**Perspectiva de Víctor**
Ante Emma, un aura cálida envuelve su cuerpo, un tono característico de los sanadores. Sin embargo, a diferencia de cualquier otro sanador, ese poder comienza a moverse, moldeándose como un mago que presenta un truco sencillo. El brillo se concentra y se extiende hacia mí.
—?Lo ves? Esto es algo que aprendí de unos magos. Ellos me explicaron cómo funcionaba su poder, o mejor dicho, cómo lo sentían. Tal vez lo hicieron solo por costumbre o por empatía hacia alguien que les salvó la vida —dice Emma mientras saca la lengua—. Era como si el maná guardado dentro de su núcleo estuviera esperando sus órdenes, indicando lo que querían que hicieran a través de cánticos o hechizos. —Con esas palabras, Emma eleva más las manos y forma un conejo con ese poder divino, que, a medida que se aleja, comienza a perder su forma y brillo—. Pensándolo bien, se me ocurrió que si el maná cumple su voluntad, ?por qué el poder divino no lo haría? Cuando se le pide curar a una persona, es nuestra voluntad cumpliéndose a través de este poder... ?sabes cómo interactúa el maná con el poder divino?
—Cuando entra en el cuerpo, el poder divino abre un camino entre el maná y comienza a reparar el cuerpo.
—Eso es lo que dicen los libros, pero si le preguntaras a un clérigo con experiencia en el campo, te diría que la respuesta está ahí, a simple vista.
—?De qué hablas?
—Uno puede moldear al otro; solo debes tener un equilibrio. A algunas personas a las que les he preguntado intentan arrastrar el poder de manera agresiva, influyendo en su conciencia en lugar de en sus emociones. Es algo que nos ense?an en el convento: cuanto más fuertes sean las emociones, más poder divino podemos liberar. Claro, dependiendo de nuestra capacidad individual, lo que acabo de hacer es todo lo que puedo hacer hoy. Ese truco me desgasta mucho mi poder divino.
Con esas palabras, un recuerdo irrumpe en mí sobre una mujer de pelo azul tratando de ense?arme lo mismo: "No sé cómo explicarte lo que hago. Tal vez, hace muchos a?os, teníamos el conocimiento, pero ahora ese saber se perdió junto con los ancianos. Lo único que puedo decirte para que lo entiendas es que le estás dando mucho crédito a lo que haces y, en realidad, es todo lo contrario".
—Víctor, ?estás bien?
—Sí... es solo que... ?por qué preguntas?
—Es que te perdiste en tus pensamientos —dice Emma, alzando una ceja.
—Me hiciste recordar algo.
—?Algo bueno?
—Como no lo puedes imaginar, gracias.
—?Entiendes lo que te quiero explicar?
—Algo así. Tendré que practicarlo y verte hacerlo un poco más, pero con Kanea ma?ana podré asentar lo que me dijiste. Creo que lo entenderé.
—Me alegra haberte sido de ayuda.
Al ver a Emma, unas palabras brotan de mí:
—Está bien que me ense?es esto fuera del hospital; tú dijiste que...
—No te preocupes, estas personas son de confianza y este lugar está lejos de miradas indiscretas, ya que tiene una barrera hecha por el se?or Neakan. Además, es algo que no pueden aprender solo porque quieran. Este truco me dejó exhausta, no creo que pueda hacer algo así en todo el día.
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—?Qué quieres decir con eso?
—Debes practicar bastante para poder entender esto, pero creo que puedes hacerlo y llevar ese conocimiento a encontrar tu propio camino.
—Gracias por ense?arme esto.
—Está bien.
—?Puedo preguntar otra cosa?
—Claro, dime, ?tienes alguna duda?
—No es solo eso, sino que... ?por qué?
—... Porque, si bien no puedo evitar que intentes entrar en este mundo, al menos quiero que logres encontrar otro camino. Cuanto más conocimiento tengas, tal vez encuentres una respuesta que te dé paz.
—...
—Ahora bien, ufff, ?vas a practicar el sentir el maná o vas a ir a ver a Akeeva? Según escuché, eso es algo que deberás hacer, sí o sí.
—Bueno, yo ya...
—?Hola, chicos! —dice Sylqu, entrando con paso ligero al parque.
—Hola, Sylqu, ?qué haces aquí? —pregunta Emma, mientras sacude la mano de manera emocionada.
—Nada, venía a saludar mientras aún tengo tiempo.
—Mientras tengas tiempo, ?por qué?
—?No te contaron?
—?Qué cosa?
—Los dos líderes ya regresaron de su visita para hacer acuerdos con la familia Dane.
—Vaya, escuché que esa familia está pasando por tiempos complicados.
—Sí, de hecho, solo abrieron las puertas para hacer los acuerdos con nosotros. Tendremos que esperar a que ellos digan cómo les fue, pero ?qué estaban haciendo?
—Le estaba ense?ando a Víctor algunas cosas que aprendí de unos magos. Nada muy serio, solo quería que te ense?ara a ti.
—Vaya, debes estar muy emocionada de haber aprendido algo así de ella. Es alguien muy impresionante, con mucho talento —dice Sylqu, inclinando su cabeza hacia la mía de manera muy invasiva—. Bueno, yo ya me voy, debo ir con Akeeva para ver cómo les fue a los demás líderes en las conversaciones... nos vemos.
Al alejarse, no puedo evitar experimentar un escalofrío que recorre todo mi ser, una incomodidad que no puedo explicar. Pero al recordar las palabras que dijo, "familia Dane", como si fueran la respuesta a mis emociones, la poción para aumentar mi sensibilidad al maná... El maná, que antes comenzaba a fluir de manera tranquila hacia mí, empieza a aumentar su intensidad de forma acelerada, haciendo que mi respiración se agite mientras miro a Emma.
—Yo... yo debo irme... gracias por todo.
—Espe...
Saliendo del parque sin escuchar lo que Emma estaba diciendo, me dirijo a mi habitación. Si ella me descubre y ve lo avanzado que estoy en la percepción del maná, en comparación con alguien que recién está iniciando, podría hacer preguntas incómodas. Al llegar a mitad del camino, el maná comienza a desgarrar mi cuerpo. Esa sensación me hace caer, pero logro levantarme rápidamente. El dolor empieza a manifestarse, lo que acelera mis pasos. Al llegar a la habitación, el sudor comienza a brotar. Sentándome en mi cama, intento aplicar la respiración con todo lo que me ense?ó Emma para calmar mi cuerpo y mis emociones. Después de unos minutos, y junto con lo que dijo Emma, utilizo los recuerdos que más evocan mis emociones, tanto buenas como malas, para pedirle al maná que se calme. A diferencia de lo que sucedió antes, logro calmar el maná, aunque el costo fue un cansancio que me condujo a un desmayo inevitable.
Al despertar en la habitación, una colcha envuelve mi cuerpo. Al mirar por la ventana, la noche me da la bienvenida. Las arrugas de la colcha sugieren que alguien me cubrió con prisa… ?Emma?, alejando el malestar causado por el maná. Recuerdo lo último que pasó; lo que Sylqu dijo provocó en mí un descontrol con solo unas pocas palabras: "familia Dane". Con esa idea, un suspiro escapa de mis labios. Puede que sea por mi cuerpo o por mi alma, pero eso aún me afecta. Sin embargo, al recordar lo que dijo Sylqu, lo que Emma mencionó y lo que me ense?ó sobre moldear el poder divino, me doy cuenta de que eso no se vio en la época de la guerra. Eso me lleva a considerar algunas razones. Tal vez Emma murió antes de la guerra o simplemente no encontró a alguien que pudiera llevar esa idea. Pero ahora sí... tal vez si lograra encontrar a Emma con "ella", podría alcanzar nuevas fronteras.
—?Estás bien? —pregunta Emma, parada en la puerta de la habitación.
—Sí, es solo que me dolió la cabeza y quise recostarme.
—... De acuerdo, supongo que no puedo pedir más —dice Emma mientras se acerca a tocar mi frente.
—Yo... —alejo mi cabeza de la mano de Emma.
—Disculpa, es la costumbre... Sabes, en unas horas llegarán los dos líderes de Guardian y harán una procesión obligatoria, así que los que estén bien deberán ir.
—Yo no creo.
—Vamos, habrá comida. Y si no vas, no te daré más cosas.
—... Bueno, si insistes —digo mientras suelto un suspiro teatral.
Pasadas unas horas, Emma me entrega ropa un poco más relacionada con el hospital y, con la prisa de Emma, salimos de allí. Unas cuantas calles después, un grupo de personas está reunido en la calle, dejando un espacio preciso para que cruce un carruaje. Cada persona tiene una flor roja en la mano. Al voltear a ver a Emma, noto que un chico me está mirando fijamente.
—No te preocupes, no es obligatorio traer esas cosas para lanzar como bienvenida.
Con esas palabras, regreso mi atención al chico que me observaba. Mirando a otros lados, no logro encontrarlo.
—Mira, Víctor, ahí vienen —dice Emma mientras se?ala al final de la calle, donde se puede ver a un grupo de caballos con sus respectivos due?os cabalgando. Con cada paso, la misma sensación que experimenté cuando Sylqu me habló de todo eso vuelve a mí. Después de unos minutos, cuando la sensación llega a su punto culminante, logro distinguir a una mujer de pelo rosa sosteniendo un báculo en su mano derecha, con una mirada fría e inexpresiva. Junto a ella, un hombre con una espada sostenida en su cadera y pelo verde desprenden un aura muy intensa, incluso para alguien como yo que recién está creando su núcleo. Pero detrás de ellos, entre sus guardias, un hombre emana un aura igual a la de ellos. A diferencia de Sylqu, en vez de un escalofrío, una rabia incalculable brota de mí... una rabia que evita que me mueva al verlos pasar. Esa ira que surgió con ellos también se desvaneció con su partida.
—?Estás bien? —pregunta Emma mientras toca ligeramente mi hombro.
—Yo... creo que debo ir a entrenar.
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