuerpo no puede aguantar? Y las preocupaciones por lo que le está pasando a Emma, debo hablar con...

  Al pasar por una calle, una sensación muy familiar aparece. Al voltear, veo al soldado conocido como Xanti. Su armadura desgastada da cuenta de las luchas que ha enfrentado. De repente, un ni?o se le acerca y, a pesar de todos mis temores, el soldado extiende su mano para acariciarlo. Sin embargo, lo que podría parecer una escena adorable para alguien sin experiencia se torna aterradora; de su mano, al igual que del cuello la primera vez que lo vi, libera una tenue aura negra que atraviesa al ni?o. Al igual que la primera vez, nadie más lo nota. Por un instante, sus ojos pasan de felicidad a una oscuridad tan inquietante que incluso a mí me provoca un escalofrío. Con solo esa vista, él se pone de pie, dejando al ni?o, y continúa su camino. Con cada paso, a diferencia de la primera vez que lo vi, esa aura oscura que salía de detrás de su cuello ahora solo es una línea casi imperceptible. Al alejarse hasta perderse de vista, solo entonces me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración. Ese solo instante me hace reflexionar y, con unas palabras casi en susurro, fortalezco mi determinación:

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