***Punto de vista de Víctor***
Lo siento... Siento todo dentro de mí como si el maná fuera un imán atrayéndome. Sin embargo, algo se siente mal; a pesar de que el maná entra en mí como un río desbordado, se rebela contra mi voluntad, fluyendo caóticamente. Con cada segundo que pasa, la sensación de dolor se intensifica y cada respiración se vuelve más pesada. El maná dentro de mí, sin propósito, intenta desgarrar cada parte de mi interior—?aaaahhh!—. Después de unos momentos, mi cuerpo llega a su límite y, de pronto, todo se vuelve negro.
Al recuperar la consciencia, lo primero que siento es una calidez en mi mano. Al abrir los ojos, veo a Kanea sentada a mi lado, con el rostro preocupado. Al notar que estoy consciente, suelta un grito.
—?Tonto! Te dije que eso estaba mal.
—Disculpa, yo...
Trato de acomodarme y una punzada de dolor recorre mi cuerpo. Al revisar mi brazo, que está adolorido y ligeramente irritado, lo comprendo: la escama de un dragón caído no solo potencia la sensación de maná, sino que también controla la velocidad con la que se absorbe en un cuerpo. Tal vez por eso el maná que ingresó en mí no obedeció mi voluntad y trató de desgarrarme. Después de todo, se dice que los dragones tienen un control único sobre el maná. Tal vez, si él estuviera aquí...
—Disculpa, ?qué estupidez cometiste? Pensé que lo olerías y te arrepentirías. ?Idiotota! —dice Neakan, con una mirada asustada y preocupada.
—Yo... ?usted qué hace aquí?
—?Cómo que qué? Kanea me llamó cuando no despertaste. ?Cuánto crees que estuviste inconsciente?
—Yo... unos minutos —digo, generando una expresión de confusión.
—Ja, pasaron casi dos horas, ni?o. Si no fuera por Kanea, estarías peor. Te administré algo de magia sanadora, pero deberías ir al hospital para que estés seguro.
—?Dos horas? —pregunto, mirando a Kanea.
—Bueno, yo estaba asustada. Cuando iniciaste, el maná se estaba dirigiendo hacia ti, pero una vez que estuvo dentro, todo se descontroló. Pensé que lo controlarías, así que esperé, pero... cuando pasó un tiempo, tú colapsaste y el maná te estaba lastimando. Así que llamé a mi maestro para que te ayudara —dice Kanea, dejando escapar su miedo.
—No te preocupes, está bien. Solo... hiciste lo correcto, gracias. Ahora deberíamos dejarlo por hoy. Debo ir al hospital.
—?Por hoy lo intentarás otra vez? —pregunta Neakan, mientras se pone de pie.
—No te preocupes, esto no fue tan malo. Ahora, ?podemos salir?
Al mirar a Neakan, su expresión de insatisfacción por mi respuesta se hace evidente. Sin querer darle más importancia, coloco mi mano en el hombro de Kanea para hacerle entender que, a pesar de lo que pasó, lo hizo bien.
—Espera, Víctor —dice Neakan, con expresión preocupada.
—?Sí?
—Te lo diré una vez más: esto podría darte beneficios inmediatos, pero... mira tu mano más detenidamente. El maná está da?ando tu cuerpo. Esto es algo que solo alguien con experiencia puede manejar, no alguien recién iniciado... y, a pesar de ello, siempre se paga un precio...
—No se preocupe, profesor. Estaré bien —le respondo con la mayor calma que puedo expresar.
If you encounter this narrative on Amazon, note that it's taken without the author's consent. Report it.
—Más te vale que no cometas algo aún más estúpido. Aún me debes —dice Neakan, mientras hace una se?a a Kanea para salir de la sala.
—Kanea, creo que será todo por hoy. Te avisaré si continuamos —le digo, mirando a Kanea, cuya cara aún está llena de preocupación. Ella asiente con la cabeza mientras se aleja con Neakan.
Al salir de la sala, mi cuerpo empieza a doler aún más. Al revisar mi mano, la se?al del maná desgarrando mi interior desaparece y solo queda el dolor mientras tomo rumbo al hospital. Un dolor diferente surge en mi pecho; algo más que una simple molestia me hace detenerme. Este dolor se siente distinto al que provocó el maná. Antes de darle más importancia a la situación, el dolor desaparece, pero aún siento algo diferente: una sensación fría dentro de mí que se desvanece rápidamente, permitiendo que cada paso que doy se sienta más pesado, como si el dolor que provocó el maná en mi interior se intensificara, haciendo que cada parte de mi cuerpo sienta que va a desvanecerse.
—Sabes, ni?o, que meterte en problemas se está volviendo una costumbre… ?qué te pasó? —pregunta Emma, mientras pone una cara de angustia y me sostiene con una mano, guiándome hacia el interior del hospital.
—Lo lamento, creo que me cayó mal algo que comí —digo, riendo un poco.
Al decir esto, Emma me lanza una mirada de molestia, tal vez por no darle la importancia necesaria a mi estado.
—Sabes, ni?o... ufff... olvídalo, mejor vayamos a darte los primeros auxilios y luego deberás contarme todo, o me tomaré el tiempo de averiguar lo que pasó —susurra Emma entre dientes, apretando su agarre en mi mano y adoptando una actitud sombría que provoca un escalofrío en mi ya herido cuerpo.
—E... está bien —digo, intentando mantener la calma.
Al dejarme en la cama del hospital, Emma va a buscar unas sábanas para pasar la noche. En el silencio de la noche, las palabras de Neakan regresan a mí: "Solo quienes tienen experiencia pueden cruzar ese camino". Lo sé más que nadie y puedo vivir con las consecuencias, si eso implica...
—Con esto podrás dormir bien —dice Emma, mientras deja unas sábanas en mi cama.
—Gracias, yo...
—Ahorra eso; mejor cuéntame qué pasó. ?Rápido!
—Está bien, está bien. Sin poder negarme, comienzo a contarle que estaba entrenando con Kanea, sobre mi creación del núcleo y mi cansancio por el problema de controlar el maná, así como mi relación actual con ella. Dejo de lado el problema del descontrol excesivo de mi maná que provocó la poción. Al voltear a ver a Emma, ella solo está estudiando mis expresiones mientras cuento mi historia.
—Ufff... bueno, lo que no entiendo es: ?por qué estabas practicando algo a lo que aún no estás listo?
—Yo solo...
—?Tu hermana?
—...
—Sabes, ni?o, entiendo lo que tratas de hacer. Si yo... si estuviera en tu lugar, haría lo mismo; pero las costumbres están por algo. Alguien tan peque?o como tú no debería practicar algo tan avanzado sin bases —dice Emma, mientras su mirada deja escapar un poco de tristeza.
—Gracias, pero yo... estoy decidido y no hay nada que me puedas decir para detenerme —digo, mientras la miro de manera deliberada para enfatizar mi determinación. No puedo evitar preguntarme si mi hermana hubiera tenido esta oportunidad con su talento y conocimiento, ?habría decidido lo mismo?
—Ni?o... está bien, decidido. Te daré clases personales mientras me ayudas en el hospital —dice Emma, mientras toma mi mano, intentando darme un poco de consuelo.
—?Ense?arme? Pero eres una sanadora y eso es imposi...
—Sí, pero he sanado a muchos magos y leído una que otra cosa que me ha ense?ado que el maná y el poder divino no son tan diferentes cuando se les da intención y se libera —explica Emma, mientras libera un poco de aura dorada de sus dedos, disolviendo la melancolía de nuestra conversación.
—Yo no creo que...
—Decidido, comenzaremos ma?ana cuando salgas del hospital. ?Alguna objeción? —responde Emma, mientras coloca su mano en mi hombro, dibujando una sonrisa aterradora que hace imposible negarse.
—Co... co... como digas —digo, mientras trago un poco de saliva.
—Ahora descansa. Iniciamos ma?ana.
Cuando Emma sale de la habitación, no puedo evitar observar su espalda; algo en esa postura se siente lleno de melancolía y culpa. Sacudiendo esa idea, me esfuerzo por recordar lo que dijo antes: "las costumbres están por algo". Eso es solo una creencia errónea. Después del inicio de la guerra, se descubrirá que, cuanto más jóvenes sean, el maná podría acoplarse mejor a las personas, y podrían tener una comprensión más amplia de su camino. Con la llegada de "ella", todo lo que se creía posible con el maná se verá derrumbado. Intento que el sue?o me permita descansar el cuerpo.
Al despertarme, veo a una de las doctoras limpiando la habitación. Al salir, ella me mira y dice:
—Buenos días, ni?o. Dijo Emma que cuando te despertaras fueras a verla en la parte de atrás del hospital.
—Ehh... yo... ufff... gracias.
Al levantarme, una leve sensación de mareo recorre mi cuerpo al caminar por el pasillo. No puedo evitar pensar que el maná y el poder divino no son algo compatible, mejor dicho, no son algo que se pueda mezclar. Al salir a la especie de patio en la parte de atrás, no puedo evitar pensar que, con el amanecer, este lugar es muy... hermoso.
—?Ya despertaste?
—Sí, disculpa, yo...
—Deja de disculparte. Ven, vamos a sentarnos.
—De acuerdo.
Al caminar unos minutos, Emma hace una se?al para que nos sentemos en el suelo y, con una cara seria, me dice:
—?Te pareció curioso que te dijera que te ense?aría algo del poder divino?
—Mmmm... sí, pero no quería decir nada.
—No te preocupes. Akeeva me pidió que no le dijera nada a nadie, ya que este tipo de ideas simples llamaría la atención de personas malas. Ya sabes cómo son las personas con las cosas nuevas.
—Yo... eso supongo.
—Ah, y Akeeva dijo que la próxima vez que te viera te daría un golpe.
—Yo...
—Bueno, en fin, empecemos... Sabes, ?qué es la ciudad divina? —dice Emma con una expresión divertida.
—Un lugar donde los clérigos de más alto rango viven con sus familias, una parte de la ciudad santa, o eso escuché en las conversaciones de los nobles donde trabajaba.
—Es algo así... Ahí se aprenden muchas cosas, pero no dejan que se ense?en otras. Yo lo describiría como un lugar que te vuelve ciego a las maravillas del mundo. Pero, en fin, cuando salí de la ciudad y comencé mi camino, pude conocer a muchas personas que me ense?aron que cosas que no parecen tener relación a simple vista pueden complementarse sin siquiera notarlo. —Con esas palabras, Emma deja fluir un poco de su poder divino y comienza a moldearlo de una manera única. —Puede que mi poder divino no sea ni comparable al de los santos, pero eso abrió para mí posibilidades casi infinitas, aunque no me gusta compartirlo con cualquiera.
?Te gusta mi historia? ?Invítame a un café! ?

