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Capítulo 14: El Primer Pecado

  **Punto de vista de Kanea**

  La oscuridad que me envuelve comienza a disiparse lentamente cuando reacciono. Lo primero que siento al abrir los ojos es una cama suave; una sensación cálida me invade. Me encuentro en un cuarto que hace tiempo mi mente trató de olvidar, un lugar donde pasé los momentos más felices de mi vida, donde alguna vez tuve familia.

  Al salir de la cama, me miro en el espejo. Contemplando mi reflejo, veo una versión más joven de mí, con el cabello desarreglado y un tono morado claro que me brinda un aire de tranquilidad e inocencia. Ese pensamiento se ve interrumpido por ruidos provenientes de la cocina que llaman mi atención. Al salir de mi cuarto, escucho risas en esa dirección. Siguiendo esos sonidos, veo a una mujer jugando con una ni?a; ambas tienen el mismo cabello, aunque la peque?a lo lleva más largo.

  Al notar mi presencia, la ni?a me dice:

  —?Kanea? ?Qué haces despierta? ?Pensé que hoy no tenías que ir a ayudar a papá!

  —?Hermana? Yo... yo te am... —las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos.

  —Espera... ?escuchas eso? Hay ruidos afuera. Voy a ver, no te vayas.

  Sin darme la oportunidad de continuar, ambas se dirigen a la puerta. Incapaz de pronunciar esas palabras que tanto tiempo me han atormentado, intento detenerlas, pero una fuerza incomprensible me impide moverme. Cuando vuelvo la mirada hacia ellas, un grito ahogado escapa de mí:

  —?Aaaahhhh... noooo... por favor!

  De pronto, una lanza atraviesa mi casa, rodeada de un fuego intenso. Tras esa imagen atroz, el estruendo es seguido por otro, provocando que me arrodille y cubra mis oídos. En medio de esa acción, los minutos se sienten como horas. Al ponerme de pie, lo único que queda frente a mí es la vista de una mano. Como si fuera una ni?a otra vez, las lágrimas fluyen sin cesar. Con cada lágrima, un dolor empieza a brotar de mí, un dolor que provoca que pierda la conciencia poco a poco. Veo por última vez esa mano antes de que la oscuridad, junto con una sensación de amargura en mi boca, me arrebate la pesadilla, el recuerdo, y una oleada de frialdad me devuelva a la realidad.

  Al abrir los ojos, la sensación de amargura se hace más presente y la madera fría del suelo me da la bienvenida. Al voltear, un dolor recorre mi cuerpo. Sin querer quedarme más tiempo en esa posición, me esfuerzo por sentarme. Al mirar hacia afuera, un atardecer me recibe, observando los alrededores vacíos. La soledad es lo único que me acompa?a. Con una idea en mente, mi respiración comienza a acelerarse; un ataque de pánico se cierne sobre mí. Al mirar al frente, un ni?o de cabello negro me observa con una expresión fría. De pronto, esa cara provoca en mí una cascada de recuerdos: la búsqueda de ingredientes, la serpiente, el veneno... Todo fluye en mí y no puedo evitar gritar:

  —?Ayuda!

  ***Punto de vista de Víctor***

  Al terminar de revisar los alrededores, escucho un ruido dentro del árbol. Acelero el paso; al entrar, veo a Kanea tratando de ponerse de pie, con una mirada ansiosa, respiración acelerada y sudor recorriendo su cuerpo. Al notarme, su mano se extiende, pidiéndome ayuda. Al ver su estado, lo único que puedo hacer es tomar su mano y acompa?arla hasta que se calme.

  Unos minutos después...

  —?Te calmaste?

  —Sí... gracias. Yo te esperé un rato, pero...

  —No te preocupes, hubo algunos problemas... ?Te puedes parar? Dentro de unas horas anochecerá. Si no vamos rápido, estaré en problemas en mi primer día.

  —Yo... yo estaré bien. Vamos.

  Con esas palabras, Kanea y yo comenzamos a caminar de regreso a los muros. Después de sortear algunas raíces y plantas, logramos llegar a Guardian antes de que la última luz se fuera. Al estar frente a la puerta de ingreso, regreso la mirada hacia Kanea, cuyo rostro está empapado de sudor y tembloroso por el esfuerzo de haber llegado hasta aquí. Ella me responde con su mirada, mostrando una determinación intacta.

  —?Qué pasó?

  —Te podría preguntar, ?quién es tu maestro?

  —?Ah? ?Claro! Mi maestro es uno de los instructores de clases para aventureros. él es el mago Neakan, un mago y alquimista.

  Con esas palabras, no puedo evitar poner una cara de asombro. A pesar de lo que pensé inicialmente, si logro ganarme su favor, podré obtener la ayuda de su maestro y crear una poción mucho más eficaz de lo que yo podría hacer.

  —Kanea, te dejaré en el hospital. Debo ir a ver a Akeeva para reportarme.

  —Eee... está bien —la mirada de Kanea baja y se percibe un ligero rubor en sus mejillas.

  Al abrirse la puerta, una mujer vestida de monja, que he visto muchas veces desde que estoy aquí, está parada en medio del umbral al verme. Su mirada se vuelve aún más fría y dice:

  —Sabes, cuando fui a ver a Akeeva para saber dónde estabas, ?me llevé una sorpresa! Me dijo con la mayor calma que estabas en una misión con una chica para recolectar... y nadie me dijo nada. —Emma se acerca amenazante a Víctor.

  —Yo... no... estaba... todo fue repentino y rápido, no tuve tiempo para decírtelo.

  Con esta última excusa, cierro los ojos para recibir un leve golpe en mi cabeza por parte de Emma. Al abrirlos, veo a Emma con una mirada severa, pero conteniendo las lágrimas.

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  —Hablaré contigo después, pero Akeeva dijo que fueras en cuanto llegases. No te salvas de mí.

  —Yo... está bien.

  —Ve, yo iré con esta ni?a al hospital para tratar sus heridas.

  Al dejar a Kanea en manos de Emma, me dirijo rápidamente a las oficinas de Akeeva para darle mi informe y recibir lo que ella también tenía que decir. Al entrar en la oficina, veo a Akeeva sentada, cubierta de documentos. Frente a ella, parece estar revisando otros papeles con la misma expresión de fastidio que Akeeva. Al notar mi presencia, Akeeva me dice:

  —Vas a decirme todo lo que pasó y no vas a dejar ni un detalle.

  Con esas palabras, le cuento todo a Akeeva, dejando de lado mi encuentro con el dragón y mi implicación con la mordida de la serpiente.

  —?Y eso es todo?

  —Sí.

  —Sabes que te dije que no debías tener ningún accidente, ?verdad?

  —Así es.

  —Y... ?qué tienes que decir sobre lo que pasó?

  —Yo... estuve atento a todo lo que sucedió, pero hay cosas que no puedo controlar, especialmente ese tipo de situaciones. Creo que, en esos casos, lo que se debe tener en cuenta son las decisiones que se han tomado. Yo logré solucionar el problema mientras aseguraba que estuviera a salvo.

  —Ja... jaja... ni?o listo... supongo que tienes razón, pero si lo dejo pasar, otros podrían pensar que está bien, así que no podrás salir de Guardian durante dos semanas. ?Estás bien con eso?

  —Estoy de acuerdo. Si no necesitas otra cosa, yo me...

  —Sí, otra cosa. Déjame ver tu mochila.

  —Yo... está bien.

  Con esa confirmación, Akeeva comienza a revisar la mochila. Ella sospecha que los tiempos que le di no cuadran; sabe que pasó algo más en ese momento, pero sin pruebas es lo único que puede hacer. Al terminar, una mirada seria contrasta con el cansancio que expresaba hace unos minutos. Al devolverme la mochila dice:

  —De acuerdo, no te lo tomes a pecho y... sabes, un día deberás confiar en mí.

  —Iré a ver a Kanea, quiero saber cómo está.

  —Pero no te demores mucho o podría romperse —dice Akeeva mientras deja salir su aura para acentuar sus palabras.

  —Está... bien, me retiro.

  Al salir de las oficinas de Akeeva, noto que he estado conteniendo la respiración todo ese tiempo. Con esa sensación, no puedo evitar pensar que si Akeeva estuviera allí en todo su esplendor, algo hubiera cambiado. Tomando un respiro, lo entiendo; si sigo esa línea de pensamiento me consumiré antes de completar mi plan. Al llegar al hospital, Emma fue la primera persona con la que me encontré. Al verme, ella se acercó a mí:

  —Ni?o, cuéntame todo ahora —dice Emma mientras me jala la oreja de manera maternal.

  —Discúlpame, te lo contaré todo, solo cálmate.

  Después de calmarse, Emma acepta soltarme y comienzo a contarle lo mismo que le conté a Akeeva. Al aceptar esa historia, ella dice:

  —Víctor, eres todo un caso... Mírame, debes confiar en mí. No te detendré, no sé qué planeas, pero te ayudaré en lo que pueda —dice Emma mientras se inclina y suelta una sonrisa consoladora.

  —Está bien... yo... iré a ver a Kanea.

  —Uff, ella está en el segundo piso, está descansando, así que no le insistas mucho.

  —Gracias.

  Con esa charla tan... extra?a y cálida, me doy la vuelta para seguir mi camino. Una mano me toma del hombro y me voltea; unas manos cálidas me envuelven de manera afectuosa y con unas palabras tiernas me dicen:

  —Mi peque?o...

  Esas palabras tocan algo extra?o en mí. Al volver a ver a Emma, una sensación cálida recorre mi cara y, antes de poder limpiarme, Emma lo hace por mí.

  —Debo ir... gracias.

  —Ve.

  Al llegar al segundo piso, comienzo a buscar en las habitaciones. La familia que estaba en ese piso ya se había ido. Sin querer dar más pensamientos, sigo caminando. Al cruzar unas cuantas habitaciones, encuentro a Kanea durmiendo tranquilamente. Acomodándome en una silla al lado de ella y tomando su mano, la única palabra que puedo soltar es:

  —Perdón.

  No encuentro otra manera, perdón por ponerte en peligro. Después de unos minutos, noto que Kanea está despertando, suelto su mano justo antes de que reaccione al verme. Ella dice:

  —?Qué haces aquí?

  —Quería ver si estabas bien.

  —...y...

  —Nada, solo eso.

  —Tus cosas están en mi mochila y aún te debo un favor... si necesitas algo, dime.

  —Descansa, nos veremos después.

  Con esas palabras, regreso a mi habitación. En la oscuridad de la noche y con la única compa?ía de la luna, solo puedo pensar que lo que hice fue demasiado arriesgado; si tan solo el dragón hubiera estado de ánimos de algo que no tenga maná, yo ya estaría muerto. Entre susurros digo:

  —Un capricho del destino...

  Si continúo con estas apuestas arriesgadas, lo único que haré es incrementar las sospechas de Akeeva y me arriesgaré demasiado solo para obtener peque?as cosas. Ahora ya tengo lo que necesito, solo debo continuar con lo que tengo; ya no hay necesidad de hacer otra apuesta arriesgada... al menos por el momento. Y ahora lo único que me queda es unir los puntos.

  Días después...

  Al ver a Kanea saliendo del hospital con su mochila, se dirige hacia mí y dice:

  —Sabes, ni?o, estoy atrasada con mis clases gracias a ti. Ahora tendré que ir a ver a mi mentor para pedirle todo lo que sucedió en estos días... estarás feliz.

  —Sabes, tres a?os de diferencia no es tanto como para que me digas ni?o. Y si quieres, te puedo acompa?ar.

  —Mmm... supongo que está bien. Además, aún te debo un favor y no estaré tranquila hasta que te pague, así que debes pedirme algo para poder pagarte.

  —Mmm... hay algo. Si pudieras presentarme a tu maestro, eso me ayudaría mucho.

  —??En serio?! De todo lo que me pudieras pedir, conocer a ese hombre es todo lo que pedirás. Estoy debiendo a ti por tres a?os; podrías pedir que te ayude con mis conocimientos o que te entrene tu maná... pero, ?es todo lo que pedirás?

  —Supongo que soy muy sencillo.

  Con esas últimas palabras, nos dirigimos a una calle diferente de las que he conocido hasta ahora. Este lugar es algo más callado y tranquilo para pensar. Con ese pensamiento, Emma toca una puerta de madera con runas en sus costados.

  —No te preocupes, esas runas solo son para proteger y no permiten el paso a la casa si no es autorizado por el mago que las creó.

  —De acuerdo, pero...

  —?Ni?a, hoy te daban de alta? —dice Neakan con ojeras y asombro al verme junto a Kanea.

  —Claro, maestro.

  —Disculpa, estaba entre investigaciones y no pude ir a verte.

  —Si usted lo dice, ahora ?podemos entrar?

  —Claro, claro, pero ?y el ni?o detrás tuyo? —dice Neakan se?alando de manera exagerada.

  —él es el chico que me salvó, ?lo recuerda?

  —Aahhh, claro. Entren, yo debo continuar con mis investigaciones.

  Al entrar, una sensación de plantas y mezclas de ellas irritan mi nariz. Sin querer, al ver la cara de Kanea, me doy cuenta de que ella ha estado expuesta a estos productos. Sin darme tiempo a reaccionar, Kanea me dice:

  —Si quieres hablar con él, ahora es el momento. Cuando está con sus investigaciones no presta atención a nadie, ?créeme! Yo iré a mi habitación a alistarme para ayudar a mi maestro... Ah, y no rompas nada.

  —Claro... justo eso estaba pensando hacer —digo mientras toco, torpemente, los sillones.

  Con esas últimas palabras, Kanea continúa por las puertas de las habitaciones hasta llegar al final y entra en una de ellas. Al regresar la vista hacia el maestro Neakan, él ya se estaba dirigiendo a una puerta en un costado de la sala. Sin querer perder la oportunidad, grito:

  —?Espere!

  —Disculpa, ?quién eres? —dice Neakan con una cara sinceramente confundida.

  —Yo soy... el que salvó a Kanea... su amigo —digo con una sonrisa confundida.

  —Ah, claro. Y, ?luego?

  —Es que... quería conversar con usted. Según Akeeva, usted es un gran mago.

  —?Conoces a Akeeva?

  —Sí, soy una especie de protegido de ella.

  —Ah, claro, el ni?o que llegó con la bebé de Benicio. Dime... ?es verdad?

  —?Verdad?

  —Lo que le pasó a Benicio.

  —Sí... él me ayudó para poder llegar...

  —Tienes hasta que Kanea salga. ?Qué necesitas? —dice Neakan con una cara seria.

  —Si usted lo dice... es simple, dentro de esta hoja hay algunas fórmulas y pasos a seguir para preparar una poción. Lo único que necesito es lo que pueda extraer de ella y la fórmula es suya, pero deberá mantenerlo oculto por algún tiempo.

  —?De dónde sacaste esta fórmula? —dice Neakan mientras revisa la fórmula— Esto es algo diferente; es un diamante entre la basura —dice Neakan mientras abre los ojos sorprendido.

  —La idea es de una conocida.

  —Ni?o, eres vago, pero la fórmula es curiosa. Dame unos meses; los ingredientes no son un problema, pero estos dos son poco conocidos y difíciles de seguir: las hojas del árbol de Abel y las raíces de un muérdago blanco; incluso una de ellas solo se populariza en ciertos momentos del a?o durante festejos.

  —Yo tengo los dos faltantes, bueno, Kanea los tiene.

  —Ja, como dije, ni?o misterioso. Entonces, dame unos días.

  —Gracias.

  —Está bien. Ah, y por cierto, lo del dinero puedes omitirlo. La deuda de mi discípula son los míos, en especial si alguien salva la vida de mi discípula. Ahora vete, si me demoro, Kanea se molestará.

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  les agradezco mucho :)

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